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	<title>Logroño en sus baresLobete &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Tu hermosa pastelería</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jan 2020 11:16:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Todavia hay cierto locales logroñeses que aseguran ese tipo de atmósfera tan gentil con su parroquia que antes era más habitual y hoy se bate en retirada. Pienso en <strong>Dulín</strong> o <strong>Muro</strong>, por ejemplo: donde se aloja esa especie de ambiente placebo que te reconcilia con la vida, con la vida comercial y también con la vida en general, con su versión más amena. Me ocurre también en <strong>La Mariposa de Oro</strong>, pastelería/joyería patrimonio del logroñesismo, si tal concepto existe. Su delicado techo de artesonada escayola, la venerable máquina de precisión que aún funciona, las golosinas que alumbra su misterioso horno&#8230; Y el riquísimo olorcillo que inunda toda la calle <strong>Portales</strong>: la suma de todos estos atributos genera en mi caso, y creo que en algún otro, un estado de felicidad levitante, similar al que procuran ciertos bares.</p>
<p>Es una sensación que también me asalta cuando ingreso en la jurisdicción de otro descubrimiento reciente, que debo a un compañero en esta casa que con tanta paciencia nos acoge. Fue el primero en localizar una hermosa pastelería alojada en el tramo final de <strong>Calvo</strong> <strong>Sotelo</strong>, una de las calles más maltratadas de Logroño, lo cual es mucho decir. Si alguna vez el improbable lector desciende hacia el polideportivo de <strong>Lobete</strong>, convertida en una especie de tubo para coches cuya utilidad se me escapa igual que me espanta su fisonomía, tropezará a su mano izquierda con un pequeño tesoro. Una joya camuflada como confitería, llamada<strong> La Petite Parisienne</strong>, una nomenclatura muy pertinente. Porque la atiende una joven llegada desde las Galias vecinas, cuyo sabio y sabroso quehacer merece que alguien le dedique algunas líneas. Y porque es en efectado un espacio contenido. Desbordante por cierto de encanto.</p>
<p>Las que siguen, por ejemplo. Cuando el cliente accede a sus dominios, en realidad se transporta en la máquina del tiempo a los años en que el silencio imperaba entre nosotros con mayor asiduidad. Es por lo tanto un viaje muy placentero. Se escuchan los susurros que se dirigen entre sí los jefes de todo esto, los pies deslizándose por el suelo y un reconfortante runrún que llega desde el hogar vecino, tras la puerta. Donde se alumbran las gollerías que le dan justa fama: <strong>delicadas artesanías pasteleras</strong>, de procedencia francesa, despacha para satisfacción de su parroquia, sorprendida y hasta conmovida luego de encontrar en esta extraña esquina de Logroño con una porción de París. Un oasis en medio de la fealdad del entorno.</p>
<p>La joven que defiende esta barra, donde se despacha también un pan riquísimo de origen (éste sí) cien por cien riojano, atiende al potencial comprador en un español afrancesado tan encantador como desconcertante. Y se entrega a una práctica que antaño era frecuente pero que ha ido desapareciendo, como tantas cosas buenas de la vida: darte a probar alguna de sus creaciones cuando el cliente duda sobre cuál de ellas será la más apropiada o estará más rica. Son <strong>minúsculos pastelillos de elegante finura</strong>, muy sabrosos. Entre los cuales destaca una golosina de moda, pero complicada de encontrar fuera de Francia: sus proverbiales <strong>macarons</strong>, que aquí se ofrecen perfectos de punto y con elogiable variedad de sabores.</p>
