{"id":241,"date":"2011-08-18T06:48:57","date_gmt":"2011-08-18T05:48:57","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=241"},"modified":"2011-08-18T06:48:57","modified_gmt":"2011-08-18T05:48:57","slug":"escatologias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2011\/08\/18\/escatologias\/","title":{"rendered":"Escatolog\u00edas"},"content":{"rendered":"<p>En su desesperada huida de tanta agua como baja el Ebro, Haro se dio de bruces durante siglos contra el formidable pared\u00f3n del convento de los Agustinos, que limitaba su expansi\u00f3n hacia el sur en el lugar conocido a\u00fan como &#8220;el Cerrado&#8221;. Cuando la desamortizaci\u00f3n del XIX derrib\u00f3 el muro, el pueblo pudo al fin huir del r\u00edo y el imponente caser\u00f3n se reconvirti\u00f3 en c\u00e1rcel, cuartel y teatro. M\u00e1s tarde alberg\u00f3 una escuela y un asilo de ancianos, regidos por aquellas hijas de la Caridad cuya aparatosa toca alada las obligaba a ladear la cabeza para caber por las puertas. Adem\u00e1s del asilo y el parvulario, las monjitas explotaban una pocilga a cielo abierto adosada a la casa de los viejos y separada del patio del recreo por un murete de ladrillo encalado, tan bajo que el bal\u00f3n se colaba continuamente. Nunca olvidar\u00e9 mi primer salto de la tapia para rescatar una pelota chutada demasiado alta adrede, como casi siempre. El descubrimiento de una piara de gorrinos hozando en busca de lo suyo a espaldas de los otros y gru\u00f1endo entre escarbo y olisqueo fue mi primer contacto con lo m\u00e1s parecido al \u201ctrabajo en equipo\u201d que conocer\u00eda en mi vida adulta.<br \/>\nEl caso es que el 3 de junio de 1963 tuvo lugar el examen de ingreso que finiquit\u00f3 mi etapa escolar y como ese d\u00eda muri\u00f3 Juan XXIII la prueba consisti\u00f3 en una redacci\u00f3n sobre la figura del \u201cpapa bueno\u201d que ser\u00eda mi primer vagido literario. El apasionado paneg\u00edrico de un ni\u00f1o de nueve a\u00f1os, perfectamente adoctrinado, caus\u00f3 sensaci\u00f3n por su vehemente exaltaci\u00f3n de la fascinadora figura del \u201cvicario de Cristo\u201d. Pues el NO-DO me hab\u00eda mostrado que el personaje m\u00e1s importante del mundo no era el generalillo rechoncho que entraba en iglesias de segunda bajo un paliete a ras de suelo, sino aquel Sumo Pont\u00edfice tocado con tiara que surcaba la nave de San Pedro sobre un mar de tiaras, majestuosamente alzado en la silla gestatoria, flanqueada por flabelos de plumas de avestruz y bajo un palio como Dios manda, e impartiendo bendiciones con el \u00e1ureo Pescatorio en su dedo enhiesto. Entonces yo cre\u00eda sin problemas en cosas tan incre\u00edbles como el parto de una virgen, la resurrecci\u00f3n de su hijo muerto que tambi\u00e9n lo era de un Dios trino y el ascenso directo de ambos al cielo. Lo que de ning\u00fan modo pod\u00eda aceptar ni entender era que el Santo Padre, aquel sagrado icono viviente adorado en su trono gestatorio, tuviese la misma necesidad fisiol\u00f3gica de evacuar el vientre que cualquier mortal. Y cuando trataba de imagin\u00e1rmelo aplicado a su higiene m\u00e1s \u00edntima, encorvado con la sotana blanca remangada sobre una vulgar taza de loza, me sent\u00eda reo de un pecado mortal de pensamiento que nunca tuve el valor de confesar. Felizmente, el paso del tiempo fue sentando mis dudas y creencias escatol\u00f3gicas en su sitio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su desesperada huida de tanta agua como baja el Ebro, Haro se dio de bruces durante siglos contra el formidable pared\u00f3n del convento de los Agustinos, que limitaba su expansi\u00f3n hacia el sur en el lugar conocido a\u00fan como &#8220;el Cerrado&#8221;. 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