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		<title>La felicidad</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Aug 2019 05:02:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mariaantoniasanfelipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El aire huele a decepción, el presente a fracaso y el futuro a incertidumbre. El viento sopla gélido entre los dos principales partidos que debieron tejer el acuerdo político que diera satisfacción a los millones de españoles que, tras una masiva participación en las urnas, recibieron con alegría el resultado electoral del 28 de abril. Hoy la ilusión se ha disuelto como un azucarillo y se ha transformado en desencanto. No hay gobierno tras este festival de desencuentros. Tampoco se atisba otro alternativo. Ya sea de coalición, a la portuguesa o en solitario, los números solo dan uno como posible aunque cada día resulte más improbable, para angustia de sus votantes y euforia de los restantes. Tras observar las prosaicas negociaciones, ministerio va ministerio vuelve, solo quedan heridas y un horizonte de reproches. Seguramente nada que no pueda superar la grandeza, algo tan escaso como el sentido común. Desde la óptica de los votantes solo hay una cosa cierta: la decepción.</strong></p>
<p><strong>Observando este callejón sin salida en el que nos ha instalado la globalidad de la clase política española, cada uno por diferentes razones, pero todos ellos claras de huevo necesarias para batir el merengue, he recordado un artículo de la primera constitución española de 1812. En <em>La Pepa</em>, los constituyentes de Cádiz dieron al artículo 13 una voluntariosa y romántica redacción: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. No puede una sino sonreír ante tan evidente inocencia. El programa de máximos, el fin último que querían alcanzar tiene una genial formulación: “la felicidad de la nación”, “la felicidad de sus individuos”. Tan sencillo como imposible, tan deseable como inalcanzable. </strong></p>
<p><strong>No obstante, creo que habría que volver a recuperar ese deseo porque, al fin y al cabo, lo que los ciudadanos esperan de sus gobiernos es que presten atención a sus problemas, al menos a los que está en su mano poner remedio. No nos engañamos, ya sabemos que en un mundo globalizado los gobiernos están limitados en su nivel de decisión, pero hay una parte muy importante en la que sus disposiciones tienen mucha influencia a la hora de hacer mejor y más equitativa la vida de la gente. Esa es la felicidad posible que se pide a los gobiernos y esa debiera ser la única prioridad de los mismos y de quienes han de sustentarlos.</strong></p>
<p><strong>En el reciente barómetro del CIS toda la atención se dirige a la intención de voto. Los partidos, sobre todo, los que salen peor parados se han puesto como locos a criticarlo. No digo que no, pero debieran poner atención a otro dato que ofrece el CIS: crece la preocupación por la clase política. No parece que esto le importe a nadie, pero habría que dimensionar la influencia que el desafecto hacia los políticos tiene en la fortaleza de nuestro sistema democrático. Cuanto más crece la distancia entre ciudadanos y representantes más se resiente nuestro sistema institucional y constitucional. Si los políticos ignoran a sus representados, si se convierten en problema, si la gente cree que no sirven para nada, si rivalizan en soberbia y en infantilismo argumental, si entre quienes deben entenderse se levantan muros de desconfianza, si entre adversarios se construyen trincheras&#8230; el resultado será la animadversión hacia un sistema que no es útil para la resolución de los problemas. Si votar no sirve, si nuestros representantes no se entienden ni nos entienden ni nos atienden, se terminará por cuestionar la democracia. </strong></p>
<p><strong>Alguien debe mirar al futuro alzando la vista más allá de sus narices. Si nadie se baja del burro, si obligan de nuevo a la ciudadanía a votar estarán tentando la suerte y no hay nada más caprichoso que el destino. No les pedimos la felicidad que prometía <em>La Pepa</em>, pero al menos no apuesten por amargarnos con sus impertinencias que bastantes cornadas nos da la vida, oigan. ¡Viva <em>La Pepa</em>!</strong></p>
