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	<title>Logroño en sus baresCerveza &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Odeón, la rubia más logroñesa</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Nov 2019 17:24:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Cierro los ojos, regreso a mi adolescencia como acostumbro mientras fantaseo y vuelvo a entrar en el bar <strong>Beer House</strong>. Y retorna entonces el poderoso impacto que aquella nomenclatura desató entre toda una generación de logroñeses, ignorantes de que beer significaba cerveza (nos habían adiestrado en el francés como segunda idioma) y que más o menos calculaban que house significaba casa. O algo por el estilo. A costa de sacrificar unas cuantas pesetas, y de observar los grifos desparramados por su barra tan rica en precioso maderamen que sigo sin olvidar, acabamos por enterarnos de que aquel local había nacido para consagrarse a la rica cerveza, que era un tipo de trago más bien raro en ese formato caña: lo habitual era tropezar con ella contenida en un botellín, de variado tamaño. Pero esos grifos con sus respectivas cañas representaban una novedad fenomenal. Así entró la cerveza en nuestras vidas logroñesas: gracias al rico néctar que despachaba el desaparecido bar de <strong>Gran Vía</strong>.</p>
<p>Con el tiempo, la cerveza se fue convirtiendo en tendencia. Saca de nosotros, sus potenciales clientes, el papanatas que todos llevamos dentro y así como nos convertimos en insufribles devotos del vino retorciendo el placer que su ingesta propicia mediante el sistema de transformar cada trago en una especie de ciencia oculta, pródiga en un vocabulario extraño, también con la cerveza (y las infusiones, y las ginebras, y hasta con las aguas minerales) ocurrió un fenómeno parecido. Que en mi caso no evita que siga depositando mis preferencias en aquellos bares que tiran la cerveza como manda el canon y que dispongan de una variada oferta, ajena al sota/caballo/rey tan frecuente hasta hace poco. Y como de vez en cuando llevo de paseo al chovinista que llevo dentro, me decanto si puedo por los productores locales. Que defienden con ejemplar vocación por la excelencia a nuestra tierra como<strong> región manufacturadora de algunas cervezas estupendas.</strong></p>
<p>Es el modélico caso de las buenas gentes del <strong>Odeón</strong>, bar que me tuvo como cliente conspicuo en sus albores, cuando la plaza del Parlamento más o menos nacía. Hoy observo que su clientela casi juvenil se hace fuerte en sus terrazas, catando caña tras caña de distintos tamaños y colores, incluyendo según me parece la variedad trigueña que tanta popularidad ha ido alcanzando. Debe reconocerse que semejante éxito le debe mucho a quienes como Dani, Moncho y Manolo desbrozaron ese camino hace unos veinte años, “en el mítico <strong>bar</strong> <strong>Galicia</strong> de la<strong> calle Mayor</strong> poniendo música”, como ellos mismos recuerdan. Pronto, Manolo dio el salto a <strong>Mercaderes</strong> (el <strong>pub Rockas,</strong> que todavía sigue abierto) y a continuación llegó el Odeón, “una idea de Moncho y Manolo”, relata Dani, que tenían claro cómo debería ser el bar perfecto: “Un lugar donde juntarse los amigos/as para hablar, tomar un café, un cubata o una buena cerveza”. Dicho y hecho: en el 2006 se abrió el primer Odeón, “apostando por cervezas de calidad”. “Teníamos varios botellines internacionales de lo que llegaban a Logroño”, prosigue Dani, “pero poco a poco fuimos apostando por cervezas variadas y de diferentes estilos”. No sólo de esos néctares rubios se alimentaba su clientela: también se decantaron por ginebras de gran calidad, cafés que procuraban tratar con un mimo superior al usual y, sobre todo, “cuidando mucho” a sus feligreses. “El cliente es uno es como de la familia”.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/cerveza-Odeon-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1413" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/cerveza-Odeon-2-1024x683.jpg" alt="" width="1024" height="683" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/cerveza-Odeon-2-1024x683.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/cerveza-Odeon-2-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/cerveza-Odeon-2-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/cerveza-Odeon-2.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trece años después el Odeón sigue en la misma plaza con otros tantos grifos (siete rotativos), cambiando de cervezas y estilos, con hasta 160 botellines diferentes. Al viejo Odeón le nació un hermano pequeño en la plaza del Mercado con una oferta de 20 grifos de cerveza y también otro negocio fraternal, una tienda especializada en cervezas nacionales e internacionales, incluyendo una empresa de distribución que regenta el propio Daniel. “Como teníamos algo de tiempo”, ironizan, “nos embarcamos en el proyecto que más nos ocupa y es la ampliación de la fábrica de cervezas, <strong>La Rúa Brewery</strong>”. Un proyecto al que se incorporó otro socio, Miguel Ángel Rodríguez, enólogo y alma de Vinícola Real, que coincide en el tiempo con nuevas aperturas. Nada menos que tres locales repartidos por medio Logroño: uno en el <strong>parque San Adrián,</strong> otro en la <strong>calle Laurel</strong> y un tercero en ese mismo rincón tan castizo, la <strong>calle Albornoz.</strong></p>
