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	<title>Entre visillosAlfonso XIII &#8211; Entre visillos</title>
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	<title>Alfonso XIII &#8211; Entre visillos</title>
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		<title>Adiós a la reina</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Sep 2022 04:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cuando el féretro de Isabel II y el impresionante cortejo recorrían los 1.800 metros que separan el palacio de Buckingham del de Westminster yo estaba comiéndome un yogur delante del televisor mientras contemplaba, entre la fascinación y el asombro, el espectáculo. Dicen que la propia Reina planificó su funeral y no hay duda de que el boato es un compendio de la tradición secular británica. Isabel II es, en sí misma, una importante página de la historia del último siglo aunque resulta excesivo el seguimiento que de su fallecimiento se ha hecho en los medios españoles. Llevamos días conociendo hasta los últimos detalles (la parte dulce, nunca la amarga) de su reinado y de la tradición monárquica británica como si nos fuera la vida en ello. En nuestra querida España desconocemos, seguramente por pereza, la sinuosa obscuridad que alumbra los episodios de la nuestra.</strong></p>
<p><strong> Y es que la historia reciente de nuestros reyes desde Fernando VII, el Deseado que pronto se convirtió en el Felón, es peculiar y demoledora para el corazón desengañado de los españoles. Su hija, la reina Isabel II de España, murió en París en 1904, años después de haber sido derrocada. Con su hijo Alfonso XII se restauró la monarquía y el joven rey murió de tuberculosis a los 27 años, en plena epidemia de cólera en 1885. Más querido que su madre falleció en Madrid y su funeral, hace 137 años, tuvo una solemnidad parecida a la que estamos viendo estos días. Su hijo, Alfonso XIII, abandonó España, en 1931, tras apoyar la dictadura de Primo de Rivera e intentar ocultar las corruptelas de la guerra del Rif que lo implicaban y desembocaron en el Desastre de Annual. Salió de España, según escribió, al comprobar que no contaba con “el amor de mi pueblo”. Murió en Roma en 1941.</strong></p>
<p><strong>De su nieto Juan Carlos I nadie sabe a ciencia cierta si volverá a vivir y morir en España tras el autoexilio que él se autoimpuso, no sabemos si por pudor o por vergüenza, al descubrirse todos sus negocios y el origen de su fortuna. Es difícil admirar a quien tanto ha defraudado, pero también es triste que un estado soberano y democrático contemple consternado su historia reciente después de haberla ensalzado como modélica, porque así creíamos que había sido nuestra transición a la democracia y el papel del monarca.</strong></p>
<p><strong>Hace tan solo unos años, cuando no sabíamos todo lo que hoy sabemos sobre el anterior rey de España, hubiéramos pensado para él, llegado el día, un funeral de estado quizá sin tanto oropel pero sí con la solemnidad debida. Hoy resulta difícil pensar en una despedida como la que los ciudadanos del Reino Unido han tributado a Isabel II. Termino el yogur un poco deprimida. La guardia real de Isabel prosigue impasible su marcha mientras el pan, el melón y la sandía adornan los cielos porque su precio está por las nubes.</strong></p>
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		<title>El Desastre</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2021 04:55:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En este país se exigen responsabilidades a los demás pero nadie asume las propias. En política hay escándalos, corrupciones variadas y otras miserias cíclicamente repetidas que quedan en nada o naufragan en el olvido. España padece desde antaño una epidemia que se llama amnesia y que cubre la ciénaga que corrompe el sistema. El punto [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En este país se exigen responsabilidades a los demás pero nadie asume las propias. En política hay escándalos, corrupciones variadas y otras miserias cíclicamente repetidas que quedan en nada o naufragan en el olvido. España padece desde antaño una epidemia que se llama amnesia y que cubre la ciénaga que corrompe el sistema. El punto álgido se manifiesta cuando el político atrapado en corruptelas nada recuerda ni conoce a nadie. Del rey abajo, ninguno se libra de padecerla. Al pueblo llano se le suministran nuevos escándalos que tapen los anteriores y así avanza la rueda.</strong></p>
<p><strong>Un desgraciado suceso ocurrido hace cien años ilustra cómo la enfermedad del olvido es endémica en esta España nuestra. El 22 de julio de 1921 más de 12.000 soldados españoles perdieron sus vidas en territorio del Rif, en el protectorado español en África bajo el mando del general Dámaso Berenguer. Todavía hoy se desconoce el número real de fallecidos en el Desastre de Annual. Lo que sí sabemos es que nuestro ejército sucumbió ante las improvisadas huestes de Abd-el-Krim. Una humillante derrota de la que nadie se hizo responsable. Nuestros soldados lucharon acantonados en posiciones inseguras, carentes de agua en un territorio desértico, defendidas con parapetos de sacos terreros podridos. Soldados en alpargatas, con material deteriorado y sin vías de suministro tuvieron que beber sus propios orines antes de morir. Una retirada deshonrosa de la que algunos oficiales huyeron arrancando sus galones. El general Fernández Silvestre se suicidó o se dejó matar al comprender la temeridad que había cometido obstinándose en un avance incierto para cumplir la promesa hecha a Alfonso XIII de llegar a Alhucemas en julio.</strong></p>
