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	<title>Entre visilloscambio &#8211; Entre visillos</title>
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		<title>Del pueblo</title>
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		<pubDate>Sat, 25 May 2019 05:38:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>A esta fecha algunos están a punto de llegar a la meta y otros a un centímetro de abrazarse a la decepción. Alcaldías y presidencias de comunidades son objeto de deseo de cientos de candidatos. Hasta hoy nos han abrumado con promesas y ahora es el turno del pueblo soberano. Hay que reconocer que estamos agotados porque llevamos meses metidos en harina electoral. Decimos que pasamos de todo pero no es verdad. Seguimos aguijoneados por la curiosidad y expectantes ante los resultados. Puede que la campaña y la política resulten agotadoras pero más insoportable era no poder votar. Por eso a los padres y a los abuelos les gusta tanto disfrutar de su derecho, tratan de suplir los tiempos de la prohibición. </strong></p>
<p><strong>Tras el recuento de los votos podemos sorprendernos de que el desenlace no coincida con nuestras preferencias y de que los demás no vean las cosas como nosotros, pero el resultado mostrará la pluralidad de nuestra sociedad. Hemos de vivir cada día con el que piensa diferente y esa es la riqueza de la democracia que debemos preservar. El Parlamento es nuestro espejo y no podemos renegar de la imagen que nos ofrece porque es la nuestra. Por eso, dentro y fuera de él, lo importante es salvaguardar la convivencia cultivando la tolerancia. Confío en que tras las elecciones del domingo se rebaje un poco la tensión emocional en la que llevamos viviendo demasiado tiempo. Tanto ruido oculta la realidad y elude los problemas. </strong></p>
<p><strong>Si hacemos caso de las encuestas hay muchos municipios y comunidades en los que huele a cambio. La Rioja es una de ellas. Tras un cuarto de siglo de gobierno del PP, es posible que el PSOE sea la clave de un nuevo tiempo, aunque todo indica que necesitará fraguar nuevos consensos. Hay que reconocer que en la política más cotidiana, es más fácil llegar a acuerdos porque la inmediatez de los problemas obliga a dar soluciones inmediatas. No tengo igual sensación a nivel nacional. </strong></p>
<p><strong>Quienes creen que concluida la campaña volverá la calma no son conscientes del clima de enfrentamiento que han generado las estrategias improvisadas al calor de la contienda y que tanto han erosionado la convivencia. Lo que se ha vivido en la constitución del Congreso de los Diputados es un síntoma de lo quebrada que está la capacidad de sumar voluntades en consensos amplios. Se percibe demasiado ruido y demasiada furia y en ese clima es imposible suscribir los acuerdos de calado estratégico que precisa España.</strong></p>
<p><strong>Se han extremado hasta los gestos más naturales de la convivencia y cortesía parlamentarias. Miradas penetrantes, gestos duros. Se niegan saludos y los que se otorgan por educación se analizan como pactos ocultos. Los políticos presos se victimizan como elemento de propaganda para los suyos mientras, quienes se dicen constitucionalistas, quisieran negarles no solo el saludo sino aquello que la propia Constitución les permite. Nadie duda de que serán suspendidos en sus funciones por eso no conviene teatralizar lo evidente. No es bueno odiar por encima de las necesidades de la convivencia y eso es aplicable a los unos y a los otros que se retroalimentan ansiosamente del odio ajeno sembrado para romper la convivencia. Mal camino.</strong></p>
<p><strong>Esta legislatura no sabemos si será larga pero va a ser hosca y agria. Perdedores y ganadores, recién llegados desde los extremos y candidatos a líderes que han de forjarse en la arena parlamentaria no debieran olvidar lo que ha recordado la nueva presidenta del Congreso, Meritxell Batet: “la democracia no solo es contraste y confrontación, sino construcción de amplios consensos”. Los diputados son “la expresión plural y diversa de una sociedad plural y diversa”. Y ha añadido: “Cada uno de nosotros somos del pueblo, pero ninguno somos el pueblo”. España somos todos y España no será tal sin todos. Por eso odiar es mal negocio. Para construir el futuro los ciudadanos hemos de votar, queda mucho por hacer y demasiados incendios que apagar.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Artículo publicado el 24 de mayo en el diario La Rioja</p>
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		<title>El otro rescate</title>
