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	<title>Bares televisados (Donde todo el mundo sabe tu nombre) | Logroño en sus bares - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Bares televisados (Donde todo el mundo sabe tu nombre) | Logroño en sus bares - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Mar 2013 16:25:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/frasier-buena.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-111" title="Los hermanos Crane, Niles y Frasier, compartiendo un café" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/frasier-buena.jpg" alt="Los hermanos Crane, Niles y Frasier, compartiendo un café" width="315" height="160" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/frasier-buena.jpg 315w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/frasier-buena-300x152.jpg 300w" sizes="(max-width: 315px) 100vw, 315px"></a></p>
<p>Llevaba tiempo pensando en publicar un post sobre un asunto decisivo en mi educación sentimental, la fusión entre <strong>bares y televisión</strong>, pero no acertaba a dar con el vínculo adecuado. Hasta que leyendo hace días el último número de<strong> ‘Jot Down’</strong> como San Pablo de su caballo, yo me caí del sofá: ahí estaban los hermanos <strong>Crane, Frasier y Niles</strong>, compartiendo confidencias en el café que ejerce de alternativa al sempiterno decorado de sus peripecias, el apartamento de <strong>Seattle</strong> con vistas a la célebre torre <strong>Space Needle</strong>… Ese café, una especie de <strong>miniStarbucks</strong> (franquicia que por cierto también nació en Seattle), encerraba la línea argumental que yo buscaba, porque así fue como conocí a mi psiquiatra favorito: como cliente de un bar. Pero no de cualquier bar. El bar catódico llamado ‘<strong>Cheers</strong>’. El bar donde todo el mundo sabe tu nombre.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/cheers.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-112" title="El elenco de 'Cheers', en el figurado bar homónimo" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/cheers.jpg" alt="El elenco de 'Cheers', en el figurado bar homónimo" width="600" height="430" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/cheers.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/cheers-300x215.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px"></a></p>
<p>‘Cheers’ representó para mí durante años la cumbre de la teleserie de humor. Me gustaba tanto, la tenía y tengo tan idealizada, que me resisto todavía hoy a ver algún capítulo: temo que haya quedado desfasada. Que me defraude. Su galería de personajes, desde el protagonista a los secundarios, me parece inigualable. Los guiones funcionaban como relojes suizos y cada detalle (la sintonía, los títulos de crédito, los botellines de agua de <strong>Ted Danson</strong>) ayudaba a construir una atmósfera especial. Eso que llaman magia: la magia de la tele, sumada a la magia de un bar donde a mí me hubiera gustado pasar un rato. No lo descarto: aunque tropecé hace nada con un hermano gemelo de aquel garito paseando por <strong>Dublín</strong>, el original se sitúa en <strong>Boston</strong>, ciudad que merece una visita aunque sólo sea para acodarse en aquella barra formato circo romano, donde un grupo de perdedores (mi favorito era el gordo llamado ‘<strong>Noooorm</strong>’) se daba mutuamente carrete a la espera de que cayera por allí algún listillo. Un tal <strong>Frasier</strong>, por ejemplo.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Nuestro hombre, el neurótico caballero interpretado por el estupendo <strong>Kelsey Grammer</strong>, protagonizó una de las primeras<strong> ‘spin-off’</strong> que yo recuerdo: el salto de una serie a otra a través de las aventuras de un secundario de la primera que pasa a ejercer como epicentro de la siguiente. Una pirueta que suele dar malos resultados pero no en este caso: Frasier me sigue pareciendo otra cumbre de la comedia de humor, ese artefacto fabricado en <strong>Estados Unidos</strong> con un talento inimitable. En menos de una hora, tres vetas narrativas se entretejen alrededor de la columna vertebral del relato (las desventuras de un pobre diablo y su consultorio radiofónico, atormentado por sus neuras y sus fracasados ligues), mientras un coro de comediantes en estado de gracia compiten en destreza para el gag, la ironía seca, el chiste con doble y triple lectura, la gestualidad propia del cine mudo… Veo algún episodio de Frasier de vez en cuando y continúa siendo un producto de elevada calidad: nunca decepciona y muchas veces te lleva lejos, muy lejos.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/big-bang-theory.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-113" title="Grupo de 'nerds' tomando algo en el bar de la facultad" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/big-bang-theory.jpg" alt="Grupo de 'nerds' tomando algo en el bar de la facultad" width="256" height="192"></a></p>
<p>Tan lejos como que a través de sus héroes veo el precedente de otra serie actual que (me parece) trata de lo mismo: unos inadaptados haciéndose fuertes en casa y concediéndose apenas un respiro para citarse en un café… o en el bar de la facultad. En las entrañas de <strong>‘The big bang theory’</strong> he creído encontrar otra línea de continuidad: si ‘Frasier’ es ‘Cheers’ por otros medios, el inmarcesible <strong>Sheldon Cooper</strong> puede declinarse como una suerte de hermano menor del gran Niles Crane, a su vez hermano menor de Frasier. El actor <strong>David Hyde Pierce,</strong> comediante de primer orden, semeja a <strong>Jim Parsons</strong> (Sheldon) en sus manías, sus problemas con las tías, su pedantería, su nula habilidad social… Podemos ver a Niles como el primer ‘nerd’ televisivo igual que puede uno asomarse a cualquier episodio de ‘Cómo conocí a vuestra madre’ y coincidir conmigo: ah, aquí están los hermanitos pequeños de <strong>Ross</strong>, <strong>Chandler</strong>, <strong>Phoebe</strong> y compañía. Que de eso irá la segunda entrada de esta serie sobre los bares televisados.</p>
<p>P.D. Gracias al citado ejemplar de ‘Jot Down’ me entero de la atormentada vida de Kelsey Grammer, cuyas peripecias os recomiendo conocer. Y me entero también de que el propio actor, fanático de la música, interpreta la canción que cierra cada episodio de ‘Frasier’. El tipo tiene clase.</p>
</body></html>
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