<p>Aunque la idea que asiste a este blog tiene que ver con Logroño en sus bares, me permito desvelar aquí este feliz hallazgo, por si acaso había pasado injustamente desapercibido, impulsado por la idea de que esta confitería sólo le falta precisamente eso. Una barra, aunque fuera minúscula. Donde acompañar con un cafecito alguna de las criaturas que nacen en su horno, viendo pasar la vida por la cristalera que da a Calvo Sotelo endulzada por un glorioso surtido de pastelitos de sello parisino. Mientras llega ese feliz día, sus dueños se limitan a seguir con lo suyo, la elaboración minuciosa y suculenta de sus creaciones, confiando en un mañana donde sus feligreses no sólo sepan pronunciar con mejor precisión la voz <strong>cruasán</strong>: cuando también sepamos a qué sabe un <strong><em>café au lai</em></strong>t a la manera de Logroño.</p>
<p>P. D. Alguna vez se ha mencionado aquí el modélico ejemplo de un negocio emparentado con este otro hallazgo logroñés-parisino: la inmemorial <strong>Iturbe</strong>, que ahí sigue en Víctor Pradera, despachando sus elogiables dulces con el mismo esmero con que sirven a la clientela el rico cafecito. La Petite Parisienne vendría ser algo así como su sucesores: su heredera.</p>
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		<title>Lobete en sus bares</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Oct 2018 15:09:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p><em>Como en ocasiones precedentes, este blog abre sus puertas en cursiva para que quienes están dotados de mayor conocimiento de causa sobre alguna vertiente del querido universo común (Logroño, sus bares) se explayen a gusto sobre semejante particular. Es el caso de estas líneas que allega con la sabiduría habitual el compañero <strong>Martín Schmit,</strong> ante quien me quito el imaginario sombrero en su condición de cicerone del barrio que a ambos nos acoge, <strong>Lobete</strong>. Que él frecuenta más que hoy, como podrá observar a continuación el improbable lector. Atentos.</em></p>
<p>Me pide el amigo Jorge, dueño de esta maravillosa bitácora, que hable sobre los bares de mi vecindario: un <strong>Lobete</strong> que es mucho más que la zona del mercado de los pimientos y los antiguos pubs de las décadas del 80 y 90, en la que el único sobreviviente es el<strong> Lyon Tavern</strong> del compañero Santiago Robres.</p>
<p>Comencé a alternar por mi barrio cuando nació mi hija, que ahora tiene 9 años. Zonas como <strong>Laurel</strong> o <strong>San Juan</strong> se alejaron cuando andábamos con la Maclaren (las madres y padres sabrán que no se trata de la escudería de Fórmula 1) a cuestas de aquí para allá. Conocimos entonces los bares de nuestra zona, que fueron pioneros en Logroño en eso de acompañar el vino, corto o caña con una tapa. <strong>El Rincón de las Tapas</strong>, regenteado por Delia y Jesús, fue unos de los primeros en ofrecer este servicio, muy elogiado sobre todo por los alumnos de la Escuela de Idiomas.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Vigón.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1181" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Vigón-1024x692.jpg" alt="Los dueños del Café Vigón, con su tortilla premiada. Foto de Justo Rodríguez" width="1024" height="692" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Vigón-1024x692.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Vigón-300x203.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Vigón-768x519.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Vigón.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unos metros más hacia el centro, el <strong>Café Vigón</strong> de los valientes chilenos Marisol y César, que unos años antes instalaron un establecimiento de hostelería en la mismísima Kabul en plena guerra entre americanos y afganos, también acompañan sus bebidas con unos pinchos variados (huevos duros rellenos, tostadas con txaca, bocatitas variados o tortilla, entre otros tantos). Pero cuando más animado está el Café Vigón son los viernes por la noche, aprovechando el pincho pote del barrio. Famosos son ya los huevos fritos con patatas que reparten entre los feligreses mientras los hijos de la pareja chilena no tienen tregua. En un viernes de verano, el Café Vigón puede expedir <strong>casi 280 huevos fritos,</strong> además de su riquísima tortilla de patatas, ganadora hace un par de temporadas del concurso que organiza Diario LA RIOJA.