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	<title>Entre visillosRepública &#8211; Entre visillos</title>
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	<description>María Antonia San Felipe</description>
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	<title>República &#8211; Entre visillos</title>
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		<title>Futuro</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jul 2020 05:43:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mariaantoniasanfelipe</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Juan Carlos I debe saber que su pasado no puede absolver su presente o condicionar su futuro. Ha derrochado todo el crédito que le dimos los españoles aprobando la Constitución. Del pasado se aprende pero no conviene venerarlo de forma acrítica. Hoy los españoles asistimos expectantes a la crisis de la institución de la Corona, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Juan Carlos I debe saber que su pasado no puede absolver su presente o condicionar su futuro. Ha derrochado todo el crédito que le dimos los españoles aprobando la Constitución. Del pasado se aprende pero no conviene venerarlo de forma acrítica. Hoy los españoles asistimos expectantes a la crisis de la institución de la Corona, ya nadie puede negar lo evidente. </strong></p>
<p><strong>En España convivimos no solo republicanos y monárquicos sino quienes tenemos memoria de la transición a la democracia y quienes han crecido en ella. Los primeros recordamos la lucha por los derechos y libertades de los que hoy disfrutamos y los segundos nacieron ya en un país libre y democrático. Es imposible que ambos tengamos igual visión del pasado pero el futuro hay que construirlo juntos. La Constitución nació de un pacto entre posturas antagónicas. Los republicanos aceptaron la monarquía y los monárquicos la democracia plena para alejar el fantasma del golpismo que estaba en plena ebullición como demostró burdamente Tejero el 23-F. Si nuestro futuro era Europa, optar por la democracia era la única opción inteligente que tenía Juan Carlos I. La sociedad fue transformándose al mismo ritmo que lo hacía España. La Corona no molestaba en ese proceso de cambio acelerado que se vivió, pese a los duros golpes del terrorismo etarra en los años ochenta.</strong></p>
<p><strong>La monarquía parecía un hermoso decorado. Se silenciaron todas las actuaciones excéntricas del monarca pese conocerse la mayoría. La prensa renunció a cumplir su función, algo que no ocurre en otras monarquías parlamentarias. De pronto, se abrió la veda y conocimos las actividades de Urdangarín, los negocios y trapisondas de Juan Carlos y los excesos de algunos de sus nietos. Lo tolerado pasó a ser intolerable. La propia monarquía quedó desconcertada al verse en el disparadero y se precipitó la abdicación en Felipe VI.</strong></p>
<p><strong>Este es el punto de inflexión que ha abierto un debate social innegable. La España actual no es la de 1978, hoy no está dispuesta a aceptar ataduras del pasado de forma acrítica ni a tolerar corruptelas. España es diversa, hay quienes defienden al rey emérito con pasión, los que habiéndolo hecho no ocultan la decepción y se suman a los republicanos juancarlistas también contrariados. Los que prefieren que se herede la Jefatura del Estado se oponen a quienes consideran que debe elegirse por sufragio universal. Ya no vale el silencio que encubrió a la monarquía, el debate sobre su utilidad es la consecuencia de las actividades poco honorables de Juan Carlos I. Es la primera vez que los españoles se lo plantean abiertamente, otro asunto es si en España hay más monárquicos que republicanos. Hoy no lo sabemos, pero negar la tormenta es ponerse una venda en los ojos. El futuro no está escrito y a lo mejor descubrimos que el pasado tampoco.</strong></p>
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		<title>¡Ay, Majestad!</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jul 2020 05:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mariaantoniasanfelipe</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hubo un tiempo en el que iba a centros escolares a dar charlas sobre la Constitución. Confieso mi preferencia por las aulas de primaria donde explicar su importancia no requería recitar artículos sino destacar su valor regulador de nuestra convivencia. Descubrí que los más pequeños sentían un interés especial por el rey Juan Carlos I. