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	<title>Logroño en sus baresFelipe Royo &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Mi exBuenos Aires querido</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jul 2018 16:25:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; &#8220;Cosas de la vida&#8221;, recuerda Felipe Royo, miembro de la familia fundadora del Buenos Aires, que el domingo entonó su último tango. Porque resulta que, también por razones familiares, la clausura de la popular casa de comidas logroñesa que deja a sus incondicionales medio huérfanos le sorprende precisamente en Buenos Aires&#8230; A una distancia [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1105" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-1-300x211.jpg" alt="La gran familia del Buenos Aires, el domingo en que cerró sus puertas. Foto de Sonia Tercero" width="300" height="211" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-1-300x211.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-1-768x540.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-1-1024x719.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-1.jpg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
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<p>&#8220;Cosas de la vida&#8221;, recuerda <strong>Felipe Royo,</strong> miembro de la familia fundadora del<strong> Buenos Aires</strong>, que el domingo entonó su último tango. Porque resulta que, también por razones familiares, la clausura de la popular casa de comidas logroñesa que deja a sus incondicionales medio huérfanos le sorprende precisamente en Buenos Aires&#8230; A una distancia oceánica del negocio &#8220;que durante tantos años ha sido mi casa&#8221;, reflexiona por correo electrónico. Al otro lado de la pantalla, es posible que derrame alguna lagrimita. O la contenga.</p>
<p>Porque ocurre que Felipe, quien servirá en este artículo como hilo conductor de la legendaria historia del restaurante que pone fin a más de 80 años de actividad, confiesa que ha pasado media vida &#8220;<strong>entre las calles Laurel y Bretón de los Herreros</strong>, donde se desarrolló toda mi infancia&#8221;. El Buenos Aires contaba con acceso a ambas calles, lo cual explica que Royo atesore &#8220;recuerdos imborrables&#8221;. Por ejemplo, &#8220;de las cuadrillas que entonces chiquiteaban, los almuerzos con los comerciantes del Mercado de Abastos como protagonistas, las gambas a la plancha, las tortillas de patata, las salchichas de Galilea, la merluza rebozada, el vino de Tudelilla&#8221; y un interminable etcétera. Que le llevan a recordar a su propio padre, &#8220;que falleció tan prematuramente&#8221;, descargando las cubas de Rioja &#8220;y sulfatándolas cada vez que venía la cisterna, que no sé cómo hacía para entrar por la estrecha Laurel&#8221;. &#8220;De ahí al garrafón y luego a las botellas y así día tras día&#8221;, agrega.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-laurel.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1106" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-laurel-223x300.jpg" alt="El Buenos Aires de la calle Laurel" width="223" height="300" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-laurel-223x300.jpg 223w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-laurel.jpg 600w" sizes="(max-width: 223px) 100vw, 223px" /></a></p>
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<p>¿Más recuerdos? En efecto, alguno queda: la venerable pizarra con los resultados del <strong>Logroñés</strong>, &#8220;que tenía su sede justo enfrente&#8221;, o los descansos del Bretón &#8220;y las cenas de artistas que pasaban al restaurante por la cercanía entre función y función, con mis abuelos, mis tíos o mis primos&#8230; Muchos recuerdos&#8221;, resume, &#8220;de mi infancia y mi juventud&#8221;. Que son la infancia y la juventud de toda una generación de logroñeses que ya peinan alguna cana, con quien seguro que compartirá imágenes comunes, en blanco y negro todavía. Como aquella mesa &#8220;donde <strong>Román Galarraga</strong>, el mítico entrenador blanquirrojo, se tomaba su porroncito de vino en tertulia vespertina, la ventanita que daba a Laurel o las comidas en la calle cuando llegaba San Mateo&#8221;.</p>
