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	<title>Entre visillosrefugiados &#8211; Entre visillos</title>
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		<title>El dolor ajeno</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Mar 2016 19:41:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-family: Times New Roman;font-size: small"><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2016/03/refugiados7.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-877" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2016/03/refugiados7.jpg" alt="" width="635" height="358" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2016/03/refugiados7.jpg 635w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2016/03/refugiados7-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 635px) 100vw, 635px" /></a><span style="font-size: medium">Desde que la imagen desgarradora e inquietante de Aylan Kurdi, el niño sirio encontrado muerto en la playa de Bodrum (Turquía), golpeara nuestras conciencias el tiempo que duró el telediario, cientos de refugiados que huyen de la guerra en Siria siguen muriendo en el mar y miles de ellos peregrinan un calvario por la civilizada Europa. Mientras, ajenos a esa realidad, los afanes diarios de la subsistencia nos alejan de la catástrofe de la guerra en Siria. La escritora Susan Sontag escribió, hace años, sobre la guerra y el dolor ajeno y afirmaba que “ser espectador de calamidades que tienen lugar en otro país es una experiencia intrínseca de la modernidad”, es la ofrenda diaria de esos turistas especializados que son los periodistas. Nos hemos acostumbrado tanto a que en primera línea de trinchera los periodistas nos muestren las catástrofes ajenas que hemos perdido la capacidad de conmovernos lo suficiente como para exigir que se haga algo. Pensamos que, al fin y al cabo, en el mundo siempre hay guerras, las vemos como un episodio más de la Ilíada porque la paz es la excepción en el mundo. Asumimos que las guerras son una hecatombe pero eludimos si quiera pensar en ellas porque no nos afectan. La guerra es una atrocidad, pero mientras suceda lejos no hemos de preocuparnos por ella, los muertos no son nuestros muertos, los rostros desconocidos de las víctimas no avergüenzan nuestras conciencias, nos son tan ajenos como su dolor.</span></span></strong></p>
<p><span style="font-size: medium"><strong><span style="font-family: Times New Roman">Las cosas son así, a qué negarlo. Por eso resulta aún más deshonroso para Europa que sólo cuando miles de ciudadanos sirios con sus familias comenzaron a llegar, en un éxodo sangrante que perturba nuestra tranquilidad, hemos comenzado a sentir una cierta preocupación por una guerra en la que bandos de canallas se disputan el poder de un país hoy ya totalmente asolado. Lo más bochornoso de lo que está ocurriendo es que la ausencia de una política común de la Unión Europea está permitiendo que primen más los intereses políticos de cada uno de los países que la integran que la necesidad de organizar una respuesta humanitaria inmediata. Desde la mayoría de los países se está alentando una respuesta xenófoba totalmente alejada de los principios que albergó el nacimiento de Europa. En Turquía, las mafias organizan con precisión el tráfico de personas desesperadas que no vienen a quedarse sino a procurar salvar la vida. Los negocios en torno a los refugiados están haciendo millonarios a muchos y en Europa se sabe, se conoce las rutas y los manejos  de las mafias pero no se hace nada. El famoso reparto de cupos ha sido un rotundo fracaso y las vallas para impedir el acceso de los desesperados y el uso de gases lacrimógenos es el único éxito de los gobiernos para frenar a los que ya de por sí lloran por lo injusto de su destino.</span></strong></span></p>
<p><span style="font-size: medium"><strong><span style="font-family: Times New Roman">Esta situación que se denomina por la prensa “crisis de los refugiados” es, en realidad, nuestra crisis, la de la Unión Europea como espacio de salvaguarda de los derechos humanos. Claro que si han limitado nuestros propios derechos qué no harán con los de los otros. Estos días el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, ha enviado un mensaje directo “no vengáis a Europa”. El presidente húngaro Viktor Orbán ha apostillado que no sólo no deben venir, sino que es peligroso hacerlo porque no van a ser bien recibidos. Dinamarca ha modificado la legislación para requisar el dinero y los objetos de valor de los refugiados y lo mismo han hecho Suiza y algunos estados alemanes. Es la nueva forma de ganar votos en Europa, un descalabro moral. Aunque nos meten el miedo en el cuerpo anunciando una invasión, todavía quedan organizaciones humanitarias que están atendiendo a los que huyen, especialmente en Grecia, donde los ciudadanos y voluntarios ayudan como pueden, dada su también precaria situación social. Una vez más en este tema las personas individualmente van por un camino y los gobiernos por otro. No tengo soluciones, tampoco respuestas, pero me pregunto si hay un fracaso mayor que la inmensidad de nuestra pasividad como sociedad.</span></strong></span></p>
