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	<title>Logroño en sus baresambigú &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Un bar de cine</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Nov 2019 17:02:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Ambigú</strong>, hermosa palabra. Que se ha mencionado aquí alguna vez, a propósito de su pervivencia en distintos ámbitos, lo cual tiene bastante de heroico porque el tiempo del ambigú, los años en que tenía sentido, se van evaporando. Allá por San Mateo, el ambigú del <strong>Adarraga</strong> mereció alguna línea a cuenta de la hechicera Lourdes y ya entonces reaparecía el recuerdo de aquellos ambigús de antaño, que tan felices hicieron a quienes encuentran en los bares su pasatiempo favorito. El ambigú de <strong>La Manzanera,</strong> por ejemplo, demolido cuando la propia plaza. O los ambigús que festoneaban <strong>el viejo Las Gaunas,</strong> otra reliquia desparecida. O los ambigús de los cines, que uno no deja de añorar.</p>
<p>El del <strong>Diana</strong>, por ejemplo, representaba a mi humilde juicio la idealización suprema de este tipo de recintos. Elegante, discreto, se accedía a sus dominios superando la escalinata que saludaba al cinéfilo por el acceso de Juan XXIII; lo atendía una misteriosa dama, cuyo rostro se desvanece en mi memoria, aunque no la mercancía que despachaba  gentil, discreta como esa barra mínima que defendía. Hubo por supuesto ambigús en los otros cines diseminados por Logroño, que entonces  colonizaban  el corazón de la ciudad, miembros del mismo linaje: bares mínimos, como mínima era su oferta, condensada en unos botellines de refresco (sospecho que evitando la cerveza) y los snacks de rigor, vulgo aperitivos, embolsados para que el ruido de su apertura provocara  las primeras quejas de los vecinos de asiento y alguna regañina del acomodador. Ambigús del <strong>Sahor</strong> y los <strong>Dúplex</strong> (que creo recordar que lo compartían, como si fueran cines siameses unidos sólo por esa minúscula barrita), ambigú del <strong>Astoria</strong>, ambigú del <strong>Avenida</strong>&#8230;</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1423" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-1-1024x682.jpg" alt="" width="1024" height="682" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-1-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-1-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-1-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-1.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ambigú del <strong>Moderno</strong>. El cine que fue teatro y que desencadena estas líneas, porque las salas que lo sustituyeron acaban de estrenar inquilino en la persona de su vecino Mariano, que se traslada con parte de la <strong>familia Moracia </strong> y alrededores para dotar de vida ese espacio que, la verdad, no ha tenido suerte con los abastecedores que le precedieron. El martes se inauguró, explorando un futuro aledaño a la vida propia que distingue al bar central de donde procede el caballero Moracia, el Café Moderno, honor y gloria logroñesa. La ampliación de su negocio, para tomar bajo su astuta dirección el otro Moderno (el bar del cine, bautizado con rigor como Ambigú en esta nueva aventura) proporciona a la plaza de Martínez Zaporta un conjunto ahora mejor rematado, cuyos beneficios se extienden sobre otra de las ramificaciones de este pequeño emporio hostelero: la terraza. Terraza doble: la del café y la del ambigú. Así se evita Mariano reñirnos  el día en que por despiste ocupamos los veladores contiguos. Ya todas esas mesas, con sus respectivas sillitas, quedan bajo su jurisdicción.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1424" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-2-1024x682.jpg" alt="" width="1024" height="682" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-2-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-2-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-2-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-2.