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	<title>Logroño en sus barescalle Sagasta &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Toma chocolate</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Feb 2020 15:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1481" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-1024x682.jpg" alt="" width="1024" height="682" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Repasando viejos artículos, recupero ahora el recuerdo de una entrada ya bastante añeja, dedicado a glosar aquel local llamado <strong>Moreno</strong>, la chocolatería que algún otro logroñés del ala senior tampoco habrá olvidado: ubicada en la calle <strong>Sagasta</strong>, frontera con las escalerillas que conducen al <strong>Peso</strong>, disponía de unos cuantos alicientes adicionales a la gloriosa ingesta del néctar que le daba nombre. Tazones de chocolate riquísimo donde más de una generación aprendió a untar el churro, mesas de formica tanto en el espacio situado al nivel de la calle como en la cuevita instalada bajo ella  y una vitrina que sobrevivió a su cierre: allí se exhibía la vajilla del local como si fuera de Sevres o porcelana china. Como si fuera el mueble de la abuela, un enigma muy logroñés. Pasaba el tiempo y allí seguía la vitrina con sus tazas pop y otras joyas que fueron mutiladas por el gamberro de turno y que una mañana desaparecieron para siempre.</p>
<p>Moreno era la chocolatería por excelencia de aquel Logroño pero el improbable lector que haya cumplido unos cuantos años tal vez recuerde otras hermanas. <strong>Reyga</strong>, por ejemplo, donde más o menos se aloja hoy el Victoria de <strong>Víctor Pradera</strong>, amplísimo local muy socorrido para las fiestas de cumpleaños de la época (la época anterior al chiquipark y otras conquistas recientes); o una breve y angosta chocolatería situada en<strong> República Argentina</strong>, donde apenas tuve el gusto. Yo era de Moreno, por cercanía geográfica y vecindad sentimental y decantarme por otros locales de la competencia tenía algo de traición para mi corazón tan logroñés. Todavía hoy el aroma a churros y chocolate me sigue transportando mentalmente a ese recodo de la vida. Cuando parecía eterna.</p>
<p>Desde su adiós y desde que se despidieron sus gemelas, el chocolate en Logroño ha tenido mala suerte. No han cuajado unos cuantos intentos por completar el mapa de las distintas tipologías propias al sector hostelero, culpa también de que se trata de una ambrosía desaconsejada por su alto contenido en azúcares por la medicina moderna, que persigue también con semejante saña al amigo churro, una delicia que debe buscarse mejor en las churrerías ambulantes (o medio ambulantes) diseminadas por la ciudad. Los amigos de este manjar, entre quienes por supuesto me cuento, debemos reconocer nuestra derrota y conformarnos con darnos un homenaje cuando visitamos otras ciudades (<strong>Madrid</strong>, sobre todo, pero también <strong>Málaga, Granada o Sevilla</strong> según tengo observado: en Andalucía los nutricionistas aún no han triunfado). Algo semejante les ocurre a los incondicionales del chocolate: las alternativas que ofrece Logroño para su ingesta conducen a añorar los tiempos arriba mentados. La época dorada de Moreno y compañía.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1482" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-1-1024x538.jpg" alt="" width="1024" height="538" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-1-1024x538.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-1-300x158.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-1-768x403.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2020/02/churros-1.