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	<title>Logroño en sus baresCristal &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>La mejor curva de la calle Bretón</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Nov 2019 18:12:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/alvaro.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1432" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/alvaro.jpg" alt="" width="600" height="384" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/alvaro.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/alvaro-300x192.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La escena de bares de Logroño</strong> se ha nutrido desde que recuerdo de la personalidad magnética que caracteriza a algunos de sus protagonistas. Esos empresarios o aquellos camareros que conferían una identidad singular a sus locales hasta el punto de que ejercían con su clientela como si fueran <strong>flautistas de Hamelín</strong>: los parroquianos los seguían allí donde fueran. Son innumerables los casos de empleados de tal o cual bar que deciden un día ponerse por su cuenta y se convierten en el faro y brújula de quienes ya les habían distinguido con sus complacencias cuando no se habían convertido en dueños de sus destinos. Porque están dotados de una intuición superior para ese negocio, porque añaden además una simpatía natural que tiende a galvanizar la atmósfera que les rodea o por una suma de misteriosas razones que les otorga ese aura especial. <em>Influencers</em> antes de que hubiera <em>influencers</em>.</p>
<p>Ese me parece ser el caso de nuestro hombre en<strong> la calle Bretón</strong> (y que <strong>Colo</strong> nos perdone). <strong>Álvaro</strong> (a quien tiendo a llamar Alvarito, y que él me perdone) <strong>González</strong> era ya de crío, cuando se hacía el amo del recreo en el patio de los <strong>Maristas</strong>, esa clase de personas a cuyo alrededor se construye una ambiente reconfortante y divertido. No debe extrañar por lo tanto que, pasado el tiempo, se iniciara en los secretos de la hostelería y se convirtiera en lo antedicho: un imán para sus clientes. Que han ido siguiendo su estela allá donde cada vez le empujaba su olfato, tanto como camarero como luego ya transformado en empresario. Hasta conseguir que un puñado de locales lleven su firma, asociado con un grupo de leales socios igual de intrépidos y emprendedores. Bares distintos, cada cual con su propia trayectoria y su singularidad, a quien yo siempre asocio con el propio Álvaro (perdón, Alvarito).</p>
<p>Cuya trayectoria es digna de estudio. Apostó por la cocina italiana en<strong> La Trattoria</strong> hace 25 años, cuando sus fieles apenas distinguíamos un espagueti de un tallarín (yo los sigo confundiendo) y ahí sigue, en perfecto estado de revista, en ese recodo de la calle donde yo siempre seguiré viendo el letrero del <strong>Club Deportivo Logroñés</strong> que por allí tenía su sede. Fueron pasando los años y su espíritu inquieto husmeó en el ambiente que era el momento para una hamburguesería, superado el viejo estigma tan generalizado hacia los bocados procedentes del gigante yanqui y que esa idea tenía sentido por partida doble: porque se empezaba a poblar Logroño de negocios consagrados a ese mismo manjar y porque podía ponerlo en pie sin salir de esa misma calle. Así que casi pared con pared con su restaurante italiano nació <strong>Bococa</strong>, el <em>hipsterismo</em> local lo acogió con sus bendiciones y el resto de la parroquia también se dejó caer por esa coqueta barra. Las terrazas gemelas acreditaron el impacto triunfante de la doble iniciativa.</p>
<p>Y sin abandonar ese recodo, triple salto mortal: hace año y medio nació ahí al lado <strong>The Club</strong>, bar nutrido de una excelente oferta en cervezas como signo distintivo. Con (por supuesto) su triunfal terraza, que festonea ese tramo de Bretón de una oferta por triplicado de la profesionalidad que acreditan Álvaro y sus socios: <strong>Paca, Anouska y Ferdinando</strong>, a quienes debe atribuirse desde luego el mérito de haber configurado en tan escasos metros cuadrados una atractiva paleta de bares, cada cual con su propia fisonomía pero con un denominador común que puede resumirse en una suculenta oferta de tragos y bocados tarifada a precios sensatos. Y que dispone además de ese qué sé yo, ese no sé qué, que distingue a los bares que nacen con estrella. Porque tras ellos se esconde un tipo con olfato para estos negocios, trabajador incansable, que ha ido afrontando los contratiempos de la vida con una sonrisa. Con ese mismo don que le ayudó a hacerse el jefe del patio de los Maristas según lo recuerdo. Cuando aún tenía sentido llamarle Alvarito. Cuando aún no se había ganado el título de don Álvaro, señor de Bretón. Cuando todavía era aquel mocosete que se destetaba en el oficio en el añorado <strong>Cristal</strong> de la calle de <strong>Jorge Vigón</strong>, donde le conocerían quienes luego le acompañaron en las siguientes etapas de su vida profesional. Y que sea por mucho tiempo.</p>
<p>P. D. ¿Alguna otra aventura en el horizonte? El interesado se encoge de hombros. Seguro que en su cabeza bulle alguna idea pero de momento prefiere esperar a que tome forma su último proyecto (The Club) y cuaje esa triple oferta que defiende en la curva más hermosa de Logroño, la de la calle Bretón. El tramo que en mi imaginación siempre decorará el escudo blanquirrojo,<strong> la añorada estrella de David más futbolera</strong>.</p>
