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	<title>Logroño en sus baresEl Andén &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Bares lindos y queridos</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2018 08:19:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/04/mexico.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1064" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/04/mexico-300x134.jpg" alt="Los tres bares de la promoción Ciudad de México. Foto de Justo Rodríguez" width="300" height="134" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/04/mexico-300x134.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/04/mexico.jpg 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He olvidado la primera vez en que alguien me habló del Ciudad de México. ¿México? ¿México en <strong>Logroño</strong>? Resultó que algún benemérito constructor logroñés había ideado bautizar con ese cariñoso recordatorio al país hermano una promoción de viviendas que empezaba a elevarse allá donde la ciudad casi dejaba de serlo. Una feliz ocurrencia: aquella urbanización, dotada de elementos muy avanzados para la época, se convirtió en una referencia local, lo cual da idea del tamaño de su éxito. Porque toda esa manzana, y casi el barrio incluido, empezó a denominarse de esa manera en la jerga logroñesa: donde el México, se decía y todavía se dice, y todo el mundo entendía y entiende de qué estamos hablando. De ese rincón de <strong>Vara de Rey, frente al colegio de las Escolapias,</strong> donde no sólo se levantaban esos pisos célebres: también daba nombre la misma voz al bar que pronto se instaló entre ellos. Ocupando un local en una bajera, dotado de terraza frontal y de otra emboscada junto a la puerta trasera, que durante años defendió con maestría el amigo <strong>Ángel</strong>.</p>
<p>El México, que ha aparecido aquí otras veces, representaba el ideal de cualquier hostelero: <strong>un bar que casi nunca cerraba</strong>. Abría para el desayuno temprano y la bola empezaba a correr: el cafelito de media mañana, el reparador tentempié del mediodía, el aperitivo&#8230; Ofrecía también almuerzos y pronto se convirtieron en famosas sus sobremesas bien regadas de cafés y naipes, las meriendas de las criaturas cuyos progenitores acababan de recogerlas del cole, el vino vespertino acompañado de algún bocado&#8230; Las cenas, las recenas y las copas que se asomaban a la medianoche&#8230; Lo dicho: un bar que parecía infinito. Donde además estaban aseguradas las risas si le hacías a Ángel el favor de hacer como que sus chistes tenían gracia&#8230;</p>
<p>Alineada con el patrón, la plantilla de camareros aseguraba un servicio profesional y eficaz, de modo que se entenderá lo antedicho: el enorme impacto que generó en aquel Logroño que se dispuso a crecer en la misma dirección. Hacia el sur. De modo que se explica que a su vera brotara años después otro bar que se instalaría en su exitosa estela y aceptó también la nomenclatura azteca. Nació el <strong>Monterrey</strong>. Y las gentes de este periódico fueron todavía más felices: ya tenían un sitio más donde abrevar a la salida del trabajo o mientras esperaban que llegara el teletipo de última hora. Como ambos bares nos quedan enfrente, se entenderá la predilección que en esta casa se reserva para ambos locales, para sus fundadores por supuesto y para quienes luego los defendieron&#8230;</p>
<p>… Hasta esta hora presente, cuando esa breve manzana puede presumir de disponer de una jugosa oferta en materia de bares, garantizada con la sola presencia de tres locales. Porque a los dos citados, que mantienen competitivo su nivel, se unió hace algún lustro la renovación emprendida por <strong>El Andén</strong>, que dejó de ser la degustación de café de antaño para convertirse en un negocio multitarea, igual que sus hermanos de acera. Desde temprana hora bulle la barra, donde según mi experiencia se sirve (milagro, milagro) un estupendo cafelito, perfecto de punto. Tan perfecto como su otra gran baza para gozo de la clientela: la caña. Muy, muy bien tirada: los camareros de El Andén parecen de Madrid. Y puesto que el servicio es eficaz y discreto, la música de fondo no molesta sino que se agradece y la barra se dispone bien surtida de gollerías&#8230; El éxito se da por descontado.</p>