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		<title>Con él llegó el escándalo</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Sep 2015 08:02:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2015/09/papa-francisco-2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-802" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2015/09/papa-francisco-2.jpg" alt="" width="186" height="270" /></a>Con él llegó el escándalo, dirán algunos inmovilistas, aunque lo cierto es que con el papa Francisco llegó un poco de sencillez y cercanía a una Iglesia católica que se alejaba de su feligresía. Hay que reconocer que es un hombre que no deja indiferente a nadie, ni a amigos ni a adversarios. Cuentan que antes de ser papa le gustaba poco ir a Roma y cuando lo hacía, no demoraba su regreso a Argentina. Es lo que tiene Roma, que alberga una nutrida corte de cardenales y personajes influyentes que han controlado el poder de la Curia y que conservan una capacidad de intriga tal que empujaron a Benedicto XVI a renunciar a su mandato papal. Ya se sabe que, a la altura del año 1510, Lutero fue enviado a Roma y el pobre quedó horrorizado cuando constató que, en vez de ejemplo de vida cristiana, el papado y su corte eran un vivero de corrupción y excesos en el lujo y las costumbres. Como reza el viejo aforismo <em>Roma veduta, fede perduta</em> (Roma vista, fe perdida).</strong></p>
<p><strong>La espontaneidad de Francisco ha demostrado una capacidad de sintonía con tan variados sectores sociales que ha roto las barreras de la rigidez vaticana y su voz trasciende el orbe católico. Son muchos los gestos que han sido valorados incluso por los no creyentes. Su propensión hacia a los más desfavorecidos, aunque sólo sea como gesto, demuestra su sensibilidad. No tuvo reparos en calificar de “vergüenza” el terrible naufragio en el que perdieron la vida cientos de inmigrantes en Lampedusa. Desgraciadamente es algo que se repite cada día. “Hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos habituado al sufrimiento del otro!”, ha dicho el papa Francisco, con evidente sentido común.</strong></p>
<p><strong>Hoy, ante el nuevo drama de la llegada masiva de refugiados que huyen de la guerra en Siria, Irak o Afganistán, el papa Francisco ha cogido con el pie cambiado a unos dirigentes europeos, mayoritariamente católicos, pidiendo a la totalidad de la Iglesia que se movilice para acoger refugiados porque la tragedia es inmensa. De nuevo es evidente la falta de voluntad común de Europa para afrontar un problema que hace tiempo se anuncia. Es asombrosa la demora de los gobiernos de la Unión Europea en la toma de decisiones efectivas, algo que contrasta con la voluntad solidaria de sus conciudadanos. Hay que reconocer que Merkel, aunque sea presionada por sus socios bávaros y tratando de no perder la estabilidad de su gobierno, ha sido la más generosa y más realista del total de los dirigentes de la Unión en las medidas a adoptar.</strong></p>
<p><strong>Es escandalosa la postura del presidente húngaro, Viktor Orbán, que lleva días afirmando que “la cristiandad europea prácticamente es incapaz en la actualidad de mantener a la Europa cristiana”, alusión inequívoca a la condición mayoritaria de musulmanes de los que huyen. No conviene olvidar que son personas, ni tampoco que fuerzas kurdas y cristianas en la provincia nororiental siria de Al Hasaka están luchando para contener el ataque del grupo terrorista Estado Islámico (EI). El gobierno húngaro al construir, con presos comunes, una valla con cuchillas (made in Spain) para impedir el paso de gente pacífica y hambrienta que huye asustada buscando el derecho de asilo, al lanzarles gas pimienta y tratarlos como delincuentes está incumpliendo los principios fundacionales de Europa, de una Europa que hace tiempo navega perdida y a la deriva. Mientras cínicamente los gobiernos juegan a repartir asilados como si fueran mercancía en descomposición al Papa le han preguntado: ¿Hasta cuándo habrá que ayudar? -Hasta que Dios quiera, ha contestado. Los dirigentes europeos negándose a afrontar el problema con la cobardía habitual que produce el cálculo electoral pueden convertir la frontera en un cementerio. A lo mejor, querido Francisco, los hipócritas notables de Europa están esperando a que tú bendigas su indecisión o a que San Juan baje el dedo.</strong></p>
