<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Logroño en sus baresCenicero &#8211; Logroño en sus bares</title>
	<atom:link href="https://blogs.larioja.com/logronobares/tag/cenicero/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.larioja.com/logronobares</link>
	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Aug 2021 02:33:20 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>El bar más barato</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/10/25/el-bar-mas-barato/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/10/25/el-bar-mas-barato/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 25 Oct 2019 16:19:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Armando]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cenicero]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Eduardo Gómez]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Gallo de Oro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Gil de Gárate]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Kebel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Vista Alegre]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1402</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Años 80, sábado noche. Impulsados por una noticia que esa mañana firmaba en el decano de la prensa regional el maestro Eduardo Gómez, un grupo de logroñeses ingresa en el hoy difunto bar Gallo de Oro (hermoso nombre), ubicado en el corazón de la gran ciudad de Cenicero. Resulta que según las pesquisas del [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/10/Gallo-de-Oro.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1403" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/10/Gallo-de-Oro.jpg" alt="" width="961" height="606" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/10/Gallo-de-Oro.jpg 961w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/10/Gallo-de-Oro-300x189.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/10/Gallo-de-Oro-768x484.jpg 768w" sizes="(max-width: 961px) 100vw, 961px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Años 80, sábado noche. Impulsados por una noticia que esa mañana firmaba en el decano de la prensa regional el maestro <strong>Eduardo Gómez</strong>, un grupo de logroñeses ingresa en el hoy difunto bar <strong>Gallo de Oro</strong> (hermoso nombre), ubicado en el corazón de la gran ciudad de <strong>Cenicero</strong>. Resulta que según las pesquisas del caballero logroñés perito en bares, ahí se aloja el bar más barato de toda La Rioja. Se deduce de la exigua derrama que exige su combinado estrella, que en efecto se despacha en la castiza barra a un precio propio de la primera postguerra: siete pesetas por una copa de anís (entonces aún se bebía anís) y una rosquilla. Ni el licor ni el bocado resultan memorables, vistos retrospectivamente. Pero sigo sin olvidar aquel momento en que la parroquia habitual compartió con unos recién llegados la ingesta diaria de aquel reparador matrimonio entre anís y rosquilla, que representó para nosotros una novedad absoluta y sobre todo muy barata. Para hacernos una idea: calculo que por entonces el chato de vino en Laurel, al que éramos adictos, se tarifaba a cinco calas. Alguno lo servía a seis, una faena que obligaba a llevar siempre pesetas sueltas en el monedero para allegar una de ellas al duro de rigor, con la efigie del inhumano recién exhumado. Vinos que se servían en vasos de culo de botella, con retrogusto a alquitrán. Así que por un poco más te dieran en Cenicero más o menos de merendar nos dejó conmocionados. Viva el Gallo de Oro.</p>
<p>La conmoción persiste. Paso a menudo junto al local<strong> bajo los portalillos</strong> de Cenicero donde sobrevive el cartel del Gallo de Oro y me veo de nuevo probando aquel néctar. Y me veo además preguntándome dónde se despacha hoy una oferta semejante por un precio similar. Es decir, dónde se encuentra en Logroño en nuestros días un bar donde, por un precio tan contenido como aquél, el cliente se tropiece con un regalo más o menos parecido. Según mi humilde experiencia, quien pretenda un milagro similar deberá como primera medida abandonar el centro de la ciudad. Peregrinar por lo tanto a los barrios periféricos, cuya oferta se caracteriza en efecto por una política más conservadora en materia de precios. Lo puede comprobar quien se acerque por las calles (bien céntricas, por cierto, aunque unas manzanas más allá del corazón histórico de la ciudad) de <strong>Gil de Gárate</strong> y alrededores, donde te cobran en determinados casos con tarifas anteriores a la llegada del euro. Otros, por el contrario, se están subiendo a esa parra donde resultan inalcanzables: cosas de la gentrificación. El camino por donde se empieza a morir de éxito.</p>
