{"id":432,"date":"2014-07-17T06:53:55","date_gmt":"2014-07-17T05:53:55","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/?p=432"},"modified":"2014-07-17T06:53:55","modified_gmt":"2014-07-17T05:53:55","slug":"el-virus-playero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/2014\/07\/17\/el-virus-playero\/","title":{"rendered":"El virus playero"},"content":{"rendered":"<p>Visitar una zona de nuestro litoral mediterr\u00e1neo especialmente arrasada por el desarrollo tur\u00edstico permite comprobar que la crisis no ha conseguido reducir la alta prevalencia de una patolog\u00eda estacional que afecta a los veraneantes costeros, causada por un microorganismo neurotr\u00f3pico al que podr\u00edamos denominar playavirus o virus de la playa.<\/p>\n<p>Se trata de un trastorno psicomotor epid\u00e9mico transitorio, caracterizado por la adopci\u00f3n de h\u00e1bitos y la realizaci\u00f3n compulsiva de actividades exclusivas de un tiempo (la can\u00edcula estival) y un lugar (las playas urbanizadas) concretos, que afecta a ambos sexos y a cualquier edad, aunque con peculiaridades. En los ni\u00f1os infectados, el virus produce una imperiosa necesidad de cavar agujeros en la orilla del mar y amontonar la arena extra\u00edda, con las consecuencias que veremos m\u00e1s tarde. A partir de la adolescencia, el mal playero se manifiesta por una irrefrenable necesidad de jugar a tocar pelotas con unas peque\u00f1as aunque ruidosas palas, que afecta sobre todo a j\u00f3venes parejas y padres e hijos, lo que sugiere alg\u00fan factor gen\u00e9tico en la transmisi\u00f3n.<\/p>\n<p>El playavirus posee tal apetencia por el sistema nervioso central que, incluso en j\u00f3venes portadores de rudimentarios cerebros, m\u00e1s peque\u00f1os incluso que el del microbio, es capaz de localizar y excitar alguna de sus tres neuronas rectoras: la de beber, la de retozar y la de berrear de madrugada, generalmente en este orden.<\/p>\n<p>El germen es responsable tambi\u00e9n de un s\u00edndrome ya descrito en esta columna, el de las tres <em>etas<\/em>: camiseta, chancleta y pantaloneta, responsable de persistentes fascitis plantares y de inenarrables espantos literalmente est\u00e9ticos que alcanzan su apogeo cuando los afectados se desprenden de la primera.<\/p>\n<p>En la mediana edad, el virus del est\u00edo ocasiona prolongados episodios de hamacosis o letargo de la tumbona, estado intermedio entre el sue\u00f1o y la vigilia considerado por los expertos un mecanismo de defensa necesario para soportar medio d\u00eda atrapado en el horror de una playa infestada, sin exponerse a pisar ubres y panzas desparramadas al sol ardiente, a intoxicarse por efluvios de sobaquina mezclada con protector o a recibir un pelotazo en el ojo. En la tercera edad, en fin, la enfermedad de la playa petada impulsa a recorrerla caminando sin cesar de un extremo al otro por el \u00fanico sitio libre de hacinamiento, la orilla mojada, con el consiguiente riesgo de torz\u00f3n de tobillo en alguno de los agujeros excavados por los m\u00e1s peque\u00f1os.<\/p>\n<p>La epidemia playera se resuelve al final del verano y el riesgo de reca\u00edda al a\u00f1o es elevado. De momento no hay vacuna.<\/p>\n<p>(el-bisturi.com)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Visitar una zona de nuestro litoral mediterr\u00e1neo especialmente arrasada por el desarrollo tur\u00edstico permite comprobar que la crisis no ha conseguido reducir la alta prevalencia de una patolog\u00eda estacional que afecta a los veraneantes costeros, causada por un microorganismo neurotr\u00f3pico al que podr\u00edamos denominar playavirus o virus de la playa. Se trata de un trastorno [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/432"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=432"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/432\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=432"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=432"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/elbisturi\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=432"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}