<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Logroño en sus baresLa Simpatía &#8211; Logroño en sus bares</title>
	<atom:link href="https://blogs.larioja.com/logronobares/tag/la-simpatia/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.larioja.com/logronobares</link>
	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Aug 2021 02:33:20 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Simpatía por La Simpatía</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/11/01/simpatia-por-la-simpatia/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/11/01/simpatia-por-la-simpatia/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 01 Nov 2019 17:15:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Bretón]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Calamares a la romana]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Club Deportivo Logroñés]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1409</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Alguna vez dejé escrito por aquí mi genuina simpatía por La Simpatía, y vayan por anticipadas mis disculpas por semejante juego de palabras, tan tontorrón. Me gustaba sobre todo apalancarme durante mis primeras visitas en las mesitas del fondo, desde que descubrí una de las paredes decorada con un póster del Logroñés de mi [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/simpatia.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1410" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/simpatia-1024x683.jpg" alt="" width="1024" height="683" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/simpatia-1024x683.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/simpatia-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/simpatia-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/11/simpatia.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguna vez dejé escrito por aquí mi genuina simpatía por <strong>La Simpatía</strong>, y vayan por anticipadas mis disculpas por semejante juego de palabras, tan tontorrón. Me gustaba sobre todo apalancarme durante mis primeras visitas en las mesitas del fondo, desde que descubrí una de las paredes decorada con <strong>un póster del Logroñés de mi infancia</strong>. Con García Fernández, Simarro y demás ídolos mayores, a quienes acompañaba el marcial bigotón de Cenitagoya. Amparado bajo su mostacho, consumí unos cuantos vasos de tinto, aquel vinazo de los carreteros que procuraba a su vez tu propio mostacho decorado en negro azabache y obligaba a unas cuantas excusas atolondradas cuando llegabas a casa para justificar sin éxito la ingesta de alcoholes prohibidos por orden familiar. Por entonces, La Simpatía, al menos para mí, tenía algo de refugio. Superabas la barra, te apoltronabas  en aquellas mesitas de formica y le dabas a la cháchara interminable que no servía para arreglar el mundo, ni para arreglar Logroño siquiera, pero te permitía pasar un buen rato. Entretenerse era entonces la máxima aspiración ociosa de la provincia. Tal vez lo sigue siendo.</p>
<p>Se entenderá por lo tanto el desgarro emocional que supuso para sus fieles ver un día cerradas sus puertas, en el corazón de Laurel. Donde la calle vuelve a ganar anchura, despeja las multitudes del fin de semana y se proyecta hacia su tramo final, mientras dudas si elegir el recodo que lleva hacia el <strong>Sebas</strong> o profundizas hacia la jurisdicción del <strong>Blanco y Negro</strong> y demás familia. Cada vez que cruzo ante su cancelada estampa, vuelvo a ver el bigote de Cenitagoya. Y oigo incluso los trinos con que Javi, en mi segunda etapa como leal parroquiano, reclamaba de la cocina un par de <strong>cojonudos</strong>, manjar que me seducía menos que sus vigorosos <strong>calamares a la romana</strong>, servidos perfectos de punto y de sabor. La voz de Javi, esa voz&#8230; <strong>El himno de la calle Laurel.</strong></p>
<p>El caso es que La Simpatía cerró. Hace ya alguna glaciación, aunque por caprichos de la memoria nos parezca que semejante suceso ocurrió anteayer. Hace unos cuantos meses, sin embargo, se obró un milagro, que creo haber relatado también en este espacio. Su puerta estaba abierta, unos operarios retiraban  escombros del interior mientras anunciaban <strong>su próxima reapertura</strong>, yo me apresuré a contarlo al improbable lector&#8230; Pero fuesen y no hubo nada, como en el soneto aquel de Cervantes. De modo que cuando volvía a pasar ante su puerta, confiaba en un nuevo prodigio, que aquel milagro anunciado cristalizara, pero pasaba el tiempo y no se movía un ladrillo. Cenitagoya podía esperar.</p>
<p>Pero en fin&#8230; Moría el verano cuando se proclamó la buena nueva.<strong> La Simpatía reabrirá un día de estos bajo una nueva fisonomía</strong>, la elegida por sus promotores para provocar un pequeño terremoto en los usos y costumbres de la calle. Una especie de revolución, porque el nuevo bar que se avecina tiene la intención de escapar del prototipo de negocio propio de la calle. Ocupará todo el inmueble, según me explican, y en cada altura habrá un ambiente distinto. Como una muñeca rusa, un piso llevará a otro y así sucesivamente: en uno se ofrecerá lo típico de la calle (buenos bocados, estupendos tragos), en otro se decantarán  los propietarios por reforzar la oferta gastronómica y habrá incluso una zona para tomarse una copa. Un cliente puede recorrer todas las fases de su ingesta favorita sin moverse del bar. Esa es al menos la previsión, todavía indeterminada, que anuncia otra curiosa novedad: el local tendrá entrada por dos calles. Laurel, por supuesto, pero también <strong>Bretón</strong>.</p>
<p>Los propietarios, acreditados empresarios del gremio hostelero como se escribía antaño, prometen detallar sus intenciones mediado el otoño. Pero de momento ya se puede compartir por aquí la inconcreta pero venturosa novedad: volverá La Simpatía. No será el de antes pero su reapertura cerrará esa herida que permanece abierta desde hace demasiado tiempo en el corazón de la calle Laurel. En nuestros propios corazones.</p>