<p>Algo similar ocurre en la proteica escena de avenida de la Paz, un entorno donde todavía se encuentran ciertas gangas en los bares de toda la vida donde, de propina, te regalan una generosa ración de sabor local: esa clase de folclore que está abandonado los bares del centro con la llegada de la uniformadora globalización, ese otro dolor de muelas. Pero si el improbable lector hace suya la duda que titula estas líneas (cuál es el bar más barato de Logroño), la verdad es que no sabría que responderle. Salvo orientarle, como se aconsejaba un poco más arriba, que dirija sus pasos hacia zonas más alejada del entorno del Espolón y usted ya me entiende. ¿Dónde? Responde a esta pregunta con una posible guía de urgencia el antedicho maestro Gómez, don Eduardo. Que me cuenta lo siguiente, algunas pistas: por ejemplo, el <strong>Vista Alegre</strong>, ubicado en la calle Cigüeña. Donde por apenas 80 céntimos (repita conmigo: 80 céntimos) se sirve un vino de Rioja o un corto de cerveza ¡¡¡acompañado por una minitapa de paella!!!. Incluye gamba y almeja, ojo. Y cerquita, en Beatos Mena y Navarrete, por ese mismo exiguo precio se ofrece en el <strong>Kebel</strong> el invierno que ya acecha un reconfortante caldito junto con una empanadilla. No lejos, el Armando de la calle Autonomía despacha en versión menú del día eso que en Francia llaman medio menú. Atentos: plato de cocido, con pan y vino a un precio de 6,50 euros.</p>
<p>Son son eso. Ejemplos. Que ocurren como se advertía en esa esquina de Logroño, donde otros bares (<strong>Virginia, Iris, La Cortijana</strong>: suelto los que vienen a la memoria a bote pronto) compiten en ofrecer una propuesta más que digna (dignísima) sin que tiemble la billetera de sus feligreses. Según mis cuentas, de todos modos, ninguno alcanza el récord de aquella combinación tan fetén. Copa de anís y rosquilla por siete pesetas, es decir: 0,042 euros. Se me saltan las lágrimas. Mientras alguien se anima a iluminar mis pasos por Logroño en busca de chollos semejantes, prometo inclinarme de rodillas cada vez que cruce ante la cerrada sede del Gallo de Oro de Cenicero. Y así mi memoria volverá a saborear aquella delicia. También mi cuenta corriente.</p>
<p>P. D. Entre los numerosos bares que abriría si el dios que los alienta me concediera ese deseo, me volviera loco en plan tío Gilito y derrochara billetes sin cuento para liarme esa manta a mi loca cabeza, figura desde luego en primer lugar <strong>La Granja,</strong> querido local de Logroño tan maltratado que me obliga a derramar una imaginaria lágrima cada vez que paso ante sus puertas y acelero la caminata para no ser testigo de tanto horror. Pero el Gallo de Oro estaría en segunda posición. Lo recuperaría tal cual lo recuerdo: con su decoración tan camp intacta, incluyendo la fauna de amables parroquianos que nos acogió en aquella primera y única visita. Cuando regresamos, el bar ya no estaba allí abierto. Siempre sospeché que algo tuvo que ver esa política de precios tan agresiva.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/10/25/el-bar-mas-barato/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1402</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Vermú, el retorno</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/04/21/vermu-el-retorno/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/04/21/vermu-el-retorno/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 21 Apr 2017 11:04:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Barrio Bar]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Bilbao]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cenicero]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Martini]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Pascali]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Reus]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[vermú]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=825</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Hace alguna década, cuentan los asiduos de las rondas por la calle Somosierra y alrededores (es decir, territorio Balsamaiso) que empezó a frecuentar los bares de rigor un simpático caballero llegado de allende los mares. Se trataba de uno de los primeros logroñeses procedentes de la lejana África, que se ganó el favor de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/04/vermu.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-826" title="Oferta de vermús en el Barrio Bar de Logroño. Foto de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/04/vermu.jpg" alt="Oferta de vermús en el Barrio Bar de Logroño. Foto de Justo Rodríguez" width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/04/vermu.