{"id":1567,"date":"2022-04-18T06:24:16","date_gmt":"2022-04-18T05:24:16","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=1567"},"modified":"2022-04-18T06:24:16","modified_gmt":"2022-04-18T05:24:16","slug":"el-medico-total","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2022\/04\/18\/el-medico-total\/","title":{"rendered":"El m\u00e9dico total"},"content":{"rendered":"<p>El doctor Abd\u00f3n S\u00e1ez Ameyugo, \u00abDon Ad\u00f3n\u00bb en Haro, mi padre, vio la luz en Miranda de Ebro el 15 de marzo de 1922. El martes pr\u00f3ximo, por tanto, se cumplir\u00e1 el centenario del nacimiento de un hombre y m\u00e9dico excepcional que ayud\u00f3 a tantos jarreros a llegar al mundo, sobrellevarlo y abandonarlo. Sirvan estas l\u00edneas como homenaje a su persona y a un modo de ejercer la medicina, superado por los avances cient\u00edfico-t\u00e9cnicos, pero nunca igualados en humanidad, empat\u00eda, dedicaci\u00f3n sin descanso y total entrega a la profesi\u00f3n, que hago extensivo a los colegas de su generaci\u00f3n: Jes\u00fas Ganzarain, Manuel Mozos, Exiquio Iglesias\u2026<br \/>\nEn 1950 mis padres alquilaron un piso en la calle Siervas de Jes\u00fas, colgaron un letrero en la puerta y se sentaron a esperar al primer paciente. Con el tiempo, aquella vivienda se convirti\u00f3 en un centro de asistencia m\u00e9dica tan imprescindible en el Haro de entonces como impensable hoy d\u00eda. En aquella consulta, don Ad\u00f3n, con la inestimable ayuda de Esther, lo mismo escayolaba un tobillo que realizaba una exploraci\u00f3n obst\u00e9trica, suturaba una herida, extra\u00eda un cuerpo extra\u00f1o del ojo o un tap\u00f3n del o\u00eddo, tomaba y revelaba radiograf\u00edas, exploraba el est\u00f3mago con contraste, insuflaba aerosoles y aplicaba \u00abcorrientes\u00bb de electroterapia, adem\u00e1s de atender revolcones y puntazos en la enfermer\u00eda de la plaza.<br \/>\nEran tiempos en los que la gente nac\u00eda en su casa y mi padre, adem\u00e1s, asisti\u00f3 en los hogares jarreros a innumerables partos, incluidos los de sus cuatro hijos. Tampoco hab\u00eda en Logro\u00f1o hospitalizaci\u00f3n m\u00e9dica, ni un servicio de urgencias al que derivar, y nuestra casa fue tambi\u00e9n cuarto de socorro, centro de primeros auxilios, base de hospitalizaci\u00f3n a domicilio, box de observaci\u00f3n y unidad de corta estancia. Completando el ciclo vital, como forense practic\u00f3 autopsias a las que me llevaba de chaval para introducirme en el oficio, de modo que la actividad m\u00e9dica de mi padre se extendi\u00f3, como el poema sinf\u00f3nico de Liszt, de la cuna a la tumba.<br \/>\nDicen que la verdadera muerte es el olvido. Y que no es igual un buen m\u00e9dico que un m\u00e9dico bueno. Pues, cuando se cumplen cien a\u00f1os de su nacimiento y veintid\u00f3s de su desaparici\u00f3n, el recuerdo de un mirandilla que solo colgaba la bata un d\u00eda al a\u00f1o para vestir la blusa en San Juan del Monte, pero que se lo dio todo a Haro, aquel buen m\u00e9dico bueno, humanitario y cercano, el doctor Abd\u00f3n S\u00e1ez Ameyugo, don Ad\u00f3n, a\u00fan sigue vivo en la memoria de los jarreros, y no porque una de sus calles y la sala de autopsias por la que tanto luchaste lleven tu nombre, sino por el enorme vac\u00edo que dejaste en el pueblo. As\u00ed que, feliz centenario, padre. Y un beso muy fuerte a mam\u00e1. Por cierto, ya s\u00e9 que olvidaste tu pipa favorita en casa, pero no te preocupes. Yo te la llevar\u00e9.  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El doctor Abd\u00f3n S\u00e1ez Ameyugo, \u00abDon Ad\u00f3n\u00bb en Haro, mi padre, vio la luz en Miranda de Ebro el 15 de marzo de 1922. El martes pr\u00f3ximo, por tanto, se cumplir\u00e1 el centenario del nacimiento de un hombre y m\u00e9dico excepcional que ayud\u00f3 a tantos jarreros a llegar al mundo, sobrellevarlo y abandonarlo. 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