{"id":190,"date":"2009-04-30T09:59:00","date_gmt":"2009-04-30T09:59:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=190"},"modified":"2009-04-30T09:59:00","modified_gmt":"2009-04-30T09:59:00","slug":"seguro-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2009\/04\/30\/seguro-muerte\/","title":{"rendered":"Seguro de muerte"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"ES\">Mal mirado, este planeta es un corredor de la muerte universal, pues todos sus habitantes estamos condenados a la pena capital pero desconocemos cu\u00e1ndo se ejecutar\u00e1 la sentencia. Sin embargo, por instinto o autoenga\u00f1o, la mayor\u00eda de las personas se conducen por la vida como si fueran inmortales. No pensar al saltar de la cama que pueda estar clareando nuestro \u00faltimo d\u00eda quiz\u00e1 sea un subterfugio necesario para enfrentarnos a \u00e9l librando otra batalla de esa guerra que siempre se acaba perdiendo. Pero no estar\u00eda mal que, siquiera durante el ratito de la ducha, record\u00e1semos antes de iniciar otra etapa que la muerte es la meta de todas las carreras y que no sabemos detr\u00e1s de qu\u00e9 curva han pintado nuestra l\u00ednea. Porque entonces quiz\u00e1 disfrutar\u00edamos m\u00e1s de las cosas buenas que nos ofrece cada jornada y conceder\u00edamos menos importancia a las miserias que inseparablemente van en el lote. Puede que pensando m\u00e1s en la muerte, la existencia, parad\u00f3jicamente, fuese una experiencia m\u00e1s agradable y el mundo un sitio mejor para vivirla. Pero nacer sin fecha de caducidad proporciona a nuestra vida esa incertidumbre que posiblemente sea lo que nos empuje a seguir vivi\u00e9ndola a\u00fan a riesgo de creernos infinitos. Es posible, s\u00ed, que sabiendo desde el principio el d\u00eda y la hora de nuestra muerte cada despertar fuese una angustiosa vivencia peor que el anterior aunque mejor que el siguiente. Pero al desconocerlo padecemos otra suerte de desasosiego cotidiano, el del miedo a una vejez sin calidad de vida, por enfermedad, pobreza o, en el peor de los futuros, ambas cosas. Ahora que la quiebra de la banca y del mismo Estado es una posibilidad (ya ha sucedido antes) justamente cuando m\u00e1s se vive, el temor a un futuro sin salud ni recursos ni esperanza, interminable adem\u00e1s gracias al progreso de la medicina, supera al de no saber en qu\u00e9 fecha dejaremos de respirar. Pero incluso llegado a este pat\u00e9tico desvalimiento, el ser humano conservar\u00e1 (o habr\u00e1 delegado en leales albaceas) la suprema facultad que lo eleva sobre las otras especies mortales: el libre albedr\u00edo que le permitir\u00e1, llegado el caso, decidir el momento de su extinci\u00f3n. Disponer de una p\u00edldora del \u00faltimo d\u00eda en el caj\u00f3n de la mesilla conceder\u00eda m\u00e1s tranquilidad que el plan de pensiones m\u00e1s garantizado, y sin aportaciones. Tal seguro de muerte eliminar\u00eda la angustia de un porvenir de miseria (f\u00edsica, ps\u00edquica, material y\/o afectiva) y nos permitir\u00eda disfrutar de un resto de vida absolutamente en nuestras manos, siempre que nos mantuvi\u00e9semos fuera del alcance de un comando reanimador. Naturalmente, s\u00f3lo habr\u00eda que echar mano de \u00e9l en esa situaci\u00f3n de extrema desesperanza a la que nadie deseamos llegar. Mas para eso est\u00e1n los seguros, para dar tranquilidad y, en este caso, la seguridad de que nuestro futuro no se convertir\u00e1 en un penoso ejercicio de supervivencia in\u00fatil, gravosa para la sociedad y dolorosa para el zombi y sus allegados. Puesto que lo \u00fanico seguro que la vida nos depara es la defunci\u00f3n, un seguro de muerte tendr\u00eda m\u00e1s sentido que el mal llamado seguro de vida, del que encima s\u00f3lo se benefician sus herederos pero nunca el asegurado. Qu\u00e9, \u00bflo legalizamos?<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mal mirado, este planeta es un corredor de la muerte universal, pues todos sus habitantes estamos condenados a la pena capital pero desconocemos cu\u00e1ndo se ejecutar\u00e1 la sentencia. Sin embargo, por instinto o autoenga\u00f1o, la mayor\u00eda de las personas se conducen por la vida como si fueran inmortales. 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