{"id":257,"date":"2011-11-22T18:24:25","date_gmt":"2011-11-22T17:24:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=257"},"modified":"2011-11-22T18:24:25","modified_gmt":"2011-11-22T17:24:25","slug":"el-carril-de-la-izquierda-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2011\/11\/22\/el-carril-de-la-izquierda-2\/","title":{"rendered":"El carril de la izquierda"},"content":{"rendered":"<p>Si un logro\u00f1\u00e9s desaparecido hace d\u00e9cadas levantara la cabeza, seguramente enmudecer\u00eda de asombro contemplando el crecimiento y la transformaci\u00f3n de una ciudad de 152.000 h\u00edgados que en 1981 contaba con 111.000 y tan solo 61.000 en 1960. Sin duda, llamar\u00edan especialmente su atenci\u00f3n edificios tan notables como el auditorio Riojanorum, el circo de fieras de la Ribera, el estadio m\u00e1s grande del mundo (Las Gaunas, jam\u00e1s se llena), el Palacio de Dos Deportes, el apeadero m\u00e1s lujoso de Europa, los hipermercados, la peatonalizaci\u00f3n, la conversi\u00f3n de la orilla del Ebro en un estirado parque y, en fin, la extensi\u00f3n de la ciudad allende un ferrocarril en v\u00edas de soterramiento. Pero una de las cosas que m\u00e1s le chocar\u00edan es la abundancia de rotondas en una ciudad que hace pocos a\u00f1os ni las conoc\u00eda y donde hoy resulta casi imposible conducir cien metros sin toparse con una. En principio, la idea de una autorregulaci\u00f3n \u201cinteligente\u201d de la circulaci\u00f3n de veh\u00edculos en los cruces de calles en funci\u00f3n de la densidad del tr\u00e1fico, frente a la ordenaci\u00f3n ciega impuesta por los sem\u00e1foros, no es mala. Pero sucede como con los pasos de cebra: que est\u00e1n pensados para pa\u00edses civilizados donde la gente piensa en los dem\u00e1s y los respeta cedi\u00e9ndoles el paso si poseen la prioridad del peat\u00f3n que cruza la calle por donde debe o del conductor que ya circula por la rotonda. Y, en este pa\u00eds de maleducados, agresivos, prepotentes, temerarios y cagaprisas, casi todos vamos lanzados al volante, y pobre del que se nos ponga por delante: la proliferaci\u00f3n de rotondas parece fomentada por carroceros y fisioterapeutas. Aunque no toda la culpa de los accidentes producidos en ellas a diario es de los conductores; est\u00e1 ese absurdo carril de la izquierda, cuya funci\u00f3n nunca lograr\u00e9 comprender. A ver: al endemoniado remolino rotondil se puede entrar por la derecha o por la izquierda, pero s\u00f3lo se puede salir con seguridad por aqu\u00e9lla. Por eso el carril derecho es preferido por los conductores m\u00e1s prudentes, cuya paciencia para soportar la fila de acceso es recompensada con una escapatoria menos arriesgada del tiovivo. Siempre, claro, que no te ataque por babor ese listillo de turno que se ha colado hasta el ojo del torbellino por una v\u00eda que no conduce a ninguna parte, que supone un amenaza para los otros y que para abandonarlo ha de pasarse obligatoriamente a la otra, casi siempre invadi\u00e9ndola peligrosamente. As\u00ed que, si circular por el carril izquierdo con intenci\u00f3n de avanzar r\u00e1pidamente s\u00f3lo sirve para embrollar la rotonda, marear la perdiz, poner en riesgo a todos y acabar saliendo del l\u00edo forzosamente por la derecha, \u00bfqu\u00e9 sentido tiene escogerlo?  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si un logro\u00f1\u00e9s desaparecido hace d\u00e9cadas levantara la cabeza, seguramente enmudecer\u00eda de asombro contemplando el crecimiento y la transformaci\u00f3n de una ciudad de 152.000 h\u00edgados que en 1981 contaba con 111.000 y tan solo 61.000 en 1960. 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