{"id":164,"date":"2010-03-18T17:01:00","date_gmt":"2010-03-18T17:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=164"},"modified":"2010-03-18T17:01:00","modified_gmt":"2010-03-18T17:01:00","slug":"caminos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2010\/03\/18\/caminos\/","title":{"rendered":"Caminos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align:justify\"><span lang=\"ES\">Para ir de mi casa al trabajo pueden seguirse dos caminos bien distintos. El corto sigue una acera recta que bordea una avenida de cuatro carriles repletos de coches superando deprisa su cotidiana carrera de obst\u00e1culos: las pu\u00f1eteras rotondas, los molestos badenes, el maldito radar, el dichoso autob\u00fas urbano y los fastidiosos sem\u00e1foros enrojecidos por peatones empe\u00f1ados en cruzar la pista. El largo es un antiguo camino rural que serpentea pegado a su acequia entre pastos, huertos y sembrados, muy tranquilo y tan estrecho que a duras penas pueden cruzarse los escasos veh\u00edculos y caminantes que se aventuran a circular por \u00e9l. Sumido en la cultura urbana de lo c\u00f3modo, r\u00e1pido y pr\u00e1ctico, durante a\u00f1os tom\u00e9 el primero por m\u00e1s breve y directo. Cada nueva jornada a la misma hora cubr\u00eda el trayecto en menos de diez minutos entre contenedores, vados, marquesinas para cansos, excrementos caninos, farolas y buzones ahogados en publicidad, tropez\u00e1ndome con los mismos escolares somnolientos, los mismos adultos enganchados a la tertulia de maitines y el mismo batall\u00f3n motorizado de pringados desfilando hacia el curro y\/o el colegio del hijo.<span style=\"mso-spacerun: yes\">  <\/span><o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align:justify\"><span lang=\"ES\">Hasta que el oto\u00f1o pasado, ni s\u00e9 por qu\u00e9, me dio por escoger el camino largo, torcido y estrecho. Aunque s\u00f3lo est\u00e1 a tiro de piedra de la bulliciosa avenida, la antigua vereda discurre ya por las afueras, por lo que mi penoso desplazamiento al af\u00e1n cotidiano acab\u00f3 convirti\u00e9ndose en un placentero paseo ma\u00f1anero de media hora por ese campo donde, al contrario que en la ciudad, todo transcurre lentamente y en silencio. Los mulos pastan con pachorra, los cardos se toman su tiempo, las yemas brotan a c\u00e1mara lenta y el enjambre de cig\u00fce\u00f1as atra\u00eddas desde los campanarios al mismo sembrado se desayunan sin prisa mientras el primer sol se resiste a remontar la loma de Villamediana. A pesar de la inclemencia la caminata resultaba reconfortante, pero tanta anchura de horizontes y altura de miras acabaron despertando en mi conciencia un subversivo anhelo de libertad y una enga\u00f1osa sensaci\u00f3n de feliz rescate del secuestro de la vida por la rutina cotidiana que hac\u00edan m\u00e1s dura todav\u00eda la llegada a mi destino. Y si esto ha ocurrido en un invierno tan duro, no quiero pensar qu\u00e9 pasar\u00e1 cuando estalle al fin la primavera y la vega del Iregua invite a quedarse para disfrutarla. As\u00ed que ya me veo volviendo al tajo por la v\u00eda r\u00e1pida, la de las prisas, el ruido, la grisura del asfalto y la tristeza de una acera sin machos ni cardos ni cig\u00fce\u00f1as ni reto\u00f1os ni soles haci\u00e9ndose de rogar, volvi\u00e9ndole la espalda a otra ma\u00f1ana estupenda que no volver\u00e1. Para qu\u00e9 enga\u00f1arse: es el camino que me pertenece como pringado.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para ir de mi casa al trabajo pueden seguirse dos caminos bien distintos. 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