<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Logroño en sus baresDonosti &#8211; Logroño en sus bares</title>
	<atom:link href="https://blogs.larioja.com/logronobares/tag/donosti/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.larioja.com/logronobares</link>
	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Aug 2021 02:33:20 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Visite nuestro VAR</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/06/23/visite-nuestro-var/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/06/23/visite-nuestro-var/#respond</comments>
		<pubDate>Sat, 23 Jun 2018 09:52:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Amazonas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Barcelona]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Carabanchel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Chacal]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Copa de Europa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Donosti]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Eurocopa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Iniesta]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Kaiser]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Liverpool]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Maradona]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mundial de México]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Negresco]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Real Madrid]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Recopa]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Selección española]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tívoli]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[VAR]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1094</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Uno. Bar Chacal, calle Fermín Irigaray. Un discreto pasadizo entre avenida de La Paz (entonces dedicada al general innombrable) y Duquesa de la Victoria. 1979, final de la Recopa, torneo menor ya desaparecido. Me cuelo en el local acompañado de un compinche, fanático del Real Madrid. Que accede a seguir mis pasos con la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/06/tele.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1095" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/06/tele-300x224.jpg" alt="Aficionados logroñeses de la selección viendo por la tele de un bar el Mundial de Sudáfrica. Foto de Juan Marín" width="300" height="224" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/06/tele-300x224.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/06/tele.jpg 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>Uno</strong></em>. Bar <strong>Chacal</strong>, calle Fermín Irigaray. Un discreto pasadizo entre avenida de La Paz (entonces dedicada al general innombrable) y Duquesa de la Victoria. 1979, final de la <strong>Recopa</strong>, torneo menor ya desaparecido. Me cuelo en el local acompañado de un compinche, fanático del Real Madrid. Que accede a seguir mis pasos con la esperanza de que nos dejen ver el partido por televisión, izada sobre la puerta. Fingimos más edad de la que tenemos (yo, casi un párvulo: 16 tacos), nos apoltronamos entre las parejitas que se meten mano en el piso superior y asistimos a una proeza jamás vista por mis ojos: el <strong>Barcelona</strong> llevándose un título europeo ante el Fortuna de Dusseldorf, un equipazo de leyenda que todo el mundo ha olvidado, comandado por los hermanos Allofs según recuerdo. El Barça, dirigido por Quim Rifé (me encantaba ese nombre), se lleva la púrpura en un partidazo del Lobo Carrasco, aquel mago que necesitaba un par de balones para él solito. Euforia máxima: un clímax tan mayúsculo que nos vamos sin pagar. El dueño nos grita algo desde la esquina. Echamos a correr hacia avenida de Colón: qué felicidad. <strong>Mi primer simpa</strong>.</p>
<p><em><strong>Dos</strong></em>. Una noche de diciembre de 1983, una breve multitud transita por la calle <strong>Laurel</strong>. De vez en cuando, los chiquiteadores incondicionales de las infinitas rondas ingresan en algún local que dispone de televisión, que todavía por entonces tenía algo de extravagante rareza. Mientras trasiegan aquellos trallazos de trillita llamados vinos de la casa, vigilan de refilón el <strong>España-Malta.