<p>P. D. Escribí una vez por aquí, a propósito de los sabrosos calamares que despachaba La Simpatía antes de su cierre, que no los he vuelto a probar mejores en todo Logroño. Un improbable lector vino a matizarme: ojo con los del <strong>Samaray</strong>. No tenía el gusto. Pero corregí pronto aquella laguna y hoy lo confieso: estupendos. Tan ricos como aquellos de La Simpatía aunque carentes del rasgo definitivo. La hermosa voz de jotero con que los despachaba Javi.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/11/01/simpatia-por-la-simpatia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1409</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Bar Achuri, patriarca de Laurel</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/09/27/bar-achuri-patriarca-de-laurel/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/09/27/bar-achuri-patriarca-de-laurel/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Sep 2019 09:02:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Achuri]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Albornoz]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Blanco y Negro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Buenos Aires]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Taza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[San Juan]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Travesía]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1385</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Tertulia tontorrona típica de verano, mi favorita. Prende entre quienes participamos en ella una duda: qué bar de la calle Laurel es el más antiguo. Titubeos, incertidumbre, división de opiniones… Acude en nuestro auxilio el maestro Eduardo Gómez, a quien consultamos por teléfono para que arroje alguna luz. Lo cual hace gustoso, previa advertencia: [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/09/Achuri.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1386" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/09/Achuri-1024x683.jpg" alt="" width="1024" height="683" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/09/Achuri-1024x683.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/09/Achuri-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/09/Achuri-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/09/Achuri.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tertulia tontorrona típica de verano, mi favorita. Prende entre quienes participamos en ella una duda: qué bar de la calle Laurel es el más antiguo. Titubeos, incertidumbre, división de opiniones… Acude en nuestro auxilio <strong>el maestro Eduardo Gómez</strong>, a quien consultamos por teléfono para que arroje alguna luz. Lo cual hace gustoso, previa advertencia: en realidad, <strong>la calle Laurel</strong> tal y como ahora la conocemos es un invento reciente en términos históricos. En su mocedad, recuerda nuestro perito en bares, él la recorría de arriba a abajo, incluyendo los dos afluentes (<strong>Albornoz, la Travesía</strong>) porque vivía justo al lado y porque era una calle donde había bares, en efecto, pero también tiendas de toda índole, que exigían una visita para cualquier recado: Laurel era una calle comercial, una más del viejo Logroño. Como lo era<strong> su gemela la San Juan,</strong> donde su vertiente mesocrática tardó más en desaparecer. Y todavía resiste, más o menos.</p>
<p>Así que Eduardo hace memoria y concluye que con alguna seguridad el bar más veterano de la calle Laurel será… el <strong>Achuri</strong>. O el <strong>Blanco y Negro</strong> tal vez… Pero no: el Achuri, el Achuri, dictamina. El patriarca de la calle Laurel, el bar que lleva más tiempo en las manos de la misma familia que lo fundó. Con cuya puerta se tropezaba cuando era un chiquillo y ahí sigue, a disposición de los interesados en mantenerse fieles a la Laurel de toda la vida, antes de que se viera invadida por los bares de tipologías más recientes. No es el caso del legendario Achuri, donde también perpetramos nuestras propias incursiones de chavales como hiciera Gómez unos cuantos años antes, y donde nos recibía su patrón, elegante como un galán de cine de los años 50. Una especie de José Suárez parapetado tras una barra donde hizo célebres ciertas golosinas.</p>
<p>Las setas, por ejemplo. <strong>Juanjo</strong>, que así se llamaba el comandante en jefe del Achuri, era aficionado a la micología y se notaba en la presencia de unos cuantos misteriosos hongos durante la temporada de recolección. Misteriosos porque su nomenclatura (había una setas llamadas pardillas, por ejemplo) representaban un enigma para quienes sólo distinguíamos un champiñón de una seta de chopo y ahí se acababa nuestra destreza. Misteriosos también por su apariencia, que se apartaba de lo trillado en esta rama de la gastronomía: una de aquellas setas, por ejemplo, tenía aspecto de lengua de vaca y resulta que así se llamaba por cierto, para felicidad de los incondicionales del Achuri, que encontraban en su barra esos manjares raros de ver entonces por Logroño, despachados desde los fogones con mano maestra por la jefa de la casa, <strong>Alicia</strong>.</p>
<p>A quien por cierto se recordará como la hechicera de otro guiso singular que la memoria logroñesa asociará siempre con su bar: la asadurilla. La asadurilla del Achuri, que servía perfecta de punto y de sabor. Un plato de otra época, hoy también muy extraño de encontrar. Allí era el rey, como se recuerda desde alguno de los paneles distribuidos por sus paredes donde reina ahora el heredero de la saga, Juan Carlos, quien confirma que sí. Que el Achuri se puede considerar como el patriarca de la calle, como atestiguan sus 80 años de vida, repartidos entre<strong> las tres ramas del árbol genealógico</strong> (su abuelo, su padre Juanjo, fallecido hace un año, y ahora él mismo) y dotados de esa rareza mencionada que hace más singular su supervivencia: siempre ha estado en las manos de la misma familia. Ningún otro bar de la Laurel, incluyendo los que podrían competir en veteranía, pueden proclamar otro tanto.</p>
