<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Logroño en sus baresLogroño &#8211; Logroño en sus bares</title>
	<atom:link href="https://blogs.larioja.com/logronobares/tag/logrono/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.larioja.com/logronobares</link>
	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Aug 2021 02:33:20 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Pinchos, tapas y cazuelas: viaje por La Rioja interior</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/02/28/pinchos-tapas-y-cazuelas-viaje-por-la-rioja-interior/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/02/28/pinchos-tapas-y-cazuelas-viaje-por-la-rioja-interior/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 28 Feb 2019 17:35:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Ábalos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Alberite]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[El Soldado de Tudelilla]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Entrena]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Haro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Murillo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Ocón]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Pipaona]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1271</guid>
		<description><![CDATA[&#160; ¿Qué es un pincho? ¿Qué es una tapa? La pregunta me vuelve a rondar la cabeza tres años después, cuando ingreso de nuevo en la comitiva que se dispone a recorrer los bares que nos tiene asignado el jurado de La Rioja Capital: vamos a examinar, por turnos organizados para que evitemos una sobredosis [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/Entrena.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1272" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/Entrena-1024x768.jpg" alt="Bar El Frontón, en Entrena" width="1024" height="768" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/Entrena-1024x768.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/Entrena-300x225.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/Entrena-768x576.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/Entrena.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Qué es un <strong>pincho</strong>? ¿Qué es una <strong>tapa</strong>? La pregunta me vuelve a rondar la cabeza tres años después, cuando ingreso de nuevo en la comitiva que se dispone a recorrer los bares que nos tiene asignado <strong>el jurado de La Rioja Capital</strong>: vamos a examinar, por turnos organizados para que evitemos una sobredosis de bares y pinchos (o tapas), los bares participantes en el concurso que este sábado elige al ganador de este año. Tengo suerte. Me vuelve a corresponder un armónico grupo que aúna saberes de distintas categorías y un criterio polifónico. Quiere decirse que hay entre nosotros un poco de todo, aunque quien nos guía con una intuición superior sea una profesora de la <strong>Escuela de Santo Domingo</strong>. El resto somos más o menos peritos en bares (y en pinchos, y en tapas) que sabemos distinguir el bocado fetén del que sólo aspira a cumplir lo que reclamaba el barón de Coubertin: lo importante es participar.</p>
<p>Y quienes participan están hermanados de nuevo (como en las dos ediciones anteriores) por un propósito común: la ilusión. Es emocionante ingresar de buena mañana en un bar de <strong>Murillo</strong>, reconfortado al amor de la catalítica que tanto he querido, y conversar con la jefa de todo esto. Que confiesa sus nervios (&#8220;No hemos pegado ojo en toda la noche&#8221;, sonríe) y despacha una estupenda ración de oreja. A nuestra vera, un grupo de damas ataca el cafelito mañanero mientras enhebran la primera tertulia del día. Afuera amenaza con nevar. No nos engañamos: somos feligreses de la religión de los bares por ratos como estos, por locales como éstos. O por el otro participante que reclama ahora nuestra atención sin salir del pueblo. Donde observamos el mismo ingrediente: la ilusión. Y un estupendo taco de bacalao que se acompaña con un blanco de la cooperativa. Dan ganas de quedarse a vivir entre estas cuatro paredes, entregados a la hospitalidad de los extraños que acaban de dejar de serlo.</p>
<p>Pero aguarda <strong>Entrena</strong> y el milagroso bar que vemos iluminando estas líneas: milagroso porque protagoniza la proeza de ubicarse en el frontón. De ahí su nombre. Y de ahí su emplazamiento, en el mismísimo rebote. Donde nos ofrecen una lección magistral sobre la asadurilla, queridísima víscera que se bate en retirada en estos tiempos adictos a lo gastronómica correcto. Serviada en ravioli, como nos informa nuestra hada de la escuela de Santo Domingo. &#8220;Estilo Arzak&#8221;, avisa. Un cielo sin nubes, amenazando temperaturas bajo cero, observa nuestros sigilosos pasos mientras volvemos al coche. A tiempo de llevar para casa un rosco de San Blas, estilo Entrena. Donde son fiestas, por cierto. Y donde preparan este bocado de manera tan admirable como desconocida para quien esto escribe. &#8220;Aquí no los hacemos como en <strong>Logroño</strong>&#8220;, informa gentil la pareja de panaderos, una pareja de jovencitos a quienes debe darse la razón. Su rosco es distinto. Y exquisito.</p>
