{"id":1095,"date":"2020-04-30T06:48:24","date_gmt":"2020-04-30T05:48:24","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=1095"},"modified":"2020-04-30T06:48:24","modified_gmt":"2020-04-30T05:48:24","slug":"normalidad-anormal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2020\/04\/30\/normalidad-anormal\/","title":{"rendered":"Normalidad anormal"},"content":{"rendered":"<p>Cuando esta pesadilla de epidemia acabe los supervivientes reconoceremos que tambi\u00e9n tuvo su lado positivo o, cuando menos, que nos ense\u00f1\u00f3 cosas importantes sobre una vida de la que cre\u00edamos saberlo todo. La mayor, sin duda, ser\u00e1 la fuerte subida que en nuestra bolsa de valores personales experimentar\u00e1 el disfrute de la libertad. La cual, como hemos comprobado, no es una solemne aspiraci\u00f3n ut\u00f3pica esculpida en el frontispicio del templo de los derechos humanos sino algo tan sencillo como poder salir de casa e ir cuando, adonde y con quien te d\u00e9 la gana, sin guantes ni mascarilla y sin importar lo petado que est\u00e9n el bus, la callejuela de los bares, el s\u00faper, la cola de la degustaci\u00f3n o el teatro. Pero su p\u00e9rdida solo ha sido el principio. La pen\u00faltima etiqueta dise\u00f1ada por la propaganda monclovita, con nombre de secta destructiva (\u00abNueva Normalidad\u00bb), consistir\u00e1 en tal anormalidad de la vida cotidiana tal y como la hemos conocido que muchas costumbres acabar\u00e1n desapareciendo. \u00bfQui\u00e9n querr\u00e1, por ejemplo, guardar tel\u00e9metro en mano una larga cola hasta la Laurel o la San Juan con acceso regulado para meterse por debajo de la mascarilla con guante de l\u00e1tex un pincho servido a trav\u00e9s de un agujero de la mampara, a raz\u00f3n de tres clientes por barra, suponiendo que el tabernero lo pueda soportar? Actividades no esenciales pero hasta ahora tan \u00abnormales\u00bb como salir a tomar algo, pedalear en grupo, asistir a una charla, ir al cine, a la peluquer\u00eda, a la playa e incluso al m\u00e9dico, ser\u00e1n tan complicadas y desagradables que acabaremos desistiendo de realizarlas.<\/p>\n<p>Ret\u00f3ricas de mercadotecnia gubernamental aparte, la \u00abnueva realidad\u00bb espa\u00f1ola consistir\u00e1 en que la mitad de la poblaci\u00f3n vivir\u00e1 de un Estado que no podr\u00e1 recaudar lo suficiente para mantenerla ni exprimiendo a la otra media. Los pron\u00f3sticos m\u00e1s sombr\u00edos (no muy patriotas pero bastante realistas) pintan una Espa\u00f1a superdeficitaria y maxiendeudada, con el tejido industrial muy da\u00f1ado, el sector tur\u00edstico arruinado, la peque\u00f1a y mediana empresa devastada, un aumento del paro inversamente proporcional a la ca\u00edda del PIB, un control de la vida privada y unos ahorros huyendo al extranjero por miedo al rescate o la expropiaci\u00f3n bajo un ejecutivo superado por la crisis que solo se sostiene por el estado de alarma que le permite gobernar por decreto. Una Espa\u00f1a, en fin, empobrecida y triste, habitada por resignados s\u00fabditos en libertad vigilada e ignorantes de nuestro estado inmunol\u00f3gico que nos evitaremos por miedo al contagio.<\/p>\n<p>Saldremos de esta, claro, pero como se sale del accidente o la enfermedad muy graves, con secuelas, algunas permanentes. Con todo, confieso que lo peor de mi nueva normalidad particular ser\u00e1n los guantes y la mascarilla, cuando cre\u00eda haberme librado para siempre de la vieja.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando esta pesadilla de epidemia acabe los supervivientes reconoceremos que tambi\u00e9n tuvo su lado positivo o, cuando menos, que nos ense\u00f1\u00f3 cosas importantes sobre una vida de la que cre\u00edamos saberlo todo. La mayor, sin duda, ser\u00e1 la fuerte subida que en nuestra bolsa de valores personales experimentar\u00e1 el disfrute de la libertad. 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