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	<title>Gilda: salada, verde y picante | Logroño en sus bares - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Gilda: salada, verde y picante | Logroño en sus bares - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Nov 2013 18:47:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/11/gilda.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-249" title="Gildas en la barra del Ibiza de Logroño" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/11/gilda.jpg" alt="Gildas en la barra del Ibiza de Logroño" width="600" height="785" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/11/gilda.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/11/gilda-229x300.jpg 229w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px"></a></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Ya se ha mencionado aquí en otras entradas, aunque hoy sea difícil de creer: hubo un tiempo en que las <strong>barras logroñesas</strong> permanecían vírgenes al universo de la tapa, el mundo de la cazuelita, el ámbito del pincho. Esa conquista es reciente; uno vagabundeaba por la <strong>calle Laurel</strong> y apenas le asaltaba un breve rosario de oferta culinaria. Los champis del <strong>Soriano</strong>, las bravas del <strong>Jubera</strong>, los pinchos morunos del <strong>Páganos</strong> y casi que para uno de contar. La fiebre gastronómica que tanto abrillanta el rito del chiquiteo ha ido ganando terreno con el paso del tiempo, hasta alcanzar hoy alguna cumbre: uno puede muy bien alimentar el buche mientras refresca el gaznate, a la vez que también se anima la vista porque la verdad es que la mayoría de esos bocados entran primero por los ojos.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>En aquella época, sin embargo, apenas se mantenía cierta fidelidad a la gastronomía mediante el recurso que acreditaron algunos bares de ofrecer ese monumento al ingenio que a mi juicio representa el humilde pincho llamado <strong>gilda</strong>, como la célebre película, a la que debe precisamente el nombre. ¿De qué estamos hablando? Pues de ese combinado de anchoa, aceituna y guindilla, que añade a veces pepinillo y forma una asociación a mi juicio imbatible como aperitivo. Ensartados sus ingredientes mediante el bizarro palillo, el resultado se denomina así, gilda, porque sus creadores pensaban en la mismísima <strong>Rita Hayworth</strong> cuando idearon este manjar: como la protagonista de la famosa peli y receptora de la no menos legendaria bofetada, esta banderilla es “salada, verde y un poco picante”, según informa la <strong>Wikipedia</strong>. Y no seré yo quien lo rectifique: salada, verde (ejem, un término ya un pelín pasado de moda) y picante era la protagonista de aquel film que sigo venerando, y salada, verde y picante es la tapa que desde hace décadas se distribuye ya elaborada en conserva. Amortajada: como la propia Hayworth, que en gloria esté.</p>
<p>La propia <strong>Wikipedia</strong> me recuerda un dato que alguien me mencionó algún día y ya había olvidado: que la gilda nació en un bar de <strong>San Sebastián, Casa Vallés</strong> (calle Reyes Católicos, 10, donde aún aguanta), a cuyo propietario se le ocurrió pensando en algún bocado que animara a la ingesta de vino. Lo cuenta en su <a href="http://historiasdelagastronomia.blogspot.com.es/2008/05/la-gilda-pintxo-y-no-rita-hayworth-naci.html%20" target="_blank">blog </a>con todo lujo de detalles (incluido un paseo por los vinos de Rioja) el caballero apodado <strong>Apicius Apicio</strong>, cuya entrada recomiendo leer. Como los encurtidos excitan los jugos gástricos con una eficacia inigualable, la gilda se entronizó en los bares de la España del siglo pasado y ahí la tienen ustedes, resistiendo el avance de las tropas de <strong>Ferrán Adriá</strong> muy gallardamente. De hecho, todavía ahora, cuando tropiezo con esa tapa en algún mostrador, siento como un escalofrío, porque regreso con ella al pasado y temo que en cualquier momento vuelvan también el tapete de hule, las mesas de formica y otros rancios atributos de los tiempos de <strong>Cuéntame</strong>. Porque la gilda apenas ha evolucionado desde aquellos lejanos años en que se hizo presente (hay quien le añade huevo duro, ingrediente que a mi parecer desvirtúa el hallazgo original) y esa perseverancia en mantenerse fiel a la tradición la hará siempre muy atractiva a mis ojos. Tan atractiva como la propia Hayworth con quien tantas cosas comparte. Ya lo sabe usted, improbable lector: salada, verde y un poco picante.</p>
<p>P.D. La foto que ilustra estas líneas está tomada en el venerable <strong>Ibiza</strong> pero la gilda se encuentra aún en numerosos <strong>bares logroñeses,</strong> con frecuencia los más castizos. Admite distintas preparaciones, como el citado detalle del huevito duro de codorniz, pero las fuentes consultadas coinciden en señalar al bar <strong>La Hez</strong> de la calle Laurel como el templo de la gilda entre nosotros. Así que larga vida a la Hez y larga vida a la gilda.</p>
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