<p>Siguiente parada, <strong>Alberite</strong>. El mismo protocolo, la misma gentileza, idéntica ilusión. El bar bulle de clientela al mediodía mientras quienes lo defienden exhiben una ejemplar profesionalidad y vocación de servicio. Despejan una mesa, sirven los riquísimos champis, dan conversación atenta y minuciosa, relatan alguna anécdota con la gracia propia de las gentes del Iregua y nos remiten a nuestro próximo destino, <strong>Pipaona</strong>. Donde encontramos otro milagro. En medio de la absoluta nada, esa burbuja vacía de seres humanos que es <strong>La Rioja interior</strong>, un caballero llamado<strong> Blas Sos</strong> protagoniza una auténtica proeza en su guarida del <strong>Valle de Ocón</strong>. Dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Con bocados y tragos de gran calidad y con un esmerado servicio. Brilla el sol de invierno que jamás calienta pero a los cofrades de esta travesía nos da lo mismo: ya estamos reconfortados por dentro. Estupendas raciones, vistas inmejorables y un vino recién descubierto, un clarete que nos alegra la mañana</p>
<p>Al siguiente fin de semana ocurrirá otro tanto. Visitaremos un par de negocios de <strong>Logroño</strong>, recibiremos el mismo modélico trato (y recogeremos el mismo depósito de entusiasmo entre los participantes), emprenderemos luego ruta hacia <strong>Ábalos</strong> para maravillarnos del perfecto estado de revista que presenta el municipio y del estupendo bocado que nos despachan en el bar del hotel, merecedor por cierto de llegar a la final de este sábado en <strong>Riojaforum</strong>. Y nos llevamos la misma sensación. Esas infinitas ganas de quedarse aquí adentro, a vivir en el mullido confort de los bares. Pero nos debemos a nuestro público, como las folclóricas antiguas: <strong>Haro</strong> espera nuestra visita y uno no quisiera decepcionar a mi cabecera de comarca favorita. Haro es mucho Haro&#8230; aunque la visita al renacido <strong>Suizo</strong> le deja a uno con un sabor de boca (ejem) mejorable.</p>
<p>Que se compensa durante la visita a los dos locales participantes. De donde salimos de nuevo con esa misma sensación: qué enorme ilusión depositan en su quehacer diario quienes los defienden, con qué brío se estrujan las meninges para dar a su clientela lo que merece. Bullen los dos bares a la hora del aperitivo, una breve multitud se apiña ante sus barras y se reparte por los veladores y uno se sigue haciendo la misma pregunta: qué es un pincho y qué es una tapa.</p>
<p>A la cual me voy contestando de vuelta a Logroño. Para mí, este tipo de bocados debe caracterizarse por la capacidad de síntesis que acrediten quienes lo despachan. En cuanto me ponen más de un plato para atacarlo, me malicio que no: que no es eso. Que el bocado puede ser excelente (y de hecho suelen serlo los participantes al concurso), pero que en su concisión se reúne el valor adicional. Que quepa en la mano, por ejemplo. O que se lo zampe uno de dos bocados. Que sea leal al recetario antiguo pero también fiel al objetivo de innovar que todo negocio debería tener como bandera. Que lo sepa acompañar del vino adecuado. Que lo sirva con la vajilla y cubertería adecuadas. Y lo difícil, lo a menudo imposible: que surja la magia.</p>
<p>En mi caso, es sencillo. Siento una predisposición natural para dejarme seducir por los bares que voy encontrando por el camino, sobre todo si sus profesionales exhiben lo antedicho: una ilusión contagiosa. Que es harto más elogiable en los casos en que el desempeño al frente de sus negocios exige conquistar esa tierra rural donde tan a menudo sólo encontramos el frío de la intemperie. Ingresar en el bar de Pipaona luego de atravesar sus calles desnudas y toparse con el ambientado que encontramos fue como convertirse por un rato en Hansel y Gretel. Había luz en la casa escondida en el bosque. Una luz reparadora, la que ilumina a todo bar que se precie. Un bocado, una sonrisa, un trago, un rato de conversación. Y unas vistas espectaculares. Se necesita muy poco más para habitar el entrañable país de los bares. Mientras seguimos dándole vueltas a qué cosa es un pincho y qué una tapa. Por no hablar de las cazuelas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/homenaje.