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hubo un tiempo en el que iba a centros escolares a dar charlas sobre la Constitución. Confieso mi preferencia por las aulas de primaria donde explicar su importancia no requería recitar artículos sino destacar su valor regulador de nuestra convivencia. Descubrí que los más pequeños sentían un interés especial por el rey Juan Carlos I. No sé si comprendían que eso de ser rey no era como en los cuentos que leemos en la infancia. En ellos, el rey ordena y manda sin límites y enseguida nos congraciamos con los reyes buenos y detestamos a los déspotas, pero a todos les atribuimos un poder ilimitado no sometido a leyes sino a sus propios deseos. Cuando les explicaba que en una monarquía constitucional los reyes reinan pero no gobiernan, sus rostros dibujaban la sorpresa e incluso el asombro. No entendían que la democracia excluye la impunidad y la Ley, limita y delimita el poder de cada institución.</strong></p>
<p><strong>Ya sé que esto parece una simpleza pero a esos niños, hoy adultos, como a muchos españoles se les habrán caído los palos del sombrajo al ver el descrédito que Juan Carlos I ha atesorado por olvidar algo tan básico. El 14 de abril de 2012, todos los españoles conocimos de su operación urgente, tras haberse roto la cadera cazando elefantes en Botsuana. Desde entonces el rey ingresó en el gran museo de figuras incómodas de nuestra historia. Sus amores con Corinna Larsen alumbraron a la opinión pública sus devaneos extramatrimoniales. Todos eran conocidos aunque fueran silenciados por la prensa. En esto imita a sus antepasados, ya fueran Austrias o Borbones. Ni Felipe II dejó que su catolicidad le impidiera satisfacer a su bragueta. </strong></p>
<p><strong>Así que el respeto que Juan Carlos I, tras el 23-F, ganó de los españoles, incluso entre los de corazón republicano, comenzó a desteñirse por el uso y abuso de sus prerrogativas y la complicidad de los aduladores. Cuando lo de Botsuana no sabíamos nada de las dádivas (65 millones de euros) recibidas del rey Abdulá de Arabia Saudita en la cuenta número 505523 de la Lucum Foundation del banco Mirabaud en Ginebra. Abdulá no gobierna una democracia así que busca el prestigio internacional que le niega su despotismo. Ambos saben que el lavado de cara en occidente cuesta dinero. Tratar de explicar el tejemaneje en el que está envuelto el Rey emérito me supera, pero ya se sabe que todo lo que necesita un croquis para ser justificado es que esconde supuestos delitos fiscales o económicos. </strong></p>
<p><strong>¡Ay, Majestad!, usted sabrá si mereció la pena hacerse rico trapicheando, presuntamente, comisiones y tirando por la borda su prestigio y el de la institución de la Corona o haber vivido dignamente con la asignación del Estado y con el honor intacto. Creo, Señor, que nadie habrá contribuido tanto como usted a la causa republicana en su propio Reino</strong>.</p>
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		<title>Parece que amanece, ¿o no?</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Feb 2020 06:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mariaantoniasanfelipe</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Parece mentira que en un país en el que hasta las patatas pueden ser bravas, la ciudadanía trague tanto como estamos tragando”. Así se expresó, en twiter, José Luis Cuerda mediado el año 2015. De entonces acá, han pasado tantas cosas que estamos a punto de acudir al médico de cabecera para que nos recete [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Parece mentira que en un país en el que hasta las patatas pueden ser bravas, la ciudadanía trague tanto como estamos tragando”. Así se expresó, en twiter, José Luis Cuerda mediado el año 2015. De entonces acá, han pasado tantas cosas que estamos a punto de acudir al médico de cabecera para que nos recete algo eficaz contra el empacho. Debiera ser obligatorio que la totalidad de esa España que, en palabras de Felipe VI, &#8220;debe ser de todos y para todos&#8221;, tuviera un médico de cabecera &#8220;comunal&#8221; que la auscultara porque hay días que esta España nuestra nos duele mucho. En <em>Amanece que no es poco</em>, el pueblo reclamaba que la moza, que acabó siendo del alcalde, fuera &#8220;turgente y comunal&#8221;. En nuestra película, el doctor de cabecera que disponga el Ministerio debiera ser &#8220;competente y comunal&#8221;, porque el mal es mucho y recurrente. </strong></p>