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Ensenada.jpg"><img loading="lazy" class="size-large wp-image-1182" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Ensenada-1024x616.jpg" alt="Bar Ensenada en Marques de la Ensenada 23 Logrono Los propietarios del bar con la tortilla de patata que ha resultado ganadora del concurso del Degusta 25 junio 2015 Sonia Tercero" width="1024" height="616" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Ensenada-1024x616.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Ensenada-300x180.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/10/Ensenada-768x462.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro establecimiento de la zona que también obtuvo un galardón por su excelencia en tortillas fue el <strong>Ensenada</strong>, en la esquina de Marqués de la Ensenada con la plaza <strong>Luis Braille,</strong> cuya barra invita al pecado (gastronómico). Ya desde esta temporada linda su terraza en verano con el remozado <strong>Cafetín</strong>, otro de los templos gastronómicos de la zona. La siempre sonriente Lidia está detrás de la barra para ofrecer alguno de sus deliciosos pinchos, que de nada envidian a los del Casco Antiguo logroñés.</p>
<p>Y es con el pincho pote cuando los bares de Lobete muestran su mejor faceta. Allí están también el <strong>Maryviña</strong> (también en la plaza Luis Braille y con cocina muy riojana), el <strong>Corner</strong> (también reformado hace un par de años) o el <strong>Neira</strong> (de esos bares de toda la vida), en la esquina de Milicias con Albia de Castro, aunque ya me pilla un poco lejos de mi órbita. Me rijo casi siempre a la agenda de mi hija y su vida es en el barrio&#8230;</p>
<p>Volviendo a la avenida Jorge Vigón, en la que la oferta no decae, <strong>Las Torres</strong> también es un lujo para el paladar con su generosa barra y donde la tortilla también tiene sus buenos adeptos. Es el establecimiento elegido por muchísimos vecinos para jugar la partida. A unos metros de allí, el <strong>Michel</strong> (Marqués de la Ensenada casi esquina con Jorge Vigón) también acompañan la consumición con un pincho elaborado. Unos metros hacia las vías del tren, ahora soterradas, el <strong>Bohemia</strong> ha reemplazado al Puerto Príncipe que regenteaban los hermanos Sonia y Gerardo. El Bohemia ha cambiado su cara en la esquina de Marqués de la Ensenada y Villamediana, y mantiene una buena oferta de tapas y pinchos, sobre todo el día del pincho pote.</p>
<p>Una moda a la que también se han unido los nuevos propietarios asiáticos del<strong> Sol Nórdico</strong>, en la misma lonja donde hace años estuvo el Isopo, que celebran el día del pincho pote los jueves, con calamares como su estrella además de una nutrida oferta de comida oriental.</p>
<p>Hay más bares en la zona, muchos más, aunque éstos son por donde servidor suele moverse. Movía es en realidad el tiempo verbal que debo usar, ya que desde hace unas semanas estoy sumido en la siempre difícil tarea de adelgazar y los productos de Lobete no invitan precisamente a ello. Pero volveré. De eso estoy seguro.</p>
<p>P. D. Alguna vez he comentado con la estrella invitada de hoy mi escasa tendencia a frecuentar los bares que cita, alegando una razón que me parece que no le convence: que me pillan demasiado cerca de casa. Que para trasegar al lado de mi domicilio ya tengo mi propio hogar. Y que para dotar de un atractivo adicional a las rondas de tragos y bocados prefiero que me caigan un poco más lejos. Igual que esos viajeros que reniegan de los destinos cercanos y buscan el exotismo en lugares remotos, pensando que para visitar el pueblo de al lado siempre habrá tiempo. Es una tendencia un poco absurda, lo confieso. Que prometo reparar. Cuando <strong>Martín Schmitt</strong> se olvide de la dieta, tal y como confiesa en el último párrafo, yo procuraré enmendar mi error.</p>