<p>Y añada el improbable lector otro atributo singular. Tampoco se ha alterado su fisonomía con el paso del tiempo. El Achuri permanece tal cual (más o menos, con las lógicas adaptaciones) que como lo conocimos en nuestras juveniles andanzas por la calle Laurel. Lo cual reconforta. Porque, para quien tenga la costumbre de ir de rondas, representa un puerto donde atracar seguro. Servicio eficaz y profesional, ricas creaciones de la cocina riojana tentando desde la barra, una carta de vinos que ha ido mejorando mientras transcurrían los años y, sobre todo, la foto. La foto del otro gran Achuri, el futbolista. Que nos saludaba de chavales desde uno de los muros del bar y hoy también reclama nuestra atención. <strong>Astro del Real Oviedo</strong>, entre otros equipos, donde se convirtió en mito como subraya su sobrino: “Cuando viene gente de Oviedo por aquí, sobre todo si son mayores, se quedan alucinados viendo la foto, porque se acuerdan mucho de él”.</p>
<p>Como cualquiera. Sus viejos clientes tampoco la olvidan. Esa foto en blanco y negro encierra bastante más que un homenaje póstumo a la estrella de fútbol que fue aquel Achuri. Es también un tributo a nuestros buenos tiempos. Los tiempos de La Simpatía, el Buenos Aires y otros cuantos bares que se mantenían leales con su pasado y evitaban transformarse en lo que no eran. Esa fidelidad a sus raíces explica probablemente el éxito del Achuri: 80 años de vida siendo más o menos el mismo bar. <strong>El mismo bar de todos los veranos</strong>, coartada para una de esas estupendas tertulias tontorronas que no llegan a ninguna parte. Salvo para concluir que, en efecto, pasan los años. Claro que pasan. Pero no evitan que cuando volvamos a entrar cualquier tarde en la Laurel, el Achuri esté ahí.</p>
<p>P. D. El amigo <strong>Mere</strong> aporta su propia cuota histórica a la pregunta que encabezaba estas líneas: cuál es el bar más antiguo de la Laurel. Puede que el Taza, apunta. Puede, claro. Pero resulta que el Taza desapareció. En su lugar anida desde hace algunos años otro bar, en efecto, pero no es el Taza. El mérito del Achuri reside en lo antedicho: en ser el más longevo de la calle manteniendo la encarnación original. Aunque se malician los logroñeses más veteranos, y el propio Juan Carlos desde la barra del Achuri, que el más antiguo debe ser el Blanco y Negro. Desde donde responden que en efecto les distingue ese honor, aunque haya cambiado de rumbo unas cuantas veces. Lo cual le hace merecedor de unas líneas para cualquiera de las semanas venideras.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/09/27/bar-achuri-patriarca-de-laurel/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1385</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Los bares añorados</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/11/11/los-bares-anorados/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/11/11/los-bares-anorados/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 11 Nov 2016 08:52:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Blanco y Negro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[El Soldado de Tudelilla]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Guarida]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mayor]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Picasso]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[San Agustín]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[San Mateo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sebas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tívoli]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=743</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Hace un tiempo, un corresponsal de este blog me hizo llegar por correo el dibujo que decora estas líneas. Me enterneció: por ahí, por esa cuadrícula de bares logroñeses que festonean la calle Laurel y alrededores, debía andar yo en la lejana fecha en que el autor del croquis lo pintó, negro sobre blanco. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/11/ruta.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-744" title="Dibujo de Néstor Santo Tomás" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/11/ruta.jpg" alt="Dibujo de Néstor Santo Tomás" width="600" height="448" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/11/ruta.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/11/ruta-300x224.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace un tiempo, un corresponsal de este blog me hizo llegar por correo el dibujo que decora estas líneas. Me enterneció: por ahí, por esa cuadrícula de <strong>bares</strong> <strong>logroñeses</strong> que festonean la <strong>calle</strong> <strong>Laurel</strong> <strong>y alrededores</strong>, debía andar yo en la lejana fecha en que el autor del croquis lo pintó, negro sobre blanco. Corría el año de 1984 y uno acababa de volver de la mili, con prisa por recuperar el tiempo perdido huérfano de sus barras predilectas. Como ahora compruebo, mientras tanto (en paralelo, sin yo saberlo), un paisano y compañero de quinta, Néstor Santo Tomás, se entretenía durante sus rondas por levantar este mapa que me sabe ahora a nostalgia, desde luego, pero también a vino negruzco servido en vasos, a los ajos del Florida y a la magia y la poesía depositadas en algunos locales que ya perecieron (ah, <strong>La</strong> <strong>Simpatía</strong>; ah, el <strong>Bambi</strong>) o en los que mudaron su piel. Y ya no: ya no son iguales.</p>
<p>Pero el dibujito también me despierta una emoción más profunda. Me desata el cariño. Hacia <strong>el Logroño que fue</strong>, hacia lo que nosotros fuimos. Así que mientras absuelvo a todos, a la ciudad y a las distintas generaciones que la han poblado, de nuestros innumerables pecados, pongo a funcionar la moviola e indago si el resto de improbables lectores de este blog comparten sentimientos semejantes. El primero que dispara es el propio Néstor, desde <strong>Zaragoza</strong>, adonde le llevó la vida. “Tenía más de veinte años y para entonces mi cuadrilla y yo conocíamos la mayoría de los establecimientos de primera mano”, recuerda. Y añade: “Y digo la mayoría dado que éramos parroquianos exigentes y vetábamos un bar a la primera ocasión que nos daban una mala contestación o habían subido el precio del vino. Éramos bastante gente y nos creíamos un lobby peligrosísimo teniendo en cuenta que salíamos todos los días, incluso en invierno”.</p>
