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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Guasapollas (y V)

IV

 

—Pues como ya dije en la Policía, la mañana estaba fresca pero buena y me subí a dar un paseo hasta el mirador de la Peña y cuando llegué oí sonar un teléfono pero allí no había nadie, hasta que lo vi encima de un banco junto con unas gafas y una cartera. Entonces no sé cómo se me ocurrió asomarme a la barandilla, que no lo hago nunca porque tanta altura me da vértigo, y lo vi muy pero que muy abajo, sobre una lastra, a lo primero me pareció ropa, que allí la gente tira de todo, pero enseguida me di cuenta de que era una persona y eché a correr hasta que me encontré con un conocido que venía en coche y bajamos a escape a dar parte…

—Goethe afirmó que el suicido es una debilidad porque «es más fácil morir que soportar una vida llena de amarguras». Matarse uno mismo es la trágica expresión de un fracaso existencial. Contemplamos la muerte como la conclusión natural e inevitable de una vida plena que valió la pena vivir. El horror sobreviene cuando alguien decide adelantarse al destino al no poder justificar más su existencia. Cuanto más vida le queda por delante, más sobrecogerá que acabe con ella por su mano. Por eso el suicidio de un muchacho de diecisiete años inteligente y hermoso nos provoca una tristeza, un estupor y una incredulidad insoportables…

Fernando Saldaña no quiso ver ni oír más y oprimió el mando del televisor con rabia. Llamó a un colega para que le confirmara la información y acto seguido envió un guasap a Ernesto Vergara.

—Florencio Briones te ha denunciado en el juzgado de guardia como presunto responsable de la muerte de tu hijo. Está muy trastornado y va a por todas. Vete buscando una buena defensa porque la sociedad ya te ha juzgado y condenado, y esta vez no cuentes conmigo porque también creo que eres culpable y aunque la justicia te absuelva pagarás muy cara tu maldita ocurrencia, mira que te lo advertí desde el principio. Adiós, Ernesto. Guasapollas.

Florencio Briones nunca hubiera consentido que su hija se divorciara, así que cuando el matrimonio fracasó les impuso la vía de la nulidad matrimonial. Ernesto Vergara se rebeló, pero el Derecho Canónico permite la disolución incluso a petición de una de las partes, aunque la otra se oponga, si no se consumó el matrimonio. Con un hijo por medio parece complicado demostrar este «impedimento dirimente», pero no lo fue para el contratista oficioso del Obispado. Como si había que decir que el hijo no era de su padre. O que éste padecía la causa principal de inconsumatio de un matrimonio rato, la impotencia:

Apreciado Sr. Briones:

Por la presente le transmito las conclusiones del informe elaborado por el Consejo Episcopal de Gobierno con respecto a su consulta sobre la posible demanda de anulación del matrimonio de su hija Marta y don Ernesto Vergara:

El Derecho Canónico contempla declarar nulo un matrimonio rato, esto es, legal y solemnemente celebrado, como Sacramento de Nuestra Madre Iglesia Católica. Se trataría de un proceso largo y complicado que exige el nombramiento de un juez instructor y la apertura de un proceso judicial que puede alargarse hasta tres años según la complejidad del caso.

Sin embargo, existe otro camino hacia la posible anulación de un matrimonio bastante más fácil y rápido, lo que parece adaptarse mejor a sus necesidades, como me ha hecho saber el Señor Obispo: la dispensa del matrimonio canónico no consumado. El Canon 1084.1 del Código es muy claro al respecto: «La impotencia antecedente y perpetua para realizar el acto conyugal, tanto por parte del hombre como de la mujer, ya absoluta ya relativa, hace nulo el matrimonio por su misma naturaleza».

En tal supuesto ya no sería obligatoria la intervención de abogados ni el nombramiento de un juez que dicte sentencia, aunque sí deberán aportarse pruebas y testigos, como en el procedimiento ordinario. En este proceso intervienen solamente tres personas: el Señor Obispo, un instructor nombrado por éste y el defensor de la causa. Sus votos deciden la propuesta que se eleva a la Santa Sede, y es en última instancia el Santo Padre, a través del Tribunal de la Rota, quien decide conceder o denegar la nulidad.

Con respecto a las causas que impiden consumar el matrimonio, el Derecho Canónico contempla varios casos especiales a los que acogerse, a saber:

1º. Inconsumatio ob onanismi facinus copulam vitians, cuando los casados siempre han realizado el acto sexual con onanismo o preservativo, impidiendo que el semen llegue al útero de la mujer. Para que prospere deben alegarlo ambos cónyuges pues en caso contrario sería la palabra de uno contra el otro.

2º. Admissa penetratione negatur adfuisse eiaculatio, es decir, que hubo penetración pero sin eyaculación por impotencia eiaculandi del varón, generalmente por trastornos psicológicos. Es igualmente difícil de demostrar incluso realizando pruebas médicas o psicológicas que lo confirmen.