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		<title>Lyon, cumpleaños feliz</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Mar 2018 09:33:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Como ha ocurrido en ocasiones precedentes, este blog se abre hoy a las aportaciones de una estrella invitada: el querido compañero <strong>Martín Schmitt</strong>, que comparte desvelos en esta casa que con tanta paciencia nos acoge. Dueño por cierto de su propio itinerario como cliente de tantos bares del <strong>barrio de Lobete</strong> que también compartidos. Y ahí ha puesto el ojo y afillado la pluma: para reseñar como merece el cumpleaños recién celebrado por una de las referencias de este rincón de Logroño, el <strong>Lyon</strong>. Así que allá va lo que nos cuenta.</p>
<p><strong>El 9 de marzo de 1983 los hermanos Paulino y Santiago Robres</strong> abrían por primera vez la puerta del Lyon, un pub que se ha transformado en taberna con una coqueta decoración pero cuya alma continúa inalterable al paso del tiempo, siempre en el mismo sitio (<strong>Jorge Vigón, 55</strong>) y atendido desde hace más de dos décadas por el menor de los Robres, familia oriunda de <strong>Azofra</strong>. Nada menos que <strong>35 años de historia,</strong> quizá el establecimiento más longevo de la ciudad que siempre ha estado bajo la misma tutela.</p>
<p>Con <strong>Joaquín Sabina</strong>, un clásico de la taberna de Lobete, sonando de fondo, el bar se montó en una lonja propiedad de su padre. Paulino, que por entonces tenía 22 años de edad, y Santi, de 19, siempre lo tuvieron claro: “Queríamos que fuese un pub, no un bar de barrio”. Por aquellos años, esta zona de Lobete “estaba muerta”. “Estaba el <strong>Pierrot</strong> y poco más”, rememora Santi. Con moqueta de la época, los vidrios tintados, elegantes sofás y una generosa barra bien surtida, el establecimiento arrancó con el horario de apertura de pub: a partir de las 15 horas.</p>
<p>Poco a poco, por el lugar empezaron a aflorar distintos establecimientos que hicieron de la zona una referencia en los años ochenta diferenciada de la zona de marcha. Con <strong>Manhattans, Brandy Alexander, licores y cócteles sobre la barra</strong>, el Lyon comenzó a reunir a una interesante clientela venida de distintas zonas de la ciudad, e incluso a celebrar cotillones de Nochevieja. “Bajaban unas cuadrillas muy majas”, afirma Santi y nombra a distintos empresarios, magistrados, deportistas (muchas plantillas del Logroñés, por ejemplo) y políticos de distintas épocas.</p>
<p><strong>El Isopo, el Cristal, el Montevideo, el Bianco, los Delfines, el Jaque, el Piano</strong>&#8230; La zona se fue convirtiendo en un barrio de copas que atraía a muchos logroñeses. Fueron los años dorados de esta esquina del este de la capital hasta que se puso de moda la plaza del Mercado y el esplendor dejó paso al declive del barrio, a vivir su peor época. Pero el Lyon tuvo la capacidad y la clientela suficiente para no caer en ese ocaso que no solo destruyó pubs; también se llevó por delante alguna vida.</p>
<p>Paulino, ya por los años noventa, dejó el bar para centrarse en el negocio de los seguros y Santi continuó simultaneando su trabajo en un local de suministros industriales con el pub hasta hace tres años y medio, cuando cumplió medio siglo de vida. El negocio siempre fue una cuestión de familia. Su padre, también llamado <strong>Paulino</strong>, acudía cada mañana a limpiar. Al fallecer, hace diez años, el relevo lo tomó su madre, <strong>Beatriz</strong>, que hasta el día de hoy se encarga de dejar impoluto un local que con el paso del tiempo ha sufrido una metamorfosis. De hecho, en el 2011 cambió drásticamente de &#8216;look&#8217; para transformarse en una coqueta taberna irlandesa.</p>