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero hay buenas noticias. Del armario donde unos y otros (los fans del churro, los devotos del chocolate) llevamos tiempo encerrados ha venido a nuestro rescate el de siempre, <strong>Mariano Moracia</strong>. Con su olfato infalible para los negocios, se hizo hace unos meses con el bar ubicado en los cines Moderno, al ladito mismo de su centenario café, y  ha obrado un milagro. Aquel local que misteriosamente languidecía, más tristón en cada uno de los fallidos intentos de resurrección, hoy está lleno casi siempre. Lleno a rebosar, desbordante de público. Veterano, la mayoría. Formado por esos logroñeses que añoraban la reconfortante taza de chocolate con su ración de churros y apenas disponía ya de algún establecimiento donde abandonarse a ese riquísimo vicio. Mariano acertó poniendo el acento en esa oferta que encaja me parece que fetén con ese otro placer que se bate en retirada: ir al cine. Abandonarse a la magia de la gran pantalla y antes de entrar, o tal vez a la salida, regalarse de paso una subida de azúcar. Diabéticos y maratonianos (también llamados raners) abstenerse.</p>
<p>El caso es que este hermano menor del Moderno ha triunfado. Al menos, así se deduce de cómo sus mesas y su barra disfrutan de una excelente entrada incluso en esas tardes de invierno, entre semana, cuando pasear por el viejo Logroño intimida, a ratos. No hay apenas nadie, la calle <strong>Laurel</strong> cercana tiene casi todos sus bares vacíos y sin embargo, allá adentro, una breve multitud se apiña para entregarse a ese néctar recuperado para la causa por la familia Moracia. Un viaje por esos metros cuadrados de la ciudad castiza tiene algo de viaje en el tiempo, el tiempo que entronizó a Moreno en el imaginario popular. Y deja en el aire alguna duda, una inquietante pregunta: qué hará Mariano Moracia cuando llegue el buen tiempo y encaje menos el chocolate con churros con la temperatura ambiente. ¿Horchata? ¿O limonada tal vez? Quién sabe si zarzaparrilla.</p>
<p>Continuará.</p>
<p>P. D. Los amantes del chocolate con churros disponen por supuesto para satisfacer su devoción de todos esos espacios ambulantes que festonean unos cuantos rincones de Logroño. <strong>Murrieta</strong>, la <strong>Glorieta</strong>, <strong>Las</strong> <strong>Gaunas</strong>&#8230; Allá podrá el interesado saciar sus expectativas con la rica ingesta de semejantes ambrosías; en mi caso, suelo elegir la churrería/furgoneta emplazada en el parque <strong>Gallarza</strong>. Donde se despacha una recomendable mercancía y el amigo churrero suele añadir de propina una unidad: 12 más uno. A cada cual mejor.</p>
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		<title>¿El bar más divertido?</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2015 18:03:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; El mensaje lanzado la semana pasada al improbable lector desde este blog en busca de bares con nombres juguetones alcanzó cierto eco, de modo que he juzgado conveniente cerrar con una nueva entrada esa búsqueda del bar cuya denominación nos parezca a quien esto escribe y a quien atienda al otro lado de la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/pirulo.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-501" title="Bar Pirulo, en el barrio logroñés de La Estrella" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/pirulo.jpg" alt="Bar Pirulo, en el barrio logroñés de La Estrella" width="539" height="960" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/pirulo.jpg 539w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/pirulo-168x300.jpg 168w" sizes="(max-width: 539px) 100vw, 539px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El <a title=" https://blogs.larioja.com/logronobares/2015/05/22/los-bares-mas-divertidos/" href=" https://blogs.larioja.com/logronobares/2015/05/22/los-bares-mas-divertidos/" target="_blank">mensaje </a>lanzado la semana pasada al improbable lector desde este <strong>blog</strong> en busca de bares con nombres juguetones alcanzó cierto eco, de modo que he juzgado conveniente cerrar con una nueva entrada esa búsqueda del bar cuya denominación nos parezca a quien esto escribe y a quien atienda al otro lado de la pantalla el más divertido, con sinceros agradecimientos a todos los que han participado en este juego. Entre ellos, <strong>Benjamín Blanco</strong>, que me habló el otro día de un bar llamado <strong>Celona</strong>, ubicado curiosamente en <strong>Madrid</strong>. Buen chiste. O el también compañero <strong>Toño del Río,</strong> quien se acordaba de otro garito madrileño denominado<strong> Bar Clays</strong>. Un bar con interés, propio para ahorradores. Supongo.</p>