<p>Desde el genuino Buenos Aires, la querida capital argentina, la moviola de Felipe rebobina otro arsenal de imágenes, ya más recientes. Como el traslado a <strong>República Argentina</strong>, &#8220;donde mi cuñado <strong>José Mari</strong> y mi hermana <strong>Pitu</strong> han seguido, con éxito y mucho trabajo, la tradición familiar&#8221;. Y puesto que el amigo <strong>Soroa</strong>, que hoy se corta con su esposa la imaginaria coleta, fue un as del balón (también en blanco y negro, ojo) no sorprenderá saber que su local ejerció como una suerte de sede oficiosa del Logroñés de su edad más gloriosa. &#8220;Sentimos como nuestras las vivencias de los <strong>Lopetegui, Vergara, Rosagro, Aragón, Maqueda o Vílchez</strong>, que eran asiduos y comían a diario e incluso algunas Navidades, cuando no había vacaciones&#8221;, subraya Felipe.</p>
<p>Y ahora sí. Ya no hay duda: uno se lo imagina tecleando este chorro de melancolía a orillas del Río de la Plata y alguna lágrima seguro que va cayendo. &#8220;Son muchas emociones que desde tan lejos se sienten más si cabe&#8221;, admite. &#8220;Llega la hora del merecido descanso y sólo me queda desear lo mejor a todos&#8221;. Capítulo que incluye a familiares, amigos y clientes. Que también lloran hoy un poco.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1108" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-300x184.jpg" alt="En la cocina de la desaparecida casa de comidas. Foto de Sonia Tercero" width="300" height="184" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-300x184.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-768x472.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires-1024x629.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/07/buenos-aires.jpg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
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<p>P.D. Como habrá intuido el improbable lector, con esa entrada (que publicó el lunes pasado en las páginas de <strong>Diario LA RIOJA</strong>) incumple el autor su promesa de honrar al universo de Logroño en sus bares. Porque el Buenos Aires no es un bar, sino casa de comidas ejemplar. Se aceptará esta salvedad por varias razones: por ejemplo, que puesto que soy dueño y señor de este espacio, alguna licencia me podré permitir. Pero sobre todo por dos razones: por el carácter emblemático del negocio recién clausurado y porque además el Buenos Aires, en realidad, sí es un bar. Porque una vez lo fue, en los lejanos tiempos de la calle Laurel. Y algo de su espíritu habrá permanecido todos estos largos en República Argentina.</p>
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		<title>El Buenos Aires querido (Bares dedicados XII)</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Apr 2013 08:34:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/buenos-aires-11.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-147" title="Imagen del desaparecido bar Buenos Aires, en la calle Laurel" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/buenos-aires-11.jpg" alt="Imagen del desaparecido bar Buenos Aires, en la calle Laurel" width="600" height="860" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/buenos-aires-11.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/buenos-aires-11-209x300.jpg 209w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Esta entrada lleva dedicatoria doble. Doble, porque iba inicialmente destinada a <strong>Felipe Royo</strong>, uno de los más constantes corresponsales del blog, que desde hace tiempo me venía pidiendo que contara algo del bar <strong>Buenos Aires</strong>, difunto bar de la <strong>Laurel</strong>. Yo no quería desanimarle, pero en realidad tenía poco que decir de aquel local porque apenas la frecuenté. Su desaparición coincidió, más o menos, con mis primeras visitas a la calle que lo alojaba, de modo que apenas recuerdo otra cosa que una barra alta, altísima, desproporcionada; un camarero parlanchín y bastante peculiar; y una muy apetitosa sinfonía de cazuelas, tapas y banderillas.</p>