<p><strong>El mago del absurdo inteligente, José Luis Cuerda, se esfumó para demostrarnos lo divinamente que uno puede decir adiós e irse al otro mundo sin hacer ruido. Se fue nada más abrirse, solemnemente, la XIV Legislatura. Bien sabía Cuerda que todo lo solemne tiene aire de caricatura y tentación de humorada. Imaginen la película surrealista que hubiera podido rodar con lo visionado dentro y fuera del hemiciclo. </strong></p>
<p><strong>El caso es que la legislatura se abrió como se abren los melones. Veremos si es dulce o pepino. El Rey dijo lo que debía decir, “España no puede ser de unos contra otros&#8221;, apelando a una España inclusiva en el marco constitucional. Después vinieron los aplausos, ¡ay, los aplausos! Pese a los esfuerzos de algunos, el Parlamento no es cosa de risa: es la representación de la voluntad popular. Así que, un poquito de por favor, señorías. Allí estaban los que fueron, que eran la mayoría y la mayoría, aplaudió, salvo el PNV. La corrección institucional la expresaron los vascos con su propia presencia en el acto. No es obligatorio aplaudir, aunque quienes antes no lo hacían lo hicieron esta vez, que el respeto y la educación no está en colisión con las ideas republicanas. Otros hubo que aplaudían con tanto furor que parecían querer demostrar que el Rey es suyo y, si les dejan, también la Constitución que se creen sus únicos defensores, sobre todo cuando les conviene, que algunos defienden más lo que está fuera que lo que está dentro de ella. Es este un exceso, como tantos de los que aguantamos hasta hartarnos, en estos tiempos en los que la impostura y la apariencia valen más que la verdad.</strong></p>
<p><strong>¿Dónde estaban los que no estuvieron? Pues entretenidos tirando dardos al Rey. Muy solemnes, como si la pólvora hubieran descubierto, lanzaron salvas dialécticas. Por boca de Gabriel Rufián, ERC, JxCat, Bildu, CUP y el BNG, como si lucharan contra las fuerzas del mal, rodeados por un ejército de orcos, proclamaron: &#8220;No tenemos rey. Democracia, libertad y repúblicas&#8221;. Nada más quijotesco y español. Recuerden señorías que son parlamentarios españoles y que si no quieren serlo, pueden renunciar, nadie obliga. No olviden que el Jefe del Estado es el Rey. Si, algún día, los españoles deciden sustituir el anacronismo de la institución monárquica por una República, el presidente de la misma también será el símbolo de la unidad y permanencia del Estado español y, al igual que Felipe VI, deberá defender el artículo 56 de la Constitución. Chocarán en la misma piedra. El Rey ha podido equivocarse, pero no se ha empecinado como ustedes que llevan años huyendo de la autocrítica. Hace tiempo que llueve sobre mojado, el suelo embarrado mancha más a quien lo pisa que a quienes huyen del charco. Se les oye mucho, se repiten demasiado. Puede ser, como dijo Cuerda, que &#8220;los tontos de antes gritábamos menos&#8221;. </strong></p>
<p><strong>En fin, José Luis, aquí todo fluye como siempre. No creo que cuando te conozcan en el cielo te dejen volver. Por cierto, parece que amanece, aunque por el lado contrario, ¿será que anochece? Pues nada, que como tu decías, esto es un sindiós.</strong></p>
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		<title>Cuando sube la marea</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jun 2014 16:45:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2014/06/rey-pascua.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-575" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2014/06/rey-pascua.jpg" alt="" width="300" height="150" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2014/06/rey-pascua.jpg 2000w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2014/06/rey-pascua-300x150.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2014/06/rey-pascua-768x384.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2014/06/rey-pascua-1024x512.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></strong></p>
<p><strong>Conocí al rey Juan Carlos I hace treinta años en Calahorra, cuando realizó su primera visita oficial a La Rioja. Yo siempre he sido republicana, así que antes de ir a recibirlo abrí mi caja, en la que guardo mi colección de pins y miré mi bandera tricolor con cierta sensación de pena pero aceptando la cruda realidad. La dejé en su sitio y me fui al Ayuntamiento para recibir a sus majestades en calidad de alcaldesa de la ciudad. Reconozco y confieso que, desde la noche del 23-F, el rey me caía bien. Su temperamento afable es cierto y así lo percibí en todo momento. He declarado, en otras ocasiones, que siendo republicana me sentía, como muchos españoles, juancarlista y, por ello, siempre le he tenido gran consideración y respeto como Jefe del Estado.</strong></p>