<p>Una desbordante panoplia de locales que entronizan entre nosotros a la cerveza y que acompañan en los últimos casos de una sugerente oferta gastronómica. Y que además representa un modelo de negocio en expansión que pudiera ser imitado por quienes alienten el mismo espíritu emprendedor. Hay otros casos entre nosotros de grupos empresariales que también han dado con su fórmula particular y van colonizando Logroño con sus propias propuestas. Pero el Odeón es único, único en su género: un despliegue de bar en bar siempre a mayor gloria de la cerveza, en sus variadas encarnaciones. Que garantiza a los de mi quinta una epifanía cada vez que cruzamos ante su puerta, porque podemos cerrar los ojos de nuevo y regresar a nuestra adolescencia. El Odeón nos transporta a los buenos tiempos del Beer House. Sus cervezas son para nosotros <strong>el elixir de la juventud.</strong></p>
<p>P. D. Se tiene a Madrid como la Meca de la caña bien tirada y aquí alguna vez se ha citado el, en efecto, ejemplar servicio que bares, tascas y tabernas de la capital ofrecen en este ámbito. Nada que ver, por el contrario, con la manera en que sirven el vino esos mismos locales: copas llenas hasta el borde, como pozos sin fondo, de escasa gracia. En el resto de España, la cerveza dispone de otros lugares de culto (la vecina <strong>Soria</strong>, por ejemplo) y también por Logroño se observa un mimo igual de delicado en algunos bares que suelen aparecer por aquí, pero es cierto que Madrid es única en la sabiduría popular encarnada por tantos camareros que han hecho del oficio de tirar la caña una manifestación de arte popular. Hace unos semanas, leí que el gran <strong>Kiko Veneno</strong> se rendía a uno de esos bares de toda la vida: La Dolores. Tome nota el improbable lector. Y tomo nota yo mismo: prometo pisar su suelo en cuanto caiga por Madrid. Y contar por aquí cómo la tiran.</p>
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		<title>Escocia en sus bares</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Sep 2018 15:06:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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<p>&nbsp;</p>
<p align="JUSTIFY">El país de las colinas color púrpura, según la atinada observación que dejó escrita <strong>Henry James</strong> en sus diarios de viajes. La patria de <strong>Robert Louis Stevenson,</strong> héroe de mi lejana infancia. La cuna de otros cuantos de mis ídolos futboleros, desde<strong> Joe ‘Tiburón’ Jordan</strong> allá en el pleistoceno, a <strong>Kenny</strong> <strong>Dalglish</strong>, sólo unos años más cercano en mi memoria, pasando por aquel Celtic campeón de 1967 (con<strong> Jimmy Johnston</strong> en el ala y<strong> Jock Stein</strong> en el banquillo). <strong>Escocia</strong> en sus bares, me barruntaba mientras pilotaba por la izquierda hacia los confines de las<strong> Tierras Altas</strong>, calculando (diabólico suplicio) en millas y yardas la travesía, tiene que oscilar entre dos polos muy queridos: el sabor de sus legendarios <strong>güisquis</strong>, que tanto han ayudado a mis digestiones dominicales, y la espuma de las <strong>cervezas</strong> patrias, que con tanto afán cultivan los naturales de toda la isla. Escocia, en consecuencia, bien vale unos párrafos para recapitular cuánto dan de sí sus barras más conspicuas, que alegraron mi corazón este verano y pespuntearon con unas cuantas pistas que comparto con gusto un itinerario para quien quiera igualmente solazarse entre <strong>castillos, flores de cardo y tartanes.</strong> También para quien no supiera como yo que el <strong>tweed</strong> no es (sólo) un tejido: es sobre todo ese río así bautizado que marca una sutil frontera insular entre el sur inglés y el norte escocés. De nada.</p>
<p align="JUSTIFY">
<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-3.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1133" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-3-300x225.jpg" alt="Pub Conan Doyle, en Edimburgo" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-3-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-3-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-3-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-3.jpg 1333w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p align="JUSTIFY">