<p>Pero antes, con la construcción del aparcamiento subterráneo de Jorge Vigón, el barrio se revitalizó. Mucho tuvo que ver la apertura del<strong> Drunken Duck</strong> en la esquina de Jorge Vigón y Eliseo Pinedo, que empezó a atraer nuevamente a gente de fuera de Lobete. Los &#8216;camellos&#8217; fueron desapareciendo, las redadas policiales en la zona fueron disminuyendo y aquellos antiguos pubs se transformaron en bares de barrio, como el Rincón de las Tapas, el Vigón, el Sol Nórdico o el Dos Torres. Y la taberna del Lyon como testigo de los continuos vaivenes de Lobete, siempre fiel a su estilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/lyon-combo.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1032" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/lyon-combo-300x209.jpg" alt="lyon-combo" width="300" height="209" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/lyon-combo-300x209.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/lyon-combo.jpg 575w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El nombre del establecimiento fue una casualidad. Querían los Robres un nombre corto para un pub. Y el escogido fue Lyon. Buscaron entonces el escudo de la ciudad gala y le sumaron unas uvas para<strong> riojanizar la imagen del pub</strong>. Una taberna que en sus inicios proyectaba películas, incluso antes que en los cines, aunque con el paso del tiempo (y con la marcha del negocio de Paulino) el fútbol fue ganando protagonismo. Las moquetas, los sofás de los ochenta y los cócteles dejaron paso a la madera, a las publicidades de taberna, a los adornos de un club de golf inglés, a las copas y la cerveza. Mucha cerveza.</p>
<p>Son muy pocos días los que en estos 35 años de vida ha cerrado sus puertas el <strong>Lyon Tavern.</strong> Quizá algún partido de su querido <strong>Barça</strong> al que acudía Santi con amigos o una época en la que estuvo saliendo con una joven dama del barrio, que le reclamaba más allá de las puertas de su local. Pero nunca hubo boda. “Me casé con mi bar, del que me fiaba más”, afirma con una sorna inocente el propietario. Gracia y orgullo, el mismo con el que puede llegar a hablar (no a mostrar) de su camiseta firmada del mismísimo<strong> Leo Messi.</strong> Un regalo que le dio <strong>el jugador del</strong> <strong>Athletic de Bilbao Óscar de Marcos</strong>, que también tiene un ronconcito en donde se le recuerda.</p>
<p>Luego de estos 35 años de vida, Santi tiene innumerables historias, algunas que no puede revelar por “secreto profesional” y otras que ya forman parte del decorado del Lyon, como <strong>las visitas casi diarias del extinto Taburete</strong>. Sobre su barra se han materializado fichajes del Logroñés, se han creado partidos políticos, se han escrito libros y creado canciones, entre otras mil anécdotas. Después de estas tres décadas y media, su propietario se confiesa “inmensamente feliz”. Santi tiene la clientela que quiere y disfruta de su trabajo como pocos. Seguirán pasando los años y seguramente allí estará el Lyon Tavern, “since 1983”, como reza el rótulo de la entrada, como testigo discreto de la hostelería logroñesa.</p>
<p>P. D. Como bien anota el compañero Martín Schmitt, el Lyon contribuye a forjar una dinámica zona de bares allá al fondo de Jorge Vigón, donde tiene su domicilio quien esto firma. Quien por otro lado reconoce que eso de acudir a los bares que le caen demasiado cerca de casa no goza de su predilección, de modo tiende a desertar tanto del vecino Lyon como de la mayoría de bares arriba incluidos. Porque nos gusta estar en los bares <strong>mejor que en casa</strong>: y si la casa pilla demasiado cerca, el bar de abajo parece más la prolongación del sofá familiar que una alternativa para nuestro pasatiempo favorito.</p>
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		<title>La ruta del pincho pote</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2015 17:28:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Cualquier logroñés habrá podido comprobar de un tiempo a esta parte cómo se extiende entre nosotros esa práctica denominada al modo euskaldun: el llamado pincho pote. Se trata de una actividad desplegada también en distintas localidades de La Rioja, pero como pretendemos seguir siendo fieles en lo posible a la patria chica, en esta [&#8230;]]]></description>
