<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Logroño en sus baresEmiliano &#8211; Logroño en sus bares</title>
	<atom:link href="https://blogs.larioja.com/logronobares/tag/emiliano/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.larioja.com/logronobares</link>
	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Aug 2021 02:33:20 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Nuestro hombre en la barra: una saga de camareros logroñeses</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/06/26/nuestro-hombre-en-la-barra-una-saga-de-camareros-logroneses/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/06/26/nuestro-hombre-en-la-barra-una-saga-de-camareros-logroneses/#respond</comments>
		<pubDate>Sun, 26 Jun 2016 17:14:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Cantabria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Emiliano]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Tarasca]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sagasta]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tívoli]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=679</guid>
		<description><![CDATA[&#160; En el paisaje de los bares logroñeses menudea un paisanaje distinguido por militar en una estirpe común: un linaje familiar. De modo que resulta habitual, así antaño como hogaño, que miembros de la misma saga defiendan barra tras barra, tanto el negocio donde se destetaron acompañando a padres (incluso abuelos), como el propio local [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/emiliano.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-680" title="Emiliano padre y Emiliano hijo, en La Tarasca. Foto de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/emiliano.jpg" alt="Emiliano padre y Emiliano hijo, en La Tarasca. Foto de Justo Rodríguez" width="600" height="357" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/emiliano.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/emiliano-300x179.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el paisaje de los <strong>bares logroñeses</strong> menudea un paisanaje distinguido por militar en una estirpe común: un<strong> linaje familiar</strong>. De modo que resulta habitual, así antaño como hogaño, que miembros de la misma saga defiendan barra tras barra, tanto el negocio donde se destetaron acompañando a padres (incluso abuelos), como el propio local donde la última generación de camareros se aposenta para hacer lo que su familia hizo toda la vida: ejercer el noble oficio de camarero. Se suele reconocer a estos eméritos profesionales por un sello peculiar: que lucen como divisa honrar a sus antepasados desempeñándose con un suplemento adicional de esmero.</p>
<p>Una cierta elegancia. Es el caso de <strong>Emiliano Sáenz</strong>, hijo de otro<strong> Emiliano Sáenz</strong>: al primero lo reconocerán los clientes del bar<strong> La Tarasca</strong>, en <strong>Siete Infantes</strong>. Que no es sólo bar. Funciona como casa de comidas, dispensa copas cuando anochece y encarna el ideal de todo hostelero: prolongar la jornada cuanto haga falta porque tiene respuesta para cada tramo horario. «Como pasaba en el <strong>Tívoli</strong>», aclara Emiliano hijo, que defiende La Tarasca con su socio <strong>Iñaki</strong> y con el visto bueno del patriarca, quien asiente: «Sí, el Tívoli empezaba a las seis menos cuarto».</p>
<p>Nada menos. Seis menos cuarto, ojo. Con la aurora, cada día el camarero llamado<strong> Pablo Barrón</strong> abría la puerta, enchufaba la prodigiosa cafetera de cuatro grupos (reliquia que, cuando cerró el popular bar, quedó en manos amigas, igual que el mítico retrato del <strong>Panaderito de Oyón</strong>) y empezaba a atender a una parroquia multitudinaria desde tan temprana hora, alimentada por la cercana plaza de Abastos: todos los gremios pasaban por sus mesas para reconfortantes desayunos, copiosos almuerzos, naipes al amor del solysombra, cervezas en la terraza perfumadas por las pipas paridas en la locomotora de <strong>Anita</strong>.</p>
<p>Emiliano había tomado la dirección del Tívoli en 1969. Cerró en el año 2000: entre ambas fechas, median cantidades abrumadoras de <strong>carajillos</strong> («Ahora ya no se sabe ni preparar», se lamenta), <strong>cafécopaypuro</strong>, vasos de rico tinto («Siempre, de <strong>Baños de Ebro</strong>», subraya) y pócimas ya extinguidas: entonces, la oferta de tragos gozaba de una variedad que los dos Emilianos añoran, incluyendo bebedizos desconocidos para quien esto firma, como el fenecido <strong>ponche Nelson</strong>. A lo largo de la charla, Emiliano padre exhibirá una memoria prodigiosa. Escalofriante. Recuerda por su nombre a cada camarero que tuvo contratado (<strong>Maisi, Fermín Quintanilla</strong>&#8230;), incluyendo la media docena de profesionales que fichaba por <strong>San Mateo</strong>, oriundos de Soria y Zaragoza. No olvida nada: tampoco la idea pionera, revolucionaria para la época, de añadir una tapa al chiquiteo, que en su caso adoptó la forma de banderilla de cebolla con bonito. Un bonito en conserva que adquiría en formato XXL, bautizado <strong>pandereta</strong> en la deliciosa jerga hostelera. Y la joya de la corona, que sus clientes más veteranos recordarán: sus célebres navajas de <strong>Cambados</strong>, piezas indispensables para el aperitivo. Una golosina que llevaba a peregrinar hasta sus puertas a las más acreditadas cuadrillas logroñesas&#8230; cuyos apellidos también Emiliano va recitando.</p>