<p>El caso es que acabé por pedir ayuda al maestro <strong>Eduardo Gómez</strong>, porque me apetecía cumplir con la petición de Felipe Royo, y por una de esas coincidencias de la vida resulta que me envió el escrito que a continuación reproduciré apenas unas horas antes de que falleciera <strong>Carmelo Fernández</strong>, tan vinculado por lazos familiares y sentimentales al Buenos Aires. Así que estas líneas van también dedicadas a él y a los suyos; como un homenaje postrero a su memoria.</p>
<p>Cuenta Eduardo lo siguiente: “El desaparecido Buenos Aires, que cerró hace hace 25 años, fue uno de los bares más antiguos de la calle Laurel, compartiendo vecindad con otros establecimientos como el Cachetero, el Taza, el Matute. el Achuri el Chaval, La Taberna de Laurel,la carbonería de Santibáñez, la panadería de Anselmo, el almacén de plátanos de Viguera y el de Alamañac y los almacenes de Piazuelo y de Redón. Y poco más. En los años 50 lo abrió el <strong>pradejonero Carmelo Fernández</strong>, quien llegaba del Seis Doble que regentó durante varios años en la calle San Agustín, con pensión que albergaba a los futbolistas que llegaban para jugar en Logroño, como fue el caso de <strong>Miguel Royo</strong>, un madrileño que procedía del Atlético Aviación. Vino a hacer la mili y acabó casándose con <strong>Carmen</strong>, hija de Carmelo”.</p>
<p>“Del antiguo edificio se recuerda la imagen sedente probablemente de finales del XVI, de que fue bautizada como la Virgen de Laurel por encontrarse en esa calle y que se encuentra recogida en el patio del Museo Provincial, adonde llegó al derribarse la casa de Bretón de los Herreros, 26, en cuyas traseras, que daban a la calle Laurel, se encontraba el Buenos Aires. Estaba situada en una hornacina que la familia Fernández, propietaria del establecimiento, cuidaba de que tuviera adornos florales. Precisamente, antes de que el edificio desapareciera, aprovechando la presencia del pintor logroñés Antonio López Morales realizando la pintura del establecimiento, se brindó a restaurar la imagen, cuyo recubrimiento se encontraba deteriorado por encontrarse expuesta a las inclemencias del tiempo”.</p>
<p>“El bar Buenos Aires se convirtió en restaurante muy estimado, de actividad continuada donde se degustaba una cocina muy riojana, con gran afluencia en las mañanas para copiosos almuerzos. Como tenía también entrada por<strong> Bretón de los Herreros</strong>, frente al teatro Bretón, lo aprovechaban los funcionarios del juzgado y el personal del teatro para sus piscolabis y también como escapatoria para algún desaprensivo. Servía también para llevarles la cena a los artistas que actuaban en el teatro cuando había funciones tarde y noche. Fue sede de la <strong>Peña Logroño</strong> y se recuerda especialmente la presencia como camarero de <strong>Felisín</strong>, un personaje popular e irrepetible, ocurrente y dicharachero. Y sobre todo se recuerda la cocina tradicional que se degustaba, las gambas a la plancha que aparecían por la ventana de la cocina que daba al mostrador, donde la presencia de Miguel Royo, admirado como futbolista, realzaba el establecimiento”.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/Buenos-Aires.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-148" title="Vista de la calle Laurel, con el Buenos Aires a la derecha. La foto es de Teo" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/Buenos-Aires.jpg" alt="Vista de la calle Laurel, con el Buenos Aires a la derecha. La foto es de Teo" width="600" height="274" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/Buenos-Aires.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/Buenos-Aires-300x137.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>P. D. Recuerda también el gran Eduardo cómo en 1989 el edificio de la calle Laurel fue vendido por la familia Fernández. Ahora, en su antigua ubicación, se erige un edificio cuyos bajos acogen al restaurante <strong>El Muro</strong>. “No tardó mucho tiempo <strong>Pitu</strong>, nieta de los fundadores, casada con <strong>José Mari Soroa</strong>, también futbolista de fama. para establecer un nuevo Buenos Aires en República Argentina”, recalca el señor Gómez. Y ahí en República Argentina sigue el restaurante, funcionando ejemplarmente: que sea por muchos años.</p>
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