</strong> La proeza es imposible. Ganar por más de once goles es un prodigio que ni siquiera se cumple en el torneo de verano de <strong>Cantabria</strong>, referencia futbolera local de la época. Son los primeros 80 pero la Movida ni siquiera existía (o no nos habíamos enterado de ella por casa, lo cual viene a ser lo mismo). Quiere decirse que la juventud contemporánea todavía no gastaba la trenca de Adolfo Domínguez, tan célebre: se llevaba más una especie de chambergo intitulado coreano, que nos protegía de la intemperie entre bar y bar. El <strong>Donosti</strong>, por ejemplo, defendido entonces por Juanito y familia. Donde acabamos imantados ante la tele: los goles, oh maravilla, iban cayendo como las hojas en otoño. Lo imposible parecía posible, que diría Rajoy, a quien ya estamos echando de menos. Y llegó, claro que llegó. Llegó el gol de Señor, el gol de José Angel de la Casa y el mío, en la portería custodiada por el patrón del Donosti. Porque con la euforia del <strong>12-1</strong>, media barra se fue sin pagar. Aún siento remordimientos</p>
<p><em><strong>Tres</strong></em>. Ese gol coreado por un gallo antológico que permanece en la memoria de una generación abrió la puerta a la Eurocopa&#8217;84 que seguí desde el bar más futbolero de Logroño. El <strong>Negresco</strong>, alabado sea El Orejas. Sus pizarras, como las del <strong>Carabanchel</strong> cercano, marcaban los goles en cada división nacional con la misma puntualidad y eficacia que internet, ese invento cuyo creador tal vez se inspirase lejanamente en aquel carrusel de tiza. El local de <strong>Martínez</strong> <strong>Zaporta</strong> garantizaba además una frescura inigualable. Ideal para los partidos de la últimas tardes de primavera, cuando el calor empieza a apretar y se agradece que los ánimos se enfríen: lo propio de cuando jugaba la selección de entonces, siempre tan tiritona. La guiaba el mítico <strong>Miguel Muñoz</strong>, a quien atribuían aposentar sus posaderas sobre una flor que le acompañó hasta la final del torneo, que tuve la desgracia de visionar (entonces se empleaba mucho ese verbo) en la soledad del hogar familiar. No fue el caso de la fase de grupos: el Negresco fue mi hogar provisional hasta que una tarde, mientras concluía no sé qué partido, dejé por unos segundos la silla, me acerqué a la barra a pedir algo y cuando regresé a mi asiento, lo encontré ocupado por un tipo de aspecto patibulario, pionero en el arte del tatuaje, a falta de un par de afeitados y pinta de llevar encima mucha mili. Ah, bendita inconsciencia juvenil. Decidí plantarle la cara y rogarle educadamente que se levantara, mientras la selección sesteaba por la tele. Un silencio glacial inundó el bar. El caballero me miró como si estuviera ante un extraterrestre, se puso de pie hinchando el plexo torácico y acercando mucho, mucho, mucho (pero que mucho) sus ojos a los míos me respondió que no le daba la gana. Tenía intención de plantarle la cara (sí, de nuevo la bendita inconsciencia juvenil) cuando el amigo <strong>Luis Santos</strong> se me acercó. Me tomó por el brazo y me condujo a la salida. Protesté. Le dije que no había pagado la consumición pero no me hizo caso. &#8220;Anda, vete para casa, hijo&#8221;. Y me fui sin pagar. Yo empezaba a ver una pauta en todo eso.</p>
<p><em><strong>Cuatro</strong></em>. Mundial de México de 1986, gran acontecimiento: llegan a España las pantallas gigantes. El <strong>Kaiser</strong>, legendario local al que dediqué ya alguna entrada hace tiempo, luce la primera que dispuso un bar de Logroño. La noticia corre como la pólvora entre los veinteañeros locales, que ni siquiera sabían de la existencia de esa calle (Labradores) y mucho menos de una barra con semejante nombre. También lo desconocíamos todo sobre su plato estrella, la hamburguesa, que nos sonaba demasiado yanqui cuando aún cometíamos la tontería de adorar al Che, enfermedad de la que algún compañero de quinta sigue sin curarse. La selección nacional va avanzando hasta la orilla final donde solía morir, pero ese triste epílogo todavía lo ignorábamos mientras asistíamos a esas hazañas en tamaño <em>king size</em> que procuraba aquel megapantallón donde vimos los cuatro goles de Butragueño en Querétaro y la pifia de Eloy ante Bélgica, el penalti fallado que nos devolvió a la realidad. Y que también nos devolvió a casa. Y que a mí me devolvió a la vida cotidiana: la humilde pantallita en blanco y negro del <strong>Tívoli</strong>, donde vi la mano de Dios de Maradona y el golazo que precedió al de Messi ante el Getafe anotado esta vez para superar a los belgas y llegar a la final, que seguir desde la terraza de Bretón de los Herreros, tan querida. De donde era por cierto muy frecuente irse sin pagar: no fue mi caso. Me hacía mayor y renegaba de la tradición. Aunque siempre me pregunté quién se ocupó de pagar las cervezas el día que desalojamos el Kaiser tras doblar la rodilla ante<strong> el guardameta Pfaff y resto de diablos rojos</strong>. Creo que ese no fui yo.</p>