<p>Pero no daremos nombres. Porque cualquier logroñés se habrá acodado alguna vez en el prodigioso bar de la esquina de <strong>Bretón</strong> con <strong>Gallarza</strong>, donde era tan habitual quedar para iniciar la ronda como recurrir a él para el último trago del día. Lo subraya Emiliano hijo, cuya personal historia hostelera se inició en ese mismo espacio, surcado de veladores, ayudando a la vuelta de la mili (años 80) en el negocio familiar.</p>
<p>Era otro Tívoli porque era otro <strong>Logroño</strong>. Su padre y su madre, <strong>Ana Mari</strong>, factor decisivo del éxito del local custodiando la cocina, habían desembarcado en este bar luego de otros desempeños: el original, en el local de las <strong>piscinas</strong> <strong>de Cantabria</strong>, adonde llegaron desde su <strong>valle de Ocón</strong> natal para convertirse en abastecedores de una sociedad que entonces conservaba el aire familiar que fue perdiendo durante los diez años en que Emiliano se ocupó de derrochar profesionalidad, aliviando a pelotaris y futbolistas domingueros con sus porrones, organizando verbenas y llamando por su nombre a todo el mundo, desde el presidente y secretario de entonces (Pedro Urbiola y Jesús Uribe), hasta al ideólogo de aquel universo, el padre Gato, pasando por cada socio grande y pequeño. Era unEmiliano casi juvenil, recién casado: tenía 25 años y ya desplegaba su talento discreto y eficaz, que luego le ganaría justa fama en el Tívoli.</p>
<p>De Cantabria, Emiliano y familia viajaron al <strong>Sagasta</strong>: entonces, único instituto de Logroño. Atendían en los recreos las dos barras del edificio sirviendo bocadillos para aquel tumulto de alumnos y despachaban también las comidas a los estudiantes de fuera. Más de doscientos servicios diarios de lunes a viernes que ponían a prueba su energía y que aún les procuran alegrías: son centenares los antiguos alumnos que les recuerdan con cariño y no hace tanto apareció por La Tarasca uno de ellos, natural de Murillo, con tres botellas de vino para regalar a Emiliano. Merecido. Durante un par de años, la familia llegó a atender tres negocios a la vez, entre Cantabria, Sagasta y el Tívoli. Un milagro cuyo secreto revela el patriarca: «Teníamos que ir a todos los sitios corriendo, corriendo».</p>
<p>Hoy, jubilado y a punto de cumplir los 82 años, Emiliano repasa con su hijo la trayectoria que inició de camarero en Cantabria, desgranan confidencias, participan de unas cuantas ideas comunes. A saber, que un bar debe honrar dos atributos: limpieza y atención al cliente. Y que los tiempos, en efecto, van cambiando. A mejor, apunta el padre, porque los adelantos ayudan a perfeccionar el cuidado a la parroquia: el trabajo, coinciden, «hoy es más fácil». Aunque también detectan nubarrones: pérdida de respeto en el trato entre camarero y cliente, menor celo en los detalles mayores y menores del servicio, una exigencia sin embargo cada día creciente&#8230; Un complejo mundo que Emiliano hijo observa parapetado tras su máxima: «En La Tarasca estamos Iñaki y yo para seguir dándolo todo». Una idea que entronca con otra que su padre regala al periodista: «Si tienes algo bueno, no le eches nada malo».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/tivoli.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-681" title="Emiliano Sáenz, tirando la caña en el Tívoli" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/tivoli.jpg" alt="Emiliano Sáenz, tirando la caña en el Tívoli" width="600" height="416" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/tivoli.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/tivoli-300x208.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P.D. Emiliano padre confiesa que quedó tan exhausto de su actividad profesional que hoy le cuesta ir al bar&#8230; incluso de cliente. Se decanta para sus escapadas por el <strong>Marbella</strong> de Juan XXIII, muy cerquita de casa, y por las tertulias del<strong> Círculo La Amistad</strong>, benéfica institución que le tiene entre sus socios. Poco más. Lejanos los días en que aprovechaba algún descanso del Tívoli para darse su vuelta por los vecinos mostradores que sus colegas de entonces defendían en el Logroño castizo. La Simpatía, Soriano, Perchas, Donosti, La Florida, El Soldado&#8230; Leyendas logroñesas, a las que Emiliano hijo añade sus propias referencias: el Asterisco, García, Tastavin&#8230; El pasado y el presente reunidos en una misma saga de camareros logroñeses.