<p align="JUSTIFY">Deberá por lo tanto anotarse raudo que Escocia en sus bares se resume en lo antedicho, en lo previsto:<strong> larga vida al pub británico</strong>. En esta cuestión no se detectan grandes diferencias entre los hijos de <strong>Wallace</strong> y los de <strong>Agatha Christie</strong>. No busque el improbable lector en qué se distinguen los pubs que pueblan las calles de <strong>Londres</strong> de los que colonizan <strong>Glasgow</strong> o <strong>Edimburgo</strong>: decoración idéntica así en el exterior (profusión de florecillas, maderamen a colores) como en el interior, donde se aposenta según he comprobado la misma parroquia de borrachines, inconfundibles por sus carrilleras coloradas y la punta de la nariz asimismo encarnada, trasegando sin duelo una pinta tras otra, a un ritmo insuperable de acuerdo con mi pobre experiencia: veáse por ejemplo el local entronizado al mago <strong>Conan Doyle</strong> cerca de la <strong>Royal Mile</strong> edimburguesa. Cerveza casi siempre ale, por cierto, que conquista estos pagos escoceses con una contundencia para mí extraña: esa variedad no se encuentra entre mis favoritas. Así lo corroboré en la primera referencia que aquí incluyo, como señuelo para quien guste de visitar un día Glasgow y arrodillarse ante el genio eterno de su mejor hijo, el gran <strong>Mackintosh</strong>: Charles para los profanos. Esto es, el célebre diseñador, no el ordenador todavía más famoso, que algo sabía de bares: sus primeros trabajos incluían piezas de orfebrería como sus luego tan imitados salones de té, cuya visita se recomienda tanto como se sugiere a continuación refrescar el gaznate en la atractiva cervecería llamada <strong>Drygate</strong>. Una puerta que de seca en realidad no tiene nada. Y perdón por el chiste malo.</p>
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<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-10.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1135" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-10-225x300.jpg" alt="Salón de té Willow, en Glasgow, según un diseño de Charles Macintosh" width="225" height="300" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-10-225x300.jpg 225w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-10.jpg 750w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></p>
<p align="JUSTIFY">
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<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-12.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1134" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-12-225x300.jpg" alt="Cervecería Drygate, en Glasgow" width="225" height="300" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-12-225x300.jpg 225w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-12.jpg 750w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></p>
<p align="JUSTIFY">
<p align="JUSTIFY">Por el contrario, una vez superado el patio exterior donde se arraciman en mesas en formato sidrería los adictos a la nicotina y a los perros, los hechiceros de esta casa derramarán su ingenio sobre nuestros paladares con cerveza bien fresquita. Recién alumbrada en los alambiques del fondo del enorme local, que pueden visitarse: un minitour que incluye degustación de su conciso pero proteico catálogo (media docena de referencias, alumbradas todas en su hermoso vientre), paseo por la tienda y la ingesta de… Ejem. Algunas especialidades de la muy mejorable cocina local. Así que es preferible atacar la jarra, solazarse en el memorable sabor de estas joyas tiradas ejemplarmente y proseguir viaje hasta la siguiente etapa: espera <strong>Inverness</strong>.</p>
<p align="JUSTIFY">
<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-8.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1136" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-8-300x225.jpg" alt="Pub en Church Street (Inverness)" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-8-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-8-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-8-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-8.jpg 1333w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p align="JUSTIFY">
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<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-7.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1138" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-7-300x225.jpg" alt="Cervezas artesanas en Black Isle, franquicia escocesa con local en Inverness" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-7-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-7-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-7-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-7.jpg 1333w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p align="JUSTIFY">
