{"id":89,"date":"2012-02-07T20:03:27","date_gmt":"2012-02-07T19:03:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/la-mala-vida\/?p=89"},"modified":"2012-02-07T20:03:27","modified_gmt":"2012-02-07T19:03:27","slug":"gitanos-muertos-y-2-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/la-mala-vida\/2012\/02\/07\/gitanos-muertos-y-2-3\/","title":{"rendered":"Gitanos muertos (y 2)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Gitanos muertos (y 2)<\/strong><\/p>\n<p>Un antiguo<a href=\"\/la-mala-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-062.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-90\" title=\"Gitanos muertos 06\" src=\"\/la-mala-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-062.jpg\" alt=\"\" width=\"186\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-062.jpg 865w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-062-768x1233.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-062-638x1024.jpg 638w\" sizes=\"(max-width: 186px) 100vw, 186px\" \/><\/a><a href=\"\/la-mala-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-051.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-91\" title=\"Gitanos muertos 05\" src=\"\/la-mala-vida\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-051.jpg\" alt=\"\" width=\"195\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-051.jpg 914w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-051-195x300.jpg 195w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-051-768x1179.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2012\/02\/Gitanos-muertos-051-667x1024.jpg 667w\" sizes=\"(max-width: 195px) 100vw, 195px\" \/><\/a> edificio de viviendas de la calle Ruajavieja se hundi\u00f3 en la madrugada del d\u00eda 4 de marzo de 1979, sepultando bajo toneladas de escombros y cascotes a diez personas; una familia entera de gitanos.<br \/>\nSeis ni\u00f1os, menores de 16 a\u00f1os, sus padres y un adulto fueron atrapados bajo la ruina. El inmueble, una cochambrosa casa de tres pisos, se torn\u00f3 en sepultura de diez personas que pl\u00e1cidamente dorm\u00edan. En los bajos del inmueble se guardaba un reba\u00f1o de ovejas, y parad\u00f3jicamente los animales se salvaron al resistir el techo de la cuadra.<\/p>\n<p>Mientras se desarrollaban las dif\u00edciles labores de salvamento, la gitaner\u00eda clamaba por su desamparo, por sus primos enterrados. Varios cal\u00e9s, los m\u00e1s decididos, se adelantaron para penetrar en el edificio, revolver entre los escombros y buscar a los suyos: \u201cJai, que lo mismo est\u00e1n vivos todav\u00eda\u201d. No se lo permitieron. El se\u00f1or Lorente, jefe de bomberos, se neg\u00f3 a aceptarlos como refuerzos, \u201cpor el gran peligro que se cierne sobre todos los que trabajan en la zona siniestrada.\u201d<br \/>\nEn el lugar de los hechos se personan Javier S\u00e1enz Cosculluela y Manolo S\u00e1inz Ochoa, pol\u00edticos del PSOE. Miran espantados y no dicen nada. Tambi\u00e9n comparecen F\u00e9lix Palomo, y Ruiz de Vi\u00f1aspre, m\u00e1s tarde Escart\u00edn y Rodr\u00edguez Moroy, de la UCD. Oraciones exclamativas, y pesadumbre.<br \/>\nEl jefe de bomberos declara: \u201cLos escombros est\u00e1n totalmente apelmazados, y es necesario trabajar con los brazos, sacando los cascotes cesto a cesto\u201d.<br \/>\nA la una y media aparec\u00eda, entre los restos de una cama y un colch\u00f3n de espuma, el cad\u00e1ver de Manuel, de 16 a\u00f1os. A partir de este hallazgo los trabajos de rescate se hicieron m\u00e1s penosos y se precisaron medios mec\u00e1nicos para extraer los grandes bloques de piedra que aprisionaban los cuerpos de los cinco ni\u00f1os desaparecidos.<br \/>\nEn la Ruavieja anochece, es invierno, han tra\u00eddo focos para iluminar la zona; a\u00fan faltan por desenterrar gitanillos entre la montonera de cascotes, y vigas. El lugar es una ratonera con altos tabiques suspendidos sobre las cabezas de los bomberos y que pueden derrumbarse en cualquier momento.<br \/>\nHacia las seis y media se lograba abrir la puerta que comunicaba la parte baja de la casa derruida con la calle San Gregorio y eran las siete menos cuarto cuando se encontraron tres nuevos cuerpos, que r\u00e1pidamente fueron reconocidos por sus familiares: Yolanda, de tres a\u00f1os; Milagritos, de siete, y Mario, de cinco. Alaridos de dolor, los cuerpitos yertos de los ni\u00f1os est\u00e1n cubiertos de polvo. Nadie comprende tanta desgracia. Y enseguida, dos muertos m\u00e1s, otros dos ni\u00f1os peque\u00f1os: Marco y Juan, que dorm\u00edan junto a sus hermanos cuando les sorprendi\u00f3 la desgracia.<br \/>\nNo falta nadie, todos los muertos est\u00e1n contados: nueve; padre, madre, seis de sus hijos, y un adulto. Las ovejas del reba\u00f1o, encerradas en el s\u00f3tano bajo toneladas ruina, balan sin piedad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gitanos muertos (y 2) Un antiguo edificio de viviendas de la calle Ruajavieja se hundi\u00f3 en la madrugada del d\u00eda 4 de marzo de 1979, sepultando bajo toneladas de escombros y cascotes a diez personas; una familia entera de gitanos. 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