<p style="text-align: center"><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2015/09/refugiados.jpg"><img loading="lazy" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2015/09/refugiados.jpg" alt="" width="300" height="205" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>En la orilla</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Sep 2015 06:15:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<h5><span style="font-size: medium"><strong><span style="font-family: Times New Roman"><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2015/09/Aylan-Kurdi.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-792" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2015/09/Aylan-Kurdi.jpg" alt="" width="300" height="276" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2015/09/Aylan-Kurdi.jpg 670w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2015/09/Aylan-Kurdi-300x276.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Cuando Aylan Kurdi se deslizó de las manos de su padre se sintió, por primera vez en su vida, solo. La fuerza del oleaje capturó su cuerpo, con la cabeza sepultada vio que miles de niños, mujeres y  hombres, con sus ojos perdidos en el dolor, alfombraban el fondo del mar. Allí no llegaban las bombas ni el ruido brutal de las explosiones, en la obscuridad de ese lugar frío y salobre sólo descubrió el silencio que proporciona el olvido. Por eso Aylán tuvo la fuerza, ya solo y perdido como estaba, de pedir al mar que lo dejara en la orilla para mostrarnos la crudeza de una guerra y un drama que sabemos que existe pero que no queremos ver. Cuando, en la playa de Bodrum, el guardacostas tomó a Aylan entre sus manos sintió el deseo de acunarlo, llevarlo contra su pecho como hacía con su hijo. La fragilidad de su imagen es la más dura y merecida bofetada que han recibido nuestras conciencias por volver la espalda a tantos países cuya población sufre las consecuencias de guerras promovidas por ambiciones, odios y religiones.</span></strong></span></h5>
<h5><span style="font-size: medium"><strong><span style="font-family: Times New Roman">Sin la tragedia de Aylán y su familia el drama de los refugiados se hubiera acomodado en nuestro apacible salón del olvido. Aylán ha movilizado nuestras conciencias y la presión de la vergüenza que hemos sentido ha hecho que nuestros gobiernos comiencen a plantear fórmulas de acogida que antes negaban. Esta guerra no se inició ayer pero se ha ido complicando de tal modo que ahora el tirano Bashar al Assad, hijo de otro déspota, pueda convertirse en aliado de occidente. Allí combaten unos contra otros, crece el Estado Islámico y se multiplican las facciones en lucha mientras la población civil trata de proteger la vida de sus familias. Las dictaduras teocráticas del Golfo Pérsico, los ricos países del petróleo, no quieren acogerlos, pese a ser sus hermanos, para que no contaminen sus sistemas políticos. En Europa llevan meses hablando del reparto de cupos mientras la muerte y el sufrimiento pueblan Siria y la gente huye hacia las fronteras. Ahora, de repente, la mayoría de los gobiernos han aceptado un número de refugiados que antes les parecía imposible de acoger. No es la primera vez que la población europea va por delante de sus dirigentes. </span></strong></span></h5>
<h5><span style="font-size: medium"><strong><span style="font-family: Times New Roman">En España hemos asistido a un espectáculo delirante. El ministro del Interior se excusaba de acogerlos preocupado por la posible infiltración de yihadistas. En fin, el riesgo existe siempre pero es un endeble pretexto. El ministro de Exteriores, además de aconsejar negociar con Bashar al Assad, ha tenido el escaso tacto de expresar que la decisión dependía de los dineros que puediera rebañar del presupuesto el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Es como si cuando se declara un incendio en el piso de al lado se tuviera que reunir la comunidad de propietarios para decidir si es económicamente rentable aportar el agua de sus casas para sofocarlo. Ahora dicen que a España le corresponden 14.931 personas, a mí me sorprende la precisión numérica del reparto cuando nadie sabe a ciencia cierta cuál es la dimensión del drama. En cualquier caso es de agradecer que muchos municipios, organizaciones no gubernamentales o la propia Iglesia católica hayan proclamado la necesidad de la solidaridad entre iguales y hayan decidido ofrecer ayuda y medios de acogida. En el ciclón de temor a la inmigración que recorre Europa y que está agitando el fantasma del racismo, no es bueno, como están haciendo algunos, confundir inmigrantes con refugiados que huyen de la guerra, la represión y la muerte. Nosotros como país tampoco podemos olvidar nuestra historia. A comienzos de 1939 hacia Francia salieron más de 450.000 españoles, les fue negado el estatuto de refugiados y fueron recluidos en campos de concentración improvisados donde sufrieron todo tipo de penurias. Años más tarde muchos de estos españoles integraron la Resistencia francesa contra los nazis. La historia está llena de contradicciones pero nuestro corazón no debiera tenerlas para ayudar a otros porque algún día, aunque hoy te parezca imposible, el necesitado de auxilio puedes ser tú.</span></strong></span></h5>