<p>En sus comentarios a esa entrada en la <strong>web de Diario LA RIOJA</strong>, la amable y desconocida (también lo supongo) Arantxa recuperaba la memoria de aquel local llamado logroñés <strong>La Conejera,</strong> ubicado en la <strong>calle</strong> <strong>Cigüeña</strong>, cuyo nombre le intimidaba tanto como le divertía. “No me atreví a entrar”, recuerda. Se trata del mismo bar cuya primera denominación también apostaba por la rotulación chispeante e ingeniosa: se llamó <strong>Cacodilato</strong>. De aquella época, cuando bautizar a estos negocios con alguna invención que se apartara de lo convencional era tendencia, rememoro ahora el llamado <strong>Profesor Isopo,</strong> desaparecido hace años de su enclave en <strong>Jorge Vigón</strong>. De un poco antes es <strong>Braulio El Loco,</strong> pionero de<strong> la Zona</strong>, otro local que se distinguía por ese tipo de guiño a la clientela que nace de una denominación como poco&#8230; Hum, distinta.</p>
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<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/bar-der-troya.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-502" title="Bar Der Troya" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/bar-der-troya.jpg" alt="Bar Der Troya" width="540" height="718" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/bar-der-troya.jpg 540w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/bar-der-troya-226x300.jpg 226w" sizes="(max-width: 540px) 100vw, 540px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A través de Facebook también percibí un gratificante retorno de esta propuesta.<strong> Teodoro Hernáez</strong>, antiguo condiscípulo del colegio San José, me avisa de un asador canario llamado <strong>Misasuntos</strong>, una broma mejorable, creo. Más gracia me hizo un bar cercano, muy cercano: se aloja en el logroñés barrio de La Estrella y debo su aportación al amigo <strong>Manuel Sáenz Júdez</strong>. Se trata del <strong>Bar Pirulo</strong> (para chulo, chulo&#8230;). Lejos de casa, el colega<strong> José Luis Ouro</strong> rescata dos curiosidades: un local de <strong>Valencia</strong> bautizado como <strong>El ombligo de Sharon</strong> (¿Stone?) y otro de <strong>Malasaña</strong> tan largo como evocador: <strong>El perro de la parte de atrás del coche.</strong> Yo no me tomaría nada allí, ni un triste trago, la verdad. También añade el compinche Ouro otra cita logroñesa, el <strong>Barlovento</strong>, ubicado igualmente por <strong>La Estrella</strong>, como el <strong>Pirulo</strong>, y agrega una curiosidad, aunque como me advierte tiene toda la pinta de ser un fake: Bar der Troya. Como bien avisa, alguien debería quedarse con la idea.</p>
<p>Proseguimos. <strong>Noemí Iruzubieta</strong> propone que un empresario misterioso abra en algún lado un bar llamado Tolo (me troncho) y apunta hacia Laguardia para traer hasta aquí dos bares que pueden considerarse complementarios: al parecer, uno se llamaba <strong>Mete</strong> y otro <strong>Saco</strong>. Una seguidora igual de fiel, <strong>Julia Baigorri</strong>, pone el foco en el barrio de Cascajos, donde alerta de la presencia de una cervercería muy apropiadamente llamada <strong>Dame Kaña</strong>, donde me informa que tiran estupendamente la cerveza. La simpar <strong>Marian San Martini</strong> hace honor a su apellido y ofrece información jugosa en materia de bares: según recuerda, en una telenovela de los años 90 salía un garito llamado<strong> La mujer de arena</strong>, sugerente denominación que merecería pasar a este lado de la realidad, como bien afirma: “Siempre decía que si ponía un bar le llamaría así”.</p>
