{"id":1451,"date":"2021-08-26T07:01:52","date_gmt":"2021-08-26T06:01:52","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=1451"},"modified":"2021-08-26T07:06:04","modified_gmt":"2021-08-26T06:06:04","slug":"la-mala-educacion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2021\/08\/26\/la-mala-educacion-2\/","title":{"rendered":"La mala educaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div style=\"line-height: 1.3em; text-align: justify; font-family: serif;\">\nTirando de diccionario acad\u00e9mico, el t\u00e9rmino \u00abeducaci\u00f3n\u00bb encierra dos significados bien distintos. Uno, \u00abcrianza, ense\u00f1anza y doctrina que se da a los ni\u00f1os y j\u00f3venes\u00bb. El otro, \u00abcortes\u00eda, urbanidad\u00bb. O sea, que define tanto la educaci\u00f3n que recibe un individuo en sus primeros a\u00f1os como el modo de aplicarlo en su vida adulta. Por lo tanto, no es lo mismo ser un maleducado que estar mal educado. Mientras que este \u00faltimo seguramente no recibi\u00f3 en su d\u00eda una instrucci\u00f3n adecuada, el maleducado posiblemente s\u00ed, o no, pero en todo caso no la ejerce. Y para tratar de explicarme pondr\u00e9 dos ejemplos de bichos de la naturaleza necesitados de educaci\u00f3n: el ni\u00f1o grit\u00f3n y el perro ladrador.<br \/>\n<br \/> <br \/>\nSi aceptamos que el principio fundamental de la convivencia humana puede resumirse con la par\u00e1frasis primum non perturbare, ante todo no molestar, una de las cosas que m\u00e1s pueden quebrarla es aquel tipo de contaminaci\u00f3n que ni se ve ni se toca ni sabe ni huele, pero que tambi\u00e9n perjudica la salud: el ruido. Y de todas las peque\u00f1as torturas ac\u00fasticas que padecemos por vivir en comunidad, pocas tan insoportables como los incesantes chillidos de cr\u00edos y ladridos de chuchos, no maleducados, sino mal o no educados por quienes deben. El tormento empeora en verano, cuando el buen tiempo les permite explayarse a ladrido suelto y a voz en grito a la intemperie. Se me replicar\u00e1 que es normal que los ni\u00f1os griten y los perros ladren. Ocasionalmente s\u00ed, claro. Pero no hay por qu\u00e9 aguantar durante horas a ni\u00f1os incapaces de comunicarse si no es chillando o a perros que no paran de ladrar ni un instante, ante el impasible e incluso complaciente consentimiento de los maleducados responsables de un adiestramiento no solo posible, sino imprescindible para ejercer el respeto a los dem\u00e1s, pero sobre todo al m\u00e1s cercano, que eso significa pr\u00f3jimo. Por supuesto, la culpa no es de los bichos, sino de sus propietarios.<br \/>\n<br \/>\nLa nuestra es una sociedad que parece odiar, o quiz\u00e1 temer el silencio, y amar en cambio el decibelio. Pocas escenas tan anormales como un grupo de personas gritando para tratar de entenderse sobreponi\u00e9ndose al estruendo del chunch\u00fan en un bar o al griter\u00edo de los otros comensales en la terraza o el restaurante. En estos tiempos del derecho a todo se olvida uno tan elemental como al descanso, el reposo y, en definitiva, al silencio, materia principal de la asignatura eternamente pendiente tras en\u00e9simas reformas del sistema educativo ocup\u00e1ndose de chorradas: la empat\u00eda.<br \/>\n<br \/>\nCon esta silenciosa columna no he pretendidoo incomodar a ning\u00fan progenitor de ni\u00f1o grit\u00f3n o due\u00f1o de perro ladrador, sino llamar su atenci\u00f3n sobre un problema social del que quiz\u00e1 no sea consciente por estar mal educado. Y si lo es, entonces es un maleducado. Que no es lo mismo.\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tirando de diccionario acad\u00e9mico, el t\u00e9rmino \u00abeducaci\u00f3n\u00bb encierra dos significados bien distintos. Uno, \u00abcrianza, ense\u00f1anza y doctrina que se da a los ni\u00f1os y j\u00f3venes\u00bb. El otro, \u00abcortes\u00eda, urbanidad\u00bb. O sea, que define tanto la educaci\u00f3n que recibe un individuo en sus primeros a\u00f1os como el modo de aplicarlo en su vida adulta. 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