<p><em><strong>Y cinco</strong></em>. En 1981, había asistido a un prodigio. El <strong>Amazonas</strong>, bar de Jorge Vigón que contaba al fondo con una salita donde se jugaba a las cartas y de vez en cuando se veía la tele, fue el lugar elegido para deleitarme con la primera final de Copa de Europa que vi disputar al Real Madrid. Sí, el de <strong>Florentino</strong>, cuyo reino ya se sabe que no es de este mundo sino galáctico. El mundo propio de los seres superiores. Sí, fue fantástico: era el único de toda la concurrencia que quería que ganara el <strong>Liverpool</strong>, lo cual me hacía ya entonces sentirme un mal español. Gozo doble, por lo tanto: ah, la irreverencia adolescente, cuánto la añoro. El partido fue un tostón. Tan aburrido que sólo recuerdo de aquella noche el clímax. Enfilaba la recta final cuando un tuercebotas llamado <strong>Alan Kennedy</strong>, lateral izquierdo de mis adorados <em>Reds</em>, ató la pelota a la puntera, caminó con ella hacia la portería y chutó con tal puntería que obró el maravilloso milagro de silenciar a la cuadrilla de beodos adoradores del club merengue que me acompañaban. Yo había quedado para ver el partido en otro bar que no recuerdo, pero me confundí de sitio. Para cuando observé que ningún amigo me acompañaba, estaba ya demasiado absorto viendo a toda aquella parroquia exultante porque se veía segura de la victoria madridista y pensé la maldad siguiente: no quiero perderme qué sucede si la Copa viaja a Liverpool. Que fue lo que ocurrió, para mi íntima satisfacción: tuve que contener la alegría con tal intensidad que alcancé la calle y es posible, sólo posible, que me fuera del bar sin pagar. En justa venganza, el dios del fútbol me condenó 34 años después a a aceptar la derrota en ese mismo torneo del amado club de <strong>Anfield</strong>, con la famosa llave de judo incluida.</p>
<p>De donde deduzco que sí: que me fui sin pagar del Amazonas.</p>
<p>P. D. Vienen a cuento estos recuerdos ahora que observo la tradición tan extendida de dirigirse al bar favorito para observar las maniobras de <strong>Iniesta y compañía</strong>. El fútbol encuentra en las pantallas de las barras de guardia, o en las terrazas de ciertos locales, su aliado predilecto, aunque desde luego ha degenerado hoy en un tipo de juego que yo a ratos detesto. Todo choque ahora es falta, si el choque es muy abrupto merece siempre tarjeta (una obsesión compartida entre locutores, futbolistas y árbitros, claro) y si ocurre en el área, penalti fijo, sobre todo con tanto jugador ducho en el arte de la simulación. Así que cada partido es una invitación a que surjan por el campo unos cuantos francotiradores, que disparan misteriosos misiles con tal acierto que los jugadores se desploman&#8230; a la misma velocidad del rayo con que luego se levantan una vez conseguidos sus objetivos. Cómo será que ha nacido una estrella reciente a quien apodan <strong>Penaldo</strong>, auténtico as de estas payasadas, con perdón para los payasos. A mí me aburren tanto como ese invento reciente, el llamado <strong>VAR</strong>. Que sólo se salva porque esa denominación me permite el tontorrón juego de palabras con que titulo estas líneas mientras trato de recordar lo antedicho: si pagué o no pagué todas esas cuentas. O si me fui sin pagar.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/06/23/visite-nuestro-var/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1094</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>La Simpatía ya no vive aquí</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/09/16/la-simpatia-ya-no-vive-aqui/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/09/16/la-simpatia-ya-no-vive-aqui/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Sep 2016 07:24:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Bretón de los Herreros]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Donosti]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=716</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Paseo matinal por el corazón de Logroño. Aprovecho para atravesar por la Laurel: me gusta el olor a bar por la mañana. Me gusta sobre todo cuando apenas pasean por la calle sus dueños, que se quitan las legañas de tertulia con sus proveedores, se afanan con la escoba, se preparan para el inminente [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-717" title="Local que albergaba al bar La Simpatía" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-2.jpg" alt="Local que albergaba al bar La Simpatía" width="600" height="450" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-2.