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/06/26/nuestro-hombre-en-la-barra-una-saga-de-camareros-logroneses/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>679</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Bar de frontón</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/03/11/bar-de-fronton/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/03/11/bar-de-fronton/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 11 Mar 2013 19:35:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[bar]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cantabria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Daniel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Emiliano]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Juan Pablo]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=108</guid>
		<description><![CDATA[En 1993 colaboré en un libro de la Federación Riojana de Pelota, que conmemoraba sus primeros 50 años, por invitación de Carlos Muntión. Le envié este artículo que recupero aquí, que tiene que ver con la pelota como Moby Dick con la caza de ballenas: es decir, que es la excusa. En realidad, hablaba de un [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/Cantabria.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-109" title="Daniel y Juan Pablo García Jiménez (Federación Riojana de Pelota)" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/Cantabria.jpg" alt="Daniel y Juan Pablo García Jiménez (Federación Riojana de Pelota)" width="600" height="1280" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/Cantabria.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/Cantabria-141x300.jpg 141w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/03/Cantabria-480x1024.jpg 480w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>En 1993 colaboré en un libro de la <strong>Federación Riojana de Pelota</strong>, que conmemoraba sus primeros 50 años, por invitación de <strong>Carlos Muntión</strong>. Le envié este artículo que recupero aquí, que tiene que ver con la pelota como Moby Dick con la caza de ballenas: es decir, que es la excusa. En realidad, hablaba de un bar. El de las <strong>piscinas de Cantabria.</strong> Se titulaba <strong>‘Échale la culpa a Emiliano</strong>’.</p>
<p><strong>Emiliano</strong> tuvo la culpa. Cada mañana de domingo, cada tarde de verano, un puñado de curiosos tomaba al asalto el emparrado el banco corrido alineado contra la pared continua al rebote. Era la misma pared de donde nacía la puerta trasera del <strong>bar de Cantabria</strong>. Periódicamente, de ella emergía Emiliano con algún porrón de vino con gaseosa que alimentara la afición pelotazale -entonces se decía así- de quienes allí se asentaban, más atraídos por la promesa de algún sólido almuerzo o alguna edificante merienda que por la posibilidad de que algo sucediera en el frontón propiamente dicho. Con el tiempo, todos acabamos girando la vista hacia los pelotaris. Alguno de ellos también se sumaba al convite cuando aparecía Emiliano desde el bar con el porrón y dejaba en suspenso su participación en aquellas interminables disputas a pala con pelota de goma, especialidad -luego lo supimos- menor en el universo de la pelota.</p>
<p>Pero nunca se nos ocurrió que la diversión pudiera graduarse a quienes nos concentrábamos allí, especialmente cuando caía la tarde de cualquier verano, convocados a menudo por el campeonato que organizaba a sociedad. Dividido en primera y segunda categoría, el torneo trasladaba la atención de los socios a cuanto sucedía en aquel territorio que limitaba al sur con el frontón ‘de mujeres’, al norte con el bar, con un pintoresco emparrado al final del ancho y el frontis paralelo a la piscina &#8216;mixta&#8217;. Porque aquel era aún el tiempo en que las piscinas y hasta los frontones tenían sexo. El &#8216;de hombres&#8217; tenía incluso arrendatarios: bastaba con apuntarse en la pizarra que alguien custodiaba en el vestuario para que durante una hora el disfrute del frontón se concediese a éste o a aquel agraciado, suceso que acostumbraba a marginar a los aficionados más jóvenes, en beneficio de sexagenarios pelotaris -recuerdo hoy a un tal Cundín- que copaban toda la pizarra -y con ella, el frontón- desde temprana hora.</p>
