{"id":284,"date":"2012-05-17T06:32:21","date_gmt":"2012-05-17T05:32:21","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=284"},"modified":"2012-05-17T06:32:21","modified_gmt":"2012-05-17T05:32:21","slug":"quejicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2012\/05\/17\/quejicas\/","title":{"rendered":"Quejicas"},"content":{"rendered":"<p>Los soci\u00f3logos aseguran que cuanto m\u00e1s libre, rica y avanzada es una sociedad, m\u00e1s quejicosos se vuelven sus individuos. Si fuese cierto, puede que habitemos en el pa\u00eds m\u00e1s pr\u00f3spero del planeta. Pues una de las principales caracter\u00edsticas de la idiosincrasia espa\u00f1ola es nuestra inveterada costumbre de quejarnos con frecuencia, pero casi nunca con un buen motivo, y de exigir \u201cresponsabilidades\u201d hasta por la sobrevenida de un meteoro. Por ejemplo, si una formidable tormenta descarga un rayo sobre un \u00e1rbol, que acaba cayendo sobre las piernas de quien pasaba justo debajo, el fulminado dif\u00edcilmente aceptar\u00e1 que: (1) las tormentas, tan impredecibles como inevitables, descargan rayos al azar pero con cierta predilecci\u00f3n por los \u00e1rboles, por lo que (2) el riesgo de sufrir las devastadoras consecuencias de la fulguraci\u00f3n desaparece qued\u00e1ndose quietecito en casa hasta que escampe. Lo m\u00e1s probable es que presente una queja con posibilidades de transformarse en denuncia y \u00e9sta en querella, pues: (1) nadie le avis\u00f3 de que estallar\u00eda una tormenta en aquel preciso momento y lugar, (2) ya alguien hab\u00eda advertido de que el \u00e1rbol derribado era muy viejo, demasiado grande o algo inclinado, (3) los bomberos no se presentaron en menos de treinta segundos para rescatar a la v\u00edctima atrapada bajo el tronco y (4) que las piernas remostadas, a\u00fan reparadas conforme a la lex artis, casi nunca vuelven a lucir su antigua lozan\u00eda. As\u00ed que la culpa acabar\u00e1 recayendo sobre el Instituto Nacional de Meteorolog\u00eda, el Ayuntamiento o el Servicio regional de Salud, sin  que la v\u00edctima reconozca su responsabilidad al transitar imprudentemente por un lugar convertido en peligroso por circunstancias imprevistas e incontrolables.<br \/>\nLa quejumbre nacional, como los grandes servicios p\u00fablicos, es universal y gratuita, y est\u00e1 fomentada por una cultura instalada en la exigencia, la reclamaci\u00f3n y un victimismo a todos los  niveles: dom\u00e9stico, laboral, social e institucional. Si nos piden la opini\u00f3n de algo sin duda bueno, como mucho nos arrancar\u00e1n que \u201cno est\u00e1 mal\u201d; si alguien nos pregunta c\u00f3mo nos va la vida, y nos va bien, la probable respuesta ser\u00e1 \u201cno me puedo quejar\u201d, una conducta intachable s\u00f3lo merecer\u00e1 un \u201cpor ahora no tenemos queja\u201d y cuando el m\u00e9dico revisa al paciente claramente mejorado el m\u00e1ximo reconocimiento que suele obtener es \u201ca peor no vamos\u201d. Claro que la queja permanente como llamada de atenci\u00f3n, exigencia de cuidado o b\u00fasqueda de compasi\u00f3n puede volverse contra el abusador de cuitas, desazones y lamentos, del que acabamos huyendo como del apestado. Y es que no hay quien aguante a esos pelmazos insoportables de los quejicas. Ya les vale, hombre. Aburren a un pedrusco y son m\u00e1s cansos que el chisp\u00f3n. Es una verg\u00fcenza. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los soci\u00f3logos aseguran que cuanto m\u00e1s libre, rica y avanzada es una sociedad, m\u00e1s quejicosos se vuelven sus individuos. Si fuese cierto, puede que habitemos en el pa\u00eds m\u00e1s pr\u00f3spero del planeta. 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