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	<title>Ansiedad y gasolina | Esfera de cristal - Blogs larioja.com</title>
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		<title>Ansiedad y gasolina | Esfera de cristal - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Jul 2006 12:39:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nuria Alonso</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p></p><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><span lang="ES-TRAD" style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-fareast-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA">Hay un pequeño recinto en el que cambiamos. Nos transformamos. Es como una catarsis. Nuestro humor se agria por un mínimo contacto con este habitáculo al que llamamos vulgarmente coche. </span></p><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><span lang="ES-TRAD" style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-fareast-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA">El automóvil tiene la ‘bendita’ virtud de amargar al más optimisma y de arrancar blasfemias hasta al más beato. Y es que en la conducción se dan cita elementos que convierten el placer de conducir en una pesadilla. Están los condicionantes externos, tanto geográficos -las dichosas obras-, como humanos -la ingente cantidad de cafres al volante-. El ‘tesoro’ que los alcaldes españoles -sin diferencias de color político- se afanan en buscar, curiosamente en los meses previos a las elecciones municipales, provoca muchos ataques de ansiedad. Luego están los cafres. Porque no tienen otro nombre. No me malinterpreten: no todos nos convertimos en el doctor Jekyll cuando conducimos. Hay quien emplea los intermitentes al circular por una rotonda o quien no tarda tres minutos<span style="mso-spacerun: yes">  </span>en arrancar cuando el semáforo se pone en verde. Son rara avis, pero existen: yo los he visto. </span></p><p><span lang="ES-TRAD" style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-fareast-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA">Pero es que, claro, también están los elementos internos. Uno es el estado del vehículo. Si el trasto que usamos como utilitario -bonita palabra- renquea con un traqueteo extraño, pues uno ya no se siente con las mismas ganas de insultar al vecino de calzada. O si el carburador no marcha como debe, uno ya no puede despotricar con el ruido del coche de delante. También influye el estado del conductor -anímico digo, no mecánico-. Un momento especial es, por ejemplo, coger el coche cuando nuestro equipo de fútbol ha perdido o cuando acaba de llegar la factura del móvil. Una delicia para los nervios. </span></p><p><span lang="ES-TRAD" style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-fareast-language: ES-TRAD; mso-bidi-language: AR-SA">Son momentos únicos, personales, entre uno y su coche -o trasto, en su defecto-. Y es que a veces conducir es cien veces mejor que una sesión de terapia anxiolítica o una jornada de pilates. La relajación está garantizada, eso sí, cuando nos bajamos del auto.</span></p>
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