<p>Néstor cree que el origen del dibujo “no era en principio otro que el de reproducir la ronda larga, la que hacíamos los fines de semana, comenzando en la actual arrocería que hay en <strong>San</strong> <strong>Agustín</strong> para enfilar luego la <strong>Mayor</strong>, la plaza de <strong>Martínez</strong> <strong>Zaporta</strong> donde el <strong>Moderno</strong> y  llegar a la <strong>Travesía</strong> <strong>del</strong> <strong>Laurel</strong>”. “Menudos ciegos”, confirma. “Está claro que en el dibujo no represento la gastronomía riojana, ni el gusto por el paseo y la conversación y el contraste de pareceres. No. Son tres personajes con un pedal nada agresivo, cierto, pero un pedal más que regular. Todo políticamente incorrecto. Aunque el estilo del dibujo recuerde a <strong>Max</strong>, el dibujante de <strong>El</strong> <strong>Víbora</strong> autor de <strong>Peter</strong> <strong>Punk</strong>, mi mayor inspiración era <strong>Azagra</strong> y sus personajes <strong>Pedro</strong> <strong>Piko</strong> y <strong>Piko</strong> <strong>Vena</strong>. Apología de fiesta sí y lucha también. Un skin y un punkarra aficionados a los tanques de cerveza”.</p>
<p>El amigo Néstor ha cogido carrerilla y sigue revisando su memoria logroñesa y noctívaga.  “Entonces la afición alcohólica la encauzábamos por el vino. El corto de cerveza era más caro y se ponía el doble de fondo si tenías idea de acabar con la tripa llena de gas sin apenas colocarte. Lo cierto, ahora que no nos oye nadie, es que en los <strong>años 80</strong> no había turismo enológico ni nada que se le pareciese y la calidad del vino dejaba bastante que desear”. “Eso sí, era barato”, reconoce. Y entre trago y trago de melancolía, conclusión: Me sigue gustando nuestro Laurel a pesar de los turistas y solteros de despedida. Me encanta que el vino sea tan bueno a pesar de lo caro que se ha puesto  y también me alegra el auge de la calle San Agustín. En general me encanta el cambio que se ha operado en Logroño. Los que vivimos fuera lo apreciamos mejor, créeme. Tenéis, tenemos, una gran ciudad”.</p>
<p>Despedimos a Néstor con un agradecido saludo para afrontar la segunda oleada nostálgica. Desde <strong>Milán</strong> donde reside, <strong>Cristina</strong> <strong>Garay</strong> lanza sus dados: su trío de bares más añorados, los imprescindibles en cada visita a su casa logroñesa está formado por Picasso, Tívoli y Blanco y Negro. Un terceto perfumado por un baño de melancolía, porque para sus andanzas de bar en bar reclama un componente adicional: los aromas que llegan desde la cercana plaza de Abastos, el olor a pimentón y otras delicias logroñesas&#8230;</p>
<p>Oído, cocina. De dama en dama, nuestra improvisada encuesta recala en <strong>Madrid</strong>, donde mora la encantadora <strong>Clara Isabel Francia</strong>, princesa de la televisión y maestra de periodistas. Quien contesta lo que sigue:  “Conste que mi añoranza me lleva a la noche de los tiempos&#8230; Nunca olvidaré el Danubio ni el Pachuca. Y un tugurio estupendo del entorno de La Senda, especializado en anchoas preparadas de todas las maneras posibles. No sé si sigue existiendo. Tengo que buscarlo en mi próxima visita a Logroño&#8221;. A lo que servidor responde lo que cualquiera hubiera respondido: &#8220;Existe y se sigue llamando como siempre: Blanco y Negro&#8221;.</p>
<p>Vamos concluyendo. Desde Zaragoza, el conspicuo <strong>Jorge</strong> <strong>Gascón</strong> repasa mentalmente sus preferencias en esta materia, salivea fantaseando con su próxima visita para aprovisionarse de las queridas guindillas picantes y suelta sus tres favoritos: Sebas, El Soldado de Tudelilla y La Guarida. Y añade un icono menos conocido: la tortilla de patata del San Mateo en la avenida de la Paz.</p>
<p>De donde se deduce que en materia de bares y añoranzas, el lector improbable detectará que triunfa <strong>lo</strong> <strong>tradicional</strong>. Las barras de siempre, tan adictivas. Les ayuda su carácter longevo: han tenido más posibilidades de acoger entre sus muros a los encuestados y resto de la tropa logroñesa. Sobre todo, si la mentada tropa peina canas. Sobre todo, si alguna vez deambuló (hermoso verbo) por las venas y arterias que dibujó allá en el Pleistoceno Néstor Santo Tomás, desatando con el paso del tiempo una elevada dosis de añoranza por unos bares pasados que ya no volverán. Los bares más añorados.</p>
<p>P.D. Este punto melancólico que preside estas líneas viene contaminado de origen: porque echando la vista atrás he comprobado que <strong>el blog cumple cuatro años</strong>. Cuatro grandes años, desbordantes de sorpresas, pródigos en satisfacción y de extraordinario impacto personal y profesional para quien esto escribe. Cuatro años de agradecimientos por tantos buenos ratos compartidos que por lo tanto sólo pueden resumirse en esa palabra que uno no se cansa de pronunciar: gracias. Y que nos sigamos viendo en los bares.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/11/11/los-bares-anorados/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>743</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>La Simpatía ya no vive aquí</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/09/16/la-simpatia-ya-no-vive-aqui/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/09/16/la-simpatia-ya-no-vive-aqui/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Sep 2016 07:24:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Bretón de los Herreros]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Donosti]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=716</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Paseo matinal por el corazón de Logroño. Aprovecho para atravesar por la Laurel: me gusta el olor a bar por la mañana. Me gusta sobre todo cuando apenas pasean por la calle sus dueños, que se quitan las legañas de tertulia con sus proveedores, se afanan con la escoba, se preparan para el inminente [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-2.