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-2-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paseo matinal por <strong>el corazón de Logroño</strong>. Aprovecho para atravesar por la <strong>Laurel</strong>: me gusta el olor a bar por la mañana. Me gusta sobre todo cuando apenas pasean por la calle sus dueños, que se quitan las legañas de tertulia con sus proveedores, se afanan con la escoba, se preparan para el inminente aperitivo. De repente, en el tramo central tropiezo con una agradable sorpresa: obras en el local que alojó el querido <strong>La Simpatía</strong>, escenario de tan buenos y frecuentes ratos. Tomo unas fotos con el móvil mientras entran y salen los operarios, a quienes pregunto ingenuo cuándo reabre el bar. Uno de ellos me mira asombrado y me comunica la mala noticia: no abre. Al revés: ocurre que van a rehabilitar el edificio, incluida su fachada por <strong>Bretón de los Herreros.</strong></p>
<p>Puñalada en el corazón. En efecto, afino la mirada y me encuentro con que los trabajadores van retirando en esos momentos el material arrumbado en sus rincones. Incluido por cierto un misterioso colchón: parece que alguna vez anidó el amor en La Simpatía&#8230; Otro operario se ayuda de una carretilla para ir derribando el material más grueso, mientras confirma lo adelantado por su compañero: “Van a construir otro edificio para oficinas”. Habituales de la calle Laurel, apostados de miranda en ese tramo, corroboran la información. Termino mis fotos. Sigo trepando por la calle hacia el <strong>Blanco</strong> <strong>y Negro</strong>: atrás dejo a mi otro yo, el que encontró tantas veces consuelo en La Simpatía para sus itinerarios por la Laurel.</p>
<p>Porque La Simpatía era uno de mis bares favoritos por varias razones. Entre ellas, una que alguna vez he citado, así que perdón si me repito demasiado: un póster del <strong>Logroñés</strong> que colgado allí, fuera de contexto puesto que quienes posaban para el fotógrafo llevaban años retirados, me devolvía directamente a la infancia. Al crío que iba a <strong>Las Gaunas</strong> a ver a García Fernández, Simarro y otros ídolos setenteros. Me sentaba a consumir un porroncito en la mesa de formica, vigilado por el bigote del futbolista Cenitagoya y resto de dioses tutelares en blanco y rojo, y en cuanto cerraba los ojos volvía a comer pipas en el banquito corrido de General mientras me helaba de frío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-718" title="Interior de La Simpatía, durante las obras en el edificio de la calle Laurel" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-1.jpg" alt="Interior de La Simpatía, durante las obras en el edificio de la calle Laurel" width="600" height="456" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-1.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-1-300x228.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No era su único atractivo. Con el tiempo, me aficioné a consumir en La Simpatía sus inolvidables raciones de rabas, que <strong>Javi</strong> coreaba con su bonita voz de jotero. También le reía los chistes como el resto de la parroquia: como si tuvieran gracia. Me gustaba La Simpatía por su punto castizo, porque no había sucumbido a la <strong>moda gastrobarística</strong> que entonces empezaba a ser tendencia. Y porque había conseguido que cristalizara entre sus paredes ese intangible tan caro: una atmósfera distinta. Para mí era un bar especial y se entenderá por lo tanto que cuando cerró, luego de mil peripecias con la propiedad del inmueble, también desapareciera de repente una parte de la calle Laurel, tal y como tantos y tantos la habíamos conocido. Para mitigar el dolor, hubo que conformarse con el exitoso traslado de uno de sus pinchos fetiches, el famoso <strong>cojonudo</strong>, al cercano <strong>Donosti</strong>, donde custodian el secreto de semejante manjar.</p>
<p>Luego he pasado un millón de veces ante su puerta. Siempre cerrada. Y pensaba para mí lo mismo: qué pena. Qué estupendo bar sería un renacido La Simpatía, aunque no estuviera Javi cantando más que pidiendo otra de calamares. Aunque tampoco reapareciera el querido póster del Logroñés. Cuando la otra mañana volví a pisar su suelo, mientras retrataba su interior en las fotos que ilustran estas líneas, sentí una lástima todavía amplificada. Aunque luego me maliciaba que una vez reconstruido el edificio su planta baja muy bien podría albergar otro bar, sospecho que ese hipotético garito nunca será el mismo.</p>
<p>Que Cenitagoya nos perdone a los logroñeses.</p>