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/04/vermu-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace alguna década, cuentan los asiduos de las rondas por la <strong>calle</strong> <strong>Somosierra</strong> y alrededores (es decir, territorio <strong>Balsamaiso</strong>) que empezó a frecuentar los bares de rigor un simpático caballero llegado de allende los mares. Se trataba de uno de los primeros logroñeses procedentes de la lejana África, que se ganó el favor de sus vecinos no sólo por su extremada educación y bonhomía, que todavía derrocha, sino porque implantó entre ellos una costumbre que los más veteranos del barrio siguen sin olvidar: a la hora del <strong>vermú</strong>, se pedía sólo media dosis. Así podía prolongar sus andanzas durante el aperitivo sin miedo a que le atrapara el sopor que tantas veces nos invade si exageramos la ingesta de tan delicioso néctar. Un hábito que luego ha ido conquistando a los parroquianos conspicuos: yo también recuerdo alucinado los días en que era usual tomarse el vermú sin racionarlo. Y también me pregunto cómo aguantábamos en pie. Cómo resistimos hasta la llegada del querido &#8216;<strong>marianito</strong>&#8216; trasegando vasazos y más vasazos de generosa medida, ahítos de <strong>Martini</strong> y resto de la cofradía vermuteril. De modo que su encarnación en formato mini en la mentada zona de Somosierra se denominó siempre &#8216;<strong>Bienve</strong>&#8216;, en honor a su autor, de nombre <strong>Bienvenido</strong>. Ante quien me quito el sombrero.</p>
<p>Fin de la regresión. Que venía a cuento porque el improbable lector ya se habrá percatado de que el vermú, amigos, ha vuelto. Volvió hace años y aquí dimos cumplida noticia. Volvió sobre todo en su versión contenida, es decir, ese vaso corto donde la pócima magnífica se sirve ahora según marcan tendencia los <em><strong>influencers</strong></em> de semejante práctica, lo cual tiene sentido porque permite por lo tanto alargar el rito del aperitivo hasta donde sea menester. La hora de la cena, por ejemplo. Lo cual nos alegra desde luego a los incondicionales de la familia Martini y resto de referencias: quien esto escribe recuerda la botella presente siempre en el <strong>minibar</strong> <strong>familiar</strong>, acompañada de su inseparable amiga en aquellos tiempos fundacionales. Me refiero a la botella de sifón. Y no olvido el glorioso día en que conocí a su hermano pequeño, el vermú blanco, tarifado a sólo ochenta calas (primeros 80) en aquel añorado <strong>Amalís</strong> de <strong>Ciriaco Garrido</strong>, que luego ha conocido tantas declinaciones.</p>
<p>No, no olvido tampoco que por esa época me decantaba igualmente por el vermú para las correrías nocturnas, añadiendo a su versión blanca un toque de soda que me hacía creerme James Bond. Aquel trago agitado, no batido, garantizaba desde luego noches igual de agitadas y resacas muy acabadas. De modo que se entenderá la devoción profesada a tan rico bebedizo, que por supuesto también he catado en su <strong>versión cenicerense</strong>: el llamado <strong>Pascali</strong>, vermú autóctono nacido en las entrañas de la familia Pascual, estupendo por cierto si se toma como aconsejan sus ideólogos, es decir, frío. Casi helado. Y con el tiempo, desde luego, he ido saboreando otras manifestaciones de ese rico catálogo donde hoy proliferan marcas mil, oriundas algunas de exóticas procedencias, aunque inclinándome siempre que puedo por las más cercanas. Porque tengo puestas mis preferencias no sólo en el mencionado Pascali, sino en el jarrero <strong>Martínez</strong> <strong>Lacuesta</strong>: el reserva que elabora la benemérita <strong>bodega de Haro</strong> me parece una cumbre del vermú nacional. Tampoco le hago ascos al pequeño de la familia riojana, ese <strong>San Bernabé</strong> tan perfumado y tan rico. Rico, rico.</p>
<p>Vermús de grifo madrileños, vermús con denominación de origen, vermús en la abrumadora oferta de botellas y preparaciones que distingue por ejemplo al <strong>Barrio Bar</strong>, local que ha aparecido aquí alguna que otra vez y donde aconsejo probar su sabroso preparado, que en efecto se prepara con delicadeza y sentido del oficio. Vermús por tierra, mar y aire: desde Aragón y otros confines del solar patrio me allegan noticias abundantes sobre cómo por allí acampa asimismo esta moda&#8230; condenada como todas a lo que ya sabemos, a quedar cualquier siglo de éstos sepultada por la siguiente tendencia. Aunque mientras amanece ese día, podemos acompañar la espera abandonándonos al sugestivo mundo del vermú, el <strong>rito dominical</strong> por excelencia que ahora se extiende durante todo el fin de semana: ese universo que para muchos empieza ya el viernes, privilegiados miembros del mercado laboral que desconocen qué significa trabajar en sábado o prolongar los horarios hasta entrada la noche&#8230;</p>