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-717" title="Local que albergaba al bar La Simpatía" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-2.jpg" alt="Local que albergaba al bar La Simpatía" width="600" height="450" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-2.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-2-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paseo matinal por <strong>el corazón de Logroño</strong>. Aprovecho para atravesar por la <strong>Laurel</strong>: me gusta el olor a bar por la mañana. Me gusta sobre todo cuando apenas pasean por la calle sus dueños, que se quitan las legañas de tertulia con sus proveedores, se afanan con la escoba, se preparan para el inminente aperitivo. De repente, en el tramo central tropiezo con una agradable sorpresa: obras en el local que alojó el querido <strong>La Simpatía</strong>, escenario de tan buenos y frecuentes ratos. Tomo unas fotos con el móvil mientras entran y salen los operarios, a quienes pregunto ingenuo cuándo reabre el bar. Uno de ellos me mira asombrado y me comunica la mala noticia: no abre. Al revés: ocurre que van a rehabilitar el edificio, incluida su fachada por <strong>Bretón de los Herreros.</strong></p>
<p>Puñalada en el corazón. En efecto, afino la mirada y me encuentro con que los trabajadores van retirando en esos momentos el material arrumbado en sus rincones. Incluido por cierto un misterioso colchón: parece que alguna vez anidó el amor en La Simpatía&#8230; Otro operario se ayuda de una carretilla para ir derribando el material más grueso, mientras confirma lo adelantado por su compañero: “Van a construir otro edificio para oficinas”. Habituales de la calle Laurel, apostados de miranda en ese tramo, corroboran la información. Termino mis fotos. Sigo trepando por la calle hacia el <strong>Blanco</strong> <strong>y Negro</strong>: atrás dejo a mi otro yo, el que encontró tantas veces consuelo en La Simpatía para sus itinerarios por la Laurel.</p>
<p>Porque La Simpatía era uno de mis bares favoritos por varias razones. Entre ellas, una que alguna vez he citado, así que perdón si me repito demasiado: un póster del <strong>Logroñés</strong> que colgado allí, fuera de contexto puesto que quienes posaban para el fotógrafo llevaban años retirados, me devolvía directamente a la infancia. Al crío que iba a <strong>Las Gaunas</strong> a ver a García Fernández, Simarro y otros ídolos setenteros. Me sentaba a consumir un porroncito en la mesa de formica, vigilado por el bigote del futbolista Cenitagoya y resto de dioses tutelares en blanco y rojo, y en cuanto cerraba los ojos volvía a comer pipas en el banquito corrido de General mientras me helaba de frío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-718" title="Interior de La Simpatía, durante las obras en el edificio de la calle Laurel" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-1.jpg" alt="Interior de La Simpatía, durante las obras en el edificio de la calle Laurel" width="600" height="456" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-1.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/09/blog-1-300x228.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No era su único atractivo. Con el tiempo, me aficioné a consumir en La Simpatía sus inolvidables raciones de rabas, que <strong>Javi</strong> coreaba con su bonita voz de jotero. También le reía los chistes como el resto de la parroquia: como si tuvieran gracia. Me gustaba La Simpatía por su punto castizo, porque no había sucumbido a la <strong>moda gastrobarística</strong> que entonces empezaba a ser tendencia. Y porque había conseguido que cristalizara entre sus paredes ese intangible tan caro: una atmósfera distinta. Para mí era un bar especial y se entenderá por lo tanto que cuando cerró, luego de mil peripecias con la propiedad del inmueble, también desapareciera de repente una parte de la calle Laurel, tal y como tantos y tantos la habíamos conocido. Para mitigar el dolor, hubo que conformarse con el exitoso traslado de uno de sus pinchos fetiches, el famoso <strong>cojonudo</strong>, al cercano <strong>Donosti</strong>, donde custodian el secreto de semejante manjar.</p>
<p>Luego he pasado un millón de veces ante su puerta. Siempre cerrada. Y pensaba para mí lo mismo: qué pena. Qué estupendo bar sería un renacido La Simpatía, aunque no estuviera Javi cantando más que pidiendo otra de calamares. Aunque tampoco reapareciera el querido póster del Logroñés. Cuando la otra mañana volví a pisar su suelo, mientras retrataba su interior en las fotos que ilustran estas líneas, sentí una lástima todavía amplificada. Aunque luego me maliciaba que una vez reconstruido el edificio su planta baja muy bien podría albergar otro bar, sospecho que ese hipotético garito nunca será el mismo.</p>
<p>Que Cenitagoya nos perdone a los logroñeses.</p>
<p>P.D. Comparto con el improbable lector una anécdota revelada por un querido miembro de la cofradía de adictos a los bares de Logroño, quien tenía por costumbre zamparse un <strong>embuchado</strong> en La Simpatía. Una tradición bruscamente alterada: una tarde, Javi le comentó que ya no iba a despachar esa golosina tan estupenda porque no le salía rentable. Pero entre ambos dieron con una solución alternativa: desde entonces, este caballero se proveía de embuchados en la cercana <strong>Plaza de Abastos</strong>, acudía con ellos a la plancha de La Simpatía y sus buenas gentes le preparaban tal manjar, tarifado ad hoc. Que me diga alguien dónde se obra hoy en Logroño un prodigio semejante.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/09/16/la-simpatia-ya-no-vive-aqui/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	<post_id>716</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>El mejor camarero de Logroño</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/01/17/el-mejor-camarero-de-logrono/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/01/17/el-mejor-camarero-de-logrono/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 17 Jan 2014 08:45:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Donosti]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[El Soldado]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[García]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sebas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tastavin]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tívoli]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=273</guid>