<p><strong>La catástrofe puso de manifiesto la corrupción en el ejército y las condiciones en las que nuestros jóvenes vivían los tres años de servicio obligatorio si no podían librarse con dinero. Ante la magnitud del escándalo cayó el gobierno de Allendesalazar que encargó esclarecer las responsabilidades al general Picasso. Su informe, pese a las limitaciones impuestas para proteger a Berenguer y al Rey, resulta estremecedor para cualquier español. Dice Raymond Carr que Alfonso XIII sufrió &#8220;un ataque de antiparlamentarismo&#8221;. La solución fue el golpe militar del general Primo de Rivera y el cierre del Parlamento. El general Berenguer, condenado por negligencia, fue amnistiado por el Rey. Años después lo nombraría presidente del gobierno. El expediente Picasso y la asunción de responsabilidades quedaron encerrados en el armario del olvido como los miles de soldados muertos. La sangre derramada dejó al descubierto miserias y cobardías. Quienes se preguntan por qué cayó la monarquía pueden anotar este antecedente. Ya ven, la factura política, tarde o temprano, se paga incluso en España.</strong></p>
<p>Fotografía: Recogida de cadáveres en Monte Arruit. 1921</p>
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		<title>Pies ligeros</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Aug 2020 05:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mariaantoniasanfelipe</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la Ilíada, Homero llamó a Aquiles el de los pies ligeros. Juan Carlos I nunca podría ser apodado así, demasiados tropezones para emular la destreza del héroe griego. Sus excesos lo han convertido en un símbolo que se desmorona. Con el bastón como único cetro, el rey emérito ha puesto pies en polvorosa. Confesó [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En la Ilíada, Homero llamó a Aquiles el de los pies ligeros. Juan Carlos I nunca podría ser apodado así, demasiados tropezones para emular la destreza del héroe griego. Sus excesos lo han convertido en un símbolo que se desmorona. Con el bastón como único cetro, el rey emérito ha puesto pies en polvorosa. Confesó a sus amigos que su marcha es temporal. Es imposible no recordar que su abuelo Alfonso XIII, antes de dejar España, el 14 de abril de 1931, escribió: “Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”. Está claro que su nieto tampoco cuenta hoy con el afecto y el respeto que recibió hasta que decidió dilapidar el tesoro que supone la estima pública, el bien más añorado por cualquier servidor público honesto. </strong></p>
<p><strong>Dicen que Juan Carlos I ha realizado “impagables servicios a España”. Si ello parece innegable también lo es que sus problemas comenzaron cuando decidió ponerles precio y convertirse, presuntamente, en comisionista burlador del fisco. Ya escribí hace días que sus pasados aciertos no pueden ocultar sus evidentes errores. Habrá gente que perdone las tropelías que lo han desacreditado a él y a la Corona, pero no nos engañemos, la mayoría de la población se siente víctima de una estafa envuelta en papel dorado. Juan Carlos I se ha ido pero, por mucho que corra, no podrá huir de sí mismo, de su propia capitulación como Rey y como persona. Él solito ha sido su propio sastre, con empeño ha tejido el traje del deshonor con el que se ha ido de España. Seguro que considera injusta su situación, no ha asumido que su más grave error es haberse creído impune. Parece que se le olvidó que era un rey constitucional, no un rey absolutista. Teniendo cosas que no se compran con dinero eligió cultivar ambición y avaricia. Se ha marchado a escondidas ante el asombro de la mayoría de la ciudadanía a la que ni siquiera le importa adonde ha ido, salvo si es a cargo del erario público.</strong></p>
<p><strong>Ha brindado Juan Carlos I a los republicanos una ocasión inédita para ensanchar su base social dejando al gobierno y a Felipe VI un papelón complicado de gestionar. Por mucho que insistan algunos no hay una conspiración en marcha contra la monarquía sino una infinita decepción que hace reflexionar a muchos, aunque no cuestionen el marco constitucional. No ama más a España quien defiende la monarquía y acepta conductas reprochables, sino quien exige la transparencia propia de una democracia adulta. Los españoles tenemos derecho a conocer los detalles sobre el origen de la sobrevenida fortuna y los negocios del Emérito. Ningún pacto de silencio debe sustraernos la verdad, tampoco ningún prejuicio político debe hacernos aceptar lo indefendible. El presente no puede estar pagando siempre oscuros peajes al pasado. Iluminémoslos.</strong></p>