<p><strong>Nadie duda a estas alturas que su figura ha sido muy importante en la transición a la democracia de este país junto a la figura de Adolfo Suárez. Pero tengo la sensación, treinta años después, de que el ciclo de una generación que lideró la transición ha concluido en España. El fallecimiento de Suárez y la abdicación del rey marcan el fin de una etapa que alumbró, con el apoyo y la connivencia de todo un pueblo sediento de libertad. A fecha de hoy, esa democracia que creímos perfecta ha quedado tan marchita y deteriorada por los abusos de los resortes del poder que está pidiendo a gritos un cambio profundo en la arquitectura institucional.</strong></p>
<p><strong>En España han ocurrido tantas cosas y tan terribles en los últimos años que no es posible no darse cuenta de que ya nada será como fue, ni nada se hará como se imaginó. La primera etapa del reinado de Juan Carlos I será recordada en los libros de historia con más elogios que la segunda. Dicen que el rey tomó la decisión de abdicar a primeros de año, es posible, pero no es extraño que la haya materializado unos días después de las elecciones europeas cuando se ha constatado, a través de las urnas, el tremendo malestar que alberga la ciudadanía y la falta de respuestas que estaba recibiendo por parte de todas las instituciones del estado. La evidencia, reiteradamente negada, de que la corrupción está desestabilizando nuestra democracia por ausencia de transparencia y por la impunidad con la que los corruptos actúan y son amparados por sus iguales, lo crean o no, está quebrando no sólo el sistema político sino la paciencia del ciudadano que cada vez tiene más dificultades en su vida cotidiana.</strong></p>
<p><strong>Nadie ha hecho tanto en este país porque la causa republicana florezca con fuerza como los propios interesados en mantener la institución de la Corona. Tampoco es la primera vez en la historia de España que la corrupción mina la credibilidad de la institución monárquica. El rey seguramente ha visto, como más claridad que los partidos políticos mayoritarios, que puede venir una ola pidiendo cambios con tal fuerza que resulte imparable. Si varían las mayorías parlamentarias pueden modificarse las leyes y optar por solicitar al pueblo su opinión sobre si quiere vivir bajo una institución anacrónica, como es la monarquía, o si quiere elegir por votación directa al jefe del Estado. La Casa Real ha creído más práctico pasar cuanto antes la corona a Felipe, para que representando a una nueva generación trate de renovar la sintonía con el pueblo soberano, tras encerrar a Urdangarín en el cuarto oscuro del palacio. Tampoco deben los monárquicos, ni el gobierno, ni los partidos mayoritarios rasgarse las vestiduras porque muchos ciudadanos quieran ante esta decisión expresar su opinión en un referéndum y mucho menos quienes han permitido que la corrupción, la sensación de impunidad y la ausencia de transparencia carcoman y debiliten un sistema político que tanto costó construir y que tantos desvelos causó a muchos ciudadanos, incluido el rey.</strong></p>
<p><strong>Personalmente me quedo con el recuerdo de su primera época, cuando yo era más inocente que ahora y a lo mejor él también. Presiento que el rey sabe, por experiencia, que cuando sube la marea no hay quien la pare.</strong></p>
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		<title>El tiempo lo dirá</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Feb 2014 09:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[                    Por mucho que uno se tape los ojos para no ver, la realidad no cambia por ignorarla. Eso es lo que le pasa a la Casa Real que se resiste a aceptar que las cosas han evolucionado de forma radical en este país en los últimos años. El cambio en la percepción de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2014/02/rey-urdangarin.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-516" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2014/02/rey-urdangarin.jpg" alt="" width="309" height="163" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2014/02/rey-urdangarin.jpg 309w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2014/02/rey-urdangarin-300x158.jpg 300w" sizes="(max-width: 309px) 100vw, 309px" /></a>          </strong></p>