		<description><![CDATA[Un anuncio reciente me invita a volver sobre mis pasos y recordar una entrada antigua, cuando confesaba mi predilección sobre quién era mi camarero favorito: Tío Pío. No era de verdad, sino de ficción: un actor, un figurante de enorme talla que se adueñaba a ratos de una de mis pelis más queridas, Gilda. El [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/tastavin.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-274" title="Invitación del Tastavín para Elena López Tamayo" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/tastavin.jpg" alt="Invitación del Tastavín para Elena López Tamayo" width="600" height="456" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/tastavin.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/01/tastavin-300x228.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Un anuncio reciente me invita a volver sobre mis pasos y recordar una entrada antigua, cuando confesaba mi predilección sobre quién era mi camarero favorito: Tío Pío. No era de verdad, sino de ficción: un actor, un figurante de enorme talla que se adueñaba a ratos de una de mis pelis más queridas, <strong>Gilda</strong>. El anuncio citado me informa de que comienzan las pruebas para elegir al <strong>mejor camarero de La Rioja</strong>; hay otro certamen similar en danza que emplea una palabra que juzgo desafortunada (<strong>barista</strong>) para lo mismo: para designar a ese hombre o esa mujer que nos guía desde el otro lado de la barra con diligencia, eficacia y cariño.</p>
<p>Digo cariño porque los clientes, pienso yo, exigimos una mano de afecto cuando ingresamos en cualquier bar. Idéntica ambición nos conduce cuando penetramos en un comercio: ser atendidos por alguien que interactúe con nosotros. Un poco de empatía. De lo contrario, bastaría un robot o una máquina expendedora. Eso sí: buscamos algo de afecto, pero sin pasarse. Que no somos de la familia. En particular, aborrezco ese tipo de camareros confianzudos, que parece que anoche cenaron con uno y yo sin enterarme. El tuteo es hoy una plaga tan abrumadora que desisto de plantear batalla porque sale el abuelo Cebolleta que (ay) empiezo a llevar dentro. Ahora te llama de tú cualquier chiguito, tratamiento que antes se reservaba sólo para los conocidos. Pero eso es lo de menos: lo fatal para un cliente conspicuo es comprobar cómo ha decaído el ejercicio de este oficio tan necesario para algunos de nosotros. Sobreviven, cierto, unos cuantos profesionales que honran su trabajo y el legado de sus antecesores: pienso en Tere y Ana, que lo ennoblecen mientras defienden la barra del <strong>Donosti</strong>, tan suculenta. Juanito, su anterior responsable, puede estar orgulloso de ellas.</p>
<p>No son los únicos ejemplos que mencionaré. Ahí van unos cuantos: echo de menos (segundo ay) a Javi gritando las bondades de <strong>La Simpatía</strong>, al anciano Maisi, que subía la empinada cuesta del <strong>Tívoli</strong> para atender su terraza con ese aire de escepticismo propio del camarero que ya lo ha visto todo y que me resulta tan caro. Pienso en otros camareros cuyos fantasmas aquí hemos convocado alguna vez: Santos y Dámaso de <strong>La Granja</strong>, Sebas del bar homónimo, los hermanos <strong>García</strong> también del homónimo bar de la <strong>calle San Juan,</strong> <strong>Manolo de El Soldado</strong> (y resto de la parentela), Alfonso Soldevilla, a quien resulta difícil ver ya a ese lado de la barra… Añada el improbable lector a quienes vea dignos de su confianza y comprobará conmigo que la suerte de muchos bares, creo que de casi todos, se decide no en su oferta de bebidas y comestibles, que también. Tampoco en su decoración o limpieza de los aseos, que también. Tampoco en su emplazamiento, aunque también. No: el éxito o el fracaso de un bar están históricamente unidos a la simpatía y profesionalidad de sus dueños y camareros.</p>
<p>De modo que me resultaría imposible participar de jurado en un certamen que eligiera al mejor de <strong>Logroño</strong>. Supongo que se valorará su pericia administrando líquidos, la rapidez con que gestiona el cafelito, la limpieza pilotando la barra o vaya usted a saber qué. Pero un juicio más detallado exigirá tiempo, tanto tiempo que resultaría inviable. Tiempo para saber si posee la destreza mental del citado Santos, quien te ofrecía el cruasán aunque no lo hubieras pedido (sabía que lo querías), la maestría del mencionado Javi contando chistes malos, la gracia de las mentadas chicas del Donosti echando con una mano a los pesados mientras con la otra sirven a la vez cincuenta vinos y otras tantas raciones. Tiempo para discernir si los candidatos se parecen al actor apodado para el cine Tío Pío, aquel sentencioso Séneca con chaquetilla blanca. Tanto tiempo que es preferible tirar por la calle del medio: mi camarero favorito sería el resultado de sumar las virtudes de los arriba citados. Y de nombre, insisto: a ese camarero imposible le llamaría Tío Pío.</p>
<p>P. D. Ilustra estas líneas la imagen de la tercera y última entrega del relato con los premiados en el concurso ideado aquí para celebrar el primer año del blog. Envía la foto <strong>Elena López Tamayo,</strong> quien brindó con vino de Rioja y un pincho por gentileza del <strong>Tastavín</strong> de la calle San Juan, a cuyos responsables incluyo en mi particular panteón de buenos camareros logroñeses: servicio ágil y cortés, sentido del humor, sin afectaciones, con generosidad. Para ellos, mi felicitación y mi gratitud por participar en el concurso, que alcanza también a Elena.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/01/17/el-mejor-camarero-de-logrono/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>273</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>El bar más simpático (Bares dedicados V)</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/13/el-bar-mas-simpatico-bares-dedicados-v/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/13/el-bar-mas-simpatico-bares-dedicados-v/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 13 Dec 2012 10:07:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[cojonudos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=36</guid>
