{"id":52,"date":"2010-04-26T08:10:00","date_gmt":"2010-04-26T08:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/?p=52"},"modified":"2010-04-26T08:10:00","modified_gmt":"2010-04-26T08:10:00","slug":"llegas-tarde-evo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/2010\/04\/26\/llegas-tarde-evo\/","title":{"rendered":"Llegas tarde, Evo"},"content":{"rendered":"<p>A los diecinueve a\u00f1os, yo era un muchacho espigado, flaco como una espada, que luc\u00eda una melenita imponente: el pelo, lacio y casta\u00f1o, aterrizaba en mi espalda sin formar un solo caracolillo. Probablemente, me sentaba bastante mal (es el problema que tenemos los feos, que todo nos sienta regular), pero a m\u00ed me gustaba notar aquel roce capilar cuando cog\u00eda la bici o cuando jugaba al f\u00fatbol o incluso cuando estudiaba.<\/p>\n<p>Entonces sucedi\u00f3 el desastre: mis pelos adquirieron s\u00fabitos impulsos suicidas y, cada vez que el peine los rozaba, se precipitaban al vac\u00edo en cuadrilla, como si huyeran de alg\u00fan espantoso demonio. Mi coqueta raya en medio fue, poco a poco, adquiriendo proporciones de cortafuegos. <\/p>\n<p>Determinado a no rendirme sin presentar batalla, acud\u00ed a los expertos. Mi primer encuentro con un dermat\u00f3logo fue frustrante: entr\u00e9 su despacho, ansioso por encontrar una respuesta, y lo vi sentado en su sill\u00f3n, orondo y sonriente, calvo como un chupach\u00fas. A\u00fan as\u00ed, no desesper\u00e9 y decid\u00ed untarme la cabeza con cualquier ung\u00fcento que me recomendaran: me ba\u00f1\u00e9 en minoxidil, me frot\u00e9 con varias hierbas y finalmente me sumerg\u00ed en alquitr\u00e1n, gracias a lo cual adquir\u00ed un agradable olor a carretera a medio asfaltar que me hizo muy popular entre las chicas.<\/p>\n<p>Los resultados pueden ustedes contemplarlos en la foto superior. <\/p>\n<p>Y ahora oigo a Evo Morales, cient\u00edfico empirista, y descubro, por fin, que soy calvo por culpa de las patatas holandesas. No recuerdo haberlas comido jam\u00e1s, pero observo su melenaza irredenta, casi salvaje, y pienso: qui\u00e9n te hubiera conocido a los diecinueve, Evito m\u00edo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A los diecinueve a\u00f1os, yo era un muchacho espigado, flaco como una espada, que luc\u00eda una melenita imponente: el pelo, lacio y casta\u00f1o, aterrizaba en mi espalda sin formar un solo caracolillo. Probablemente, me sentaba bastante mal (es el problema que tenemos los feos, que todo nos sienta regular), pero a m\u00ed me gustaba notar [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=52"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=52"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=52"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/locoporincordiar\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=52"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}