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1273" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/homenaje-1024x702.jpg" alt="Manolo, delante de su bar. Foto de Justo Rodríguez" width="1024" height="702" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/homenaje-1024x702.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/homenaje-300x206.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/homenaje-768x527.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/02/homenaje.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P. D. La final del concurso de este año servirá para proclamar al sucesor al trono que el año pasado hizo suyo el Sopitas de Arnedo. La representación de finalistas se disemina por todo el territorio riojano: su fortuna consiste en haber pasado ya a esta ronda decisiva, porque por el camino se han quedado unos cuantos bares que también se habrán esforzado por estar a la altura del desafío. A ellos cabe añadir otros premios que también se darán a conocer durante la mañana: pincho tradicional, pincho capital (elaborado con Alimentos de La Rioja) y pincho popular, el más votado por el público. Y otro galardón que se divulga de antemano: el concedido a toda una vida al frente de un negocio hostelero, que este año recae más que merecidamente en Manolo. El gran Manolo que defendió hasta hace nada su legendario <strong>Soldado de Tudelilla</strong>. Ante quien me sigo quitando el sombrero</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/02/28/pinchos-tapas-y-cazuelas-viaje-por-la-rioja-interior/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1271</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Casalarreina en sus bares</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/11/09/casalarreina-en-sus-bares/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/11/09/casalarreina-en-sus-bares/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 09 Nov 2018 18:54:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Boulevard]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Caperos]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Casalarreina]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cuzcurrita]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[El Montañés]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Haro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Idefix]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Vieja Bodega]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Oja]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tirgo]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1192</guid>
		<description><![CDATA[&#160; El viajero se sube al volante de su vehículo a motor, conduce apenas unos kilómetros desde su Logroño natal autopista mediante, toma la salida a la altura de de Haro, rechaza la tentación de curiosear por el Suizo (el difunto Suizo) y alrededores y opta por encaminarse hacia Casalarreina. En sólo unos minutos, acaba [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/11/casalarreina-bares.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1193" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/11/casalarreina-bares-1024x333.jpg" alt="Bar El Montañés, de Casalarreina. Google Maps." width="1024" height="333" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/11/casalarreina-bares-1024x333.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/11/casalarreina-bares-300x98.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/11/casalarreina-bares-768x250.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/11/casalarreina-bares.jpg 1680w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El viajero se sube al volante de su vehículo a motor, conduce apenas unos kilómetros desde su <strong>Logroño</strong> natal autopista mediante, toma la salida a la altura de de <strong>Haro</strong>, rechaza la tentación de curiosear por el Suizo (el difunto Suizo) y alrededores y opta por encaminarse hacia <strong>Casalarreina</strong>. En sólo unos minutos, acaba de llegar a otro mundo. A un hermoso, hermosísimo rincón de La Rioja: porque poco después de subirse al coche, ya aflora la magia. Mientras pasea por el delicado interior de su monasterio de <strong>La Piedad</strong>, inundado de belleza y de silencio (dos tesoros que se baten entre nosotros en retirada), uno se pregunta cómo es posible que haya tardado tanto tiempo en maravillarse ante estos imponentes muros, sus esbeltos vanos, su claustro tan sutil, las filigranas platerescas que saludan al visitante una puerta tras otra. Y se impone no volver a incurrir jamás en semejante pecado. De penitencia (dulce penitencia), vermú por el centro del pueblo.</p>