3º. Pro seminis absortionem secuta est conceptio, cuando se admite que hubo concepción sin penetración, por ejemplo si el varón eyacula fuera pero una pequeña cantidad entró en la vagina por absorción y se produjo la concepción. Es el único caso en el que se podría justificar la procreación incluso aunque el varón presente una impotencia coeundi, pero no todos los Santos Padres lo han aceptado. San Juan XXIII, por ejemplo, no lo hizo, pero sí San Pablo VI, aunque con la recomendación de sopesar el riesgo de escándalo y el bien que la nulidad procuraría a la familia.

Dado que el matrimonio constituido por su hija Marta y D. Ernesto Vergara dio el fruto de un hijo varón, lo más recomendable sería, en primer lugar, que el padre se sometiese voluntariamente a una prueba de paternidad. Si el resultado fuese que el hijo no es suyo sería más fácil justificar la impotencia para realizar el acto, aunque esto, obviamente, podría resultar extremadamente embarazoso. Pero si lo es, como así sucederá sin duda, habría que alegar la seminis absortionem para justificar la existencia de un hijo de ambos aún cuando el padre fuera impotente, y confiar en que el actual Santo Padre aceptara conceder la nulidad matrimonial por este motivo. Siempre, naturalmente, que esta fuera la propuesta votada por los tres miembros decisorios mencionados, cosa que el Señor Obispo considera muy probable.

Quedo a su disposición para iniciar los trámites oportunos cuando lo considere oportuno.

Atentamente

Ilmo. Sr. D. Agustín García Orzales, Canciller-Secretario General del Colegio Episcopal de Gobierno.

 

V

 

—Doctora Briones, le agradecemos mucho el esfuerzo de recibirnos en estas circunstancias, imaginamos cómo debe sentirse, dicen que no hay dolor comparable en el mundo, yo… bueno, mi mujer y yo lo sentimos muchísimo, pero verá, en buena parte ese dolor también es el nuestro, verá, esto no es fácil…

—Miren, estoy agotada y atiborrada de sedantes, han sido días muy duros, si no les importa díganme qué quieren y váyanse, por favor.

—Nuestra hija Sandra, que es compañera de curso de Borja…

—Sé quién es, algunas tardes venían a estudiar juntos a casa.

—…se quedó embarazada y según ella sólo pudo ser de su hijo.

«Nadie debería sobrevivir a sus hijos». Todos debemos morir, pero siguiendo un «orden lógico»: los viejos primero. La existencia humana es doblemente trágica cuando acaba antes de tiempo. Y, además de un dolor tan grande como el horror, la muerte de un hijo adolescente ocasiona sentimientos de culpa en sus padres. En la mayoría de los casos, autoinculparse es casi siempre un ejercicio de injusta tortura a sí mismo. En otros, en cambio, la terrible pregunta «¿Qué habremos hemos hecho mal con nuestro hijo?» encuentra una respuesta tan fácil, clara y rotunda como someterlo a una vergüenza más que pública: global. Eso puede llegar a matarlo.

—Verá, a nosotros nos da igual si fue su hijo u otro chico el que dejó embarazada a Sandra. En su momento no pensamos exigir una prueba de paternidad porque ella quiso abortar y nosotros lo aprobamos. Pero como madre de Borja debe saber que este y no otro ha sido el motivo por el cual el pobre chico se quitó la vida. No por haber dejado embarazada a la chica de la que estaba enamorado, sino porque él quería que llegara a nacer esa criatura, ser padre con diecisiete años él y uno menos nuestra hija, ¡qué locura! Si no nos cree podemos enseñarle todos sus guasap, en el último decía cómo pensaba quitarse la vida si Sandra abortaba…

Marta Briones se encontró ante la tremenda disyuntiva de callarse la verdad sobre su hijo o contarla. Si, como le habían advertido los padres de la chica («lo negaremos»), ocultaba el asunto del embarazo y el aborto, todos seguirían culpando del suicidio al irresponsable comportamiento de Vergara. Sería tan injusto como inmoral, pero, ¿y si no había sido Borja? ¿si no existiera el guasap que no quiso leer? Conocer la verdad quizá enfriaría la ira de su padre —y la demanda contra Ernesto— pero también podría ocasionarle otro infarto a su madre, esta vez mortal. En su mano estaba librar a su ex marido de la ejecución social o dejar que lo crucificaran.

—Querida Marta, después de darle muchas vueltas a este endemoniado asunto, como abogado pero sobre todo amigo tuyo que soy mi consejo es que no digas nada. Los padres de la chica podrán certificar la interrupción voluntaria del embarazo de su hija pero la participación de Borja es indemostrable. Por otro lado, admitir que tu hijo se quitó la vida por el aborto supondría desviar el foco de la responsabilidad a ella y su familia. Tu padre los demandaría como ha hecho con Ernesto pero con la diferencia de que tú te verías implicada de lleno en un proceso muy perjudicial para vosotros. Y no creo que prosperara ninguna de las dos.

