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	<title>500 | Loco por incordiar - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Wed, 11 May 2016 17:40:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>piogarcia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una vez me dieron un billete de 500 euros. Al principio me hizo ilusión. Lo vi morado y orondo, fecundo y promisorio. Luego empecé a sentirme sucio. Lo saqué de la billetera para que la gente no murmurara y lo guardé cuidadosamente entre las páginas de un libro. Lo coloqué en el capítulo LXVIII de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><strong>Una vez me dieron un billete de 500 euros</strong>. Al principio me hizo ilusión. Lo vi morado y orondo, fecundo y promisorio.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><strong>Luego empecé a sentirme sucio</strong>. Lo saqué de la billetera para que la gente no murmurara y lo guardé cuidadosamente entre las páginas de un libro. Lo coloqué en el capítulo LXVIII  de la segunda parte del Quijote («De la cerdosa aventura que le aconteció a don Quijote»). Ese día apenas pude conciliar el sueño. Di mil vueltas en la cama, inquieto, sudoroso, desesperado. Algo me corroía por dentro: <strong>una íntima  y vaga desazón</strong>. A las cinco de la mañana me levanté, tomé un café y supe lo que me pasaba: había cometido una profanación.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Fui a la estantería, cogí el Quijote, saqué el billete de 500 euros e intenté meterlo en otro libro, pero no encontré ninguno adecuado. Desesperado, atrapado en una decisión irresoluble, esperé a que dieran las nueve, me vestí, bajé a la librería, fui a la sección ‘Periodismo’ y, tapándome la cara con un pasamontañas, compré <em>Ambiciones y reflexiones</em>, de Belén Esteban. Me regalaron una botellita de vino. Guardé el billete entre sus páginas y oculté el libro entre las obras completas de Paulo Coelho.  Luego me bebí el vino.<br>
<strong>Pero seguí sintiéndome sucio</strong>, víctima de una vergüenza cada vez más profunda y dolorosa. No podía pagar nada con él y tampoco quería llevarlo al banco y soportar la mirada torva e inquisidora del cajero. Angustiado, consumido, definitivamente aterrado, alguien me pasó un número de teléfono.</p>
<p>Llamé.</p>
<p><strong>Me contestó una señora de voz ronca</strong>. Entre sollozos, le conté mi problema. La señora de voz ronca –creo que se llamaba Rita– soltó una carcajada gutural y dijo que le diera el billete, hombre, que ella no hacía preguntas y se encargaba de todo.</p>
<p><strong>Le estoy muy agradecido</strong>.<a href="/locoporincordiar/wp-content/uploads/sites/2/2016/05/GF0KG7R1.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-385" title="DOCU_GRUPO A bank employee holds a pile of 500 euro bank notes in Madrid" src="/locoporincordiar/wp-content/uploads/sites/2/2016/05/GF0KG7R1.jpg" alt="" width="300" height="163" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/2/2016/05/GF0KG7R1.jpg 3759w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/2/2016/05/GF0KG7R1-300x164.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/2/2016/05/GF0KG7R1-768x419.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/2/2016/05/GF0KG7R1-1024x559.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a></p>
<p>(*) Esta foto de la Agencia Reuters retrata el momento en que Rita me enseña cómo manejar billetazos.</p>
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