{"id":307,"date":"2012-09-19T21:47:13","date_gmt":"2012-09-19T20:47:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=307"},"modified":"2012-09-19T21:47:13","modified_gmt":"2012-09-19T20:47:13","slug":"victimas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2012\/09\/19\/victimas\/","title":{"rendered":"V\u00edctimas"},"content":{"rendered":"<p>Psic\u00f3logos, soci\u00f3logos y comunic\u00f3logos alertan frente al auge de lo que denominan vampiros emocionales, envenenadores de las relaciones o, de un modo bien gr\u00e1fico, gente t\u00f3xica. Son personas por lo general mediocres, fracasadas o amargadas que se alimentan de energ\u00edas ajenas mediante un parasitismo que oscila entre el relato inmisericorde de sus penas o la cr\u00edtica destructiva hasta conductas agresivas como maltrato verbal o acoso moral. Entre los prototipos de <em>homo toxicus<\/em> destacan el sociopsic\u00f3pata, el agresivo verbal, el arrogante presuntuoso, el chismoso metomentodo, el descalificador, el envidioso y el objeto de esta reflexi\u00f3n: el quejica victimista. De eficaz virulencia, el quejumbroso se arrastra por la vida haci\u00e9ndose la v\u00edctima injusta e indefensa y culpando a los dem\u00e1s de su presunta desgracia. Eternamente enfadado consigo mismo y con quienes tienen la mala suerte de vivir cerca, se siente maltratado y no para de denunciarlo pero cuid\u00e1ndose de hacer algo por abandonar su lastimoso estado, con el fin de no perder ni los beneficios sociales ni el triste consuelo que les proporciona el lamento de su frustraci\u00f3n. Los m\u00e9dicos conocemos bien a esos pacientes quejicosos que no cejan hasta lograr la etiqueta diagn\u00f3stica que justifique su malestar, garantice su perpetuaci\u00f3n y les procure el reconocimiento oficial de su invalidez que cierre el c\u00edrculo. Por otro lado, nuestros atosigantes sindicatos son el paradigma del descontento organizado e institucionalizado (y subvencionado).<\/p>\n<p>Pero es en tiempos de crisis cuando los quejicas victimistas brotan y crecen cual maleza entre las ruinas, como estamos viendo con las medidas de austeridad. Incapacitados para la autocr\u00edtica e insensibles a la situaci\u00f3n general, muchos reaccionan a los recortes cabre\u00e1ndose, denunciando la \u201cverg\u00fcenza\u201d de su situaci\u00f3n individual y descargando la responsabilidad en chivos expiatorios sin el menor prop\u00f3sito de aceptar la realidad, asumir su cuota de responsabilidad y emprender el esfuerzo que se le exige para remontar una situaci\u00f3n p\u00e9sima, alegando no tener la culpa.<\/p>\n<p>Como protecci\u00f3n frente al personal t\u00f3xico, los expertos recomiendan una estrategia tan sencilla como efectiva: 1) identificarlos y 2) alejarse de ellos lo m\u00e1s y antes posible, tarea que los propios intoxicadores pueden facilitar, como esa multitud de quejicas victimistas catalanes proclamando en la calle que la causa de todos sus males es la agraviosa pertenencia a una Espa\u00f1a de la que por tanto quieren separarse. As\u00ed que a\u00a0 quienes deseamos que permanezcan en Espa\u00f1a no debe disgustarnos que ellos quieran marcharse, pues sacudirse de golpe toda una poblaci\u00f3n altamente t\u00f3xica s\u00f3lo puede beneficiarnos a las aut\u00e9nticas v\u00edctimas de su ficticio victimismo. As\u00ed que por m\u00ed, y sinti\u00e9ndolo de veras, <em>bye bye, Catalonia<\/em>. Y que la puerta contin\u00fae abierta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Psic\u00f3logos, soci\u00f3logos y comunic\u00f3logos alertan frente al auge de lo que denominan vampiros emocionales, envenenadores de las relaciones o, de un modo bien gr\u00e1fico, gente t\u00f3xica. 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