<p>Que es adonde quería llegar. La visita a Casalarreina está justificada por unos cuantos argumentos de orden histórico-artístico. El pulcro orden de sus parques, calles y plazas, el elegante y macizo puente sobre el inesperadamente caudaloso <strong>Oja</strong> que deposita al viajero en dirección a <strong>Tirgo</strong> y <strong>Cuzcurrita</strong> (otros dos pueblos merecedores de su propia visita), la armonía que se respira incluso en su mercadillo, arracimado en torno a una calle coquetamente porticada&#8230; Todo es memorable. Los palacios y casas blasonadas que salen al encuentro del caminante, su calle central pavimentada para espantar al tráfico de alta densidad que antes cruzaba por aquí<strong> camino de Burgos</strong>, la dinámica actividad propia de un sábado por la mañana, cuando el reloj avanza en dirección al aperitivo. Cuando lugareños y forasteros comparten tragos, tapas y tertulias por el territorio propio de este blog: los bares. Casalarreina en sus bares. Que merecen esta nueva excursión por los alrededores de Logroño, con la esperanza de que el improbable lector se anime a compartir esa misma experiencia: Casalarreina bien vale una visita.</p>
<p>Que arranca, luego de entregarse al turisteo feliz, con el cafelito matinal, tan castizo. Para el que se aconseja uno de mis bares favoritos de toda La Rioja. <strong>El</strong> <strong>Montañés</strong>, con su terraza benemérita que dispone de estupendas vistas hacia el monasterio, la hospedería vecina que ocupa una de sus alas y el resto de edificios allí alineados: el inmueble que fue escuela y cuartel y que hoy alberga la sala de cultura, la sede del Ayuntamiento&#8230; Aunque el encanto del Montañés reside en su interior: así eran antes tantos y tantos bares. Antes de que una mano anónima pasara por ellos y los homogeneizara a todos, reconvirtiéndolos en el mismo bar mil veces repetido por toda la geografía riojana (y nacional). El Montañés resiste más o menos como uno lo conoció, como siempre lo ha recordado, con sus bancos corridos festoneando la pared que da a la plaza vecina, por donde asoman los andamios del palacio dispuesto a convertirse en hotel un día de estos&#8230; Otro tesoro que habla de la riqueza genuina de la localidad: ese riquísimo caserío que informa de su brillante pasado.</p>
<p>Casalarreina, como otros pueblos de la comarca, cuenta con una población flotante que llega a rebasar las ocho mil personas en verano, temporada de pleno apogeo de ese mundo de la segunda residencia que atrae hasta aquí a visitantes de origen casi siempre vizcaíno, asiduos también durante los fines de semana del gozoso otoño riojano, deslumbrante de riqueza cromática (y enológica, y gastronómica). Lo cual explica que haya una quincena larga de bares al servicio de una población censada que por poco supera las mil almas: serán escasas, pero hospitalarias. Y adictas al rito del vermú, como puede corroborarse en los locales que tuve el grato placer de visitar. Buen servicio, estupenda barra, grandes vinos del entorno: la descripción vale para (por ejemplo) el <strong>Idefix</strong>, célebre por su tortilla de patata. O para (otro ejemplo) el <strong>Caperos</strong>, antaño irresistible parada para quienes cruzaban por Casalarreina y sus alrededores y se regalaban un almuerzo de esos: de los de antes. Hoy, bajo renovada dirección, garantiza lo antedicho: buenos vinos, buena barra, buen servicio. Y tercer ejemplo, que ya iba siendo la hora de sentarse para el almuerzo y detener la costumbre del chiquiteo: el <strong>Boulevard</strong>, espectacular bar de primorosa decoración, al que puede aplicarse lo antedicho. Carta de vinos muy interesante, tapas y bocados igualmente seductores, profesionales esmerados al otro lado de la barra&#8230;</p>
<p>Natural que la calle central de Casalarreina, esa carretera que uno no olvida de tantas y tantas veces que atravesó el municipio en dirección a la Meseta, se encontrara tan animada como atractiva a esa hora festiva del aperitivo. Como acompañaba el buen tiempo, brillaba el sol y brillaba también el turismo de fin de semana, la ruta por sus bares se transformó en gloria bendita. Y ejemplar, en sentido estricto. Porque es, en efecto, un ejemplo de donde algo podían aprender otros municipios (y no miro a nadie) nada lejanos, que ofrecen a esa misma hora un aspecto bastante más mustio de costumbre. Bares rancios, de oferta ininteresante, que animan a todo lo contrario. A alejarse cuanto antes de su jurisdicción. Hacia Casalarreina, que no le defraudará: ni el paisaje, ni el paisanaje. Ni sus bares. Hermosos bares para un hermoso pueblo.</p>
