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	<title>El maestro | Loco por incordiar - Blogs larioja.com</title>
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		<title>El maestro | Loco por incordiar - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Dec 2013 11:37:49 +0000</pubDate>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>Nos hemos tirado años pensando que la solución para todos nuestros problemas educativos <strong>estaba en internet</strong>. Salía el gobierno (cualquier gobierno) y sacaba pecho porque había logrado introducir 2,7 ordenadores por aula. Aparecíamos entonces los periódicos y titulábamos aquello con letras de medio metro, como si de verdad fuera importante. Empezábamos a hablar de pizarras digitales, de un ipad por cada alumno, del futuro promisorio que a todos nos aguardaría en cuanto cada chaval pudiese conectarse desde su pupitre.</p>
<p><strong>Por fortuna (¡por fortuna!) la crisis frenó esa supuesta revolución</strong>. En las aulas de La Rioja apenas hay un ordenador macilento que los críos usan por turnos. Me alegro: aquella efusión informática sonaba más a tontería de nuevo rico que a política educativa sensata.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Hace un par de años, <a href="http://www.nytimes.com/2011/10/23/technology/at-waldorf-school-in-silicon-valley-technology-can-wait.html?_r=2&amp;pagewanted=all&amp;">el ‘New York Times’ publicaba un reportaje sorprendente</a>: los grandes gurús de las nuevas tecnologías eligen para sus hijos escuelas sin pantallas. Sin ordenadores. Solo pupitres, libros (de papel), cuadernos y lapices… <strong>Y un maestro</strong>. «La idea de que con una app y un ipad mi hijo aprenderá mejor a leer y a calcular es simplemente ridícula», decía Alan Eagle, a la sazón ingeniero informático y alto ejecutivo de Google.</p>
<p>Traigo esto a colación porque siento que, metidos de lleno en nuestro cotidiano follón educativo, se nos escapa lo principal: necesitamos buenos maestros, que no se limiten a señalar con un puntero los ríos de Europa, sino que <strong>acompañen a los alumnos en su aprendizaje</strong>.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Cuando miramos con asombro el sistema finlandés, se nos suele olvidar que, en aquellas llanuras heladas, solo los estudiantes más motivados y con mejores expedientes pueden plantearse cursar Magisterio, <strong>una de las carreras más prestigiosas y socialmente reconocidas</strong>.</p>
<p><a href="/locoporincordiar/wp-content/uploads/sites/2/2013/12/Maestro.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter size-medium wp-image-277" title="DOCU_RIOJA" src="/locoporincordiar/wp-content/uploads/sites/2/2013/12/Maestro.jpg" alt="" width="205" height="300" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/2/2013/12/Maestro.jpg 1332w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/2/2013/12/Maestro-205x300.jpg 205w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/2/2013/12/Maestro-768x1123.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/2/2013/12/Maestro-701x1024.jpg 701w" sizes="(max-width: 205px) 100vw, 205px"></a></p>
<p> </p>
<p>(*) En la fotografía, de mi compañera Sonia Tercero (soniaterceroproducer), una maestra da clase en un colegio riojano.</p>
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