<p>Afortunadamente, no era, sin embargo, la única posibilidad con que contaba la chiquillería de entonces. También se encontraba a su disposición el frontón ‘de mujeres’, escenariomonopolizado en horario matutino por un rosario de pintorescas aficionadas, una suerte de Lily Alvarez de la pelota a pala. En horario vespertino, el mismo frontón se rendía al &#8216;primi&#8217;, colectivista juego que entusiasmaba a los más pequeños y fomentaba la unión entre sexos que esa curiosa división de frontones y piscinas negaba.</p>
<p>Existía aún otra opción. Se trataba de acceder al frontón &#8216;de hombres&#8217; en las desdichadas horas que seguían a la comida. Era entonces un recinto inhóspito, abatido por un sol inclemente, donde nadie osaba asomarse pala en ristre. Quien se arriesgara a una insolación tenía en aquellas horas el refugio perfecto para golpear mil veces la pelota contra el frontis sin que nadie le molestara. Aquella era la hora de <strong>Juan Pablo y Daniel</strong>. Aliados con algún otro infeliz explorador, los hermanos<strong> García Jiménez</strong> disfrutaban de la exclusiva del frontón. Pronto comprobamos que en la cancha se comportaban igual que fuera: Juan Pablo, pelotari silente y sutil, andaba por el frontón con la misma naturalidad que su hermano Daniel, más explosivo y temperamental. Una característica les unía: cuando creíamos que aquel era un deporte de mancos, los hermanos nos recordaron que se puede golpear la pelota indistintamente con la diestra y la siniestra. Por el contrario, los ídolos de aquel tiempo apenas acertaban a empalar con su mano buena y hasta había quien incorporaba desde el tenis la funesta costumbre de golpear al revés.</p>
<p>No era el caso de nuestros Daniel y Juan Pablo. Cuando ni el oro olímpico ni la Copa del Rey ni los Campeonatos del Mundo podían siquiera asomarse a su imaginación, ya se ejercitaban en el noble oficio de enviar pelotazos al rebote con ambas manos. Como decía Daniel, “lo bueno de la pelota es que siempre tendrás los dos brazos igual de fuertes”. Juan Pablo añadía a su capacidad como pelotari un aplaudido virtuosismo para recuperar las pelotas que morían en la red de rejilla que coronaba el frontón. Los García Jiménez coincidían también en su habilidad para aprovechar cada momento en que quedase vacante el frontón y colocarse allá con sus palas. Cualquier excusa era válida: desde el intervalo que mediaba entre el arriendo de frontón de hora en hora, hasta esos minutos que los pelotaris perdían en prepararse o los ratos en que, con la pelota calada, los jugadores marchaban de excursión en su búsqueda. Daniel y Juan Pablo, que rondaban por el frontón pala al hombro, avanzaban en su aprendizaje en esos momentos de vacío pelotazale que llevaban al paroxismo cuando veían que el recinto se adjudicaba a lamentables pelotaris, incapaces de enviar la pelota más allá del cuadro cinco. En estas ocasiones, los hermanos se apoderaban del rebote y jugaban allí seguros de que los verdaderos ocupantes del frontón nunca les molestarían. Al revés, a los arrendatarios sí les molestaba esta insolencia adolescente, pero todos sus argumentos para mover de su territorio a los dos mozos se estrellaban contra la certeza de que el frontón, en justicia, debía ser para el mejor. Y los mejores eran Daniel y Juan Pablo.</p>
<p>Porque todos los que nos protegíamos del sol bajo el emparrado, junto al ancho, sabíamos ya -quizá lo supimos siempre- que asistíamos a la forja de dos campeones. Aunque los ídolos de entonces fuesen Pitín con su muñeca prodigiosa, Jorcano -que vivía a media pensión en el rebote- Sacristán y su ’meyba&#8221; color salmón o el propio padre de las criaturas, Daniel García Villanueva, que entendía el frontón como una continuación de la medicina. Aunque el ídolo de entonces fuese el gran Quemada, todos nos empezamos a rendir a la evidencia en cuanto a los pequeños hermanos, tras algún exitoso coqueteo con el tenis vía materna, se hicieron fuertes en el frontón. Con aquellas pelotitas negras -las de punto rojo eran las mejores- y aquellas palas hoy pasadas de moda, Daniel y Juan Pablo galvanizaron la pelota en Cantabria en un curioso proceso de retroalimentación: mientras ellos creaban afición, la afición creaba dos campeones de quienes enorgullecerse.</p>
<p>Por eso no olvidamos que en aquel destartalado frontón que, incluso tenía sexo, nació una pareja para la gloria. Y tampoco olvidamos que buena parte de la culpa la tuvo Emiliano, el dueño del bar.</p>
<p>P.D. Sobre Cantabria y sus piscinas escribieron al alimón <strong>Bernardo Sánchez</strong> y <strong>José Ignacio Foronda</strong> en un libro titulado <strong>‘La ciudad en el ombligo’</strong>. (Logroño, 2004). Es un volumen editado por <strong>Pepitas de Calabaza</strong> que os recomiendo. Creo que su artículo llevaba el hermoso título de <strong>‘Sociedad recreativa’</strong>.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/03/11/bar-de-fronton/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
	<post_id>108</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