<p><strong>          Por mucho que uno se tape los ojos para no ver, la realidad no cambia por ignorarla. Eso es lo que le pasa a la Casa Real que se resiste a aceptar que las cosas han evolucionado de forma radical en este país en los últimos años. El cambio en la percepción de la realidad política en la mayoría de los españoles es hoy una clamorosa verdad, la crisis nos ha descubierto de forma despiadada el cenagal que habitábamos en los últimos años. Copiando a Muñoz Molina, podemos decir que todo lo que era sólido se ha desmoronado ante nuestros ojos y cómo no, también la monarquía.</strong></p>
<p><strong>          Muchos, incluida yo, hemos sostenido en muchas ocasiones que la disyuntiva entre monarquía o república no era un debate prioritario ya que el juancarlismo estaba, aparentemente, bien asentado en España y otras eran nuestras preocupaciones. Las encuestas demuestran que la credibilidad y aceptación de la institución monárquica están en franco declive y, como en el caso de la desafección hacia la clase política, los verdaderos causantes del deterioro son los propios interesados en contar con el favor de su pueblo. Hoy, son precisamente los jóvenes los más alejados de la actual monarquía. Conocen la democracia y al Rey desde que nacieron, no tienen recuerdos de la dictadura ni del intento de golpe de estado de 1981 y su formación les permite comparar el mundo. Heredar la jefatura del estado, en un país democrático, es un anacronismo histórico que se aceptó en la transición para salvar otras partes del entramado constitucional, político y social que se consensuó en su momento.</strong></p>
<p><strong>          A fecha de hoy, se ha desvelado con claridad que el entorno del Rey vivía en una sensación de impunidad semejante a la de los políticos que retribuían al duque de Palma, con dinero público, por ser vos quien sois. El propio don Juan Carlos ha gozado de la protección y silencio de la prensa, de la complicidad de los dirigentes políticos de los sucesivos gobiernos de la democracia y él no ha estado siempre, por lo que hoy sabemos e intuimos, a la altura de las circunstancias. Envuelto en crisis, el pueblo soberano vive en la amarga incertidumbre del día a día, parado o en la amenaza de estarlo, con sueldo menguado para afrontar un mes infinito, con familiares a su cargo, viviendo de la pensión del abuelo o de la caridad del vecino y sin entender ni compartir lo que está pasando. Nadie cree en los cuentos de hadas y con hartazgo se exige transparencia en la gestión del dinero público e igualdad real ante la ley. Por toda esta realidad asfixiante, la vergonzante y vergonzosa declaración ante el juez Castro de la infanta Cristina, que de pronto ha olvidado el origen de su elevado tren de vida, no va a solucionar el problema ni va a acortar el calvario de la casa del Rey. La estrategia de defensa de sus abogados estará jurídicamente justificada para lograr su absolución pero la insultante amnesia de Cristina de Borbón no apacigua la sangría que ha desgastado irreversiblemente al propio Rey. Rafael Spottorno confesó que este asunto estaba siendo un martirio para la familia real. No es de extrañar porque en palacio, acostumbrados a estar bien protegidos, ni advirtieron que el edificio goteaba hacía tiempo ni que se aproximaba un imparable tsunami.</strong></p>
<p><strong>           Modestamente señalo que si algo de inteligencia queda en los estrategas de Zarzuela debieran comenzar a abrir los ojos ante la realidad que se niegan a admitir. En mi modesta opinión deben plantearse una sencilla disyuntiva, deben elegir entre salvar al Rey o a la Monarquía. Si eligen lo primero que nadie se extrañe que de la mano de Urdangarín y de su enamorada esposa la marea republicana arrase la totalidad del edificio monárquico. Si eligen lo segundo, la abdicación del Rey puede frenar el ciclón, al menos momentáneamente. Que su majestad decida en consecuencia, que la justicia juzgue a la luz de la verdad y que el pueblo se manifieste en libertad. Está claro que pronto algo va a cambiar, aunque eso el tiempo lo dirá.