<p>Y de Facebook a Twitter. En ese otro mundo cada día menos virtual dejó su mensaje el amigo <strong>Manuel Martín,</strong> corroborado por otro <strong>Martín</strong>, apellidado <strong>Schmitt</strong>, quien parece algo conocer de bares. Así supe de un local denominado <strong>Donde Queráis</strong>, garito que completa una broma de este tipo: “¿Dónde quedamos? Donde Queráis”. El chiste, bastante malo por cierto, se le ocurrió a su promotor, un empresario argentino que regentó el bar en la <strong>calle</strong> <strong>Mayor</strong>, muy cerca de Mercaderes, hasta que acabó cerrando. Ahí sigue, con la verja echada y su nombre saludando todavía desde la rotulación.</p>
<p>Revisando por internet a partir de estas y otras aportaciones he observado que estos juegos de palabras son en su mayoría bastante pueriles. Ingenioso, ingenioso, pero ingenioso de verdad no he pillado ni uno. Me siguen haciendo más gracias (uno es así) aquellos hallazgos de hace algunos años que ya mencioné en la entrada inicial: <strong>No se lo digas a papá</strong> y cosas por el estilo. Estos otros inventos recientes tienen un aire naif que me recuerda a los tebeos de mi infancia, sobre todo los debidos a <strong>Ibáñez</strong>. Era habitual que sus personajes deambularan por locales llamados Bar Tolo, Bar Bacoa, Bar Budo o cosas por el estilo. Así que ahora que al papá de <strong>Mortadelo y Filemón</strong> le ha dado por ironizar con nuestra triste vida política, muy podría ilustrar las andanzas de mis detectives favoritos alrededor de este garito: el <strong>Bar Cenas.</strong> Nada menos. Especializado en chorizo. Nada menos.</p>
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<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/bar-cenas.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-503" title="Otro chiste en forma de bar" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/bar-cenas.jpg" alt="Otro chiste en forma de bar" width="600" height="372" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/bar-cenas.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/05/bar-cenas-300x186.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P.D. Puesto que en la entrada anterior proclamé mi preferencia por el bar llamado <strong>Turismo</strong>, periclitado en el siglo pasado en su sede de la <strong>calle Sagasta</strong>, el compañero <strong>Justo Rodríguez</strong> se apresuró a advertirme de un detalle que yo ignoraba: que en su fase final, alguien le borró las dos letras finales y pasó a denominarse simplemente Turis. <strong>Bar Turis</strong>. No lo conocí con esa nueva denominación: me quedo por lo tanto con el recuerdo de su nombre original y su aspecto primigenio. Cierro los ojos y lo vuelvo a ver: y lo que veo no es agradable. Puro lumpen, creo.</p>
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		<title>La Granja de mi vida</title>
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		<pubDate>Fri, 10 May 2013 11:07:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/05/Granja.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-172" title="Imagen muy antigua del café La Granja de la calle Sagasta de Logroño" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/05/Granja.jpg" alt="Imagen muy antigua del café La Granja de la calle Sagasta de Logroño" width="600" height="815" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/05/Granja.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/05/Granja-221x300.jpg 221w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Como este <strong>blog</strong> sirve como autobiografía logroñesa, el improbable lector ya habrá comprobado que de entre los bares que uno ha frecuentado surge  inevitable un ramillete de ellos que se repiten: el <strong>Tívoli</strong>, el Moderno, el <strong>Continental</strong>… Cada uno de ellos ha ocupado su propio espacio aquí en forma de entrada, aunque reparo ahora en que mi favorito de todo el parque logroñés no había gozado todavía de semejante honor. Con todos ustedes, <strong>La Granja</strong>.</p>