<h5><span style="font-size: medium"><strong><span style="font-family: Times New Roman"> </span></strong></span></h5>
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		<title>En tierra olvidada</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jun 2012 16:10:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size: medium"><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2012/06/sahara.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-212" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2012/06/sahara.jpg" alt="" width="300" height="167" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2012/06/sahara.jpg 614w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2012/06/sahara-300x168.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></span></p>
<p><span style="font-size: medium">Podemos creer que en nuestro planeta no queda nada por descubrir y sin embargo hay lugares que, aun sabiendo en qué lugar del mapa se sitúan, nos resultan totalmente desconocidos porque forman parte de ese universo que se teje con el olvido. Hay conflictos que desaparecen de la pantalla del televisor y en ese instante dejan de mover, aunque sea por un minuto, nuestras conciencias. Ya no recordamos qué pasó, por ejemplo, en Libia ni qué consecuencias ha tenido para la población civil, ni qué está ocurriendo en Yemen o ahora mismo en Siria. Por supuesto no sabemos cuántos niños mueren al día en el corazón del Sahel, en Haití y una larga lista de penalidades humanas que se han borrado de nuestra memoria, si alguna vez estuvieron en ella. El pasado 20 de junio, la ONU ha conmemorado el Día Mundial de los refugiados. La fecha ha pasado desapercibida pero pueblan ese terrible e ignorado universo 42 millones y medio de personas repartidas por todo el mundo.</span></p>
<p><span style="font-size: medium">En ese terreno inhóspito del olvido hemos de colocar la cotidiana y permanente tragedia en la que viven los saharauis en cientos de jaimas instaladas en el desierto de Argelia, muy cerca de Tinduf.  Esos refugiados salieron en 1975 huyendo del Sáhara occidental, una tierra rica en bancos pesqueros y fosfatos, porque Marruecos se lo anexionó cuando el régimen del general Franco estaba a punto de ser sepultado. La conocida como Marcha Verde colmó las ambiciones expansivas de Hassan II y le supuso un éxito indudable en su política interna. España, en los acuerdos de Madrid de 14 de noviembre de 1975, cedió a Marruecos y Mauritania la administración, de la que hasta entonces había sido una colonia y provincia española y abandonó a su suerte a los saharauis. Argelia permitió que se instalaran de forma permanente en un desierto ingrato incluso para la vida de los escorpiones. En condiciones de difícil subsistencia, unos 175.000 saharauis sobreviven desde hace casi 37 años en una resistencia heroica contra la diplomacia internacional que Marruecos condiciona, tejiendo y destejiendo, e incumpliendo reiteradamente las resoluciones de la ONU que parecen escritas en papel mojado. Marruecos ha asentado a sus colonos en el Sáhara occidental y sigue negociando con los recursos minerales y pesqueros de los saharauis mientras en el inhóspito desierto sus legítimos dueños, cada vez con menos esperanzas, siguen reivindicando su derecho a la autodeterminación y el regreso a su tierra.</span></p>
<p><span style="font-size: medium">Durante este largo período de tiempo los saharauis de los campamentos han subsistido gracias a la solidaridad y ayuda internacional. Ahora, como consecuencia de estos tiempos revueltos en que vivimos, han disminuido las ayudas para los refugiados.  Solo un ejemplo, el agua de los campamentos es facilitada por las organizaciones humanitarias y la ración ni siquiera alcanza las cifras recomendadas para situaciones de emergencia por la Organización Mundial de la Salud: entre15 y 20 litros por persona al mes. De la ración de arroz y harina ni les hablo. Las consecuencias son evidentes desnutrición, raquitismo,… Durante el terrible verano del desierto muchos niños saharauis viajaban a España con familias de acogida, pero ahora hasta ese rescate del infierno en el que viven se ha hecho más complicado, menos medios económicos suponen menos posibilidad de transporte hacia Europa. A nadie interesa este conflicto, las grandes potencias apoyan a Marruecos y los sucesivos gobiernos de España hace años que miran para otro lado. En política internacional los intereses económicos siempre estuvieron por encima de la justicia. No queda ni un resquicio para la esperanza. Nadie se acuerda de ellos, a nadie importan los saharauis.  No es de extrañar que miren a España y piensen que aun más terrible que el olvido resulta la indiferencia.</span></p>
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