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El infante republicano</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Apr 2013 08:47:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>          De pronto, en España y sin que la clase política (siempre huyendo de la realidad) haya contribuido a ello, el debate sobre monarquía o república ha llegado a la calle de forma natural y me pregunto: ¿a quién se debe el incremento inesperado del número de republicanos en nuestro suelo patrio?, ¿quién ha sido el paladín de esta causa que parecía olvidada en aras del pragmatismo y de la costumbre? Pues ya lo saben, nunca un infante consorte y una falsa princesa lograron convertir en republicanos a tantos monárquicos. Tal como lo veo si ahora hubiera que elegir presidente de honor de la plataforma por el advenimiento de la III República española yo propondría para el nuevo cargo a Iñaki Urdangarín y de madrina a la princesa Corinna. No hay que minimizar la enorme contribución que han tenido en el asunto el expresidente valenciano Francisco Camps, la alcaldesa Rita Barberá, el expresidente balear Jaume Matas o el exalcalde de Madrid y hoy ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. En realidad son ellos y solamente ellos, los que burlaron las normas de contratación administrativa para comprar a Urdangarín humo a precio de oro de 24 kilates, al fin y al cabo el encausado lo único que vendía era el brillo de su glamuroso título de infante consorte y con mucha suerte para él, los dirigentes políticos derrocharon el dinero público de nuestros impuestos por fotografiarse a su lado. Esa es la verdadera estafa y una vez más las víctimas somos nosotros. Por tanto lo sorprendente no es la imputación de la infanta sino que ninguno de ellos esté encausado a estas alturas de la película.  </strong></p>
<p><strong>          Ocurra lo que ocurra con la infanta Cristina, sea procesada o no y absuelto o condenado el matrimonio, lo cierto es que ya nada será como fue. El período en que la monarquía en España, con la complicidad de la prensa, quedaba al margen de todo control político y ciudadano ha terminado. En la memoria de las nuevas generaciones Juan Carlos I ya no es aquel joven rey que frenó el bochornoso golpe de estado de febrero de 1981 y ganó el afecto de millones de españoles sino alguien que, en circunstancias muy difíciles para su pueblo, está cometiendo torpezas como la cacería de Botsuana, su relación entrañable con la princesa Corinna instalada a todo lujo y a cargo del erario público en El Pardo y con una herencia en cuentas suizas de la que no ha dado nunca explicaciones ni a los españoles ni a la hacienda pública. Hoy es evidente el desencanto progresivo con la Corona y cada vez más españoles se preguntan si no es mejor elegir Jefe de Estado cada cuatro años en vez de sostener una institución anacrónica. Hoy por hoy, la herencia política de la Transición ha sido dilapidada de tanto invocarla.  </strong></p>
<p><strong>          Las últimas encuestas señalan dos cosas: la caída en picado del crédito de la Casa del Rey y de los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, que no suman juntos el 50% de la intención de voto. Ambos datos no tienen precedentes. Es urgente que en vez de aparentar que no se han enterado y esconderse en los salones palaciegos para pactar componendas, sus señorías salgan a la plaza pública a escuchar a la soberanía popular. Nuestro sistema político ya no da más de sí. En este país en el que resulta más probable que uno vaya a la cárcel por protestar contra la injusticia que por forrarse en la ciénaga de la corrupción ya no es tolerable que las más altas instituciones del estado hagan como que no ven el basurero en el que viven. En política hay que aprender a asumir responsabilidades, a dimitir y a rendir cuentas y no a forrarse en el ejercicio de un cargo público y hacerse encima el ofendido si es descubierto. Como nos ha enseñado José Luis Sampedro, ese gran español que acaba de dejarnos, en la historia nada se ha conseguido porque hayan querido los de arriba sino por la persistencia en lograrlo de los de abajo. Los de arriba no necesitan cambios porque ellos tendrían que irse los primeros, así que es hora de que los de abajo les ayudemos a encontrar la salida. </strong></p>
<p><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2013/04/Rey_y_Corinna.png"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-376" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2013/04/Rey_y_Corinna.png" alt="" width="300" height="157" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2013/04/Rey_y_Corinna.png 623w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/25/2013/04/Rey_y_Corinna-300x157.png 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