<p>P.D. Comparto con el improbable lector una anécdota revelada por un querido miembro de la cofradía de adictos a los bares de Logroño, quien tenía por costumbre zamparse un <strong>embuchado</strong> en La Simpatía. Una tradición bruscamente alterada: una tarde, Javi le comentó que ya no iba a despachar esa golosina tan estupenda porque no le salía rentable. Pero entre ambos dieron con una solución alternativa: desde entonces, este caballero se proveía de embuchados en la cercana <strong>Plaza de Abastos</strong>, acudía con ellos a la plancha de La Simpatía y sus buenas gentes le preparaban tal manjar, tarifado ad hoc. Que me diga alguien dónde se obra hoy en Logroño un prodigio semejante.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/09/16/la-simpatia-ya-no-vive-aqui/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	<post_id>716</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Dos años de blog&#8230; y cinco rondas gratis</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/11/07/dos-anos-de-blog-y-cinco-rondas-gratis/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/11/07/dos-anos-de-blog-y-cinco-rondas-gratis/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 07 Nov 2014 07:57:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Calderas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Donosti]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Retro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Taberna de Baco]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Torres]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=399</guid>
		<description><![CDATA[Como en este blog pensamos que Bilbao es un barrio de Logroño, nos hemos venido arriba y para festejar los primeros dos años de vida sorteamos unas cuantas rondas por algunos de nuestros bares de confianza. Cinco consumiciones para dos personas, en locales de acusada raigambre logroñesa: Donosti, Taberna de Baco, Calderas, La Retro y [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como en este blog pensamos que Bilbao es un barrio de <strong>Logroño</strong>, nos hemos venido arriba y para festejar los primeros dos años de vida sorteamos unas cuantas rondas por algunos de nuestros bares de confianza. Cinco consumiciones para dos personas, en locales de acusada raigambre logroñesa: <strong>Donosti, Taberna de Baco, Calderas, La Retro y Torres</strong>. A todos ellos, gracias infinitas por su generosa colaboración, vertiginosa por cierto: nada más rogar que se animaran a participar en este sorteo, se apresuraron a contestar afirmativamente. Así que de nuevo, muchas gracias.</p>
<p>¿Qué tienen que hacer los improbables lectores para merecer este obsequio? Poca cosa. Leer hasta el final de esta entrada, donde figura una pregunta muy facilita de contestar para todo logroñés que peine ya alguna cana, relativa a nuestro querido universo de bares. El año pasado, para conmemorar la primera vela en esta tarta compartida en que se ha convertido este blog, ya contamos con la desinteresada contribución de otros tres bares: <strong>Tastavín, Taberna de Tío Blas y La Tavina</strong>. A cambio de degustar sus consumiciones, los ganadores sólo tuvieron que hacer lo mismo que se les pide ahora a quienes acierten con la pregunta de este año: quedar con los dueños de los bares (desde el blog nos ocuparemos de las gestiones) y mandarnos una foto cuando les sirvan sus rondas. Nada más. Facilito. Los ganadores serán los cinco primeros que contesten en <strong>la web de Diario LA RIOJA</strong>. Repito: en la web. No a través de redes sociales.</p>
<p>Este año, soplamos las dos velitas en la tarta coincidiendo con la puesta en marcha de una iniciativa para la cual he contado con el apoyo de unos cuantos seguidores: a través de facebook rogué a unos cuantos de ellos que me dijeran cuáles eran sus <strong>bares favoritos de Logroño</strong>. Animado por la entusiasta respuesta, lancé acto seguido una nueva entrega: cuáles son los bares favoritos… de diez periodistas. El resultado se publicó hace unas semanas; ahora, mientras espero respuesta de esos dos nuevos colectivos de clientes logroñeses (concretamente, diez políticos y diez riojanos que viven fuera). Cuando recopile las contestaciones de los veinte encuestados y, sin ningún ánimo estadístico ni sociológico, renovaré con ellas esa especie de clasificación que he ido publicando.</p>