<p>Como también es el caso del vecino Monterrey, que puede alardear de esa misma oferta de su vecino competidor y añade además su vocación por las copas nocturnas, una franja que ocupa con sobresaliente respuesta de público puesto que figura en el ADN fundacional de la familia que tantos años ocupó este local, los <strong>Zapata</strong>. Sirven por cierto una barra muy rica en manjares de todo tipo: ya se mencionó aquí sus estupendos morros. Gloria bendita. Y su carta de vinos, también como la propia de El Andén, me parece muy acabada. Otros dos bares lindos y queridos.</p>
<p>Concluye el paseo ahí al lado, en el México originario. Que ahora se denomina <strong>Porto Vecchio</strong> y, como otras ramas de la misma familia, se distingue por el producto estrella: la tortilla de patata. Que recuerda al bocado inaugural, esas tortillas nacidas en los fogones de la misma familia allá en el Porto Novo, de cuando el Tontodrómo era eso: el lugar donde había que estar. Para ver y ser visto. De aquel Porto Novo nacieron unos cuantos bares denominados Porto Vecchio: por ejemplo, el de Vara de Rey, que cuenta además, como el anexo Monterrey, con la discreta terracita del fondo. Esos veladores donde tantos y tantos logroñeses que hoy ya están pensando si les quedará paga cuando se jubilen celebraron algún cumpleaños o su primera comunión. Fiestas infantiles, fiestas familiares, amenizadas a menudo no sólo por el mejorable ingenio de Ángel contando chistes: también atacaba de vez en cuando su acordeón. Que dejó de sonar cuando abandonó su negocio, aunque Ángel nunca dejó Logroño: lo verá usted de vez en cuando como yo, por estas calles que son las nuestras, recordando los felices días pasados al frente de su bar. Que hizo bueno a su manera el mandato bíblico: dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Sobre todo, a tanto hambriento y sediento periodista de esta casa.</p>
<p>P.D. Se puede perpetrar una ronda de solo tres bares y quedar saciado, sobre todo porque las barras están bien dispuestas de una rica oferta multicolor, como lo demuestran cada día los alojados en tan breve tramo de Vara de Rey. Quien se quede con ganas de proseguir su itinerario, allá en el cruce con la Circunvalación dispone de otra barra, la del Sándalo. O dirigir sus pasos hacia el norte, donde se alza el <strong>Ciudad Jardín</strong> y también el <strong>Comodoro</strong>. Y hay otra opción: doblar la esquina por <strong>Poeta Prudencio</strong> e ingresar en el periplo que se ofrece por el barrio de <strong>Cascajos</strong>. Pero esa es otra historia.</p>
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		<title>La caña de España</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Feb 2013 18:55:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/espuma-buena.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-91" title="La espuma de los días, según imagen de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/espuma-buena.jpg" alt="La espuma de los días, según imagen de Justo Rodríguez" width="600" height="322" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/espuma-buena.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/espuma-buena-300x161.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><br />
<strong>La caña de España</strong>, la bebida rubia (a ratos morena, gentileza de Mr. <strong>Guiness</strong>), el grifo del que mana esa pócima tan rica para sobrellevar los calores de la canícula, apta también para otras estaciones del año. La bebida que antes de la globalización se desdoblaba como si fuera el mapa de la España autonómica: en Cataluña se llamaba <strong>Damm</strong>, en San Sebastián <strong>Keler</strong>, en Galicia <strong>Estrella</strong>, en Andalucía <strong>Cruzcampo</strong> (aunque Córdoba tenía su <strong>Águila</strong>), en Madrid siempre Mahou… Hoy uno encuentra casi todas estas marcas en el súper de la esquina o en los bares de confianza, que en este asunto (como se verá) no son tantos. Con todos ustedes, nuestra amiga la <strong>cerveza</strong>, amable competidora de otro amigo, el <strong>vino (de Rioja</strong>), cuyas vidas sin embargo juzgo compatibles: yo, por ejemplo, observo que es común mi manía a empezar la ronda con una caña y seguir luego de vinos.</p>