<p>P. D. Una excursión de este estilo a Casalarreina debe necesariamente coronarse con un homenaje culinario, aprovechando la estupenda oferta que le distingue también en materia de restaurantes. Es el caso de <strong>La Vieja Bodega,</strong> el tipo de casa de comidas de apabullante carta de tragos y bocados que hace no tanto era común también en Logroño. Un espectacular local, cuyos miembros se mueven por su interior como los integrantes de la Sinfónica de Berlín: en perfecta armonía, despachando a más de doscientos comensales (ha leído usted bien: más de doscientos) a la hora del almuerzo con una sincronía, eficacia y profesionalidad modélicas. Y que merece figurar en un blog sobre bares porque también lo es: a la entrada, una breve pero encantadora barra saluda al visitante con una versión contenida de lo que aguarda adentro. Natural que se arracimara una tropa de clientes en demanda de sus tapas y sus vinos. Un breve local pero modélico: el tipo de bar ejemplar donde uno se siente mejor que en casa.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/11/09/casalarreina-en-sus-bares/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1192</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Lyon, cumpleaños feliz</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/03/10/lyon-cumpleanos-feliz/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/03/10/lyon-cumpleanos-feliz/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 10 Mar 2018 09:33:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Jorge Vigón]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Lobete]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Lyon]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1030</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Como ha ocurrido en ocasiones precedentes, este blog se abre hoy a las aportaciones de una estrella invitada: el querido compañero Martín Schmitt, que comparte desvelos en esta casa que con tanta paciencia nos acoge. Dueño por cierto de su propio itinerario como cliente de tantos bares del barrio de Lobete que también compartidos. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/Lyon.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1031" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/Lyon-300x284.jpg" alt="Santi, al frente de su bar. Foto de Juan Marín" width="300" height="284" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/Lyon-300x284.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/Lyon.jpg 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como ha ocurrido en ocasiones precedentes, este blog se abre hoy a las aportaciones de una estrella invitada: el querido compañero <strong>Martín Schmitt</strong>, que comparte desvelos en esta casa que con tanta paciencia nos acoge. Dueño por cierto de su propio itinerario como cliente de tantos bares del <strong>barrio de Lobete</strong> que también compartidos. Y ahí ha puesto el ojo y afillado la pluma: para reseñar como merece el cumpleaños recién celebrado por una de las referencias de este rincón de Logroño, el <strong>Lyon</strong>. Así que allá va lo que nos cuenta.</p>
<p><strong>El 9 de marzo de 1983 los hermanos Paulino y Santiago Robres</strong> abrían por primera vez la puerta del Lyon, un pub que se ha transformado en taberna con una coqueta decoración pero cuya alma continúa inalterable al paso del tiempo, siempre en el mismo sitio (<strong>Jorge Vigón, 55</strong>) y atendido desde hace más de dos décadas por el menor de los Robres, familia oriunda de <strong>Azofra</strong>. Nada menos que <strong>35 años de historia,</strong> quizá el establecimiento más longevo de la ciudad que siempre ha estado bajo la misma tutela.</p>
<p>Con <strong>Joaquín Sabina</strong>, un clásico de la taberna de Lobete, sonando de fondo, el bar se montó en una lonja propiedad de su padre. Paulino, que por entonces tenía 22 años de edad, y Santi, de 19, siempre lo tuvieron claro: “Queríamos que fuese un pub, no un bar de barrio”. Por aquellos años, esta zona de Lobete “estaba muerta”. “Estaba el <strong>Pierrot</strong> y poco más”, rememora Santi. Con moqueta de la época, los vidrios tintados, elegantes sofás y una generosa barra bien surtida, el establecimiento arrancó con el horario de apertura de pub: a partir de las 15 horas.</p>
<p>Poco a poco, por el lugar empezaron a aflorar distintos establecimientos que hicieron de la zona una referencia en los años ochenta diferenciada de la zona de marcha. Con <strong>Manhattans, Brandy Alexander, licores y cócteles sobre la barra</strong>, el Lyon comenzó a reunir a una interesante clientela venida de distintas zonas de la ciudad, e incluso a celebrar cotillones de Nochevieja. “Bajaban unas cuadrillas muy majas”, afirma Santi y nombra a distintos empresarios, magistrados, deportistas (muchas plantillas del Logroñés, por ejemplo) y políticos de distintas épocas.</p>
