{"id":3110,"date":"2023-09-16T06:00:43","date_gmt":"2023-09-16T04:00:43","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/entrevisillos\/?p=3110"},"modified":"2023-09-15T19:43:21","modified_gmt":"2023-09-15T17:43:21","slug":"olvidados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/entrevisillos\/2023\/09\/16\/olvidados\/","title":{"rendered":"Olvidados"},"content":{"rendered":"<p><strong>Una vez fui a Burgos con mi madre y, por supuesto, visitamos la catedral. Ya saben que desde la plaza del rey San Fernando hasta las agujas que rematan ambas torres hay unos 88 metros de altura, lo que hace que el edificio resulte impresionante. Lo primero que mi madre exclam\u00f3 al verla, le sali\u00f3 del alma: -hija m\u00eda, \u00bfcu\u00e1ntos habr\u00e1n muerto construy\u00e9ndola? Fue tan espont\u00e1nea que confieso que me dej\u00f3 sin palabras. Y es que la historia solo recuerda a los obispos y reyes que ordenaron construirla pero no a los obreros y artesanos que la hicieron realidad. Ni ella olvid\u00f3 esa visita, ni yo tampoco. Fue as\u00ed que aprend\u00ed que las madres de la generaci\u00f3n de la m\u00eda siempre supieron que el destino de la mayor\u00eda, desde siglos, consiste en vivir silenciosamente en medio de la tragedia.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El gran poeta \u00c1ngel Gonz\u00e1lez, recordaba que su madre \u00abten\u00eda miedo del viento,\/era peque\u00f1a de estatura,\/le asustaban los truenos,\/y las guerras\/siempre estaba temi\u00e9ndolas\/de lejos\u00bb. Y es que las madres siempre temen todo aquello a lo que por s\u00ed mismas no pueden poner remedio para proteger a los suyos. Ellas saben que las guerras, las tormentas o los terremotos siempre se ensa\u00f1an con los olvidados y los pobres. La miseria es un im\u00e1n para las calamidades que nunca se reparten equitativamente.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El 6 de febrero hubo un terremoto en Turqu\u00eda y Siria, casi 60.000 muertos y m\u00e1s de 120.000 heridos. En Siria viven adem\u00e1s una guerra interminable que ya hemos borrado de nuestra memoria, como estamos olvidando la de Ucrania. Los supervivientes superan la fatalidad como pueden. En Libia, el desastre es espeluznante. Un pa\u00eds destrozado y preso de dos gobiernos rivales se enfrenta sin medios a la tormenta <em>Daniel<\/em> que ha dejado ya casi 7.000 muertos y m\u00e1s de 10.000 desaparecidos. El mar no deja de arrojar cad\u00e1veres an\u00f3nimos que se apilan sin tiempo para el necesario duelo mientras la desesperaci\u00f3n crece porque no se divisa el futuro.<\/strong><\/p>\n<p><strong>En Marruecos, el terremoto se ha cobrado 3.000 vidas y regalado miles de desdichas. Todav\u00eda siguen intentando rescatar v\u00edctimas en un dispositivo tard\u00edo tras el vergonzoso silencio del rey. Aunque el epicentro del se\u00edsmo hubiera sido el palacio real a Mohamed VI no le hubiera afectado porque casi nunca est\u00e1 ni se le espera. Eso s\u00ed, se permite el lujo, que para eso vive en la opulencia, de rechazar ayuda internacional para aliviar la situaci\u00f3n l\u00edmite de los afectados por la desgracia. Las madres, entre los escombros, siguen alumbrando ni\u00f1os que sonr\u00eden porque ignoran su destino. Estos d\u00edas, mi madre sufrir\u00eda ante tanto dolor sabiendo que las v\u00edctimas son s\u00f3lo un n\u00famero que les asigna el eterno retorno de la fatalidad. La miseria borra los rostros de los afectados en un mundo cruel en el que las personas olvidamos el infortunio salvo si nos afecta directamente. As\u00ed es la vida.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una vez fui a Burgos con mi madre y, por supuesto, visitamos la catedral. Ya saben que desde la plaza del rey San Fernando hasta las agujas que rematan ambas torres hay unos 88 metros de altura, lo que hace que el edificio resulte impresionante. 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