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	<title>Entre visillosJose Luis Sampedro &#8211; Entre visillos</title>
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	<title>Jose Luis Sampedro &#8211; Entre visillos</title>
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		<title>Magos y economistas</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Apr 2015 07:50:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2015/04/aguirre-lacalle.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-718" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2015/04/aguirre-lacalle.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a>Desde la antigüedad los trucos de magia han fascinado al pueblo, a lo largo de la historia las plazas y los teatros se han llenado para contemplar a magos e ilusionistas. No es de extrañar que estos días, recién convocadas las elecciones municipales y autonómicas, se observe en la plaza pública que es España una dura competición para tratar de captar nuestra atención. La televisión y las nuevas tecnologías son hoy los nuevos territorios disputados por los partidos políticos para seducirnos con su magia, es decir,  para tratar de ocultar con deslumbrantes artificios bien la falta de ideas o bien los desastres que su acción política ha ocasionado en nuestro frágil estado del bienestar.</strong></p>
<p><strong>           En el preámbulo de la Semana Santa, Esperanza Aguirre ha tuiteado la noticia del fichaje de un economista estrella que trabaja en la City londinense. Parece que la nueva moda para tratar de conseguir credibilidad pasa por sustituir a políticos que llevan lustros sin bajarse del coche oficial por economistas de relumbrón. No seré yo quien discuta su sabiduría pero si puedo constatar que ninguno de ellos advirtió la que se nos venía encima y eso que ya había precedentes de crisis salvajes en la historia del capitalismo occidental.</strong></p>
<p><strong>            Por eso estos días al ver como todos los partidos, los viejos y los nuevos, tratan de sacar lustre a sus idearios políticos para mostrarnos su mejor cara, no he podido dejar de recordar a aquel viejo sabio, economista y escritor, José Luis Sampedro, que con tanta lucidez nos advertía de que el modelo económico globalizado había puesto el poder económico por encima de un poder político que no estaba poniendo límites al primero, ni eliminando paraísos fiscales ni haciendo nada para tratar de equilibrar la voracidad especulativa de quien se considera impune porque impone las reglas a una clase política a su servicio. La economía gana la guerra por incomparecencia de nuestros representantes en el campo de batalla para tratar de frenar su devastador poder. Es la verdadera política con mayúsculas, la que tiene la obligación de proteger a los pueblos, a la mayoría de la ciudadanía. Si José Luis Sampedro decía que “<em>hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres</em>”, habría que tener claro que políticos sólo debieran llamarse los que buscan mejorar la vida de la mayoría, no la suya y las de sus amigos. Aunque como también decía Sampedro, “gobernar a base de miedo es eficacísimo” y en los últimos tiempos hemos sido gobernados desde el miedo. Nos han hecho creer que sin los recortes sociales impuestos todavía estaríamos mucho peor y así poco a poco hemos consentido un retroceso evidente en nuestros derechos. Hemos puesto al zorro a guardar a las gallinas y a punto estamos de ser desplumados.</strong></p>
<p><strong>         Si la libertad es el principal atributo del hombre está claro que en la sociedad actual no es fácil ejercerla. Cinco millones de parados no pueden elegir; cientos de jóvenes científicos o un trabajador que cobra 600 euros, tampoco. Con la aprobación de la nueva Ley Mordaza ni siquiera podremos protestar. Así que sólo hay una salida y pasa por devolver a la política la capacidad de limitar los excesos de ese capitalismo salvaje que ha hundido la esencia de la democracia que se basa en la capacidad de decisión de los pueblos como suma de la libertad individual del conjunto de la ciudadanía. Por eso más que economistas de postín, que protegen a tiburones de la especulación y que viven alejados de los efectos devastadores que la desigualdad económica genera en la sociedad, necesitamos políticos con el talento y altruismo suficientes para ser capaces de anteponer el compromiso social al interés particular y a la propia ambición. Saquen la lupa porque vamos a tener que ponernos a buscar personas con esas cualidades si queremos evitar que, con la excusa de la crisis, nos roben la libertad.</strong></p>