<p>En alguna ocasión ya había glosado a sus camareros más conspicuos. <strong>Santos</strong>, magistral mago que siempre sacaba un cruasán de la bocamanga y llevaba una sonrisa pegada a la cara, o <strong>Dámaso</strong>, gobernando la barra desde el puente de mando de la cafetera, monumental aparato que le tenía apartado siempre en la esquina del bar a la espera de que llegara, de tarde en tarde, su amigo <strong>Pepe Blanco.</strong> Cosa que cuando ocurría… Ese día era fiesta, porque el cantante agasajaba a los conocidos, como es natural, pero también a los desconocidos, a quienes trataba como si fueran colegas de toda la vida y se hacía cargo de la ronda. Era uno de tantos momentos dichosos en un bar que para mí representa lo que para Proust su magdalena, un eterno regreso al edén que tenía forma de tostada, aquel bocado bien rico en mantequilla que nos era ofrecido si nos portábamos bien. Y La Granja, con su hermosísima barra curvada, era también el silente <strong>Valentín</strong> ocupándose de atender a los clientes de silla, que se agrupaban en corrillos salvo los privilegiados que accedían a las butacas corridas que pespunteaban la pared lindante con la <strong>pescadería Suso</strong>: una cátedra donde brillaban los apellidos más rancios del Gotha local, nos asustaba el militar al que llamábamos ‘El Barbas’ y cada mañana se arreglaba España y el resto del mundo.</p>
<p>La Granja fue todo eso y mucho más. También, el semillero de grandes camareros que allí se destetaron en el oficio como <strong>Alfonso Soldevilla</strong> y compañeros de quinta, bandeja en ristre por la escalera, porque ese era otro de sus encantos, el pequeño palco superior que ejercía de paso de paloma para el sector femenino de la parroquia y deparaba alguna imagen inolvidable, como los primeros visones colgando de la barandilla, vistos desde abajo como una amenaza peluda cuyo atractivo se nos escapaba aunque encerraba algún simbolismo: ya nada iba a ser como era. Bajo la escalera, embutido en un breve espacio que contaba con su propia barrita, se escondía un banco que solía ser muy requerido por la chiquillería y exigía grandes reflejos para hacerse un sitio en él. Sobre todo los domingos a la hora del vermú.</p>
<p>Sí, La Granja fue todo eso. Su nombre tan evocador, sus llenazos a la hora del café matutino, sus meriendas para los logroñeses más otoñales… y su fatídico declinar. Cosas de la modernidad: el bar fue perdiendo atractivo a medida que la clientela demandaba otra tipología alejada de su estética de cafetería americana muy rica en metales. Sobrevivió al tránsito con la España del pelotazo pero de mala manera, perdiendo su identidad, transfigurándose con nulo éxito. Su penúltima encarnación como bar nocturno y de copeo a ritmo de chunda-chunda me daba bastante pena, aunque aún me dio más lástima cuando cerró. Pasar por su puerta clausurada era una pequeña puñalada en cualquier corazón logroñés, así que el milagro de ver renacer La Granja es todo lo contrario, una invitación a la esperanza. Cuando atravesé la <strong>calle Sagasta</strong> hace unas semanas y vi a los operarios redecorando el local; cuando vi a los nuevos dueños ilusionados con el proyecto vigilando los trabajos a pie de obra; cuando vi que se había respectado la singular curvatura de la barra… Supongo que vi llegada la hora de saldar mi deuda con La Granja. Espero haber satisfecho con estas líneas que me vuelven a saber a tostada con mantequilla. Por ahí llega Santos…</p>
<p>P.D. La Granja reabre para <strong>San Bernabé</strong> convertida en un local de copas que aspira también a atraer a la clientela menos noctívaga. Así lo publicaba este vierne<strong>s Diario LA RIOJA</strong>, que daba cuenta de la apuesta de los nuevos propietarios por unas tarifas más contenidas. Lo cual me parece su segunda buena idea: no sólo reabren el mítico local, sino que se adaptan a la realidad. Que es uno de los factores, me parece, que más ha dañado a la hostelería local desde que antes de la crisis, cuando todos nos volvimos ricos, los precios se disparasen y eso de tomarse un trago empezara a nacernos un agujero el bolsillo.</p>
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