<p align="JUSTIFY">La (oficiosa) capital del norte escocés, otra gema de singular encanto, dispone por supuesto de su propia oferta en materia de barras, como es propio a un lugar convertido en hito inevitable de las rutas que surcan el vecino <strong>lago Ness</strong>. Hará bien el viajero, mientras aguarda la enésima reaparición del monstruo invisible, en recrearse en cualquiera de los establecimientos hosteleros que, compinchando su oferta turística con hoteles, bed and breakfast y casas de huéspedes, se alinean alrededor de su coqueto río y su orgulloso castillo. Tomando desde luego una pinta, puesto que los artistas locales acreditan reconocida pericia en el arte de servirla. Y también de fabricarla: es el caso de la franquicia llamada <strong>Black Isle</strong>, diseminada con cautelosa presencia por el resto de Escocia y aposentada en Church Street, la calle central de Inverness, desde donde proclama la buena nueva de la comida (y bebida) orgánica, que le lleva a despachar esta estupenda pinta (ale también), justo enfrente de otra muy sugerente barra. La del <strong>Hootananny</strong>, garito de divertido nombre, donde además del brebaje indígena se factura el plato nacional escocés (los haggis: aparta de mí ese plato) y la también muy autóctona tendencia a dotar de banda sonora a tragos y bocados. En efecto, hay música en directo. De regalo, te puedes tropezar con una medallista olímpica en los Juegos de Barcelona.</p>
<p align="JUSTIFY">Pero esa es otra historia. La nuestra no para: prosigue este viaje en dirección a otro punto de recóndita belleza, medio oculto al final de una sinuosa cinta asfaltada, que adquiere la condición de camino rural cuando concluye su itinerario al pie de la tienda “donde todo empezó”. Así presenta la propaganda a esta diminuta casa en el bosque, empotrada en la discreta localidad de <strong>Lochcarron</strong> sin que apenas un humilde letrero avise al viajero de su existencia: ahí, en efecto, empezó a convertirse el tartán en el tejido que daría fama a toda Escocia, entre estas cuatro paredes que hoy defiende un par de encantadoras señoras a quienes la pregunta de dónde saciar la sed sin salir de su pueblito les desconcierta. Aunque responden muy a la británica, desbordantes de flema: “Siendo sinceras, no hay mucho donde elegir”. Pero acaban por apuntar hacia el hotel cercano, cuyo dueño parecerá igualmente desconcertado cuando vea detenerse ante su puerta a alguien preguntando si puede ser merecedor de cierta dosis de hospitalidad escocesa. Recuperado del susto, el caballero indicará una de las mesas situadas frente a los ventanales, desde donde casi se puede tocar el lago cercano: ayuda bastante que cada mesita dispone de su juego de prismáticos, gracias a los cuales se entretiene la espera de la comanda observando el inevitable arroyo que se precipita hacia el lago y el no menos inevitable pescador que, ajeno al mundo, prueba suerte en sus aguas y de paso obsequia al visitante con una foto de postal.</p>
<p align="JUSTIFY"><span lang="es-ES">El hotel de Locharron garantiza lo que su dueño insinuaba: magra oferta, pero cabal. Es decir, cerveza servida con hábil donaire y un plato de salmón que acaba de saltar desde el lago hasta la mesa, óptimo de frescura. Cuya ingesta se adorna con el detenido estudio de los compañeros de mesa, dispuestos alrededor de la barra según la coreografía tantas veces ejecutada: grupo de parroquianos ensimismados, bebiendo en ensordecedor silencio, apenas interrumpido por algún comentario furtivo y por supuesto con los mofletes incendiados. Les acompaña un pacífico perro, uno más de la cuadrilla. Arrellanado en un sofá, amenaza con pedirse su propia pinta en cualquier momento. Y nos despide con la misma mirada mustia del resto de comensales, extrañados de tropezarse en este paraje tan agreste, alejado de las rutas convencionales, con viajeros ahítos de cerveza, salmón y tartán, a punto de reanudar la marcha.</span></p>
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<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-6.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1139" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-6-300x225.jpg" alt="Café y patelería en Dunkeld" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-6-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-6-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-6-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-6.jpg 1333w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
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<p align="JUSTIFY">Que nos llevará a profundizar hacia el alma de estos parajes de singular belleza, abrumadora casi siempre: sin apenas huella de la mano humana que todo lo tiende a afear. Kilómetros y kilómetros (perdón, millas y millas) de paisajes apenas alterados por el paso del tiempo, lo cual incluye algunos pueblos de inolvidable encanto en la ruta hacia Edimburgo. Es el caso de <strong>Dunkeld</strong>, en la región de <strong>Perthsire</strong>, tótem para los fans de Beatrix Potter, escritora de cuentos infantiles muy famosa en las islas que no me tiene sin embargo entre sus incondicionales; lo cual da bastante lo mismo para nuestro relato: su cuna, una delicia para los sentidos, se dota de una escenografía donde no falta ninguna de las referencias que han encumbrado el territorio interior de Gran Bretaña en nuestro imaginario. Posee por supuesto su río, su hermoso río Tay, así como una catedral de magnífica estampa y no falta ese delicado puentecillo que deposita al viajero en la calle central (Atholl St., no tiene pérdida) donde le aguardan para un tentempié las conmovedoras damas que defienden la pastelería local, <strong>Palmerston</strong>, donde hornean sus mullidas magdalenas (muffins, mis disculpas) o sus memorables pastelillos (también llamados cakes). Y donde, oh milagro, facturan un café genuino. No ese aguachirris tan popularizado por el país, que aconseja inclinarse por otras pócimas más propias de la cultura escocesa. Por ejemplo, la cerveza.</p>