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<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/03/pincho.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-461" title="Bar de la calle Labradores que invita a practicar el pincho pote. Foto de Juan Marín" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2015/03/pincho.jpg" alt="Bar de la calle Labradores que invita a practicar el pincho pote. Foto de Juan Marín" width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/03/pincho.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2015/03/pincho-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a>Cualquier <strong>logroñés</strong> habrá podido comprobar de un tiempo a esta parte cómo se extiende entre nosotros esa práctica denominada al modo euskaldun: el llamado <strong>pincho pote</strong>. Se trata de una actividad desplegada también en distintas localidades de <strong>La Rioja</strong>, pero como pretendemos seguir siendo fieles en lo posible a la patria chica, en esta entrada abordaremos tan sólo los seguidores que ha encontrado entre los <strong>bares logroñeses</strong>. Que lo son en buen número: de hecho, se me ocurrió escribir estas líneas cuando tropecé en el venerable <strong>Beti</strong> con el anuncio de que también ese local forma parte de una reducida, aunque castiza, ruta de establecimientos dedicados a tal costumbre: integra un trío que completan los vecinos <strong>Pesos</strong> y <strong>Gaona</strong>.</p>
<p>Habrá que advertir en primer lugar de qué hablamos cuando hablamos de pincho pote. Cualquiera lo sabe porque es muy sencillo, pero si queda algún indígena ajeno a sus encantos, aquí va la aclaración: una <strong>fórmula barata de incentivar el chiquiteo</strong> adosando a precios muy razonables una tapa a la consumición habitual, esto es, el vino, la caña, el refresco&#8230; Por módicas tarifas se anima el público a dinamizar la máquina registradora, crece el ambiente en bares y alrededores, se reactiva en consecuencia el consumo. Una estupenda manera de guiñarle un ojo a la clientela y, de paso, demostrar lo que otros negocios (el del cine, por ejemplo) también han conocido recientemente: que los precios suelen ser un muro insalvable en estos tiempos sombríos cuando de alternar se trata. Que superado ese peaje, el cliente se anima.</p>
<p>Así que, milagro, milagro: resulta que cuando se tarifa económicamente volvemos a visitar los bares, tradición que no debería perderse. Resulta por lo tanto pertinente el experimento que aquí pretendemos: invitar a los improbables lectores a que nos ayuden a configurar una especie de <strong>ruta por el pincho pote de Logroño</strong>. Que nos cuenten qué bares se incluyen en esta tendencia y qué zonas de la ciudad disponen de su propio itinerario. Con sus aportaciones iremos configurando un mapa donde se visualice tanto la ruta de cada barrio como los locales que la integran, con el detalle adicional de explicar en qué consiste cada oferta.</p>
<p>Como ejemplo, además del citado caso del pincho pote trino del entorno de la <strong>Glorieta</strong>, habrá que mencionar también el que protagoniza la <strong>calle</strong> <strong>Labradores</strong> y sus alrededores, valga el pareado. Lo integran, según observo en la cartelería distribuida por Logroño, el <strong>Tío Tito, Nimar, Da Vinci, El Porteño, Cazador, Guevara, Chaplin, Roche 2, Teyma, Mi Bar, Versalles, Centro Cántabro y Kaiser</strong>, entre otros, que despachan su oferta los jueves y viernes (vino o cerveza más pincho, dos euros; euro y medio si el vino es joven) e incluyen un sorteo entre los participantes. Así lo contaba allá por octubre la compañera <strong>María José Lumbreras</strong>, quien recopilaba para <strong>Diario LA RIOJA</strong> algunas de las distintas rutas que se manejan por Logroño. Citaba el precedente de la mal llamada &#8216;Laurel pobre&#8217;, ese itinerario que proponen los bares de la zona de <strong>República Argentina y Gil de Gárate</strong>, cuyo ejemplo siguen otra zonas además de las mentadas: así ocurre con <strong>Albia de Castro</strong> y otras calles de <strong>Lobete</strong>, que limitan esta actividad a los viernes como suele ser habitual.</p>