<p>Listas de bares favoritos al margen, lo prometido es deuda: aquí va la pregunta prometida. Repito: se llevarán las cinco rondas los que primero contesten en larioja.com. Tienen que dejar un teléfono de contacto o una dirección de correo para ponerles luego en contacto con los bares respectivos. El orden será el mismo en que se han mencionado arriba los bares colaboradores, es decir: Donosti, Taberna de Baco, Calderas, La Retro y Torres. Así que allí vamos. Esta es la pregunta. <strong>¿Cómo se llamaba el bar alojado hace años en los bajos del Espolón, que sustituyó a la antigua bolera llamada Trébol?</strong></p>
<p>P.D. Como esta entrada va de agradecimientos, la despido como empecé: dando las gracias. A los bares que colaboran en el sorteo y a los seguidores que he ido encontrando por el camino. Con todos estoy en deuda: por sus atinados comentarios, sus no menos acertadas críticas y por su generosa contribución a que, más o menos cada semana, me anime a dejar por aquí alguna pincelada de lo que significa Logroño en sus bares. Y como bandera de todos ellos, me permito el lujo de agradecer especialmente el cariño con que distingue a este blog <strong>Ramón Gil</strong>, que añade a su dedicación un factor que me llega al corazón: que sigue mis andanzas desde la lejanía. Así que insisto: muchas gracias a Ramón y muchas gracias a todos. Seguiremos informando.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/11/07/dos-anos-de-blog-y-cinco-rondas-gratis/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>20</slash:comments>
	<post_id>399</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>El mejor camarero de Logroño</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/01/17/el-mejor-camarero-de-logrono/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/01/17/el-mejor-camarero-de-logrono/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 17 Jan 2014 08:45:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Donosti]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[El Soldado]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[García]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sebas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tastavin]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tívoli]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=273</guid>
		<description><![CDATA[Un anuncio reciente me invita a volver sobre mis pasos y recordar una entrada antigua, cuando confesaba mi predilección sobre quién era mi camarero favorito: Tío Pío. No era de verdad, sino de ficción: un actor, un figurante de enorme talla que se adueñaba a ratos de una de mis pelis más queridas, Gilda. El [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/tastavin.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-274" title="Invitación del Tastavín para Elena López Tamayo" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/tastavin.jpg" alt="Invitación del Tastavín para Elena López Tamayo" width="600" height="456" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/tastavin.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/tastavin-300x228.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Un anuncio reciente me invita a volver sobre mis pasos y recordar una entrada antigua, cuando confesaba mi predilección sobre quién era mi camarero favorito: Tío Pío. No era de verdad, sino de ficción: un actor, un figurante de enorme talla que se adueñaba a ratos de una de mis pelis más queridas, <strong>Gilda</strong>. El anuncio citado me informa de que comienzan las pruebas para elegir al <strong>mejor camarero de La Rioja</strong>; hay otro certamen similar en danza que emplea una palabra que juzgo desafortunada (<strong>barista</strong>) para lo mismo: para designar a ese hombre o esa mujer que nos guía desde el otro lado de la barra con diligencia, eficacia y cariño.</p>
<p>Digo cariño porque los clientes, pienso yo, exigimos una mano de afecto cuando ingresamos en cualquier bar. Idéntica ambición nos conduce cuando penetramos en un comercio: ser atendidos por alguien que interactúe con nosotros. Un poco de empatía. De lo contrario, bastaría un robot o una máquina expendedora. Eso sí: buscamos algo de afecto, pero sin pasarse. Que no somos de la familia. En particular, aborrezco ese tipo de camareros confianzudos, que parece que anoche cenaron con uno y yo sin enterarme. El tuteo es hoy una plaga tan abrumadora que desisto de plantear batalla porque sale el abuelo Cebolleta que (ay) empiezo a llevar dentro. Ahora te llama de tú cualquier chiguito, tratamiento que antes se reservaba sólo para los conocidos. Pero eso es lo de menos: lo fatal para un cliente conspicuo es comprobar cómo ha decaído el ejercicio de este oficio tan necesario para algunos de nosotros. Sobreviven, cierto, unos cuantos profesionales que honran su trabajo y el legado de sus antecesores: pienso en Tere y Ana, que lo ennoblecen mientras defienden la barra del <strong>Donosti</strong>, tan suculenta. Juanito, su anterior responsable, puede estar orgulloso de ellas.</p>
