{"id":1102,"date":"2020-05-07T07:10:18","date_gmt":"2020-05-07T06:10:18","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=1102"},"modified":"2020-05-07T07:10:18","modified_gmt":"2020-05-07T06:10:18","slug":"al-fin-heroes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2020\/05\/07\/al-fin-heroes\/","title":{"rendered":"Al fin h\u00e9roes"},"content":{"rendered":"<p>Por una vez, considerando su renovada actualidad, me permito rescatar una de las primeras columnas que escrib\u00ed para esta secci\u00f3n, all\u00e1 por 2004, titulada \u00abH\u00e9roes\u00bb:<\/p>\n<p>\u00abDe la tele surgi\u00f3 un formidable rugido tribal, seguido de un aullido solista: \u00a1Hay que ver lo que acaba de hacer este hombre! \u00a1Impresionante, se\u00f1ores, im-pre-sio-nan-te!. Y no exageraba, pues el espect\u00e1culo era impactante de veras: una mir\u00edada de seres con aspecto de humanos saltaban, vociferaban y agitaban los pu\u00f1os en el aire como simios excitados por el mismo est\u00edmulo selv\u00e1tico. Pero lo m\u00e1s asombroso fue cuando la c\u00e1mara se recre\u00f3 con la efigie del h\u00e9roe cuya proeza hab\u00eda desencadenado el frenes\u00ed de la turba. Pues no era un cirujano arrancando a su paciente de los brazos de las muerte, un profesor metiendo en vereda a su lote de descerebrados o un pianista resultando ileso de las variaciones Goldberg. Tampoco se trataba de un portavoz pol\u00edtico reconociendo errores propios o logros del rival, un conductor logro\u00f1\u00e9s deteni\u00e9ndose ante un sem\u00e1foro en \u00e1mbar o un profesional de la chapuza dom\u00e9stica apareciendo el d\u00eda que prometi\u00f3. Qu\u00e9 va. S\u00f3lo era un joven en calzones que acababa de estrellar de un patad\u00f3n una bola de cuero contra una malla. Nada, desde luego, comparable a desactivar un explosivo terrorista, llegar a fin de mes con mil euros o emprender otra novela que nadie leer\u00e1.<\/p>\n<p>El caso es que, a continuaci\u00f3n de su haza\u00f1a, lo siguiente que hizo el semidi\u00f3s ante su masa de admiradores fue mocarse con los dedos, rascarse el paquete y escupir contra el suelo. O sea, comportarse como esos muchachitos sin crianza con los que uno se tropieza por la calle. Es asombroso lo mucho que el aspecto de los modernos h\u00e9roes se asemeja al de los an\u00f3nimos mortales que ganan en un a\u00f1o lo que aquellos en una tarde. Y con toda justicia, pues no pretendamos comparar esa prodigiosa r\u00e1faga de genio sobrenatural que es un remate de volea con centenares de jornadas de curro terrenal en un comercio, una f\u00e1brica, un hospital, un colegio, el hogar, una oficina, el pesquero, la mina, el comercio o el campo. Esta sociedad nuestra s\u00ed que sabe apreciar las obras de sus hijos y recompensarlas en consecuencia: gloria y riqueza para los h\u00e9roes y los dem\u00e1s a celebrar sus gestas brincando y rugiendo desde la grada\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ha tenido que caernos la peor calamidad desde la guerra para comprender que la verdadera \u00e9pica de la vida reside en las personas normales y corrientes, pero corajudas, que cada ma\u00f1ana saltan de la cama para reanudar la proeza de sobrevivir, dispuestas a librar otra batalla de una guerra que todos sin excepci\u00f3n acabaremos perdiendo. Ojal\u00e1 que este justo aunque tard\u00edo reconocimiento del aut\u00e9ntico hero\u00edsmo haya llegado para quedarse, aunque se fuera \u2014que no se ir\u00e1\u2014 el maldito virus al que por desgracia se lo debemos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por una vez, considerando su renovada actualidad, me permito rescatar una de las primeras columnas que escrib\u00ed para esta secci\u00f3n, all\u00e1 por 2004, titulada \u00abH\u00e9roes\u00bb: \u00abDe la tele surgi\u00f3 un formidable rugido tribal, seguido de un aullido solista: \u00a1Hay que ver lo que acaba de hacer este hombre! \u00a1Impresionante, se\u00f1ores, im-pre-sio-nan-te!. 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