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<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-4.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1140" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-4-300x225.jpg" alt="El Hispaniola de Edimburgo" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-4-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-4-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-4-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-4.jpg 1333w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
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<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1141" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-2-300x225.jpg" alt="Pub en el barrio de Grassmarket, en Edimburgo" width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-2-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-2-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-2-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-2.jpg 1333w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
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<p align="JUSTIFY">Sí, de nuevo la cerveza. Que aguarda en cualquier rincón de Edimburgo, pujante destino turístico, cuyo magnetismo dura todo el año pero se supera en agosto, cuando triunfa su reconocido festival de teatro. Obviaré por lo tanto lo que puede encontrarse consultando al vecino o surfeando por la Wikipedia. Ni me extenderé en relatar libaciones que están al alcance de todo quisque, aunque tampoco me permitiría excluir de estas andanzas escocesas un par de invitaciones. Una, a acodarse en el céntrico pub <strong>Hispaniola</strong> como hiciera tantas veces en vida el mentado RLS (quien tomó su nombre nada en vano para el velero de La Isla del Tesoro) y dos, dejarse caer por los inmemoriales pubs de <strong>Grassmarket</strong>, tan amenos, tanto los alojados a pie de calle como los aupados al siguiente nivel, aprovechando la cuesta que dibuja la calle principal del barrio, <strong>Victoria Street.</strong> Donde también se sirven las cervezas en su punto exacto pero donde (ay) los turistas formamos parte del decorado a costa de sustraer de nuestra observación a la parroquia indígena&#8230;</p>
<p align="JUSTIFY">… <span lang="es-ES">Que sí que contribuye por lo contrario a dotar de color local el garito que quiero situar en primera posición de este recuento de barras a la escocesa. Lo he dejado para el final. Se aloja en la muy aconsejable <strong>St. Andrews,</strong> la Compostela de los amantes del golf. Un pueblito encantador, en perfecto estado de revista como todo el país entero, donde se asienta no sólo su inmarcesible campo de golf, santuario de Seve Ballesteros y otros ases del deporte, su majestuosa universidad y demás glorias que pueden rastrearse en cualquier guía de viajes. Mi experiencia por sus adoquinadas calles alcanzó esa especie de séptimo cielo que nos aguarda como devotos de la religión de los bares en su bar <strong>Criterion</strong>, cuya imagen preside estas líneas. Un pub de mullido confort, con los grifos de cerveza funcionando como la Sinfónica de Berlín, al mando de una pareja de Von Karajan que aseguran la clase de ambiente que convierte estos locales en el edén que buscamos lejos de casa. El paraíso debe ser esto. Suena Van Morrison por la leve megafonía, la cerveza está en su punto, el resto de la clientela se abandona a la cháchara venial y tras los cristales se contempla una bellísima porción de la tierra escocesa. Que sabe a cerveza y a güisqui. Y que te reconcilia con los placeres de la vida detenida.</span></p>
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<p align="JUSTIFY"><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-9.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1143" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-9-300x225.jpg" alt="Destilería de güisqui en el pueblito de Pitlochry " width="300" height="225" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-9-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-9-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-9-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/unnamed-9.jpg 1333w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
