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	<title>Entre visillosángel &#8211; Entre visillos</title>
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	<title>ángel &#8211; Entre visillos</title>
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		<title>La promesa</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Apr 2019 06:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No iba a ser fácil cumplir su último deseo. Hacía meses que se lo había prometido pero cada minuto, cada hora, cada día, cada noche, al atardecer o al alba, él dudaba. Ella estaba firme en su decisión, hacía tiempo que había hecho de la muerte su única esperanza. A él, la angustia le comía [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>No iba a ser fácil cumplir su último deseo. Hacía meses que se lo había prometido pero cada minuto, cada hora, cada día, cada noche, al atardecer o al alba, él dudaba. Ella estaba firme en su decisión, hacía tiempo que había hecho de la muerte su única esperanza. A él, la angustia le comía por dentro. Había aprendido a vivir entre dos zozobras. La que le devoraba cuando se sentía incapaz de cumplir la promesa y la que los gritos de dolor de María José le inoculaban en el recóndito lugar de la mente del que dicen que brota la piedad. </strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Recordaba aquel tiempo, cuando la enfermedad comenzó a manifestarse con rotundidad. Ella quiso morir y él le dijo que no lo abandonara, que todavía les quedaba un pequeño horizonte de felicidad. Aún podían tenerse el uno al otro, unirse en el amor sereno, en el placer de las aficiones compartidas. Recordó aquella tarde en el teatro. La llevó en la silla de ruedas. ¡Cómo olvidar que entonces todavía sonreía!</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Ella padecía lo indecible. Ángel percibía cualquier alteración de su rostro, cuando el dolor la invadía adivinaba la súplica de ayuda en su mirada. Él disimulaba cuando podía, claro. El sufrimiento le empujaba a la desesperación, sin alivio ni de día ni de noche, la enfermedad era una tortura lenta que no mataba su cuerpo pero destruía su alma. Cada mañana mientras limpiaba su rostro con una toallita veía, en el dibujo roto de sus labios, el reflejo de aquella sonrisa cálida que le había hecho sentir escalofríos en aquel tiempo inacabado. Entonces dudaba. Lavaba aquellas manos tan queridas que tanto le habían acariciado y que ya no respondían a su tacto. Y dudaba. Hidrataba aquella zona húmeda de su cuerpo que con tanta pasión ella le había entregado y que con tanto deseo él había frecuentado. Y de nuevo, dudaba. Después, en la soledad del sueño, él también lloraba. </strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Aquel día volvieron a hablar del único asunto que aliviaba su abatimiento:</strong><br />
<strong>-“Quiero el final. Cuanto antes, mejor” -le insistió- “Quiero morirme”.</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>La fórmula que utilizarían sería la que ella misma eligió cuando sus manos todavía obedecían las órdenes que generaba su mente con el objeto de consolar su corazón. Consiguió el pentobarbital en Internet, iba ya para tres años. Así que aquella mañana, tras el aseo habitual, Ángel le preguntó:</strong><br />
<strong> -&#8220;Te lo doy entonces. No es mucho, pero puede que sepa mal, o sea, que tienes que soportarlo. ¿Estás decidida?&#8221;.</strong><br />
<strong> -Sí, ya.</strong><br />
<strong> -&#8220;Pues adelante. A ver, dame la mano, que quiero notar la ausencia definitiva de tu sufrimiento. Tranquila, ahora te dormirás enseguida&#8221;.</strong><br />
<strong>Cuando ella alcanzó el sosiego, él sintió la ausencia y compartió su paz. Recordó aquellas palabras que ella le dijo cuando compró el pentobarbital:</strong><br />
<strong>-Cuando me haya ido, piensa en el infinito y me encontrarás.</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>                                                                       ******</strong><br />
<strong> Ángel llamó a los servicios de emergencia, contó lo que había hecho y fue detenido. Toda España conoció la noticia.</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Conmociona la piedad de este hombre que amó con ternura hasta el final. La vida ya es suficientemente dura para pedir héroes que superen el dolor infinito de la enfermedad. Solo los intolerantes que jamás se ponen en la piel del otro pueden negar el problema y juzgar a los demás anteponiendo prejuicios ideológicos a la regulación legal de una muerte digna. La mayoría de los españoles (casi el 80%) está a favor desde hace tiempo. Muchos sufren en silencio situaciones semejantes, para algunos hoy es ya demasiado tarde. Este es mi sincero testimonio de solidaridad con María José y con Ángel. Confío en que él no tenga que pasar ahora por una nueva tortura judicial. Me sumo al clamor que nace del corazón de muchos ciudadanos españoles hartos de esperar una ley que nunca llega.</strong></p>