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pasado del nuevo local no invita desde luego al optimismo, porque ya se acaba de mencionar el rosario de tristes despedidas que ha protagonizado. Pero estando la familia Moracia  al frente, tengo la (casi) absoluta seguridad de que el futuro es suyo. Porque Mariano tiene buen ojo y mejor olfato para este negocio, garantiza un servicio atento y profesional y todo apunta a que ha acertado diversificando la oferta entre ambos establecimientos para que sean complementarios y no se hagan la competencia. Y porque además ha tenido el buen gusto de consagrar la decoración de su recién nacido ambigú a glosar la memoria del llamado séptimo arte, la magia del cine que tantas veces nos hizo disfrutar en esa misma sala: allí vi, por ejemplo, <em><strong>Sonrisas y Lágrimas</strong></em>, cinta que sigo sin olvidar porque cuando digo que la vi en realidad estoy mintiendo. La requeteví, aprovechándome de la magia de aquellas sesiones continuas que te permitian seguir las peripecias de<strong> Julie Andrews</strong> prácticamente en bucle. Do es trato de varón. Re, selvático animal. Etcétera.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-3.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1425" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-3-1024x682.jpg" alt="" width="1024" height="682" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-3-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-3-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-3-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-3.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De modo que Logroño ya cuenta con dobles parejas de ambigús. El coqueto recinto del <strong>Bretón</strong> que abre solo cuando hay función y que me sigue pareciendo uno de los espacios con mayor encanto de Logroño y este nuevo ambigú del otro gran teatro de la ciudad, el Moderno. Al que debe desearse, siguiendo el ejemplo arriba citado, muchas sonrisas y sólo lágrimas de felicidad. Un fundido a negro cada día con final feliz, para dicha no sólo de su clientela actual, sino también de quienes nos precedieron. Aquellos miembros del Logroño de la <em>Belle Epoque</em> que tuvieron la suerte de contar en la misma plaza, sin salir del mismo edificio, con teatro, luego cine, café, periódico y residencia de la familia que da nombre a la plaza. Aunque no estén ya entre nosotros, aquellos logroñeses sentirán perderse esta novedad tan fetén: un ambigú vuelve a habitar entre nosotros. Hasta Julie Andrews se alegra: mí indica posesión, fa es lejos en inglés, sol brillante estrella es&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-4.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1426" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-4-1024x682.jpg" alt="" width="1024" height="682" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-4-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-4-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-4-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/Moderno-4.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P. D. Según la <strong>RAE</strong>, la voz ambigú proviene del idioma francés y dispone de dos acepciones: por un lado, para distinguir a un tipo de comida compuesta por platos fríos y, por otro, ese otro sentido tan querido entre nosotros. Esto es, “un lugar de un local de espectáculos donde se sirven bebidas y cosas de comer”. El mapa de su etimología conduce en efecto hacia Francia, porque la emparenta con otro vocablo: la palabra ambiguo. Que es donde reside su atractivo: en ese fronterizo (y en efecto) ambiguo territorio donde tiene sentido como esa clase de comida que no se sabe si es almuerzo o cena. O como estos ambigús arriba citados, propietarios de un encanto del que lamentablemente carecen (ay) los que relevaron a los ubicados en el campo de fútbol y la plaza de toros. Los del nuevo Las Gaunas y <strong>La Ribera</strong> siguen buscando su identidad.</p>
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		<title>La dama del Adarraga</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Sep 2019 17:43:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando este viernes se disparó el cohete y<strong> San Mateo</strong> llenó de confeti <strong>las calles de Logroño</strong>, quienes celebran las fiestas tal vez ignoren que en realidad habían empezado, de modo sigiloso, el día anterior: con el disparo del cohete oficioso, que tiene lugar según manda una reciente tradición en el frontón Adarraga, cuyo castizo ambigú gobierna con mano diestra la jefa de todo esto, Lourdes Espiga. Quien el jueves se desvivía preparando los útiles que sirven para este otro rito iniciático: la cata de sardinas. ¿Cata? ¿Sardinas? «Sí, <strong>catamos las sardinas</strong> que serviremos estos días en bocadillo y elegimos las que nos aconsejan».</p>