<p>Pero hay más casos. En ese mismo artículo, Lumbreras recogía la propuesta de un grupo de bares situados por el nuevo <strong>Las Gaunas (Los Ángeles, La Guindalera, Bulevar y Toscana</strong>), cuya iniciativa tiene también bastante que ver con la aspiración de que los vecinos de esos nuevos sectores residenciales encuentren junto a su hogar la oferta hostelera y de ocio que a menudo les conduce hacia el centro de la ciudad. Pienso que se trata de una intención similar a la que anima a los demás bares: convencer a su clientela de que como cerca de casa, en ningún sitio. Porque una tendencia que domina todas estas nuevas modas de peregrinar por los bares es que ocurren en la periferia: el centro, el auténtico corazón de Logroño, con sus rutas ya consolidadas como<strong> Laurel, San Juan</strong> y similares, no participa de esta moda. Supongo que porque sus bares cuentan con un arsenal promocional suficiente que evita sumarse a la práctica del pincho pote. Su atractivo radica en su larga historia como zona hostelera, cuyo encanto divulgan las guías de viaje y otras publicaciones por tierra, mar y aire.</p>
<p>De modo que, en resumen, aquí se ha citado una serie de bares adictos al pincho pote. Estaría muy bien que entre todos dibujáramos una ruta logroñesa, una idea que nace con vocación de servicio. Completar ese mapa depende de que alguien al otro lado del <strong>blog</strong> se anime. Y así podremos concluir entre todos con esa frase tan periodística: seguiremos informando.</p>
<p>P.D. El pincho pote es una variante, en realidad, de una práctica hostelera que ya encontró algún eco en este blog. Aquel mapa de los <strong>tapas gratis</strong> con que algunos bares imitan la costumbre de otros puntos de la geografía española de obsequiar a su clientela tuvo cierta repercusión gracias a la generosa contribución de los lectores de este blog. En conclusión, lo que tanto una como otra modalidad intentan es que el personal visite sus barras y que, mediante ambas fórmulas, no pueda alegar que el precio es una barrera que le impide disfrutar de su ocio favorito.</p>
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		<title>Jorge Vigón, la tercera vía</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Jan 2013 16:12:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/cristal-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-73" title="De Cristal a Goxo, hoy cerrado" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/cristal-1.jpg" alt="De Cristal a Goxo, hoy cerrado" width="600" height="407" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/cristal-1.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/cristal-1-300x204.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>A petición del público, cierro aquí la excursión por las tres zonas de copas nocturnas que en <strong>Logroño</strong> han sido… antes de que el<strong> Casco Antiguo</strong> se ofreciera a alojar dicha actividad. En el principio fue<strong> la Zona</strong>, la Zona única, la que todavía se sigue llamando así; a rebufo de su éxito nació otra que no llegó a cristalizar y también mereció unas líneas en este blog: era la que tuvo la <strong>calle San Millán</strong> como eje. Y la tercera, que surgió por aquella misma época (mediados de los años 80), ha sido citada aquí repetidamente en los comentarios de mis queridos corresponsales: se aposentaba en el tramo final de <strong>Jorge Vigón</strong>, con epicentro en el fallecido pub <strong>Cristal</strong>.</p>
<p>Yo no la frecuenté mucho. Si caía por allí casi siempre era para pasarme por el <strong>Isopo</strong>, garito con varias vidas ahora resucitado como cafetería de barrio y bautizado como<strong> Sol Nórdico</strong> (curioso e intrigante nombre, por cierto). Creo que su momento de esplendor me pilló ya demasiado veterano para apreciar la gracia del Cristal y su colección de vespinos en la puerta, que invitaban según recuerdo a conquistar la calle como si fuera <strong>Montmeló</strong>: aquellos émulos de <strong>Ángel Nieto</strong> instituyeron un circuito inofensivo que les llevaba hasta las famosas ‘eses’ de <strong>Albia de Castro</strong>, a la altura del <strong>D´Elhuyar</strong>. Unas curvas que no todos los pilotos supieron negociar como debían, de modo que regresaban tullidos (pero felices) al hogar materno: esto es, el Cristal.</p>
