{"id":540,"date":"2011-12-10T11:58:37","date_gmt":"2011-12-10T09:58:37","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/insolencias\/?p=540"},"modified":"2011-12-10T11:58:37","modified_gmt":"2011-12-10T09:58:37","slug":"la-contrabandista-de-mantas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/insolencias\/2011\/12\/10\/la-contrabandista-de-mantas\/","title":{"rendered":"La contrabandista de mantas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/159\/2011\/12\/PICT0247.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-541\" title=\"KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA\" src=\"\/voc-migration\/endpointsite\/wp-content\/uploads\/sites\/159\/2011\/12\/PICT0247.jpg\" alt=\"\" width=\"272\" height=\"448\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/159\/2011\/12\/PICT0247.jpg 272w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/159\/2011\/12\/PICT0247-182x300.jpg 182w\" sizes=\"(max-width: 272px) 100vw, 272px\" \/><\/a>Desde que entr\u00f3 por la parte delantera me llam\u00f3 la atenci\u00f3n. No era como las dem\u00e1s. R\u00e1pidamente comenz\u00f3 a repartir mantas entre los pasajeros de aquella segunda planta, que empezaba a estar atestada. Ten\u00eda bonitos los ojos, rasgados y oscuros; la cara dulce y muy morena. En negro azabache su larga melena.<br \/>\nMe ofreci\u00f3 una manta, pero no la acept\u00e9. A mi lado -con la cara pegada en la ventanilla- un guiri rubio de dos metros dormitaba hecho un ovillo. Le despert\u00f3 de sopet\u00f3n para ofrecerle una. El pobre chico la mir\u00f3 sobresaltado . Le pregunt\u00f3 a la peruana que si la manta era de la compa\u00f1\u00eda de autobuses. No recibi\u00f3 respuesta, porque aquella joven no entend\u00eda ni palabra de ingles. Hice de traductor.<br \/>\nLa chica llevaba las mantas de estraperlo, de Copacabana al Cusco. Al menos treinta, de todos los colores. Le acompa\u00f1aba su marido y un peque\u00f1o (de unos diez a\u00f1os) que no paraba de toserme en la cara.<br \/>\nComo estaba prohibido transportar -de Bolivia a Per\u00fa- m\u00e1s de una manta por persona, las repart\u00eda entre los pasajeros\u00a0con la intenci\u00f3n de que en caso de ser el autob\u00fas registrado -al atravesar la frontera-, a la polic\u00eda le pasaran desapercibidas. Hac\u00eda bastante fr\u00edo y\u00a0nadie se percatar\u00eda de la operaci\u00f3n de contrabando.<br \/>\nSolamente hab\u00edan comprado dos billetes, por lo que el ni\u00f1o no ten\u00eda derecho a butaca. Lo sent\u00f3 en una que quedaba vac\u00eda. Tuvo que levantarlo de all\u00ed dos minutos m\u00e1s tarde, ante la llegada de un tipo delgado y \u201cmalcareado\u201d que reclamaba su esca\u00f1o con el billete en la mano. Pill\u00f3 al ni\u00f1o y lo tumb\u00f3 a dormir a mi lado, en el pasillo. Nunca hab\u00eda visto semejante ocupaci\u00f3n del pasillo en un autob\u00fas; cajas, fardos de pl\u00e1stico, capazos de tela, ni\u00f1os y ancianos acurrucados.<br \/>\nLa contrabandista de mantas se acomod\u00f3 a mi espalda, &#8211; junto a su marido- vigilando al ni\u00f1o, que no paraba de toser.<br \/>\nPor incre\u00edble que pudiera parecerme, no dejaba de embarcar gente cargada de equipajes. Se\u00f1oras de considerable edad -tocadas con bomb\u00edn-, que llevaban a sus espaldas capazos de coloridas telas y tama\u00f1os descomunales. A su paso iban golpeando con ellos las cabezas de los que ya est\u00e1bamos sentados.<br \/>\nDe pronto una se par\u00f3 junto a m\u00ed y me pregunt\u00f3 si llevaba algo bajo\u00a0el asiento. Quer\u00eda que en ese lugar le guardara una caja de mediano tama\u00f1o de las que portaba tres. Le dije que no, que necesitaba aquel espacio para poder colocar mis pies. Era un viaje de casi doce horas y ya bastante encorsetado me encontraba entre el gigantesco guiri y la gente tumbada por el pasillo\u2026\u00a1Como para encima meter una caja bajo los pies!<br \/>\nEran las ocho y media de la noche y por fin el autob\u00fas se puso en marcha. Intent\u00e9 no pensar en nada y dormir, pero el traqueteo del autob\u00fas unido a la tos de aquel muchacho hac\u00edan complicado conciliar el sue\u00f1o. Tantas cosas me daban vueltas en la cabeza que prefer\u00ed dedicar mi mente a contemplar el impresionante cuadro que se configuraba alrededor; la tenue luz amarilla del techo ambientaba aquel atestado autob\u00fas, en el que casi no ten\u00eda espacio ni para respirar el aire denso y viciado que comenzaba a ser desagradable.<br \/>\nMe encontraba ya en \u00a0un estado de pre-inconsciencia cuando el autob\u00fas par\u00f3 en mitad de la m\u00e1s absoluta oscuridad. Los cristales\u00a0 empa\u00f1ados de vaho, chorreaban \u00a0gotas condensadas, nacidas en miles de respiraciones. Las puertas del primer piso se abrieron y unas voces masculinas comenzaron a sonar en el interior. Ser\u00edan las tres de la madrugada.<br \/>\nR\u00e1pidamente me percat\u00e9 de que algo estaba sucediendo por el comportamiento nervioso de algunos pasajeros, que se apresuraban a manipular sus equipajes. El guiri roncaba como un oso, ajeno a todo.<br \/>\nSin dejarme casi tiempo de pensar, asomaron por la escalera de la segunda planta dos militares con ametralladora en mano. Me qued\u00e9 petrificado, sin capacidad de respuesta mirando como se acercaban, caminando sobre los reposabrazos de los asientos. El pasillo estaba tan repleto de paquetes y personas durmiendo que no hab\u00eda otra forma de avanzar.<br \/>\nMe sobrepasaron y -al llegar al final- se encararon con una se\u00f1ora. La misma que me hab\u00eda intentado endosar una caja bajo mis pies a la salida de Copacabana. Le registraron el equipaje y no s\u00e9 que co\u00f1o llevar\u00eda en aquellas cajas, pero la sacaron a punta de ametralladora del autob\u00fas, &#8211; a ella y a un se\u00f1or con chaqueta marr\u00f3n- entre quejas, pisotones y tropiezos varios. Supongo que alg\u00fan producto de contrabando.<\/p>\n<p>No pude pegar ni una cabezada en el resto del viaje, hasta llegar a Cusco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde que entr\u00f3 por la parte delantera me llam\u00f3 la atenci\u00f3n. No era como las dem\u00e1s. R\u00e1pidamente comenz\u00f3 a repartir mantas entre los pasajeros de aquella segunda planta, que empezaba a estar atestada. Ten\u00eda bonitos los ojos, rasgados y oscuros; la cara dulce y muy morena. En negro azabache su larga melena. 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