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		<title>Lo que el rey sabe pero su yerno no</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 08:05:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2011/12/FELIPE-Y-EL-REY.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-77" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2011/12/FELIPE-Y-EL-REY.jpg" alt="" width="255" height="197" /></a></p>
<p>      El Rey es rey, pero intuye a los españoles, porque <strong>Juan Carlos I no sólo conoce la historia, sino que seguramente ha aprendido de ella.</strong> El Rey es consciente de que cuando su abuelo Alfonso XIII sufrió ataques de antiparlamentarismo y se alejó progresivamente de lo que sentían la mayoría de los ciudadanos de su Reino, la institución entró en picado con tanta rapidez que, como todo el mundo sabe, se acostó monárquica y se levantó republicana una mañana de abril de 1931. <strong>Alfonso XIII, salió de España, como él mismo declaró a ABC, consciente de que no contaba con el amor de su pueblo.</strong> Por eso don Juan Carlos, que había sido elegido por Franco para heredar su dictadura, supo, nada más perder de vista al padrino, que su primera tarea consistía en <strong>recuperar el amor de ese pueblo que en su día perdió su abuelo</strong>. Presintió, con meridiana claridad, que España no podía quedar fuera de la que siempre fue su posición europea En el año 1975, fecha en que se restauró la monarquía en su figura, toda Europa gozaba de regímenes democráticos alejados de los totalitarismos que surgieron en los años treinta. <strong>Ni España debía quedar aislada ni él podía ser un apestado en Europa tras la tragicomedia protagonizada en 1981 por militares golpistas</strong>, añorantes de una dictadura anacrónica que había pervivido vulnerando los derechos fundamentales de los ciudadanos. Pocos dudan que su comportamiento <strong>el 23-F convirtió a muchos republicanos en juancarlistas, aunque no en monárquicos.</strong> Así, con la tolerancia y aceptación de muchos republicanos la monarquía constitucional arraigó en una sociedad, hambrienta de democracia, que aparcó sine die la discusión sobre el tipo de jefatura del estado más conveniente a los españoles.</p>
<p>     El Rey sabe todo esto y también sabe que la historia enseña que, en un tris, la tortilla puede dar la vuelta si la imagen de la monarquía continúa su deterioro. <strong>Don Juan Carlos tampoco desconoce que heredar las jefaturas del estado es una reminiscencia anticuada y obsoleta en los tiempos que corren</strong> y que si el ciudadano se siente defraudado con el papel de la monarquía puede, soberanamente, optar por tener un Jefe de Estado elegido democráticamente como en Francia, Alemania o los EEUU. Que el Rey sabe todo esto es evidente, pero parece que su yerno, el deportista guapo y alto que todas las madres soñaban para sus hijas, no sabe nada de los riesgos que conlleva el abuso de una posición relevante en la mentalidad y en la paciencia, cada día más irritada, del vulgo. <strong>Urdangarín llegó a palacio y decidió utilizar su posición de advenedizo de la casa real para engordar fortuna y patrimonio</strong>. Su frase preferida en materia de negocios era: -Si yo estoy, los demás entrarán. Y entraron, claro que entraron. Nadie debe sorprenderse, este es un país en el que <strong>se buscan padrinos</strong> para todo y especialmente <strong>para forrarse a costa del</strong> <strong>erario público</strong>.</p>
<p>     Si la Casa Real ha dicho que <strong>no considera ejemplar el comportamiento de Urdangarín y que éste deberá defenderse por sus propios medios, es porque el propio Rey así lo cree</strong> y si esa es la consideración de su majestad, fíjense ustedes como debe ser la nuestra. El yerno, antes ejemplar y hoy repudiado, se ha convertido en una bomba de relojería que <strong>corre el riesgo de dinamitar la imagen del Rey, pero sobre todo la de su sucesor</strong>, menos legitimado y querido que don Juan Carlos. Debiera tener cuidado Urdangarín de contar, por boca de su abogado, que está indignado y que la ejemplaridad la da la ley. <strong>A estas alturas de la película, todos sabemos que hay cosas que son legales en este mundo hipócrita y materialista pero que son un escándalo, una vergüenza o una inmoralidad sin paliativos</strong>. Puede que Urdangarín no sepa distinguir, pero su suegro sí y por ello es consciente de que si no frena la hemorragia a tiempo, la ciudadanía puede libremente decidir que la Jefatura del estado no se hereda y que prefieren gritar: <strong>¡viva la República!</strong> Esto es lo que el Rey sabe pero su yerno no.</p>
<p><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2011/12/inaki-urdangarin-acusado-por-el-caso-palma-arena3.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-83" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2011/12/inaki-urdangarin-acusado-por-el-caso-palma-arena3.jpg" alt="" width="487" height="353" /></a></p>
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