<p>No son los únicos ejemplos que mencionaré. Ahí van unos cuantos: echo de menos (segundo ay) a Javi gritando las bondades de <strong>La Simpatía</strong>, al anciano Maisi, que subía la empinada cuesta del <strong>Tívoli</strong> para atender su terraza con ese aire de escepticismo propio del camarero que ya lo ha visto todo y que me resulta tan caro. Pienso en otros camareros cuyos fantasmas aquí hemos convocado alguna vez: Santos y Dámaso de <strong>La Granja</strong>, Sebas del bar homónimo, los hermanos <strong>García</strong> también del homónimo bar de la <strong>calle San Juan,</strong> <strong>Manolo de El Soldado</strong> (y resto de la parentela), Alfonso Soldevilla, a quien resulta difícil ver ya a ese lado de la barra… Añada el improbable lector a quienes vea dignos de su confianza y comprobará conmigo que la suerte de muchos bares, creo que de casi todos, se decide no en su oferta de bebidas y comestibles, que también. Tampoco en su decoración o limpieza de los aseos, que también. Tampoco en su emplazamiento, aunque también. No: el éxito o el fracaso de un bar están históricamente unidos a la simpatía y profesionalidad de sus dueños y camareros.</p>
<p>De modo que me resultaría imposible participar de jurado en un certamen que eligiera al mejor de <strong>Logroño</strong>. Supongo que se valorará su pericia administrando líquidos, la rapidez con que gestiona el cafelito, la limpieza pilotando la barra o vaya usted a saber qué. Pero un juicio más detallado exigirá tiempo, tanto tiempo que resultaría inviable. Tiempo para saber si posee la destreza mental del citado Santos, quien te ofrecía el cruasán aunque no lo hubieras pedido (sabía que lo querías), la maestría del mencionado Javi contando chistes malos, la gracia de las mentadas chicas del Donosti echando con una mano a los pesados mientras con la otra sirven a la vez cincuenta vinos y otras tantas raciones. Tiempo para discernir si los candidatos se parecen al actor apodado para el cine Tío Pío, aquel sentencioso Séneca con chaquetilla blanca. Tanto tiempo que es preferible tirar por la calle del medio: mi camarero favorito sería el resultado de sumar las virtudes de los arriba citados. Y de nombre, insisto: a ese camarero imposible le llamaría Tío Pío.</p>
<p>P. D. Ilustra estas líneas la imagen de la tercera y última entrega del relato con los premiados en el concurso ideado aquí para celebrar el primer año del blog. Envía la foto <strong>Elena López Tamayo,</strong> quien brindó con vino de Rioja y un pincho por gentileza del <strong>Tastavín</strong> de la calle San Juan, a cuyos responsables incluyo en mi particular panteón de buenos camareros logroñeses: servicio ágil y cortés, sentido del humor, sin afectaciones, con generosidad. Para ellos, mi felicitación y mi gratitud por participar en el concurso, que alcanza también a Elena.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/01/17/el-mejor-camarero-de-logrono/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>273</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Laurel se empina (Bares dedicados IV)</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/07/laurel-se-empina-bares-dedicados-iv/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/07/laurel-se-empina-bares-dedicados-iv/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 07 Dec 2012 09:07:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Albornoz]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Blanco y Negro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Donosti]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[San Agustín]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sebas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Soriano]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Taza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Travesía]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=31</guid>
