{"id":108,"date":"2012-03-05T18:53:27","date_gmt":"2012-03-05T17:53:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/la-mala-vida\/?p=108"},"modified":"2012-03-05T18:53:27","modified_gmt":"2012-03-05T17:53:27","slug":"ejecucion-y-muerte-del-satanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/la-mala-vida\/2012\/03\/05\/ejecucion-y-muerte-del-satanas\/","title":{"rendered":"Ejecuci\u00f3n y muerte del &#8220;Satan\u00e1s&#8221;"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"\/la-mala-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/03\/verdugo-11.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-large wp-image-110\" title=\"A la izquierda, Jos\u00e9 Garc\u00eda Barrionuevo, fuma su \u00faltimo pitillo antes de ser ejecutado\" src=\"\/la-mala-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/03\/verdugo-11.jpg\" alt=\"\" width=\"573\" height=\"401\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/03\/verdugo-11.jpg 1184w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/03\/verdugo-11-300x210.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/03\/verdugo-11-768x537.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/03\/verdugo-11-1024x716.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 573px) 100vw, 573px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\n<p style=\"text-align: left;\">Cuando Jos\u00e9 entr\u00f3 en la sala donde se le iba a hacer justicia, un poste grueso advert\u00eda al reo del c\u00f3mo, y junto al poste, los hierros del garrote vil. El verdugo, con la frialdad de un profesional curtido, dijo a los carceleros: \u201cSi\u00e9ntenlo ah\u00ed y que no se mueva\u201d.<\/p>\n<p>El cura, erguido cerca del pat\u00edbulo, escenificaba lo enseguidita que el reo iba a irse al cielo, con la absoluci\u00f3n primero.<\/p>\n<p>La entrada de Jos\u00e9 en la sala fue con la cabeza gacha, de pronto alz\u00f3 los ojos, mir\u00f3 a los presentes detenidamente y pregunt\u00f3: \u201c\u00bfEs que Franco no me ha indultado todav\u00eda, es que me van a matar?\u201d<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos todos frente al poste, confirmando sus peores sospechas. Jos\u00e9 nunca supuso que iba a pagar con la vida por lo que hizo.<\/p>\n<p>Finalmente el reo fue sentado muy formalito, las manos atadas a la espalda, los ojos vendados y el verdugo le aplic\u00f3 a la garganta el collar de hierro.<\/p>\n<p>Tras del poste, el ajusticiador sosten\u00eda la herramienta y esperaba una se\u00f1al para ejecutar violentamente al reo: \u201cR\u00e1pido, un trabajo limpio y breve\u201d, hab\u00eda proclamado muy ufano el say\u00f3n y tambi\u00e9n dijo a Barriobero: \u201cSi te mueves te har\u00e9 m\u00e1s da\u00f1o, es mejor que te est\u00e9s quieto, no sentir\u00e1s nada: Con esto soy muy r\u00e1pido\u201d. La ejecuci\u00f3n dio comienzo y yo apret\u00e9 los p\u00e1rpados, Jos\u00e9 no se movi\u00f3 ni se removi\u00f3 ni se agit\u00f3, pero el artilugio de matar hizo un crujido rar\u00edsimo, y cuando abr\u00ed los ojos v\u00ed que el que ten\u00eda que est\u00e1r muerto estaba vivo, y el especialista en matar r\u00e1pido echaba juramentos por la boca<em>.<\/em><\/p>\n<p>\u2013Se ha partido un hilo de la rosca del tornillo. La corbata no hace presi\u00f3n. De prisa, hay que sacar al reo de aqu\u00ed \u2013dijo.<\/p>\n<p>El representante de la Justicia dio orden de retirar a Jos\u00e9 de all\u00ed y conducirlo a su celda.<\/p>\n<p>Le desataron y entre guardias se march\u00f3 un hombre aterrado y absolutamente perplejo. La reparaci\u00f3n del garrote vil no fue r\u00e1pida. Entre los funcionarios de la c\u00e1rcel no hab\u00eda un herrero y mientras se buscaba una soluci\u00f3n, fatal para Jos\u00e9, a todos nos sub\u00eda por el cuello una congoja, un sudor de repeluzno. Uno de los presentes dijo que conoc\u00eda a un guarnicionero muy h\u00e1bil que viv\u00eda en Marqu\u00e9s de San Nicol\u00e1s, la calle Mayor de Logro\u00f1o, y que lo sabr\u00eda arreglar: fueron a por \u00e9l.