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		<title>Aparta de mí este cáliz</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Mar 2013 08:00:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[                     Estamos en el centro de la Semana Santa aunque en nuestro fuero interno hace ya muchos meses que sabemos que estamos crucificados. Lo que resulta más llamativo es que con el transcurrir del tiempo parece que los ciudadanos nos vamos acostumbrando al dolor que produce el progresivo expolio de nuestros derechos y  una [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2013/03/eurogrupo.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-370" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2013/03/eurogrupo.jpg" alt="" width="275" height="183" /></a>         </strong></p>
<p><strong>           Estamos en el centro de la Semana Santa aunque en nuestro fuero interno hace ya muchos meses que sabemos que estamos crucificados. Lo que resulta más llamativo es que con el transcurrir del tiempo parece que los ciudadanos nos vamos acostumbrando al dolor que produce el progresivo expolio de nuestros derechos y  una continuada erosión de nuestras libertades públicas. Los de arriba, que nos miran con reiterado desprecio, saben que el ser humano se acostumbra a todo, también al sufrimiento. Para ellos todo es cuestión de ganar tiempo, ya que ante el temor a perder el empleo, la prestación por desempleo, el piso o la pensión, la indignación inicial se convierte en miedo y éste alimenta la resignación y el silencio. Es la única explicación que encuentro a esta calma chicha en que vivimos. Parece que no pasa nada aunque todo el mundo presiente que va a pasar algo y puede ser que un día existirá en el que una gota desborde el vaso y desparrame tanta quietud porque algo, pese a todo, comienza a cambiar. Yo creo que estamos ante el nacimiento de un nuevo ciclo histórico porque tanta incompetencia no es tolerable.</strong></p>
<p><strong>          Si algo ha puesto de manifiesto la crisis chipriota es que Europa es un polvorín a punto de estallar. Las imprudentes declaraciones del presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, insinuando que el modelo de rescate aplicado a Chipre puede aplicarse a otros países, ha puesto de los nervios a los ahorradores (honrados) de toda Europa y ha incrementado las dudas sobre la viabilidad de esta Unión Europea que ni es unión ni es nada. Una se pregunta, ¿son así de necios o sirven con eficacia a los intereses del poder económico? Puede que ambas respuestas sean igual de acertadas ya que todas las autoridades europeas sabían lo que pasaba en Chipre, como saben lo que pasa en otros paraísos fiscales europeos, incluidos Luxemburgo y Suiza, igual que conocen que se blanquean capitales y no tienen narices ni de frenar esas prácticas ni de gravar fiscalmente los beneficios obtenidos en esos fraudes. Tampoco hay armonización fiscal en el impuesto de sociedades ni hay seriedad en las cuentas públicas como acabamos de ver con la corrección al alza del déficit que Eurostast ha hecho a las cifras del ministro Montoro, otro genio de la incompetencia.</strong></p>
<p><strong>          Es decir, si casi todo es mentira, concluiremos que estamos en medio del desgobierno general, pero la actual clase política no es consciente de los cambios que se están exigiendo y cuando escucha en la calle a los ciudadanos denunciar que “no nos representan”, se sorprenden, puesto que los han votado. Así es y han sido elegidos para, supuestamente, proteger los intereses de la mayoría, pero lo único cierto es que en unos casos por connivencia o en otros por incompetencia están sirviendo con inusitada eficacia a engordar a los beneficiarios de ese poder económico que siempre ha gobernado el mundo pero que, al menos en Europa, a través de un ejercicio inteligente del poder político, se había conseguido un cierto equilibrio al conquistar, aunque fuera de forma incompleta, una redistribución de la riqueza y un incremento de los derechos y las protecciones sociales.</strong></p>
<p><strong>          Yo creo que muchas cosas tienen que cambiar aunque no veo a nadie capaz de dirigir ese proceso ya que Merkel no parece la guía adecuada y sus siervos, es decir el resto de gobernantes europeos, menos. El poder económico ha ganado la batalla y al constatarlo recuerdo a Jesucristo en Getsemaní, en el huerto de los olivos exclamando: &#8220;Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz”, aunque aceptando su destino concluía, “Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya&#8221;. En nuestro caso, espero que el poder económico no nos desangre y que no aceptemos tan desgarrado final. La cruz es demasiado dura pero hasta Cristo tuvo un ángel para reconfortarlo, recemos para que Ángela (Merkel) no sea el nuestro. Yo me rebelo.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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