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<p align="JUSTIFY"><span lang="es-ES">P. D. Quien recorra Escocia, así sus principales ciudades como sus intrincadas poblaciones, observará la presencia discreta de los minibares como el que ilustra estas líneas, corroborará que acodarse en estas barras tiene algo de religión (hay bares incluso en iglesias consagradas al nuevo culto) y confirmará que no sólo de cerveza viven sus bares: también se rinde en ellos un tributo sincero a la gran bebida de la tierra. El güisqui, que fluye como fluyen los ríos escoceses. Sin sobresaltos ni sorpresas. Deslizándose con naturalidad por las empinadas pendientes que rinden pleitesía a sus feligreses, a quienes aguardan en los pubs de confianza y otras barras, amén de las tiendas donde se sirven previa degustación que incluye en efecto un sorbo servido a la escocesa: calculando mucho lo que se regala. Un contenido ejercicio similar al ejecutado en el gran santuario de la bebida del país: sus destilerías. Que surgen como hongos sobre todo al norte, esos hermosos destinos de recogimiento, situados al final de intransitables caminos en algunos casos, como una promesa de salvación eterna: eremitorios consagrados a este néctar que tanto contribuye a redimir nuestros pecados. O al menos a hacer más llevadero nuestro paso por este valle de lágrimas, dejando en nuestros paladares el reconocible aroma: el sabor a humo y río. El sabor a manantiales muy ricos en turba, a paisajes de ensueño de color púrpura y a un conmovedor sentido de reinmersión en la naturaleza. El güisqui sabe a Escocia.</span></p>
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		<title>Somos cañeros</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Apr 2015 16:26:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Explorando el éter, tropecé hace días con esta imagen tan curiosa que reactivó mi idea de dedicar una nueva entrada al deslumbrante mundo de la cerveza: un mapa mundial de marcas. En febrero del 2013, ya avancé alguna de las cavilaciones en este post que aquí os dejo, dedicado en especial a todos los que [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/04/birras.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-471" title="Mapa mundial de cervezas" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/04/birras.jpg" alt="Mapa mundial de cervezas" width="1409" height="922" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/04/birras.jpg 1409w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/04/birras-300x196.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/04/birras-768x503.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/04/birras-1024x670.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1409px) 100vw, 1409px" /></a></p>
<p>Explorando el éter, tropecé hace días con esta <a title=" http://vinepair.com/features/external/beer-world-map-3000-full-web.jpg" href=" http://vinepair.com/features/external/beer-world-map-3000-full-web.jpg" target="_blank">imagen </a>tan curiosa que reactivó mi idea de dedicar una nueva entrada al deslumbrante<strong> mundo de la cerveza</strong>: un mapa mundial de marcas. En febrero del 2013, ya avancé alguna de las cavilaciones en este post que aquí os dejo, dedicado en especial a todos los que alguna vez me han preguntado por qué no escribía sobre cervezas. Bueno, pues porque ya había escrito esto: <a title="https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/02/19/la-cana-de-espana/" href="https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/02/19/la-cana-de-espana/" target="_blank">La caña de España</a>.</p>
<p>Lo cual no significa que no pueda, o que no deba, regresar sobre mis pasos y compartir con los improbables lectores alguna reflexión que se podría titular cómo hemos cambiado, igual que la célebre cancioncilla. Es decir, cómo hemos pasado del monocultivo cervercero al actual aluvión de marcas y referencias, ese abrumador desfile de logos con que tropezamos en nuestras barras de confianza o en el súper de la esquina. Lo cual está muy bien, cierto, a cambio de que no ingresemos en las tonterías propias de cuando sufrimos un exceso de información y todos nos convertimos en peritos de ciencias que hasta hace poco ignorábamos.</p>
<p>Hablo por mí: crecí en una época en que apenas conocíamos una cerveza o dos y nos asombrábamos cuando explorábamos otros territorios de España y descubríamos que había vida más allá de la marca <strong>San Miguel.</strong> Así ocurría cuando uno aterrizaba por Cataluña, por ejemplo. Además de probar el néctar llamado Cacaolat, ignoto por entonces (primeros 70) por La Rioja, era divertido observar a los mayores catando la cerveza <strong>Damm</strong>, de la que no sabíamos nada. Patrocinaba incluso a algún equipo (de balonmano, creo), pero nada nos decía esa nomenclatura a los habitantes de otros rincones de España. De igual modo fuimos descubriendo que los vecinos del foro (vulgo, Madrid) se decantaban por la marca <strong>Mahou</strong>; cuando empecé a afeitarme conocí gracias al servicio militar que por Córdoba eran devotos de la cerveza <strong>El Águila</strong>, cuyas instalaciones tuve a bien recorrer en una visita &#8220;cultural&#8221; (sic) con que el Ejército español nos obsequiaba a sus reclutas, incluyendo el pertinente episodio dipsómano que tal visita deparaba, mientras los compañeros gallegos de soldadesca se maravillaban de la que era típica en su tierra, consecuentemente bautizada como <strong>Estrella&#8230; de Galicia</strong>, cuyo sabor nos era ajeno. Y de Aragón llegaban confusos mensajes para alertar de los efectos de cierto brebaje apodado <strong>Ámbar</strong>.</p>
