{"id":404,"date":"2016-09-11T12:38:08","date_gmt":"2016-09-11T11:38:08","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/?p=404"},"modified":"2016-09-11T12:38:08","modified_gmt":"2016-09-11T11:38:08","slug":"aburrimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/2016\/09\/11\/aburrimiento\/","title":{"rendered":"Aburrimiento"},"content":{"rendered":"<p>En el verano,<strong> los ni\u00f1os de antes nos aburr\u00edamos<\/strong>. No hab\u00eda ludotecas ni campus de f\u00fatbol ni actividades extraescolares ni animadores infantiles. Por las tardes, tumbados en el sof\u00e1, ve\u00edamos esas primeras etapas del Tour de Francia, largas como una penitencia, en las que nunca pasaba nada, salvo alguna ca\u00edda multitudinaria en una rotonda, mientras afuera el sol atizaba despiadadamente y se abat\u00eda sobre nosotros un sopor colosal, <strong>un sopor implacable y espeso<\/strong>, que nos hund\u00eda en<a href=\"\/locoporincordiar\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2016\/09\/GF1F6LZ1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-405\" title=\"DOCU_GRUPO S\u00c9PTIMA ETAPA DEL TOUR DE FRANCIA\" src=\"\/locoporincordiar\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2016\/09\/GF1F6LZ1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2016\/09\/GF1F6LZ1.jpg 4096w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2016\/09\/GF1F6LZ1-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2016\/09\/GF1F6LZ1-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2016\/09\/GF1F6LZ1-1024x683.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a> unas siestas oscuras de las que uno emerg\u00eda dos horas despu\u00e9s aturdido y desmelenado, sudoroso, como quien acaba de superar un virus terrible.<\/p>\n<p>En aquellas tardes de verano, <strong>el tiempo se dilataba<\/strong> como en las teor\u00edas de Einstein o en los cuadros de Dal\u00ed y los minutos se estiraban y las horas languidec\u00edan y no hab\u00eda, en fin, nada que hacer.<\/p>\n<p>Aquel era un aburrimiento profundo, un aburrimiento de cuarenta grados a la sombra, un aburrimiento silencioso que, a veces, inesperadamente, engendraba torbellinos. Acuciado por el tedio, <strong>de pronto a uno se le ocurr\u00edan ideas abominables<\/strong>, como agarrar una carabina y pegar cuatro tiros a los pajarillos o hacer locuras con la bicicross para acabar descalabrado en alguna acequia. En otras ocasiones, sin embargo,<strong> el hast\u00edo invitaba a coger un libro<\/strong> y a leerse de una sentada <em>Los tres mosqueteros<\/em> o <em>El conde de Montecristo<\/em>, o a inventarse apasionantes aventuras que convert\u00edan el pueblo en el r\u00edo Amazonas o en la Siberia rusa, seg\u00fan uno quisiera ser De la Quadra Salcedo o Miguel Strogoff.<\/p>\n<p>Pienso ahora en aquellos veranos y me da un poco de l\u00e1stima que los chavales de hoy, <strong>sometidos a tantos y tan fren\u00e9ticos est\u00edmulos, est\u00e9n perdiendo \u2013\u00a1tambi\u00e9n en verano!\u2013 esa sensaci\u00f3n de aburrirse<\/strong>, de no saber qu\u00e9 hacer, de no tener nada previsto ni organizado. El aburrimiento, bien mirado, suele ser fecundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(*) En la fotograf\u00eda, de Efe, el pelot\u00f3n ciclista pasa por un campo de girasoles en una etapa larga y llana del Tour de Francia. Me est\u00e1 entrando sue\u00f1o solo de escribirlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el verano, los ni\u00f1os de antes nos aburr\u00edamos. No hab\u00eda ludotecas ni campus de f\u00fatbol ni actividades extraescolares ni animadores infantiles. 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