<p>El docto tribunal que emite su dictamen a la hora del aperitivo está formado por un paisanaje variopinto. Donde se mezclan profesionales de la pelota (por aquí aparece el mago <strong>Gorostiza</strong>, pinturero como cuando devolvía un dos paredes), aficionados de toda la vida, recién llegados y amigos de la entera confianza de Lourdes y su hermano <strong>Eduardo</strong>, que oficia como sacerdote supremo de esta liturgia tan logroñesa, bien bañada en aceite y mejor regada con vinos de la tierra. A cuya conclusión, el jurado se retira a deliberar y procura acertar con la decisión que Lourdes más o menos ya tiene tomada de antemano. Aunque ella, como el resto, disimula. Todos disimulamos.</p>
<p><strong>Viva San Mateo</strong>.</p>
<p>Y mientras se vacían las panderetas de sardinas y aparecen de repente Chusa y Blanca para sumarse al debate, aportando su gloriosa ensalada al estilo de la <strong>Taberna de Baco,</strong> Lourdes pone en marcha el retrovisor. Cuenta que lleva ya 24 años al frente de este delicioso rincón de Logroño, que la clientela del mercadillo lindante abarrota los domingos a la hora del vermú, y repasa una fecunda trayectoria en el sector hostelero que arrancó en el recordado La Taberna del  Escocés, el pub de la calle Vitoria que abrió <strong>Juan Remón</strong>. De donde saltó a otro local también desaparecido, la cafetería Llacolén de avenida de Portugal. Y allí comprobó que, en efecto, ese era su lugar en el mundo.</p>
<p>Y confiesa nuestra ejemplar dama, mientras concluye el protocolo de la elección de la sardina fetén, que cree que acertó. Porque le gusta el oficio de camarera, que ejerció cuando la presencia de una mujer no era tan frecuente en ese ámbito, y porque le gusta pensar que la parroquia que llenará a partir de hoy las gradas del Adarraga, mudas durante la cata, para darse cita con los astros de la pelota (los herederos de<strong> Barberito, Piérola, Lajos y Titín</strong>) también acude a darse un homenaje en forma de bocadillo de sardina con guindilla y el resto de golosinas que despacha en su bendito reino.</p>
<p>Donde ya hay veredicto: en la elección de material, ganan las sardinas de la marca <strong>Cortizo</strong>.</p>
<p><strong>Viva San Mateo.</strong></p>
<p>P. D. La tipología del ambigú es una de tantas del mundo hostelero que se baten en retirada. Aunque algunos resisten, también en Logroño: más allá del Adarraga, habrá que anotar la panoplia de ellas con que cuentan otros recintos deportivos (yo sigo añorando las que ocupaban el vientre del viejo <strong>Las Gaunas</strong>), la que alberga ese engendro arquitectónico que llaman plaza de toros (horror máximo) y sobre todo las que recuerdan nuestros corazones: el ambigú del Cine Diana, por ejemplo, aquel delicado rincón de discreta elegancia. O esos ambigús volantes ya desaparecidos: los hombres que voceaban su mercancía por La Manzanera y por (de nuevo) el difunto Las Gaunas. Que solían ser los mismos: los que pregonaban tragos (Kaskol) que desaparecieron con ellos.</p>
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		<title>Bienvenido al ambigú</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Feb 2013 09:56:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[Ambigú, hermosa entrada en el Diccionario de la Real Academia. Ambigú, voz de origen francés. Ambigú: según el Diccionario de Dudas, “adaptación gráfica de la voz francesa ambigu, que se usa en español con los sentidos de ‘comida compuesta de platos normalmente fríos que se sirven todos a la vez y espacio donde se disponen’ [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/ambigú.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-98" title="Ambigú del Teatro Bretón de Logroño, foto de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/ambigú.jpg" alt="Ambigú del Teatro Bretón de Logroño, foto de Justo Rodríguez" width="600" height="199" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/ambigú.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/ambigú-300x100.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p><strong>Ambigú</strong>, hermosa entrada en el <strong>Diccionario de la Real Academia</strong>. Ambigú, voz de origen francés. Ambigú: según el <strong>Diccionario de Dudas</strong>, “adaptación gráfica de la voz francesa ambigu, que se usa en español con los sentidos de ‘comida compuesta de platos normalmente fríos que se sirven todos a la vez y espacio donde se disponen’ y ‘lugar de un local de espectáculos donde se sirven bebidas y cosas de comer’. Su plural es ambigús”. Quedan ustedes por lo tanto invitados a entrar en este ambigú, una palabra que imagino en trance de desaparición porque a punto de desaparecer está el lugar al que dio nombre y porque hoy apenas nadie se toma la molestia de disponer de un ambigú allá donde antes era lo típico: en el cine, la estación de tren o la plaza de toros.</p>