—Hija, tu desconsuelo es muy humano, perder a un hijo en la flor de la vida es la mayor pena que puede sufrir una madre, pero como buena cristiana sabes que Borja se ha ido por voluntad de Dios y no busquemos culpables porque sus designios son misterios inescrutables que debemos aceptar consolados por la fe en que tu hijo resucitará como Nuestro Señor Jesucristo. Si Dios permitió que su hijo fuera ejecutado en la cruz, no somos quienes para pedirle explicaciones por la muerte del nuestro. No obstante, recuerda sus palabras: «Al que escandalice a uno de estos pequeños más le valdría que le colgasen del cuello una piedra de molino y lo echasen al mar».

 

VI

 

—¿Te has enterado de lo del ex de Marta Briones?

—¿Que ha desaparecido? ¿Te extraña después de lo que ha pasado?

—¡Qué horror, chica!, la pobre debe de estar fatal, ha cogido la baja y no sale de casa para nada. Creo que se pasa el día medio drogada.

—Y para colmo su padre ha llevado el asunto al juzgado, quiere ver a Vergara en la cárcel, me lo ha dicho una cuñada de Saldaña.

—Ya, pero eso, no sé… el hijo no se lo van a devolver vivo.

—Desde luego, pobre chaval, y todo por el imbécil de su padre.

—Hay que ver, las consecuencias que puede traer una tontería, ¡uy!, mira qué conjunto tan mono, y no es caro, ¿entramos?

Los contrastes más violentos entre las distintas suertes de las personas se dan en el corazón de la gran ciudad. Sólo en sus aceras puede verse al mendigo con la mano extendida junto a la joyería de lujo ante la indiferencia de los viandantes. Si el desarrollo sostenible define a las esmarcitis[1], no parece deseable sostener la miseria de algunos entre la abundancia de otros. Sin embargo, las calles más comerciales de las grandes ciudades atraen a los desheredados como los pasteles de nata —y los excrementos— a las moscas. Algunos nunca tuvieron nada y otros sí pero lo perdieron.

—Mira Carlos, yo ya no tengo nada que ver con Ernesto, no lo he vuelto a ver desde lo de su hijo, ni quiero. Se lo advertí desde el principio pero no me hizo caso. Dijo que le divertía, pues ahora mira qué diversión. Ni sé dónde para ni me importa. Tú envíale el burofax a su domicilio y si no lo encuentran se lo comunicas al juzgado de lo Social. Vete a saber, a lo mejor se ha tirado al pantano con una piedra atada al cuello, no me extrañaría y además sería lo mejor para él. Si es así, no te preocupes. Ya aparecerá.

En la jungla del distrito financiero abundan grandes almacenes, tiendas, restaurantes y cafeterías donde refugiarse entre compra y compra. Al caer la noche todo cierra y cuando cesa el bullicio surgen los sintechos. Son auténticos zombis, muertos sociales vivientes que se aferran a la vida aunque nada esperan de ella. El instinto de supervivencia les obliga a rebuscar en las papeleras durante el día y a descansar en el suelo sobre un lecho de cartones por la noche.

 

Doña María Eugenia González de Azárrulla y Posadas

Falleció ayer, a la edad de 83 años, habiendo recibido los Santos Sacramentos y la bendición apostólica de Su Santidad. R.I.P.

Su esposo: Florencio Briones; hijos: Florencio y Marta; nieto: Borja (+); hermanos: María Dolores y Jacinto (+), participan tan sensible pérdida y ruegan una oración por el eterno descanso de su alma.

 

—Si me pillan me echan, no sabes cómo está lo de la protección de datos, pero aquí tienes el extracto. Estuvo tirando de tarjeta hasta que se quedó sin saldo, hace más de tres meses. Como ya no hay ingresos pero siguen llegando recibos, los números rojos irán aumentando. Un problema. ¿Cómo estás Marta, algo mejor?

El hueco de la escalera de acceso al aparcamiento del centro comercial era el mejor sitio donde pasar la noche. Sobre todo en las noches frías o lluviosas, los sintechos se peleaban por ocuparlo. Pero la unión hace la fuerza hasta en el inframundo marginal.

Ernesto Vergara pactó con otro indigente que mientras por el día uno pidiera limosna o hurgara en los contenedores el otro montaría guardia en el hueco de la escalera donde ambos pernoctarían.

—¿Dito, dices? Puedes llamarme como te dé la gana porque hace tiempo que lo perdí todo, hasta el nombre. ¿Y a ti cómo, socio?

—Guasapollas.

 

 

 

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 1994.