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		<pubDate>Sat, 18 May 2013 10:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2013/05/bangladesh2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-394" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2013/05/bangladesh2.jpg" alt="" width="300" height="169" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2013/05/bangladesh2.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2013/05/bangladesh2-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></strong></p>
<p><strong>           Todos los avances sociales son fruto del dolor. De sangre, sudor y lágrimas están siempre teñidos los derechos conseguidos por los trabajadores en el transcurrir de los siglos. Lo ocurrido en Bangladesh es buena muestra de ello. Allí los trabajadores-esclavos trabajan más de 10 horas diarias por un salario mensual de unos 30 dólares, menos de un euro al día y lo hacen en unas condiciones de seguridad deplorables. Todos lo sabemos, nos vestimos con su trabajo porque es lo único que encontramos a precios asequibles para unos salarios que también en Europa se encogen al mismo ritmo que lo hacen nuestros derechos. Han tenido que morir 1.127 trabajadores y heridas 2.438 personas para que las autoridades de Bangladesh, aparentemente democráticas y, con seguridad, corruptas, para permitir que los trabajadores puedan organizarse sindicalmente y prometerles elevar el salario mínimo. Se reivindican 102 dólares, aunque pasada la tormenta mediática ya veremos en cuánto se quedan. Este país absorbe incluso deslocalizaciones de fábricas antes radicadas en China, es decir, cuanto más barato se produce más atractivos tiene la inversión/especulación extranjera.</strong></p>
<p><strong>          Sorprende también que las grandes marcas mundiales del textil que pueblan nuestros centros comerciales se hayan apresurado a firmar un protocolo adhiriéndose a la mejora de las condiciones de trabajo y salariales de los trabajadores-esclavos, hasta hoy ignorados porque están muy ocupados disfrutando, como el avaro del cuento, de la voluminosa cuenta de resultados de sus boyantes negocios. Pero no se engañen, no lo han hecho por los trabajadores sino por miedo a que los europeos que compramos en sus tiendas nos enfademos y por solidaridad decidamos no gastarnos la pasta en sus tiendas.</strong></p>
<p><strong>          Es la historia que se repite. Si estos trabajadores consiguieran elevar su nivel de vida y avanzar en sus derechos laborales esos inversores que nos visten, calzan y alimentan saldrían huyendo a otros paraísos de la explotación humana. Aquí, en esta España que se desangra porque está destruyendo a la velocidad de la luz todo su tejido productivo, comenzó el proceso de deslocalización industrial hace años. Nuestra industria textil, conservera, de calzado, etc. se fue yendo poco a poco hacia Oriente, Sudamérica, norte de África u otros lugares en los que la explotación laboral encontraba menos trabas porque no había regulación ni protección social y si la había con un soborno se vulneraba. Esta es la turbulenta rueda que mueve el mundo desde el inicio de los tiempos y no nos hagamos ilusiones el capital, como el mal, no descansa nunca, jamás descuida la protección de sus intereses.</strong></p>
<p><strong>          Hace no muchos años cuando escuchábamos la palabra “reformas”, todos creíamos que los cambios traían avances y mejoras y, aunque con sacrificios, el resultado siempre supuso un paso hacia adelante en las conquistas sociales. Hoy es el día en el que cada vez que escuchamos a un dirigente europeo o español anunciar que se debe profundizar en las reformas emprendidas, todos entendemos, sin necesidad de traductor, que ese cambio va a convertirse en un nuevo retroceso en derechos, libertades y servicios. Ahora reformar, significa recortar y el cambio es hacia atrás. Por eso reflexionemos sobre lo ocurrido en Bangladesh, no sólo porque ese tipo de esclavitud laboral es intolerable sino porque a este paso podemos acabar como ellos. En la situación actual la gente se ve obligada a aceptar cualquier forma de trabajo para sobrevivir y ese mal come la dignidad de la persona. Están convirtiendo España en un país cada día más desigual socialmente y en el que sólo crece el paro y la pobreza mientras extinguen, sin escrúpulo alguno, la red que nos protegía como ciudadanos libres e iguales. Si no luchamos por poner coto a tanto desmán estaremos moralmente desahuciados, por ello estamos obligados a organizar nuestro propio rescate.</strong></p>
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