<p>Lo cual es una pena. Repaso los ambigús donde alguna vez me estabulé desde la primera infancia y tengo que dejarlo: se me llenan los ojos de melancolía. El ambigú del <strong>cine Diana</strong>, por ejemplo, aquella humilde esquina ganada para la clientela donde nos aprovisionamos tantas veces de girasoles y golosinas. El del <strong>Moderno</strong>, otro tanto. Creo recordar que incluso el <strong>Sahor</strong> y los <strong>Duplex</strong>, que proponían en su momento otra forma de acercarse al cine, contaban con ambigú: un minúsculo quiosquillo defendido casi siempre por manos femeninas, donde se despachaba una mercancía varia que en algún momento incluyó cigarrillos sueltos. Era otra época, como se ve, cuando se podía fumar incluso en el cine.</p>
<p>Hubo más ambigús en Logroño que frecuenté menos, como el legendario de la antigua plaza de toros: la nueva de <strong>La Ribera,</strong> entre otros muchos defectos, retiró aquel rincón para reemplazarlo por una sucesión de barras desprovistas del encanto del ambigú de <strong>La Manzanera,</strong> epicentro del casticismo. Más habituado estaba a detenerme en otro, el de la estación de tren también difunta: como se ve, a instalación nueva, ambigú muerto. El de <strong>Renfe</strong> era una oscura cantina, un antro sin atractivo donde apenas apetecía detenerse, cuya parroquia solía estar formada por ferroviarios de rostros tiznados por el carboncillo que despedían las locomotoras. Añade usted algún viajante y tendrá el retrato de la eterna clientela de este tipo de garitos donde se consumía la espera entre tanto y tanto tren retrasado.</p>
<p>Repaso los ambigús que han desfilado por mi vida y encuentro que se diferencian de los bares convencionales en algún aspecto: en su tamaño, por ejemplo, de costumbre menor. Mucho menor. Y, sobre todo, en ese aire furtivo, provisional, propio de barras que sólo abrían en contadas ocasiones, vinculadas al tráfico que generase la instalación que les acogiera. Su horario y sus hábitos eran por lo tanto los propios del cine donde anidaban, la estación de tren que les albergaba, la plaza de toros en cuyo vientre se ocultaban. Había ambigús también emplazados en casas de comidas, de modo que era típico que en alguna de ellas te hicieran aguardar para darte mesa en una breve barrita situada a la entrada: el Iruña de la calle Laurel, por ejemplo, disponía en su acceso de un ambigú. Uno se tomaba allí el aperitivo antes de ingresar en el restaurante, civilizado hábito que algún cocinero todavía mantiene aunque al espacio destinado a estas operaciones le llame de otra manera: pero no te equivoques, amigo, eso es un ambigú.</p>
<p>Dejo para el final <strong>EL AMBIGÚ</strong>, así, con mayúsculas. El ambigú logroñés por excelencia, el que nos devuelve a aquellos años en que era común distraer la espera entre las dos películas de la añorada sesión doble, hoy transformado en un recoleto bar de enorme encanto que sirve para los mismos fines aunque, como le sucede al resto de sus hermanos, abre sólo sus puertas cuando la ocasión lo requiere: es el ambigú del <strong>Bretón</strong>, que podéis ver en esta hermosa foto de <strong>Justo Rodríguez</strong>.</p>
<p>P.D. Hay otro ambigú que resiste en Logroño: el del <strong>Adarraga</strong>. Le ocurre como a los demás, a los difuntos y a los que sobreviven: que sólo está disponible cuando lo está el frontón, lo cual no significa que sólo abra en días de partido o para la feria matea. Genera tanta actividad el mundo de la pelota, es tan común que <strong>Titín</strong> y compañía se ejerciten por allí un día sí y otro también, que me cuentan que el ambigú abre entre semana y se ha convertido en punto de encuentro de las familias que recogen a los niños en el vecino <strong>Alcaste</strong> y se detienen allí para el cafecito. Esto del cafecito lo supongo: no me imagino a los infantes sucumbiendo a los encantos del bocado célebre de este ambigú, su legendario <strong>bocadillo de sardinas con guindilla</strong>, que exige estómagos más recios. Aunque vaya usted a saber.</p>
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