<p>Posteriores excursiones por Andalucía me permitieron comprobar (finales de los 80) que existía una cerveza denominada <strong>Cruzcampo</strong>, entonces un nombre que nada nos decía pero que sí nos alegraba los viajes detrás del Logroñés por aquellos pagos. De hecho, llamábamos &#8216;cruzcamperías&#8217; a los garitos de carretera, porque esa era la pócima que despachaban. Y algunas visitas furtivas a territorio guipuzcoano me permitieron comprobar qué significaba el nombre de <strong>Keler</strong>, que nunca más tomé en vano.</p>
<p>Semejantes milagros empezaron a ocurrir entonces por la España de las autonomías cerveceras: diecisiete regiones, diecisiete marcas distintas. Un mapa rubio y espumoso que empezó a mutar cuando llegó la hora de la globalización: de repente, sonó la hora de las fusiones, las adquisiciones (el barril grande se comió al chico) y las OPAS, no necesariamente hostiles. De repente, empezamos a pronunciar la hache aspirada para pedir una <strong>Heineken</strong> (bebedizo que no me tiene entre sus fieles) o a trabucarnos al pedir una <strong>Carslberg</strong>. De repente, el diseño se rindió también al noble arte del botellín, llegaron viajeros desde Centroeuropa que hablaban de los milagrosos prodigios que obraban los monjes trapenses y benedictinos que contaban con sus propios ingenios cerveceros, vinieron desde las islas británicas cervezas de oscuro aspecto llamadas negras&#8230; De repente, como ha sucedido con el mundo del vino o del gin-tonic, de no tener ni idea pasamos a convertirnos en expertos. Y mientras hacíamos como que sabíamos, nos iniciábamos en nuevos horizontes (aparecieron las elaboradas con trigo) y nos rascábamos el bolsillo, porque ya sabemos el primer efecto de lo que se convierte en moda: que sube el precio.</p>
<p>De modo que hoy confieso que esta temporada se lleva en mi nevera aquella Estrella de Galicia de cuya existencia no había oído hablar cuando vestía de caqui, igual que antes me rendí a la Keler, la Ámbar o la San Miguel primigenia. Suelo volver, sin embargo, a los primeros amores: siempre me quedará la bendita Mahou, que me sigue sabiendo a mis primeras incursiones madrileñas, tan añoradas. Y veo este mapa que decora estas líneas, culpable directo de ellas, y me consuela pensar que desconozco gran parte de toda esa relación de marcas y que, en consecuencia, todavía estoy a tiempo de caer rendido a los efectos de la novedad. De hacer el papanatas con la cerveza que se lleve la próxima temporada. De seguir añorando el tiempo anterior a la implantación en Logroño del local <strong>Bier Hause,</strong> la primera barra donde supimos que, en efecto, no todas las cervezas son iguales.</p>
<p>P.D. Se cita Beer House y se cita bien: que yo recuerde, fue la primera cervecería logroñesa implantada como tal y que el difunto Baden me perdone, porque Baden era casi tanto casa cervezera como depósito de mariscos, esos bichitos que tan felices nos hacen. Bier House se enclavaba al final de la Gran Vía, en la manzana más hostelera de la ciudad: la manzana del <strong>Robinson</strong>, el emblemático pub que da nombre a ese grupo de edificios entre Chile y Labradores. Junto a Beer House, cuya oferta gastronómica consistente en perritos calientes fue también otra novedad revolucionaria para la época, se alzaba el Robinson Grill, elegante garito que me tuvo entre sus clientes precisamente cuando empecé a conocer que una cerveza, además de amargura, propina otros placeres.</p>
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		<title>La caña de España</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Feb 2013 18:55:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/espuma-buena.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-91" title="La espuma de los días, según imagen de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/espuma-buena.jpg" alt="La espuma de los días, según imagen de Justo Rodríguez" width="600" height="322" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/espuma-buena.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/espuma-buena-300x161.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><br />
<strong>La caña de España</strong>, la bebida rubia (a ratos morena, gentileza de Mr. <strong>Guiness</strong>), el grifo del que mana esa pócima tan rica para sobrellevar los calores de la canícula, apta también para otras estaciones del año. La bebida que antes de la globalización se desdoblaba como si fuera el mapa de la España autonómica: en Cataluña se llamaba <strong>Damm</strong>, en San Sebastián <strong>Keler</strong>, en Galicia <strong>Estrella</strong>, en Andalucía <strong>Cruzcampo</strong> (aunque Córdoba tenía su <strong>Águila</strong>), en Madrid siempre Mahou… Hoy uno encuentra casi todas estas marcas en el súper de la esquina o en los bares de confianza, que en este asunto (como se verá) no son tantos. Con todos ustedes, nuestra amiga la <strong>cerveza</strong>, amable competidora de otro amigo, el <strong>vino (de Rioja</strong>), cuyas vidas sin embargo juzgo compatibles: yo, por ejemplo, observo que es común mi manía a empezar la ronda con una caña y seguir luego de vinos.</p>
