{"id":1401,"date":"2021-06-17T06:50:06","date_gmt":"2021-06-17T05:50:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=1401"},"modified":"2021-06-17T06:50:06","modified_gmt":"2021-06-17T05:50:06","slug":"cosas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2021\/06\/17\/cosas-2\/","title":{"rendered":"Cosas"},"content":{"rendered":"<p>No s\u00e9 si a los amables lectores de mi generaci\u00f3n les suceder\u00e1 lo mismo, pero a medida que me acerco al final de mi trayecto vital voy reconociendo con tanta humildad como clarividencia los errores cometidos durante el viaje, esos que, si uno pudiera empezar de nuevo, se esforzar\u00eda en no repetir. Son tantos, que necesitar\u00eda varias columnas para enumerarlos, as\u00ed que me centrar\u00e9 solamente en uno, y de los que se pueden contar: la posesi\u00f3n de cosas, aparatos, trastos y objetos que podemos llegar a almacenar en nuestra morada.<\/p>\n<p>Cuando con veintitr\u00e9s a\u00f1itos decidimos vivir juntos para crear un hogar y fundar una familia, nos entrampamos de por vida (uno de los mayores errores, pero este para otro d\u00eda) por un piso peque\u00f1o pero tan maravilloso que no conten\u00eda absolutamente nada y tampoco ten\u00edamos nada que meter all\u00ed. Nada es nada. Compramos lo m\u00ednimo vital: una cama, una mesa camilla y dos sillas que por la noche hac\u00edan de mesilla. Durante los cuarenta y cinco a\u00f1os siguientes hemos ido ocupando viviendas cada vez m\u00e1s grandes y por tanto capaces de acumular menajes, vajillas y muebles, principales y auxiliares, electrodom\u00e9sticos, aparatos electr\u00f3nicos, juegos y juguetes, libros, tebeos y grabaciones, cuadros, adornos, colecciones absurdas, botellas, plantas, herramientas, bicicletas y dem\u00e1s bienes prescindibles. El error consiste en haber convertido aquel primer hogar hermosamente vac\u00edo en un almac\u00e9n repleto de cosas adquiridas durante d\u00e9cadas, a las que uno se apega como si fuese inmortal, que en su d\u00eda costaron una pasta, pero ya no valen nada, que no tenemos valor para arrojar al contenedor y en cuyo destino cuando falte mejor ni pensar.<\/p>\n<p>Se dice que no es m\u00e1s rico quien m\u00e1s tiene sino quien menos necesita. Ni m\u00e1s feliz, a\u00f1adir\u00eda. Es m\u00e1s, poseer demasiadas cosas innecesarias a la larga produce, no s\u00e9 si infelicidad, pero s\u00ed a\u00f1oranza de los tiempos en los que no ten\u00edas nada. Ahora fantaseo con que terminamos nuestra vida juntos en un pisito casi vac\u00edo, con una terracita donde tomar el aire y contemplar los cielos y con lo imprescindible para sobrevivir dignamente, a saber, una cama, una mesa camilla y dos sillas que sirvan de mesillas. Bueno, y un buen sof\u00e1 para que t\u00fa veas tus series en una tele grande mientras en la habitaci\u00f3n contigua yo veo y escucho mis \u00f3peras y conciertos en otra, apoltronado ante a un equipazo audiovisual y rodeado de los libros, discos y partituras que alimentan mi esp\u00edritu como el frigor\u00edfico mi est\u00f3mago. Y el piano, por supuesto. De cola, claro. A ver, hay cosas y cosas. Adem\u00e1s, la vida son tres d\u00edas y la sirena ya ha anunciado el mediod\u00eda de mi tercero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No s\u00e9 si a los amables lectores de mi generaci\u00f3n les suceder\u00e1 lo mismo, pero a medida que me acerco al final de mi trayecto vital voy reconociendo con tanta humildad como clarividencia los errores cometidos durante el viaje, esos que, si uno pudiera empezar de nuevo, se esforzar\u00eda en no repetir. 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