<p>Así que se puede querer a ambos a la vez y no estar loco. Aunque si fuera posible que tanto la una como el otro se nos sirvieran con algo más de esmero, eso que saldríamos ganando. Frente a la opinión habitual, me parece que el vino recibe mejor trato en <strong>Logroño</strong>, sobre todo de un tiempo a esta parte, que la cerveza. ¿Recuerda alguien un bar donde se tire la caña (hermosa expresión piscícola) con garantías? Sí, a mi también me parece que no hay muchos. Una pena, porque sin ponernos demasiado estupendos, debemos reconocer que sólo entonces adquiere este bebedizo todo su sabor y despliega toda su potencia. ¿Para tomarla en condiciones habrá que resignarse a aprovechar cada visita a <strong>Madrid</strong>? Sería una lástima, aunque tengo observado que no hace falta irse tan lejos: en mis excursiones a <strong>Soria</strong> observo una feliz cultura cervecera cristalizar en la habilidad con que sirven la caña en cada bar, la maña con que manejan los grifos, el respeto que de ahí se deriva hacia el cliente.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/eldorado.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-92" title="Entrada al bar El Dorado de Logroño (Justo Rodrìguez)" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/eldorado.jpg" alt="Entrada al bar El Dorado de Logroño (Justo Rodrìguez)" width="600" height="530" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/eldorado.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/eldorado-300x265.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Un reciente descubrimiento me permite sospechar que no está lejano el día en que la mayoría de los camareros logroñeses se dote de la misma habilidad. Ya sé que hay unos cuantos garitos donde se honra a la caña y tengo entre ellos debilidad por <strong>El Dorado de Portales</strong>, aunque sólo fuera (también) porque sus dueños me parecen de lo más simpático y he disfrutado mucho de sus ocurrencias cuando los tenía de vecinos en la grada del Palacio viendo al <strong>Naturhouse</strong>. Es un bar que lo tiene todo: una clientela amigable, un emplazamiento castizo (donde el añorado Félix Guallar defendía sus fotos), criterio para elegir la música y esa hermosa imagen en la puerta de uno de mis mitos cinéfilos, el gran John Wayne, que nos invita a entrar (como atestigua la foto de <strong>Justo Rodríguez</strong>).</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/anden.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-93" title="Cervezas reposando en el grifo de El Andén" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/anden.jpg" alt="Cervezas reposando en el grifo de El Andén" width="600" height="293" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/anden.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/02/anden-300x147.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Pero El Dorado es una barra veterana, cuyos hallazgos son bien conocidos entre los parroquianos locales: lo novedoso, al menos para mí, es la buena nueva de la flamante aparición de<strong> El Andén</strong>, bar situado en <strong>Vara de Rey</strong> donde antaño lucía una degustación de café. Un sitio estupendo. Decorado con gusto, servicio profesional, música ambiente al volumen adecuado que no se entromete en las conversaciones&#8230; y una especial dedicación cervecera. La caña se tira sin alardes exagerados, pero según los cánones. El vaso es del tamaño adecuado, la cerveza se deja reposar lo suficiente (y ahí está la foto como prueba) y su Mahou es una garantía (al menos para quien esto escribe). Así que otra caña es posible, aunque veo que en este ámbito se prodiga últimamente mucho el mismo nivel de pedantería que ya cité en otra entrada del blog dedicada a la ginebra y la tónica: parece que las cervezas de toda la vida ceden en prestigio frente a otras que nadie conocemos de verdad, que seguramente pronunciamos mal y que luego saben parecido (o incluso peor) que las cañas de confianza. Lo dicho: pecadillos de nuevos ricos.</p>
<p>Que <strong>San Miguel</strong> nos perdone.</p>
<p>P.D. <strong>Mateo, Bernabé y Santiago</strong> son, como es conocido entre los aficionados cerveceros de la ciudad, las tres marcas de un proyecto de reivindicación de la cerveza autóctona ideado por unos jóvenes emprendedores riojanos. Enhorabuena por su valentía. Yo me he aficionado a catarlas, con resultados desiguales: me gusta mucho la nueva, Santiago, una tostada que te transporta a tu pub favorito de Londres, y también me parece muy lograda la llamada Mateo, cerveza de trigo bastante rica. Con Bernabé tengo más dudas. Se ofrecen en una presentación muy lograda, aunque (por poner alguna pega) detecto un exceso de ‘decoración’ en la botella que le aporta poco y, sin embargo, escasez de información para el consumidor.</p>
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