<p>Fin de la segunda digresión. Regreso sobre mis pasos, al benéfico mundo vermutero que le tendrá ganado a cualquiera para la causa aunque sólo fuera para rendirse ante el ingenio popular, capaz de bautizar con la voz &#8216;marianito&#8217; ese modelo corto del Martini. Admirable destreza verbal, de dimensiones parecidas a las que acreditaron quienes alumbraron esta pócima bendita: sombrerazo ante quienes idearon la versión primigenia, mezclando hierbas y más hierbas, los frutos que salían a su paso porque se extrujaron el magín hasta dar con la fórmula que nos legaron a sus predecesores para que nos entreguemos al hábito de estirar el aperitivo hasta la hora de cenar. Si hay alguien por ahí interesado, que sepa que según una fuente de autoridad tan prestigiosa como el llamado <strong>Museo del <a title="http://www.museudelvermut.com/es/exposicion/vermut/" href="http://www.museudelvermut.com/es/exposicion/vermut/" target="_blank">Vermú</a> </strong>(restaurante así llamado y alojado en Reus, localidad tarraconense de ejemplar contribución al mundillo vermutero) el primer referente histórico se localizó en 1549, “cuando Constantino Cesare De Notevoli, en su obra Ammaestramenti dell’agricoltura, nos habla de una receta de vino con absenta que tenía fines terapéuticos y curativas”.</p>
<p>Así que con el vermú topamos, en efecto, hace casi 500 años. Palabra que por cierto yo siempre prefiero escribir sin la letra final, esa te tan traviesa que se atraganta frecuentemente. Y por supuesto que sin la w doble de la voz original, un invento al parecer alemán que contribuyó a popularizarse entre nosotros desde que se extendió la mentada costumbre del formato pequeño, el querido &#8216;marianito&#8217; que por <strong>Bilbao</strong> aseguran que se descubrió allí. Lo cual no me parece mal: es una plaza donde se rinde tributo desde antaño al cortés hábito del aperitivo y en consecuencia se tiene entronizado al amigo vermú. Que, como los bilbaínos, puede nacer donde le plazca.</p>
<p>P.D. Otras fuentes de autoridad atribuyen la autoría del vermú nada menos que a <strong>Hipócrates</strong>, el griego famoso por su juramento. Se trataría por lo tanto de una bebida medicinal, una hipótesis contra la que nada tengo. Y no estoy solo en semejante devoción: observando la otra mañana la pizarra donde despliega su oferta el mentado Barrio Bar corroboré que el vermú, en efecto, ha retornado y aventuré que se quedará largo tiempo entre nosotros. Aunque sólo sea porque admite tantas combinaciones como quepan en los ingeniosos caletres de nuestros camareros favoritos, capaces de extender la magia de semejante trago en distintos formatos y preparaciones: quien no haya disfrutado todavía del célebre <strong>Aperol Spritz</strong> o del bienamado <strong>Negroni</strong>, tan propio del aperitivo milanés, ya sabe: esa es su casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/04/21/vermu-el-retorno/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<post_id>825</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Los bares circulares (Bares dedicados XI)</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/04/09/los-bares-circulares-bares-dedicados-xi/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/04/09/los-bares-circulares-bares-dedicados-xi/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 09 Apr 2013 11:46:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Alfaro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[casino]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cenicero]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[círculo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Fuenmayor]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Soto]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=138</guid>
		<description><![CDATA[Nuestro protagonista de hoy es un tipo de bar que me resulta especialmente querido. Es una tipología que se bate en retirada pero que tal vez pueda resucitar si cambia la tendencia actual que uniformiza nuestras barras de siempre, de modo que las nuevas hornadas descubran el encanto de trasegar allí donde ya abrevaron sus [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/casino1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-139" title="Casino de Alfaro" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/casino1.jpg" alt="Casino de Alfaro" width="600" height="497" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/casino1.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/casino1-300x249.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Nuestro protagonista de hoy es <strong>un tipo de bar</strong> que me resulta especialmente querido. Es una tipología que se bate en retirada pero que tal vez pueda resucitar si cambia la tendencia actual que uniformiza nuestras barras de siempre, de modo que las nuevas hornadas descubran el encanto de trasegar allí donde ya abrevaron sus antepasados. Son bares con una atmósfera especial, declinados en la voz pasiva: los bares de los <strong>casinos</strong>, de los <strong>círculos</strong> de toda condición que pueblan nuestra geografía en menor número (ay) que antaño.</p>