<p><strong>El Isopo, el Cristal, el Montevideo, el Bianco, los Delfines, el Jaque, el Piano</strong>&#8230; La zona se fue convirtiendo en un barrio de copas que atraía a muchos logroñeses. Fueron los años dorados de esta esquina del este de la capital hasta que se puso de moda la plaza del Mercado y el esplendor dejó paso al declive del barrio, a vivir su peor época. Pero el Lyon tuvo la capacidad y la clientela suficiente para no caer en ese ocaso que no solo destruyó pubs; también se llevó por delante alguna vida.</p>
<p>Paulino, ya por los años noventa, dejó el bar para centrarse en el negocio de los seguros y Santi continuó simultaneando su trabajo en un local de suministros industriales con el pub hasta hace tres años y medio, cuando cumplió medio siglo de vida. El negocio siempre fue una cuestión de familia. Su padre, también llamado <strong>Paulino</strong>, acudía cada mañana a limpiar. Al fallecer, hace diez años, el relevo lo tomó su madre, <strong>Beatriz</strong>, que hasta el día de hoy se encarga de dejar impoluto un local que con el paso del tiempo ha sufrido una metamorfosis. De hecho, en el 2011 cambió drásticamente de &#8216;look&#8217; para transformarse en una coqueta taberna irlandesa.</p>
<p>Pero antes, con la construcción del aparcamiento subterráneo de Jorge Vigón, el barrio se revitalizó. Mucho tuvo que ver la apertura del<strong> Drunken Duck</strong> en la esquina de Jorge Vigón y Eliseo Pinedo, que empezó a atraer nuevamente a gente de fuera de Lobete. Los &#8216;camellos&#8217; fueron desapareciendo, las redadas policiales en la zona fueron disminuyendo y aquellos antiguos pubs se transformaron en bares de barrio, como el Rincón de las Tapas, el Vigón, el Sol Nórdico o el Dos Torres. Y la taberna del Lyon como testigo de los continuos vaivenes de Lobete, siempre fiel a su estilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/lyon-combo.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1032" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/lyon-combo-300x209.jpg" alt="lyon-combo" width="300" height="209" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/lyon-combo-300x209.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/lyon-combo.jpg 575w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El nombre del establecimiento fue una casualidad. Querían los Robres un nombre corto para un pub. Y el escogido fue Lyon. Buscaron entonces el escudo de la ciudad gala y le sumaron unas uvas para<strong> riojanizar la imagen del pub</strong>. Una taberna que en sus inicios proyectaba películas, incluso antes que en los cines, aunque con el paso del tiempo (y con la marcha del negocio de Paulino) el fútbol fue ganando protagonismo. Las moquetas, los sofás de los ochenta y los cócteles dejaron paso a la madera, a las publicidades de taberna, a los adornos de un club de golf inglés, a las copas y la cerveza. Mucha cerveza.</p>
<p>Son muy pocos días los que en estos 35 años de vida ha cerrado sus puertas el <strong>Lyon Tavern.</strong> Quizá algún partido de su querido <strong>Barça</strong> al que acudía Santi con amigos o una época en la que estuvo saliendo con una joven dama del barrio, que le reclamaba más allá de las puertas de su local. Pero nunca hubo boda. “Me casé con mi bar, del que me fiaba más”, afirma con una sorna inocente el propietario. Gracia y orgullo, el mismo con el que puede llegar a hablar (no a mostrar) de su camiseta firmada del mismísimo<strong> Leo Messi.</strong> Un regalo que le dio <strong>el jugador del</strong> <strong>Athletic de Bilbao Óscar de Marcos</strong>, que también tiene un ronconcito en donde se le recuerda.</p>
<p>Luego de estos 35 años de vida, Santi tiene innumerables historias, algunas que no puede revelar por “secreto profesional” y otras que ya forman parte del decorado del Lyon, como <strong>las visitas casi diarias del extinto Taburete</strong>. Sobre su barra se han materializado fichajes del Logroñés, se han creado partidos políticos, se han escrito libros y creado canciones, entre otras mil anécdotas. Después de estas tres décadas y media, su propietario se confiesa “inmensamente feliz”. Santi tiene la clientela que quiere y disfruta de su trabajo como pocos. Seguirán pasando los años y seguramente allí estará el Lyon Tavern, “since 1983”, como reza el rótulo de la entrada, como testigo discreto de la hostelería logroñesa.</p>
