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	<title>Los bares ingleses | Logroño en sus bares - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Los bares ingleses | Logroño en sus bares - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Oct 2017 10:29:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/10/ingl%C3%A9s-2.jpeg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-917" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/10/ingl%C3%A9s-2-300x39.jpeg" alt=" " width="300" height="39" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/10/inglés-2-300x39.jpeg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/10/inglés-2.jpeg 697w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a></p>
<p> </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Ah, el bar. <strong>Hermosa palabra: bar</strong>. De etimología extranjera, por cierto. Inglesa. Así que puesto que procede del <strong>inglés</strong>, no debería extrañarnos que de ese idioma provengan otras voces hermanas que apuntan hacia el mismo universo hostelero. Cualquiera podrá recordar, si peina alguna cana, el momento glorioso en que irrumpió entre nosotros otro concepto análogo: el <strong>pub</strong>. “¿Qué es un pub?”, nos preguntamos. “Ni idea” fue la contestación más generalizada. Aunque en nuestro párvulo caletre ya anidaba la idea imprecisa de que el pub era un bar, aunque de categoría más elevada. Poseía un estatus superior, derivado de su propio nombre (el cual remitía a la querida Inglaterra según la magra información que nos llegaba), y también de su más elegante aspecto. <strong>El Robinson de la Gran Vía,</strong> según recuerdo, fue el primer establecimiento cuyas puertas se abrieron encabezadas por semejante nomenclatura. Y claro: intimidaba. De modo que hubo que esperar a que se popularizase ese nuevo concepto<strong> por las calles Vitoria y alrededores</strong> para que el pub se entronizara entre nosotros, ingresáramos sin miedo y pasarámos a la siguiente pantalla: a ver cuál sería la siguiente ocurrencia en materia de bares anglófilos…</p>
<p>…Que ahora ya adoptan la forma de invasión. De repente, como habrá detectado el improbable lector,<strong> la modernidad hostelera ha adoptado el vocabulario inglés</strong>. En los bares que aspiren a ingresar en el olimpo de lo novedoso, ha nacido incluso una jerga propia, como queda claro desde la rotulación. Ya no hay comida: todo es <em>food</em>. Ni tragos: la palabra fetiche es <em>drink</em>, verbo que con seguridad pocos sabrán luego conjugar (se lo aclaro gratis: <em>drink/drank/drunk,</em> si<strong> la profesora Julia Baigorri</strong> no me engañaba). Hay garitos que se intitulan <em>friendly</em>. Otros van más lejos: son friendly, desde luego, pero sobre todo para las mascotas. Perdón, <em>pets</em>. Y así sucesivamente: el castizo cafelito se ve sustituido por el británico <em>coffee</em>, que mejorará sin duda su calidad para amoldarse a su nueva denominación. El bar de vinos, tan cañí, se transformó hace tiempo en <em>wine bar</em>. Y refrescarse el gaznate con una caña representa un placer muy inferior al derivado de solazarse con una <em>beer</em>.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Todos estos vocablos, y unos cuantos más, se han apoderado de nosotros mediante una eficaz campaña de marketing que, sin embargo, carece de recorrido en la vida real. Lo cual es una pena. Quiere decirse que la clientela conspicua se resiste a ser dominada por los hijos de la Gran Bretaña y alrededores, de modo que nos evita espectáculos muy prometedores, porque serían desternillantes. Ver por ejemplo a una cuadrilla de chiquiteadores natos pidiendo a Manolo en <strong>El Soldado</strong> ches o cuacho <em>wine glasses</em>, por ejemplo. O acudir al <strong>Soriano</strong> y reclamarle la ración diaria de <em>mushroom</em> (<em>with prawn, please</em>). O acudir luego al <strong>Jubera</strong> a por una cazuela de <em>brave potatoes,</em> mientras los testigos de semejante marcianada lloramos de risa.</p>
<p>A esta lista imaginaria puede añadir quien lo desee sus propias locuras. No debe entenderse sin embargo que esta moda merezca reproches entre quienes la practican: el dueño de un bar que se resista a seguir la tendencia se arriesga a ser visto hoy como un sospechoso, ajeno a la modernidad. Un rancio, vaya. Así que no deberá extrañar<strong> la apertura de locales en Logroño</strong> como el que inspira estas líneas, un hallazgo reciente cuyo rótulo sirve para ilustrar mis cavilaciones. Donde no se limitan a despachar el mejor <em>coffee</em> ni una estupenda <em>beer</em>: es que tienen <em>much more</em> que ofrecer. De modo que, con total seguridad, cuando un parroquiano logroñés de toda la vida, ese tipo de ejemplares que usted y yo conocemos, se acode una mañana en la barra y no le convenzan las sugerencias del camarero, le hará la siguiente pregunta: “¿Y qué es eso de <em>much more</em>, chiguito?”. A lo cual, éste le responderá en perfecto inglés, como si fuera un locutor de la BBC: <em>“Of course: my taylor is rich and my mother is in the kitchen”</em>.</p>
<p>En fin… Serán enfermedades propias de la etapa de crecimiento de este nuevo universo donde florecen conceptos como el <strong>gastrobar</strong> e inventos similares. Pero ante todo, mucha calma: el tiempo lo filtra todo. Y habida cuenta la predisposición de la <strong>RAE</strong> para dar por buenas cuantas voces lleguen avaladas por el uso popular, no hay que preocuparse: dentro de unos años hablaremos todos en inglés mientras nos tomamos un trago. Sobre todo, en La Rioja, región que como no se cansan de recordar todos los consejeros de Educación<strong> de Luis Alegre a esta parte</strong>, es desde hace unos cuantos cursos perfectamente <strong>bilingüe</strong>. O está a punto de serlo, que nunca se sabe. De modo que mientras llega ese día, podemos solazarnos con la grandeza del idioma nacido en San Millán que dispone de una estupenda variedad de palabras para referirse a la misma realidad. Porque un bar es más que un bar: también puede ser taberna, cantina, mesón, tasca, café, cafetería, cervercería, pub o club. O ambigú, mi favorita. (<em>Sorry: my favourite word all over the world</em>).</p>
<p>P.D. La expansión del inglés, tan invasiva, conecta el ámbito de los bares logroñeses con otro sector pujante: el turismo. Es frecuente observar cuadrillas (o <em>groups</em>) de extranjeros deambulando por<strong> Laurel, San Juan y alrededores</strong>, maravillándose ante la oferta que ya conocen de primera mano los indígenas. Y, en consecuencia, los camareros logroñeses han tenido que refrescar su arsenal de conocimientos: antes sabían latín. Ahora, también inglés.</p>
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