<p><strong>Logroño</strong> posee algún ejemplo destacado. El bar del <strong>Círculo Logroñés</strong>, que he visitado últimamente, parece repuesto de sus distintas encarnaciones recientes, no todas fructíferas. Hoy se respira un ambiente otoñal, cierto, propio de la edad ya avanzada de sus incondicionales, pero supone un auténtico placer sentarse en sus sofás y ver cómo hasta nuestros logroñeses más veteranos conservan el buen humor y el entusiasmo de acudir al encuentro de la tertulia amiga mientras ven caer la tarde por los hermosos ventanales del majestuoso edificio. No hace falta ser socio para disfrutar de un trago tranquilo y servido con profesionalidad en el corazón de Logroño, suspirando por la <strong>Glorieta</strong>: a ver cuándo la arreglan.</p>
<p>Segundo ejemplo, también circular: el <strong>Círculo de la Amistad</strong>, cuya barra no se aloja a pie de calle como la anterior, sino que exige trepar por las escaleras del inmueble de Portales que la acoge y tropezarse con un bar de otro mundo, de cuando estas entidades contaban con un acusado arraigo social. Quien haya acudido alguna vez al local sabrá que merece la pena: un oasis de otro siglo empotrado en medio de la ciudad, donde alguna vez nuestros abuelos pidieron baile a nuestras abuelas y las consumiciones exhiben tarifas también muy propias de aquella época, lo cual es otro de sus atractivos.</p>
<p>No hace tanto tiempo, este modelo de establecimientos se repartía por todo el país, ayudando a vertebrar la España ociosa y hostelera. Dotaban de singularidad incluso a municipios poco poblados y contribuían a formar cierta idea de comunidad colectiva. De hecho, los logroñeses que más canas peinen recordarán el <strong>viejo casino de las Azpilicueta</strong> en el <strong>Espolón</strong>, donde hoy se alza el BBVA: una institución que parecía sólidamente anclada en el imaginario local… hasta que se derribó el bello palacete. Acababa de llegar la modernidad, que en esta tierra adopta la forma de piqueta. Parecida suerte han corrido otros casos semejantes: de <strong>Fuenmayor</strong> conservo el recuerdo de una institución semejante, alojada en la plaza frente a la iglesia. Resiste sin embargo el de <strong>Cenicero</strong> y desde su atalaya en la hermosa plaza saluda al visitante el casino de <strong>Soto</strong>, icono <strong>camerano</strong>.</p>
<p>Dejo para el final mi favorito, el que motiva estas líneas dedicadas a la amiga Inés: el <strong>Casino de Alfaro</strong>. Siempre que voy de visita procuro detenerme en su barra y ver la vida pasar. La vida de la provincia, la vida que guarda lealtad a cómo éramos en una antigüedad aún reciente, la que nos cuenta de dónde venimos para que sepamos hacia dónde vamos… Según lo recuerdo, apenas ha cambiado desde tiempo inmemorial y a mí me gusta que así sea, porque se mantiene fiel a la idea que de él forjaron los socios fundadores: aunque haya quien vea arcaico su mobiliario o anacrónico el concepto mismo de tal institución, yo opino lo contrario. Que debería protegerse como se protegen a las especies en extinción. Desde la hermosura del edificio a su emplazamiento privilegiado, el Casino de Alfaro representa lo mismo que representaron sus hermanos, los vivos y los ya difuntos: el termómetro ideal para medir el estado de ánimo de los municipios que los albergan. Lo cual no es poca cosa.</p>
<p>P.D. Que este tipo de bares representa una oportunidad de negocio y consolidan el centro histórico de las ciudades lo sabe bien cualquiera que visite en <strong>Madrid</strong> el <strong>Círculo de Bellas Artes</strong>. Un coqueto espacio, idóneo para comer razonablemente bien a precios ajustados, así como para una copa, un vino, un café o un tentempié (me encanta esta palabra). Y una terraza en la calle también muy agradable. El recorrido por tan magno inmueble incluye por unos cuantos euros un viaje hasta su azotea, que depara inigualables vistas de la capital del Reino. Quedan ustedes informados.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/04/09/los-bares-circulares-bares-dedicados-xi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
	<post_id>138</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