		<description><![CDATA[El amigo Justo Rodríguez me envía esta foto del Soriano por si acaso le reservo alguna entrada a nuestra calle más popular, la Laurel. Lo cual me recuerda un artículo que allá en el 2006 publiqué en Diario LA RIOJA y ahora  recupero, con dedicatoria para el caballero. Se titulaba ‘Laurel se empina’. Me temo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-Soriano.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-32" title="Bar Soriano de la calle Laurel de Logroño. La foto es de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-Soriano.jpg" alt="Bar Soriano de la calle Laurel de Logroño. La foto es de Justo Rodríguez" width="600" height="450" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-Soriano.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-Soriano-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>El amigo <strong>Justo Rodríguez</strong> me envía esta foto del <strong>Soriano</strong> por si acaso le reservo alguna entrada a nuestra calle más popular, la <strong>Laurel</strong>. Lo cual me recuerda un artículo que allá en el 2006 publiqué en <strong>Diario LA RIOJA</strong> y ahora  recupero, con dedicatoria para el caballero. Se titulaba ‘Laurel se empina’. Me temo que, aunque ha perdido vigencia en estos seis años (algún bar ha desaparecido, por ejemplo), ahora todavía se empina más. Ahí va.</p>
<p>Mi bar favorito de la calle Laurel es el <strong>Donosti</strong>. Le tengo un cariño que ha superado incluso las reformas contra él perpetradas, que acabaron por deteriorar su alma, de suyo tan castiza. En el Donosti vi el 12-1 de España a Malta, así que cada vez que oigo el gallo de José Ángel de la Casa cantando el gol de Señor lo asocio con su empinada barra, con su atmósfera muy familiar: el padre, <strong>Juanito</strong>, ejercía de capataz y su mujer dominaba la cocina, mientras los críos hacían los deberes en las mesas del fondo. El Donosti era un sorprendente bar cuesta arriba, que servía como metáfora de la calle donde se aloja: Laurel, la misma que sólo ciertos horteras o algún despistado osa denominar <strong>‘La senda’</strong>, apelativo que los indígenas detestamos.<br />
Ahora regreso al Donosti de nuevo reconfortado, porque una de las chicas del desaparecido Iruña ha tomado el relevo de los anteriores dueños, lo cual interpreto como un presagio, la intuición de que sigue valiendo la pena trepar por esta cuesta y destripar su secreto. Porque Laurel no es una calle, es una religión, la Iglesia laica de <strong>Logroño</strong>, con su colegio episcopal, su feligresía, sus sacristanes y hasta sus beatas. Con su propio misterio trinitario: Laurel es una y trina, porque en realidad hay otras dos calles (la <strong>Travesía</strong>, <strong>Albornoz</strong>) tributarias, una más si contamos el tramo inicial de <strong>San Agustín</strong>, allí donde tantas rondas desembocan.</p>
<p>Últimamente, noto la calle aún más cuesta arriba. He comprobado que eso de empinar (el codo) es contagioso, porque también se empinan las cajas registradoras, cuyos propietarios se valen de la debilidad que sus parroquianos sentimos por sus bares. Los fieles ni nos inmutamos ante la minuta ni ante el prodigioso efecto multiplicador que le sucede al vino cuando llega a esta calle: su valor se dispara en la misma proporción en que mengua la cantidad depositada en la copa.<br />
A mí me da lo mismo. Amo la calle Laurel y escalaré por ella aunque todavía se empine más. Disfruto viendo las manos de prestidigitador de <strong>Manolo</strong>, que parte tomates a velocidad endiablada mientras cuenta algún chiste en <strong>El Soldado</strong>. Adoro la bella voz de jotero con que <strong>Javi</strong> pide un cojonudo en<strong> La Simpatía</strong> y me hipnotiza el montacargas por donde la buena gente del <strong>Sebas</strong> arría su exquisita tortilla de patata. El <strong>Blanco y Negro</strong>, el <strong>Taza</strong>, el recuperado Donosti&#8230; Todos forman parte de mi corazón tan logroñés y a todos he vuelto tras algún exilio temporal en <strong>San Juan</strong> y la <strong>Mayor</strong>, cuando esta última calle aún no había sido tomada por las hordas adolescentes, cuando aún la reconocía como la de toda la vida. Así que seguiré sonriendo con las ocurrencias de Manolo, saboreando los calamares que preparan donde Javi y maravillándome con las referencias de Rioja que han ido coleccionando los herederos de Sebas. Soy un cliente fácil que sólo desea precisamente eso: que nos lo pongan algo más fácil.</p>
<p>P.D. El Soriano no se aloja estrictamente en la Laurel, pero ya advierto arriba que la calle es una especie de tres en una. El imaginario popular también denomina como Laurel a la calle Albornoz y a la Travesía, en cuyo número dos radica en realidad esta barra tan célebre, dedicada al monocultivo del pincho único que le da fama: ese <strong>champiñón</strong> cuyo misterio (dicen) está en la <strong>salsa</strong>, una fórmula tan secreta como la de la Coca Cola. Ese champi que yo sigo intentando tomar sin pringarme: en vano, lo confieso.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/07/laurel-se-empina-bares-dedicados-iv/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<post_id>31</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