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		<title>Lo que el rey sabe pero su yerno no</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 08:05:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Antonia San Felipe</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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<p>      El Rey es rey, pero intuye a los españoles, porque <strong>Juan Carlos I no sólo conoce la historia, sino que seguramente ha aprendido de ella.</strong> El Rey es consciente de que cuando su abuelo Alfonso XIII sufrió ataques de antiparlamentarismo y se alejó progresivamente de lo que sentían la mayoría de los ciudadanos de su Reino, la institución entró en picado con tanta rapidez que, como todo el mundo sabe, se acostó monárquica y se levantó republicana una mañana de abril de 1931. <strong>Alfonso XIII, salió de España, como él mismo declaró a ABC, consciente de que no contaba con el amor de su pueblo.</strong> Por eso don Juan Carlos, que había sido elegido por Franco para heredar su dictadura, supo, nada más perder de vista al padrino, que su primera tarea consistía en <strong>recuperar el amor de ese pueblo que en su día perdió su abuelo</strong>. Presintió, con meridiana claridad, que España no podía quedar fuera de la que siempre fue su posición europea En el año 1975, fecha en que se restauró la monarquía en su figura, toda Europa gozaba de regímenes democráticos alejados de los totalitarismos que surgieron en los años treinta. <strong>Ni España debía quedar aislada ni él podía ser un apestado en Europa tras la tragicomedia protagonizada en 1981 por militares golpistas</strong>, añorantes de una dictadura anacrónica que había pervivido vulnerando los derechos fundamentales de los ciudadanos. Pocos dudan que su comportamiento <strong>el 23-F convirtió a muchos republicanos en juancarlistas, aunque no en monárquicos.</strong> Así, con la tolerancia y aceptación de muchos republicanos la monarquía constitucional arraigó en una sociedad, hambrienta de democracia, que aparcó sine die la discusión sobre el tipo de jefatura del estado más conveniente a los españoles.</p>
<p>     El Rey sabe todo esto y también sabe que la historia enseña que, en un tris, la tortilla puede dar la vuelta si la imagen de la monarquía continúa su deterioro. <strong>Don Juan Carlos tampoco desconoce que heredar las jefaturas del estado es una reminiscencia anticuada y obsoleta en los tiempos que corren</strong> y que si el ciudadano se siente defraudado con el papel de la monarquía puede, soberanamente, optar por tener un Jefe de Estado elegido democráticamente como en Francia, Alemania o los EEUU. Que el Rey sabe todo esto es evidente, pero parece que su yerno, el deportista guapo y alto que todas las madres soñaban para sus hijas, no sabe nada de los riesgos que conlleva el abuso de una posición relevante en la mentalidad y en la paciencia, cada día más irritada, del vulgo. <strong>Urdangarín llegó a palacio y decidió utilizar su posición de advenedizo de la casa real para engordar fortuna y patrimonio</strong>. Su frase preferida en materia de negocios era: -Si yo estoy, los demás entrarán. Y entraron, claro que entraron. Nadie debe sorprenderse, este es un país en el que <strong>se buscan padrinos</strong> para todo y especialmente <strong>para forrarse a costa del</strong> <strong>erario público</strong>.</p>
<p>     Si la Casa Real ha dicho que <strong>no considera ejemplar el comportamiento de Urdangarín y que éste deberá defenderse por sus propios medios, es porque el propio Rey así lo cree</strong> y si esa es la consideración de su majestad, fíjense ustedes como debe ser la nuestra. El yerno, antes ejemplar y hoy repudiado, se ha convertido en una bomba de relojería que <strong>corre el riesgo de dinamitar la imagen del Rey, pero sobre todo la de su sucesor</strong>, menos legitimado y querido que don Juan Carlos. Debiera tener cuidado Urdangarín de contar, por boca de su abogado, que está indignado y que la ejemplaridad la da la ley. <strong>A estas alturas de la película, todos sabemos que hay cosas que son legales en este mundo hipócrita y materialista pero que son un escándalo, una vergüenza o una inmoralidad sin paliativos</strong>. Puede que Urdangarín no sepa distinguir, pero su suegro sí y por ello es consciente de que si no frena la hemorragia a tiempo, la ciudadanía puede libremente decidir que la Jefatura del estado no se hereda y que prefieren gritar: <strong>¡viva la República!</strong> Esto es lo que el Rey sabe pero su yerno no.</p>
<p><a href="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2011/12/inaki-urdangarin-acusado-por-el-caso-palma-arena3.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-83" src="/entrevisillos/wp-content/uploads/sites/25/2011/12/inaki-urdangarin-acusado-por-el-caso-palma-arena3.jpg" alt="" width="487" height="353" /></a></p>
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