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		<title>Jorge Vigón, la tercera vía</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Jan 2013 16:12:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/cristal-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-73" title="De Cristal a Goxo, hoy cerrado" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/cristal-1.jpg" alt="De Cristal a Goxo, hoy cerrado" width="600" height="407" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/cristal-1.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/cristal-1-300x204.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>A petición del público, cierro aquí la excursión por las tres zonas de copas nocturnas que en <strong>Logroño</strong> han sido… antes de que el<strong> Casco Antiguo</strong> se ofreciera a alojar dicha actividad. En el principio fue<strong> la Zona</strong>, la Zona única, la que todavía se sigue llamando así; a rebufo de su éxito nació otra que no llegó a cristalizar y también mereció unas líneas en este blog: era la que tuvo la <strong>calle San Millán</strong> como eje. Y la tercera, que surgió por aquella misma época (mediados de los años 80), ha sido citada aquí repetidamente en los comentarios de mis queridos corresponsales: se aposentaba en el tramo final de <strong>Jorge Vigón</strong>, con epicentro en el fallecido pub <strong>Cristal</strong>.</p>
<p>Yo no la frecuenté mucho. Si caía por allí casi siempre era para pasarme por el <strong>Isopo</strong>, garito con varias vidas ahora resucitado como cafetería de barrio y bautizado como<strong> Sol Nórdico</strong> (curioso e intrigante nombre, por cierto). Creo que su momento de esplendor me pilló ya demasiado veterano para apreciar la gracia del Cristal y su colección de vespinos en la puerta, que invitaban según recuerdo a conquistar la calle como si fuera <strong>Montmeló</strong>: aquellos émulos de <strong>Ángel Nieto</strong> instituyeron un circuito inofensivo que les llevaba hasta las famosas ‘eses’ de <strong>Albia de Castro</strong>, a la altura del <strong>D´Elhuyar</strong>. Unas curvas que no todos los pilotos supieron negociar como debían, de modo que regresaban tullidos (pero felices) al hogar materno: esto es, el Cristal.</p>
<p>Como se deduce, aquel fue un bar netamente juvenil, más propio para la clientela que daba sus primeros pasos nocturnos, de modo que estaba un poco como fuera de lugar en una ruta más propia para dipsómanos veteranos. Así ocurría en el vecino <strong>Pierrot</strong>, hoy transformado en otro bar de barrio, pero que en su buena época fue la primera piedra de aquel itinerario. La ronda seguía en el mentado Cristal y concluía en el <strong>Lyon</strong>, ahora también reconvertido en taberna british aunque con la clientela más fiel de la que tengo noticia por Logroño. Fin de la excursión, salvo para quienes como yo se animaban a cruzar la acera y penetrar en el Isopo, cuyo aliciente máximo no era tanto las copas como dos hallazgos en los que fue pionero: la recuperación del futbolín y el billar americano. Dos pasatiempos que triunfaron, como tantas cosas, en cuanto también supieron enganchar al público femenino: atraía como un imán a los parroquianos que  ingresaban en el garito y se topaban con unas cuantas damas en decúbito prono, taco en ristre, dándole a la carambola. Una propuesta imbatible que, sin embargo, ha ido declinando pero que entonces representó una curiosa conquista arrebatada a su hábitat natural, los salones de juegos. Claro que éstos eran casi cosa de hombres. Como el coñá.</p>
<p>Este repaso de la Zona de de Jorge Vigón, aquella tercera vía, quedaría sin embargo incompleto si no se añadieran a sus epígonos. Hemos citado Albia de Castro unas líneas arriba: la calle, la curiosa calle curvada y ahora truncada por la playa de cemento alrededor del polideportivo de<strong> Lobete</strong>. Volvemos sobre nuestros pasos para recordar que aquel recorrido se detenía allí, como una extensión con un punto más rocanrolero, rama jevi. Así se sustanciaba la oferta musical del veteranísmo <strong>Jake</strong>, venerable garito con inclinación metalera que resiste ya como solitario enclave y rebautizado desde su original denominación como <strong>Camarote</strong>. Antes le acompañaron otros garitos también memorables: casi pared con pared se erigía el <strong>Plas</strong> y un poco más allá, ya en la plaza, aquel exitoso <strong>Blue Moo</strong>n que me tuvo entre su clientela sabatina unas cuantas noches, atraído por su buen gusto en la elección de los discos. Hoy, clausurado igual que su hermano de la esquina, el pub <strong>Los Delfines</strong> de insólita decoración (sí, en efecto: lleno de delfines), sirve para recordar lo que aquella Zona representó un día: una alternativa que no llegó a triunfar pero que hoy sobrevive, con bastante buena salud, como un itinerario de bares de barrio, propicios para el aperitivo, el almuerzo, el cafelito de media tarde, el vino de última hora y hasta alguna copa de madrugada. Es decir: Logroño en estado puro.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/jake-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-74" title="El Jake de Albia de Castro" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/jake-1.jpg" alt="El Jake de Albia de Castro" width="600" height="383" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/jake-1.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/jake-1-300x192.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>P.D. El mentado Jake alcanzó como pronosticó <strong>Warhol</strong> su cuota de popularidad en los años 80. En su caso, porque estaba regentado por una de las chicas miembros del festivo grupo <strong>Las Vulpes</strong>, banda punk que alcanzó sus quince minutos de celebridad gracias a la censura a que fue sometido su tema ‘<strong>Me gusta ser una zorra’</strong>, cuya letra vista retrospectivamente sólo mueve a la sonrisa… salvo para aquellos que se escandalizan con cualquier cosa. Aquí os dejo un enlace a youtube con su mítica actuación en el no menos mítico &#8216;La caja de ritmos&#8217; por si alguien lo quiere comprobar por sí mismo.<br />
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