{"id":1532,"date":"2021-12-16T07:48:12","date_gmt":"2021-12-16T06:48:12","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=1532"},"modified":"2021-12-16T07:49:41","modified_gmt":"2021-12-16T06:49:41","slug":"fisiologia-crepuscular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2021\/12\/16\/fisiologia-crepuscular\/","title":{"rendered":"Fisiolog\u00eda crepuscular"},"content":{"rendered":"<div style=\"line-height: 1.3em; text-align: justify; font-family: serif;\">\nEl fil\u00f3sofo Arthur Schopenhauer afirm\u00f3 que \u00abla vejez es el precio que hay que pagar por haber vivido\u00bb. Empiezo a entenderlo cuando, noche tras noche, mi cuerpo yacente es el escenario de un conflicto fisiol\u00f3gico entre los distintos aparatos, \u00f3rganos y sistemas que lo componen, por culpa de uno de ellos.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>La primera crisis sucede al cabo de dos o tres horas de sue\u00f1o. Entonces la vejiga, una quejica insoportable que ya no tolera almacenar ni la d\u00e9cima parte que cuando era joven, empieza a dar la lata para que el esf\u00ednter que mantiene cerrado el desag\u00fce por la uretra afloje y le permita evacuar el escaso contenido que tanto le molesta. Para ello env\u00eda la correspondiente solicitud por v\u00eda nerviosa ascendente a trav\u00e9s de la m\u00e9dula espinal hasta el centro de control corporal, el enc\u00e9falo. Pero al llegar a Recepci\u00f3n, el tronco cerebral informa de que el jefe est\u00e1 durmiendo y no se le puede molestar a esas horas.<br \/>\nAnte la negativa, la vejiga se cabrea y aumenta la opresi\u00f3n sobre el bajo vientre hasta que consigue generar la necesidad imperiosa de orinar bajo la amenaza de soltar lastre a las bravas. Cuando el mesenc\u00e9falo ve que va en serio, finalmente despierta al cerebro para que autorice la operaci\u00f3n. Al principio se hace el remol\u00f3n y protesta, pero como nunca le queda otra, acaba dando luz verde a la micci\u00f3n controlada. Pero entonces se topa con la resistencia de los posibilitadores del desplazamiento entre la cama y el ba\u00f1o, los m\u00fasculos, tan relajaditos ellos en su reposo que se niegan a ponerse en marcha, hasta que el cerebro, harto de la presi\u00f3n vesical, les conmina a hacerlo de modo inapelable y, a rega\u00f1adientes, desperezan las articulaciones. <\/p>\n<p><\/p>\n<p>Durante el corto trayecto del lecho al mingitorio, bajo el peso de la verticalidad, las lumbares corro\u00eddas por la artrosis protestan por el fin de la tregua y, ya en el inodoro, a la vista de lo poco que sale y lo mucho que tarda, se levanta un coro de reproches viscerales, musculares y discales increpando a la pu\u00f1etera vejiga por ponerlos en danza para soltar cuatro gotas. El cerebro trata de calmarlos arguyendo que ellos no sue\u00f1an, como \u00e9l, y que asist\u00eda a un Lohengrin en Viena cuando el cerebelo aporre\u00f3 su puerta. Despu\u00e9s ordena volver a la cama y pasar el resto de la noche en paz.<br \/>\nMisi\u00f3n imposible, porque como los ri\u00f1ones no duermen ni descansan, en otras dos o tres horas habr\u00e1n destilado por los ur\u00e9teres, tampoco gran cosa, pero suficiente para que la vieja hist\u00e9rica ego\u00edsta, hiperactiva e insolidaria vuelva a la carga pretextando una urgencia inexistente. Muchas noches ocurre tres veces y algunas hasta cuatro. Los m\u00e9dicos lo llaman nicturia, pero solo es un concepto m\u00e1s de la factura a la que se refer\u00eda Schopenhauer. Qu\u00e9 raz\u00f3n llevaba. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fil\u00f3sofo Arthur Schopenhauer afirm\u00f3 que \u00abla vejez es el precio que hay que pagar por haber vivido\u00bb. 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