{"id":1768,"date":"2016-07-20T21:56:42","date_gmt":"2016-07-20T20:56:42","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/?p=1768"},"modified":"2016-07-20T21:56:42","modified_gmt":"2016-07-20T20:56:42","slug":"asco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/2016\/07\/20\/asco\/","title":{"rendered":"\u00a1Asco!"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"\/historias\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/San-Ferm\u00edn-2016.-AFP-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter  wp-image-1770\" title=\"A1-53680192.jpg\" src=\"\/historias\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/San-Ferm\u00edn-2016.-AFP-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1252\" height=\"835\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/San-Ferm\u00edn-2016.-AFP-1.jpg 1440w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/San-Ferm\u00edn-2016.-AFP-1-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/San-Ferm\u00edn-2016.-AFP-1-768x513.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/San-Ferm\u00edn-2016.-AFP-1-1024x683.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1252px) 100vw, 1252px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pamplona. <strong>9 de julio de 1984<\/strong>. Tras haber agotado el fondo com\u00fan en cervezas y alg\u00fan que otro bocadillo de gran calibre, mis amigos y yo buscamos acomodo en los jardines de la plaza del Castillo. Hab\u00eda que descansar al menos un par de horas antes de intentar la aventura del encierro. Era tal el gent\u00edo tumbado sobre el c\u00e9sped, a las cinco de la madrugada, que optamos por emigrar a los jardines de la Taconera, frente al hotel Tres Reyes. Dormit\u00e1bamos en el pasto tras una barrera de arbustos, cuando un murmullo, entremezclado con risotadas y alg\u00fan grito m\u00e1s alto que otro, seg\u00f3 nuestra paz. A lo lejos, una chica rubia de buen ver se acercaba con caminar errabundo, <strong>perseguida por una gavilla de moscones<\/strong>. Eran, en su mayor\u00eda, mozos ataviados de blanco y con faj\u00edn rojo, que se estaban propasando con una chica indefensa. De pronto, la muchacha fij\u00f3 su vista en uno de mis amigos como quien ve un salvavidas y, tras una carrerilla inesperada, se ech\u00f3 en sus brazos. Estaba tan aturdida y desesperada que le plant\u00f3 un beso como si fuera su novio. Nos quedamos at\u00f3nitos. Con nuestro limitado ingl\u00e9s \u2013\u00a1maldigo al ministro de Educaci\u00f3n que nos oblig\u00f3 a estudiar franc\u00e9s!- supimos que <strong>era californiana, que se llamaba Belinda y que buscaba a tres amigas de las que se hab\u00eda extraviado<\/strong>. Los moscardones segu\u00edan revoloteando alrededor, por si surg\u00eda la ocasi\u00f3n de llevarse a la joven a un lugar m\u00e1s oscuro. Por suerte, una patrulla de la Polic\u00eda Local pas\u00f3 cerca y Belinda qued\u00f3 a buen recaudo. A\u00fan recuerdo c\u00f3mo nos insultaron los abusadores cuando se dieron cuenta de que la chica nada ten\u00eda que ver con nosotros. \u201cNo la pod\u00edamos haber repartido\u201d, espet\u00f3 uno de ellos, <strong>como si Belinda fuera un trozo de carne<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Pamplona. 9 de julio de 1984. Tras haber agotado el fondo com\u00fan en cervezas y alg\u00fan que otro bocadillo de gran calibre, mis amigos y yo buscamos acomodo en los jardines de la plaza del Castillo. Hab\u00eda que descansar al menos un par de horas antes de intentar la aventura del encierro. Era tal [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1768"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1768"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1768\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1768"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1768"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/historias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1768"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}