<p>Como se deduce, aquel fue un bar netamente juvenil, más propio para la clientela que daba sus primeros pasos nocturnos, de modo que estaba un poco como fuera de lugar en una ruta más propia para dipsómanos veteranos. Así ocurría en el vecino <strong>Pierrot</strong>, hoy transformado en otro bar de barrio, pero que en su buena época fue la primera piedra de aquel itinerario. La ronda seguía en el mentado Cristal y concluía en el <strong>Lyon</strong>, ahora también reconvertido en taberna british aunque con la clientela más fiel de la que tengo noticia por Logroño. Fin de la excursión, salvo para quienes como yo se animaban a cruzar la acera y penetrar en el Isopo, cuyo aliciente máximo no era tanto las copas como dos hallazgos en los que fue pionero: la recuperación del futbolín y el billar americano. Dos pasatiempos que triunfaron, como tantas cosas, en cuanto también supieron enganchar al público femenino: atraía como un imán a los parroquianos que  ingresaban en el garito y se topaban con unas cuantas damas en decúbito prono, taco en ristre, dándole a la carambola. Una propuesta imbatible que, sin embargo, ha ido declinando pero que entonces representó una curiosa conquista arrebatada a su hábitat natural, los salones de juegos. Claro que éstos eran casi cosa de hombres. Como el coñá.</p>
<p>Este repaso de la Zona de de Jorge Vigón, aquella tercera vía, quedaría sin embargo incompleto si no se añadieran a sus epígonos. Hemos citado Albia de Castro unas líneas arriba: la calle, la curiosa calle curvada y ahora truncada por la playa de cemento alrededor del polideportivo de<strong> Lobete</strong>. Volvemos sobre nuestros pasos para recordar que aquel recorrido se detenía allí, como una extensión con un punto más rocanrolero, rama jevi. Así se sustanciaba la oferta musical del veteranísmo <strong>Jake</strong>, venerable garito con inclinación metalera que resiste ya como solitario enclave y rebautizado desde su original denominación como <strong>Camarote</strong>. Antes le acompañaron otros garitos también memorables: casi pared con pared se erigía el <strong>Plas</strong> y un poco más allá, ya en la plaza, aquel exitoso <strong>Blue Moo</strong>n que me tuvo entre su clientela sabatina unas cuantas noches, atraído por su buen gusto en la elección de los discos. Hoy, clausurado igual que su hermano de la esquina, el pub <strong>Los Delfines</strong> de insólita decoración (sí, en efecto: lleno de delfines), sirve para recordar lo que aquella Zona representó un día: una alternativa que no llegó a triunfar pero que hoy sobrevive, con bastante buena salud, como un itinerario de bares de barrio, propicios para el aperitivo, el almuerzo, el cafelito de media tarde, el vino de última hora y hasta alguna copa de madrugada. Es decir: Logroño en estado puro.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/jake-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-74" title="El Jake de Albia de Castro" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/jake-1.jpg" alt="El Jake de Albia de Castro" width="600" height="383" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/jake-1.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/jake-1-300x192.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>P.D. El mentado Jake alcanzó como pronosticó <strong>Warhol</strong> su cuota de popularidad en los años 80. En su caso, porque estaba regentado por una de las chicas miembros del festivo grupo <strong>Las Vulpes</strong>, banda punk que alcanzó sus quince minutos de celebridad gracias a la censura a que fue sometido su tema ‘<strong>Me gusta ser una zorra’</strong>, cuya letra vista retrospectivamente sólo mueve a la sonrisa… salvo para aquellos que se escandalizan con cualquier cosa. Aquí os dejo un enlace a youtube con su mítica actuación en el no menos mítico &#8216;La caja de ritmos&#8217; por si alguien lo quiere comprobar por sí mismo.<br />
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