		<description><![CDATA[Fernando y Teresa: así se llaman los miembros de la pareja que vemos en la foto. Tal vez sus caras les suenen a los logroñeses más veteranos, porque durante más de 30 años defendieron una de las barras más populares, la del bar La Simpatía. Un rincón entrañable en la más castiza de nuestras calles, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-37" title="Fernando y Teresa, del bar La Simpatía" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar.jpg" alt="Fernando y Teresa, del bar La Simpatía" width="600" height="402" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p><strong>Fernando</strong> y <strong>Teresa</strong>: así se llaman los miembros de la pareja que vemos en la foto. Tal vez sus caras les suenen a los logroñeses más veteranos, porque durante más de 30 años defendieron una de las barras más populares, la del bar <strong>La Simpatía</strong>. Un rincón entrañable en la más castiza de nuestras calles, la <strong>Laurel</strong>, de la que ya ocupé antaño. En aquella entrada, recordaba un par de detalles: uno, su tapa célebre, el singular <strong>cojonudo</strong> que emigró hacia el vecino <strong>Donosti</strong> cuando cerró sus puertas La Simpatía allá por el 2009. Y dos, la voz de jotero de <strong>Javi</strong>, quien sustituyó a la pareja de la foto al frente del bar y hacía honor a su nombre: desde luego, era un tipo de lo más simpático.</p>
<p>Si traigo aquí el recuerdo de aquel local desaparecido es porque lo menciona Víctor, un corresponsal que vive fuera del Logroño que le vio nacer. Como se le resiste la informática y no consigue publicar su comentario en el blog, me remite por correo electrónico un concentrado de nostalgia por los bares que sobreviven (es adicto al <strong>Perchas</strong>, según confiesa, y mantiene la costumbre de visitar <strong>El Soldado</strong> cuando se pasa por su tierra natal) y por los ya difuntos. Y el primero entre ellos, La Simpatía, que para mí encierra también un misterio: hubiera apostado cualquier cosa cuando cerró a que rápidamente reabriría, pero ya se ve… Los mercados, también los del sector hostelero, son un enigma.</p>
<p>Como Víctor, yo también lo echo de menos. Ubicado en el centro neurálgico de la Laurel, su entrada es hoy el sitio elegido por cantantes ambulantes y artesanos para vender sus mercancías. La puerta, cerrada y decorada con cartelería varia, da un poco de pena. Nada que ver con el llenazo que solía presentar, sobre todo los fines de semana; en mis primeras incursiones, cuando todavía lo pilotaban Fernando y Teresa, a mí me gustaba acomodarme en las mesas del fondo que en sus últimos años apenas se utilizaban. Habían cambiado los usos y costumbres de la clientela y se había mudado también una de sus insignias, que para mí ejercía la misma atracción que un imán: un viejo póster del <strong>Logroñés</strong> de los años 70, donde aparecían algunos de mis antiguos ídolos adolescentes. El portero García Fernández, el lateral Cenitagoya, con su bigote y su cara de no hacer prisioneros, el extremo rubio Simarro… Era el equipo que uno llevará siempre en el corazón, de modo que ingresar en La Simpatía era como volver a <strong>Las Gaunas</strong>.</p>
<p>Con el tiempo, la coartada para detenerme no eran tanto sus cojonudos, pincho que nunca me ha hecho demasiada gracia, como el propio Javi. Me gustaba verle dirigir su local con un chiste siempre en los labios, algún comentario ingenioso, la frase adecuada para cada cliente. Y me hacía gracia también una tapa que yo devoraba con mayúsculo placer, sus <strong>calamares rebozados</strong>. Las rabas de siempre, que allí se preparaban con buena mano y una sobredosis de cariño. Víctor, a quien dedico esta entrada, recuerda sin embargo La Simpatía por sus <strong>embuchados</strong>. Y me cuenta una anécdota: que en los últimos años, como resultó que Javi dejó de incluirlos en la oferta de su bar, ambos llegaron a un acuerdo: Víctor los compraba en una carnicería de la cercana <strong>Plaza de Abastos</strong>, se los llevaba a al bar, Javi los preparaba y luego se los comían a medias. “Al vino invitaba Javi”, concluye.</p>
<p>Me parece una fórmula que podría ampliarse a otros bares, pero al revés: uno lleva la botella de Rioja, la comparte a medias con su camarero de confianza y éste a cambio le sirve un bocado gratis. Es solo una idea…</p>
<p>P.D. El embuchado ya se ha citado aquí como uno de esos productos de la casquería de toda la vida que hoy casi, casi, casi han desaparecido de nuestros bares. Los que quedan, me parece, tienen pinta de haberse fabricado en serie, lo cual tiene su explicación, porque las exigencias en materia de control sanitario fuerzan a extremar el celo en su elaboración. Pero quienes no tenemos el paladar y el estómago tan delicados… En fin, que echamos en falta aquel sabor tan poderoso, su recia textura que exigía raudo un trago de vino, la memoria de cuando no nadábamos como ahora en la opulencia (ja) y hasta las tripas de un animal nos parecía una oferta gastronómica tentadora. Yo creo que estos platos siguen teniendo su público: tal vez si se anunciaran como almohada de entresijos pasada por la brasa de no sé qué… También es solo una idea.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/13/el-bar-mas-simpatico-bares-dedicados-v/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	<post_id>36</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Laurel se empina (Bares dedicados IV)</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/07/laurel-se-empina-bares-dedicados-iv/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/07/laurel-se-empina-bares-dedicados-iv/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 07 Dec 2012 09:07:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Albornoz]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Blanco y Negro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Donosti]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Simpatía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[San Agustín]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sebas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Soriano]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Taza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Travesía]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=31</guid>