<\/p>\n<p>Hab\u00eda transcurrido m\u00e1s de media hora, est\u00e1bamos con el \u00e1nimo encogido, al principio de la espera todos guard\u00e1bamos silencio, hasta quebrar luego con una charla t\u00edmida el apuro que engendra la muerte. Como en un velatorio, habl\u00e1bamos bajito, los fumadores fumaban, y nadie quer\u00eda recordar el motivo que nos hac\u00eda esperar all\u00ed. En la sala habilitada para la ejecuci\u00f3n faltaba el aire, no hab\u00eda espacio, todos esper\u00e1bamos que al que ten\u00edan que matar lo matasen enseguida y podernos ir al aire fresco de la ma\u00f1ana. Era una situaci\u00f3n terrible: las leyes dictaban que aquella reuni\u00f3n solo se disolv\u00eda con un cad\u00e1ver bien muerto.<\/p>\n<p>Desgraciadamente para el de Entrena subsanaron la aver\u00eda y el representante de la Justicia reclam\u00f3 de nuevo la presencia del preso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Segunda y definitiva ejecuci\u00f3n y la muerte<\/strong><\/p>\n<p>Pero el reo era un animal resabiado y no colabor\u00f3 en absoluto en esta segunda ocasi\u00f3n. Cuando le tra\u00edan desde la celda Jos\u00e9 organiz\u00f3 un tremendo esc\u00e1ndalo de gritos y convulsiones (o contorsiones), intentaba patalear y bracear, pero las ligaduras se lo imped\u00edan. Iba muy atado y su resistencia la quebraban cuatro polic\u00edas armados que lo arrastraban al matadero. El cabrero hab\u00eda perdido la contenci\u00f3n y daba alaridos, se revelaba al ser obligado a sentarse por segunda vez en la banqueta, al pie del poste, y fue llamado al orden por una de las autoridades all\u00ed presentes. Satan\u00e1s no hizo caso: maldec\u00eda, torc\u00eda el cuello, miraba al techo y al suelo, se revolv\u00eda y juraba a voces: \u201c\u00a1Cag\u00fcen sos!\u201d. Le sal\u00eda el instinto de animal fiero ante la muerte.<\/p>\n<p>Finalmente le volvieron a atar las manos por detr\u00e1s del poste al que estaba fijado el tornillo del garrote. Era una postura extra\u00f1a, un abrazo inc\u00f3modo al madero de su tormento. El cuerpo de Barriobero no colaboraba esta segunda vez en absoluto, la masa de sus m\u00fasculos en un enervado calambre, las piernas estiradas, el cuello encendido de sangre y tenso como el tronco de un alcornoque. S\u00f3lo se o\u00edan las palabras en grito de Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Los funcionarios y los polic\u00edas iban a lo suyo, a reducirle, a sentarle, a inmovilizarle los brazos, sujetarle el cuello, ponerlo en postura, quitarle la vida lo m\u00e1s r\u00e1pido, acabar de una vez sin contemplaciones.<\/p>\n<p>Mientras los afamados servidores de la justicia trataban de poner el aparato en condiciones. Barriobero gritaba: \u201c\u00a1Un tiro que me den un tiro, que sufro mucho!\u201d.\u2013Paciencia hijo, ten paciencia&#8230; \u2013murmuraba el presb\u00edtero.<\/p>\n<p>Y los funcionarios y el verdugo sudando tinta con aquel cuello y aquel tornillo. Varias veces el juez mand\u00f3 que se detuvieran en sus manipulaciones, y orden\u00f3 que no se hiciera sufrir al reo. La escena era insufrible para todos los presentes. El m\u00e9dico, l\u00edvido; el verdugo, avergonzado; el cura, cabizbajo<\/p>\n<p>Finalmente la voz de la autoridad se escuch\u00f3 clara, como una orden militar de asalto. Dijo, <em>\u00a1Adelante!\u201d<\/em> \u2013dirigi\u00e9ndose al verdugo.<\/p>\n<p>Frutos Fuentes Est\u00e9banez, el ejecutor de la Justicia, gir\u00f3 con violencia los brazos del tornillo; una vuelta, dos, not\u00f3 la oposici\u00f3n del cuello, y no dej\u00f3 escapar ni un grito de Jos\u00e9; otro giro, otra vuelta y media vuelta m\u00e1s, y con \u00e9sta el cuello se tronch\u00f3, y el verdugo mantuvo la presi\u00f3n con gesto feroz\u2026<\/p>\n<p><strong>El m\u00e9dico<\/strong> ten\u00eda cogido el antebrazo del infeliz, pero apenas el galeno se decid\u00eda a declarar que Jos\u00e9 hab\u00eda fallecido, \u00e9ste recuperaba un simulacro de d\u00e9bil pulso. Con unas manos de doncella el doctor se atrevi\u00f3 a alcanzar la arteria car\u00f3tida, bajo la mand\u00edbula, y con los dedos junto a la cara testific\u00f3 de nuevo.<\/p>\n<p>\u2013En efecto, ya est\u00e1 muerto \u2013dijo el forense.<strong> <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Jos\u00e9 entr\u00f3 en la sala donde se le iba a hacer justicia, un poste grueso advert\u00eda al reo del c\u00f3mo, y junto al poste, los hierros del garrote vil. El verdugo, con la frialdad de un profesional curtido, dijo a los carceleros: \u201cSi\u00e9ntenlo ah\u00ed y que no se mueva\u201d. 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