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		<title>Política</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Oct 2012 17:04:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2012/10/congreso_d2.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-268" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2012/10/congreso_d2.jpg" alt="" width="300" height="192" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2012/10/congreso_d2.jpg 590w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2012/10/congreso_d2-300x193.jpg 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></strong></p>
<p><strong>En este clima de tristeza ambiental que invade nuestros pueblos y ciudades propuse la semana pasada crear  el Club de los Ciudadanos Descreídos que pese a tanto desatino creen que España tiene futuro. Esta semana tras conocer la encuesta del CIS que sitúa a la clase política como tercera preocupación de los españoles creo que urge fundarlo y comenzar tomar medidas, ya que el traje democrático que nos dimos los españoles cuando se aprobó la Constitución de 1978 cruje por todas sus costuras después de tanto manoseo.</strong></p>
<p><strong>Yo no creo que la gente haya dado la espalda a la política, la mayoría sabe que la política es el único contrapeso posible que puede limitar legítimamente la dictadura injusta y sin corazón del poder económico que hoy por hoy triunfa sobre el poder político hasta llegar a someterlo, por la incapacidad y los titubeos de los que debieran protegernos de los abusos y extralimitaciones de los que jamás rinden cuentas. Por otro lado la mayoría de los ciudadanos no ha dado la espalda al sistema democrático, sabe que otro camino sólo lleva a la imposición de mordazas y a supresión de las libertades. Por tanto, muy al contrario de lo que muchos sostienen, la gente no ha huido de la política sino de unos políticos que creen que no les representan porque además de mentirles reiteradamente no entienden la naturaleza de sus problemas ni la materia de sus anhelos vitales.</strong></p>
<p><strong>Estoy convencida de que muchos ciudadanos lo que añoran es otra forma de ejercer la política y una clase de políticos que estén más atentos a la búsqueda de soluciones que al desprestigio, casi siempre inútil, del adversario. La mayoría de los ciudadanos están viviendo situaciones límites, se encuentran inmersos en una incertidumbre creciente, en los centros de trabajo la presión es enorme por múltiples causas, despidos, estrés, condiciones laborales adversas incrementadas por los crecientes impagos,  retraso en el pago de nóminas, desempleo, filas inmensas en la cola del INEM, pérdida de prestaciones y en muchos casos se vive en un enorme desamparo y en el límite de la exclusión social. El ciudadano lo único que ve a su alrededor es un enorme incendio y la columna de humo es tan grande que parece que ha estallado la bomba de Hiroshima y en vez de ver a sus representantes acudir corriendo con una manguera a minimizar el siniestro, observan atónitos como agarran la manguera se levantan los cascos y se ponen a discutir como locos sobre el origen del incendio, la cantidad de agua de la cisterna, la conveniencia de esperar a los bomberos del pueblo de al lado o sobre quién debe dar la orden de abrir la válvula para activar la manguera y mientras los dueños de la instalación, es decir, nosotros, el pueblo soberano vemos que si la situación se prolonga no quedara ni rastro de nuestro suelo patrio para recuperar el futuro.</strong></p>
<p><strong>Nos están dejando sin esperanza y por si fuera poco, en un enorme ejercicio de cinismo estos días, de forma colegiada y corporativista, la mayoría de la clase política se ha escandalizado porque un juez ha decidido dos cosas: no encausar a los convocantes de una protesta frente al Congreso de los Diputados y constatar que la clase política tiene un tufillo decadente que apesta. Pues bien, se  han molestado porque les han dado una bofetada en su mandíbula de cristal, ellos que tan esforzadamente dicen trabajar por nosotros creen que no les comprendemos cuándo su trabajo consiste en que ellos nos entiendan a nosotros. No pueden soportar que se proteste libremente en las calles porque confunden el legítimo derecho de manifestación con un golpe de estado. Casi nada. Yo creo que en vez de rasgarse las vestiduras lo que debieran hacer es remangarse, ponerse ropa de trabajo, sujetar la manguera y apagar el incendio. Cuando lo hayan sofocado prometemos aplaudirles. Nosotros sí cumpliremos nuestra promesa.</strong></p>
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