		<description><![CDATA[El amigo Justo Rodríguez me envía esta foto del Soriano por si acaso le reservo alguna entrada a nuestra calle más popular, la Laurel. Lo cual me recuerda un artículo que allá en el 2006 publiqué en Diario LA RIOJA y ahora  recupero, con dedicatoria para el caballero. Se titulaba ‘Laurel se empina’. Me temo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-Soriano.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-32" title="Bar Soriano de la calle Laurel de Logroño. La foto es de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-Soriano.jpg" alt="Bar Soriano de la calle Laurel de Logroño. La foto es de Justo Rodríguez" width="600" height="450" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-Soriano.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/bar-Soriano-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>El amigo <strong>Justo Rodríguez</strong> me envía esta foto del <strong>Soriano</strong> por si acaso le reservo alguna entrada a nuestra calle más popular, la <strong>Laurel</strong>. Lo cual me recuerda un artículo que allá en el 2006 publiqué en <strong>Diario LA RIOJA</strong> y ahora  recupero, con dedicatoria para el caballero. Se titulaba ‘Laurel se empina’. Me temo que, aunque ha perdido vigencia en estos seis años (algún bar ha desaparecido, por ejemplo), ahora todavía se empina más. Ahí va.</p>
<p>Mi bar favorito de la calle Laurel es el <strong>Donosti</strong>. Le tengo un cariño que ha superado incluso las reformas contra él perpetradas, que acabaron por deteriorar su alma, de suyo tan castiza. En el Donosti vi el 12-1 de España a Malta, así que cada vez que oigo el gallo de José Ángel de la Casa cantando el gol de Señor lo asocio con su empinada barra, con su atmósfera muy familiar: el padre, <strong>Juanito</strong>, ejercía de capataz y su mujer dominaba la cocina, mientras los críos hacían los deberes en las mesas del fondo. El Donosti era un sorprendente bar cuesta arriba, que servía como metáfora de la calle donde se aloja: Laurel, la misma que sólo ciertos horteras o algún despistado osa denominar <strong>‘La senda’</strong>, apelativo que los indígenas detestamos.<br />
Ahora regreso al Donosti de nuevo reconfortado, porque una de las chicas del desaparecido Iruña ha tomado el relevo de los anteriores dueños, lo cual interpreto como un presagio, la intuición de que sigue valiendo la pena trepar por esta cuesta y destripar su secreto. Porque Laurel no es una calle, es una religión, la Iglesia laica de <strong>Logroño</strong>, con su colegio episcopal, su feligresía, sus sacristanes y hasta sus beatas. Con su propio misterio trinitario: Laurel es una y trina, porque en realidad hay otras dos calles (la <strong>Travesía</strong>, <strong>Albornoz</strong>) tributarias, una más si contamos el tramo inicial de <strong>San Agustín</strong>, allí donde tantas rondas desembocan.</p>
<p>Últimamente, noto la calle aún más cuesta arriba. He comprobado que eso de empinar (el codo) es contagioso, porque también se empinan las cajas registradoras, cuyos propietarios se valen de la debilidad que sus parroquianos sentimos por sus bares. Los fieles ni nos inmutamos ante la minuta ni ante el prodigioso efecto multiplicador que le sucede al vino cuando llega a esta calle: su valor se dispara en la misma proporción en que mengua la cantidad depositada en la copa.<br />
A mí me da lo mismo. Amo la calle Laurel y escalaré por ella aunque todavía se empine más. Disfruto viendo las manos de prestidigitador de <strong>Manolo</strong>, que parte tomates a velocidad endiablada mientras cuenta algún chiste en <strong>El Soldado</strong>. Adoro la bella voz de jotero con que <strong>Javi</strong> pide un cojonudo en<strong> La Simpatía</strong> y me hipnotiza el montacargas por donde la buena gente del <strong>Sebas</strong> arría su exquisita tortilla de patata. El <strong>Blanco y Negro</strong>, el <strong>Taza</strong>, el recuperado Donosti&#8230; Todos forman parte de mi corazón tan logroñés y a todos he vuelto tras algún exilio temporal en <strong>San Juan</strong> y la <strong>Mayor</strong>, cuando esta última calle aún no había sido tomada por las hordas adolescentes, cuando aún la reconocía como la de toda la vida. Así que seguiré sonriendo con las ocurrencias de Manolo, saboreando los calamares que preparan donde Javi y maravillándome con las referencias de Rioja que han ido coleccionando los herederos de Sebas. Soy un cliente fácil que sólo desea precisamente eso: que nos lo pongan algo más fácil.</p>
<p>P.D. El Soriano no se aloja estrictamente en la Laurel, pero ya advierto arriba que la calle es una especie de tres en una. El imaginario popular también denomina como Laurel a la calle Albornoz y a la Travesía, en cuyo número dos radica en realidad esta barra tan célebre, dedicada al monocultivo del pincho único que le da fama: ese <strong>champiñón</strong> cuyo misterio (dicen) está en la <strong>salsa</strong>, una fórmula tan secreta como la de la Coca Cola. Ese champi que yo sigo intentando tomar sin pringarme: en vano, lo confieso.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/07/laurel-se-empina-bares-dedicados-iv/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<post_id>31</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