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		<title>El infante republicano</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Apr 2013 08:47:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>          De pronto, en España y sin que la clase política (siempre huyendo de la realidad) haya contribuido a ello, el debate sobre monarquía o república ha llegado a la calle de forma natural y me pregunto: ¿a quién se debe el incremento inesperado del número de republicanos en nuestro suelo patrio?, ¿quién ha sido el paladín de esta causa que parecía olvidada en aras del pragmatismo y de la costumbre? Pues ya lo saben, nunca un infante consorte y una falsa princesa lograron convertir en republicanos a tantos monárquicos. Tal como lo veo si ahora hubiera que elegir presidente de honor de la plataforma por el advenimiento de la III República española yo propondría para el nuevo cargo a Iñaki Urdangarín y de madrina a la princesa Corinna. No hay que minimizar la enorme contribución que han tenido en el asunto el expresidente valenciano Francisco Camps, la alcaldesa Rita Barberá, el expresidente balear Jaume Matas o el exalcalde de Madrid y hoy ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. En realidad son ellos y solamente ellos, los que burlaron las normas de contratación administrativa para comprar a Urdangarín humo a precio de oro de 24 kilates, al fin y al cabo el encausado lo único que vendía era el brillo de su glamuroso título de infante consorte y con mucha suerte para él, los dirigentes políticos derrocharon el dinero público de nuestros impuestos por fotografiarse a su lado. Esa es la verdadera estafa y una vez más las víctimas somos nosotros. Por tanto lo sorprendente no es la imputación de la infanta sino que ninguno de ellos esté encausado a estas alturas de la película.  </strong></p>
<p><strong>          Ocurra lo que ocurra con la infanta Cristina, sea procesada o no y absuelto o condenado el matrimonio, lo cierto es que ya nada será como fue. El período en que la monarquía en España, con la complicidad de la prensa, quedaba al margen de todo control político y ciudadano ha terminado. En la memoria de las nuevas generaciones Juan Carlos I ya no es aquel joven rey que frenó el bochornoso golpe de estado de febrero de 1981 y ganó el afecto de millones de españoles sino alguien que, en circunstancias muy difíciles para su pueblo, está cometiendo torpezas como la cacería de Botsuana, su relación entrañable con la princesa Corinna instalada a todo lujo y a cargo del erario público en El Pardo y con una herencia en cuentas suizas de la que no ha dado nunca explicaciones ni a los españoles ni a la hacienda pública. Hoy es evidente el desencanto progresivo con la Corona y cada vez más españoles se preguntan si no es mejor elegir Jefe de Estado cada cuatro años en vez de sostener una institución anacrónica. Hoy por hoy, la herencia política de la Transición ha sido dilapidada de tanto invocarla.  </strong></p>
<p><strong>          Las últimas encuestas señalan dos cosas: la caída en picado del crédito de la Casa del Rey y de los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, que no suman juntos el 50% de la intención de voto. Ambos datos no tienen precedentes. Es urgente que en vez de aparentar que no se han enterado y esconderse en los salones palaciegos para pactar componendas, sus señorías salgan a la plaza pública a escuchar a la soberanía popular. Nuestro sistema político ya no da más de sí. En este país en el que resulta más probable que uno vaya a la cárcel por protestar contra la injusticia que por forrarse en la ciénaga de la corrupción ya no es tolerable que las más altas instituciones del estado hagan como que no ven el basurero en el que viven. En política hay que aprender a asumir responsabilidades, a dimitir y a rendir cuentas y no a forrarse en el ejercicio de un cargo público y hacerse encima el ofendido si es descubierto. Como nos ha enseñado José Luis Sampedro, ese gran español que acaba de dejarnos, en la historia nada se ha conseguido porque hayan querido los de arriba sino por la persistencia en lograrlo de los de abajo. Los de arriba no necesitan cambios porque ellos tendrían que irse los primeros, así que es hora de que los de abajo les ayudemos a encontrar la salida. </strong></p>
<p><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2013/04/Rey_y_Corinna.png"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-376" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2013/04/Rey_y_Corinna.png" alt="" width="300" height="157" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2013/04/Rey_y_Corinna.png 623w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2013/04/Rey_y_Corinna-300x157.png 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
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