<p>Así que se puede querer a ambos a la vez y no estar loco. Aunque si fuera posible que tanto la una como el otro se nos sirvieran con algo más de esmero, eso que saldríamos ganando. Frente a la opinión habitual, me parece que el vino recibe mejor trato en <strong>Logroño</strong>, sobre todo de un tiempo a esta parte, que la cerveza. ¿Recuerda alguien un bar donde se tire la caña (hermosa expresión piscícola) con garantías? Sí, a mi también me parece que no hay muchos. Una pena, porque sin ponernos demasiado estupendos, debemos reconocer que sólo entonces adquiere este bebedizo todo su sabor y despliega toda su potencia. ¿Para tomarla en condiciones habrá que resignarse a aprovechar cada visita a <strong>Madrid</strong>? Sería una lástima, aunque tengo observado que no hace falta irse tan lejos: en mis excursiones a <strong>Soria</strong> observo una feliz cultura cervecera cristalizar en la habilidad con que sirven la caña en cada bar, la maña con que manejan los grifos, el respeto que de ahí se deriva hacia el cliente.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/eldorado.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-92" title="Entrada al bar El Dorado de Logroño (Justo Rodrìguez)" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/eldorado.jpg" alt="Entrada al bar El Dorado de Logroño (Justo Rodrìguez)" width="600" height="530" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/eldorado.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/eldorado-300x265.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Un reciente descubrimiento me permite sospechar que no está lejano el día en que la mayoría de los camareros logroñeses se dote de la misma habilidad. Ya sé que hay unos cuantos garitos donde se honra a la caña y tengo entre ellos debilidad por <strong>El Dorado de Portales</strong>, aunque sólo fuera (también) porque sus dueños me parecen de lo más simpático y he disfrutado mucho de sus ocurrencias cuando los tenía de vecinos en la grada del Palacio viendo al <strong>Naturhouse</strong>. Es un bar que lo tiene todo: una clientela amigable, un emplazamiento castizo (donde el añorado Félix Guallar defendía sus fotos), criterio para elegir la música y esa hermosa imagen en la puerta de uno de mis mitos cinéfilos, el gran John Wayne, que nos invita a entrar (como atestigua la foto de <strong>Justo Rodríguez</strong>).</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/anden.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-93" title="Cervezas reposando en el grifo de El Andén" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/anden.jpg" alt="Cervezas reposando en el grifo de El Andén" width="600" height="293" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/anden.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/anden-300x147.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Pero El Dorado es una barra veterana, cuyos hallazgos son bien conocidos entre los parroquianos locales: lo novedoso, al menos para mí, es la buena nueva de la flamante aparición de<strong> El Andén</strong>, bar situado en <strong>Vara de Rey</strong> donde antaño lucía una degustación de café. Un sitio estupendo. Decorado con gusto, servicio profesional, música ambiente al volumen adecuado que no se entromete en las conversaciones&#8230; y una especial dedicación cervecera. La caña se tira sin alardes exagerados, pero según los cánones. El vaso es del tamaño adecuado, la cerveza se deja reposar lo suficiente (y ahí está la foto como prueba) y su Mahou es una garantía (al menos para quien esto escribe). Así que otra caña es posible, aunque veo que en este ámbito se prodiga últimamente mucho el mismo nivel de pedantería que ya cité en otra entrada del blog dedicada a la ginebra y la tónica: parece que las cervezas de toda la vida ceden en prestigio frente a otras que nadie conocemos de verdad, que seguramente pronunciamos mal y que luego saben parecido (o incluso peor) que las cañas de confianza. Lo dicho: pecadillos de nuevos ricos.</p>
<p>Que <strong>San Miguel</strong> nos perdone.</p>
<p>P.D. <strong>Mateo, Bernabé y Santiago</strong> son, como es conocido entre los aficionados cerveceros de la ciudad, las tres marcas de un proyecto de reivindicación de la cerveza autóctona ideado por unos jóvenes emprendedores riojanos. Enhorabuena por su valentía. Yo me he aficionado a catarlas, con resultados desiguales: me gusta mucho la nueva, Santiago, una tostada que te transporta a tu pub favorito de Londres, y también me parece muy lograda la llamada Mateo, cerveza de trigo bastante rica. Con Bernabé tengo más dudas. Se ofrecen en una presentación muy lograda, aunque (por poner alguna pega) detecto un exceso de ‘decoración’ en la botella que le aporta poco y, sin embargo, escasez de información para el consumidor.</p>
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