{"id":114,"date":"2007-02-01T10:14:09","date_gmt":"2007-02-01T10:14:09","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=114"},"modified":"2007-02-01T10:14:09","modified_gmt":"2007-02-01T10:14:09","slug":"al-fondo-la-derecha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2007\/02\/01\/al-fondo-la-derecha\/","title":{"rendered":"Al fondo a la derecha"},"content":{"rendered":"<p><DIV class=p-SAP id=story-texto>Aviso: esta columna puede provocar n\u00e1useas. Y no por tratar temas como el apoyo popular al asesino terrorista, la prostituci\u00f3n infantil, las guerras tercermundistas, la telebasura de cotilleo o los rifirrafes pol\u00edticos. No. El que me propongo reproducir en la boca de sus entra\u00f1as es un asco esencial, una repugnancia sensorial en estado puro tan cotidiana como la que nos aguarda a los varones cuando la vejiga llena o un inoportuno apret\u00f3n nos obligan a refugiarnos en un retrete p\u00fablico para dar libre curso a nuestros desagradables residuos. Ver\u00e1n. En el desarrollo mingitorio masculino se distinguen cinco etapas; en la primera el beb\u00e9 se hace pip\u00ed tendido en el pa\u00f1al, en la segunda el ni\u00f1o aprende a dominar su esf\u00ednter sentadito en orinal y cuando lo consigue comienza la gloriosa etapa de la micci\u00f3n en bipedestaci\u00f3n, privilegio exclusivo del macho adulto. Los primeros avisos de la pr\u00f3stata (debilidad y prolongaci\u00f3n del chorro, goteo final, etc) inician la involuci\u00f3n sim\u00e9trica que en una cuarta etapa vuelve a sentarnos, con grandes posibilidades de volver al pa\u00f1al en la quinta. Pues bien, para orinar civilizadamente de pie se precisa destreza en el manejo de la pr\u00e1ctica manga que la naturaleza nos ha proporcionado para dirigir el chorrito a voluntad. Vaciar la vejiga a medio metro de la boca del inodoro sin rozarlo o salpicar parece tarea f\u00e1cil pero la realidad es muy otra. Y muy sucia. Ni el acierto m\u00e1s impecable en el te\u00f3rico blanco (pues suele encontrarse jaspeado en marr\u00f3n) est\u00e1 exento del roc\u00edo periurinario, ampliado por el en\u00e9rgico meneo con que ha de agitarse el boquerel para intentar eludir el infalible axioma de Plat\u00f3n (\u00abla \u00faltima gota va al pantal\u00f3n\u00bb). El hecho es que bien por falta de punter\u00eda, de paciencia, de civismo o de resignaci\u00f3n, muchos v\u00e1teres de bares, cafeter\u00edas y restaurantes son inmundos muladares que revuelven la consumici\u00f3n en el est\u00f3mago, y les ahorro la descripci\u00f3n cuando las aguas mal gestionadas son las mayores. Ya sabemos que si en los lugares p\u00fablicos hay guarrer\u00eda es por que hay guarros y que no es posible disponer un vigilante detr\u00e1s de cada individuo incapaz de sentarse, levantar la tapa, vaciar la cisterna o usar la escobilla. Pero esto no exime a los hosteleros de mantener en todo momento presentables los lugares donde la gente tambi\u00e9n descome y desbebe. Antes de sentarnos a la mesa de un restaurante o de consumir en una barra deber\u00edamos visitar el servicio, porque si fuese una apestosa letrina enmerdada hasta la greca a saber c\u00f3mo estar\u00e1n los menajes, los fogones o las manos de quienes no de-muestran inter\u00e9s por la higiene las m\u00e1s de las veces al fondo a la derecha de su establecimiento.<\/DIV><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aviso: esta columna puede provocar n\u00e1useas. 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