<p>P. D. Como bien anota el compañero Martín Schmitt, el Lyon contribuye a forjar una dinámica zona de bares allá al fondo de Jorge Vigón, donde tiene su domicilio quien esto firma. Quien por otro lado reconoce que eso de acudir a los bares que le caen demasiado cerca de casa no goza de su predilección, de modo tiende a desertar tanto del vecino Lyon como de la mayoría de bares arriba incluidos. Porque nos gusta estar en los bares <strong>mejor que en casa</strong>: y si la casa pilla demasiado cerca, el bar de abajo parece más la prolongación del sofá familiar que una alternativa para nuestro pasatiempo favorito.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/03/10/lyon-cumpleanos-feliz/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<post_id>1030</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Todos eran mis pinchos</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/02/22/todos-eran-mis-pinchos/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/02/22/todos-eran-mis-pinchos/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 22 Feb 2018 16:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Alfaro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Calahorra]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Ezcaray]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Lorenzo Cañas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Nájera]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[pincho]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Pradillo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Santo Domingo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sorzano]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1016</guid>
		<description><![CDATA[&#160; En el frontispicio de este blog ya quedó el improbable lector avisado: de qué hablamos cuando hablamos de bares. Respuesta: de sentimientos. De la construcción de nuestra identidad, tan asociada al itinerario eterno por nuestras barras predilectas. De emociones coincidentes. Así que todo trago debería contener una generosa dosis emotiva para conquistar de verdad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/02/pinchos.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1017" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/02/pinchos-213x300.jpg" alt="Cartel con los pinchos a concurso" width="213" height="300" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/02/pinchos-213x300.jpg 213w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/02/pinchos.jpg 600w" sizes="(max-width: 213px) 100vw, 213px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el frontispicio de este blog ya quedó el improbable lector avisado: <strong>de qué hablamos cuando hablamos de bares</strong>. Respuesta: de sentimientos. De la construcción de nuestra identidad, tan asociada al itinerario eterno por nuestras barras predilectas. De emociones coincidentes. Así que todo trago debería contener una generosa dosis emotiva para conquistar de verdad nuestros corazones, igual que cuando atacamos nuestros bocados favoritos. ¿Puede cautivar nuestro espíritu la ingesta de un bocadillo de tortilla? Por supuesto. Sobre todo, si semejante prodigio ocurre en la coyuntura apropiada, rodeado del contexto adecuado. Esa magia. Cuando nos convertimos en parroquianos de nuestros templos de confianza. Cuando el entorno conspira para edificar momentos memorables, que apuntan a la parte sentimental de nuestras vidas: si alguien lo duda, le recomiendo que visite el <strong>bar Virginia de Nájera</strong> con el ánimo predispuesto a dejarse seducir no tanto por las golosinas que despacha (que también) como por la emoción con que son facturadas.</p>
<p>Emoción. Los miembros del jurado que dilucida<strong> el mejor pincho riojano del 2018</strong> nos sentamos en las mesitas del bar para asistir a ese milagro: el milagro de la emoción compartida. La que derrocha la matriarca de todo esto, <strong>Conchi</strong>, mientras nos va explicando cómo ha preparado esta delicia que se dispone a servirnos: el pincho es suculento, glorioso, pero lo que nos conmueve de verdad es su relato. Porque es un relato emotivo. Le tiemblan las manos, tal vez por el nerviosismo, y a veces titubea, también por culpa de la emoción: lo propio de los seres humanos. De los seres humanos racionales y emotivos.</p>
<p>El cronista ya ha llegado hasta este rincón najerino inclinado a dejarse enamorar por el bar Virginia y por su pincho participante en el concurso, porque algo sabe de todo esto: en las páginas de <strong>Diario LA RIOJA</strong> se publican con puntualidad ferroviaria las ejemplares peripecias que protagoniza Conchi, a quien apodan <strong>Mamá</strong> <strong>África</strong> por la generosa entrega con que atiende en verano a los temporeros que acampan por Nájera. Así que ya sospechamos de entrada que nos encontraremos ante una mujer excepcional, augurio que confirmamos en cuanto acude a nuestra vera con unos platillos donde observamos algo más que alimentos. Mucho más. Se trata de un alimento de otro linaje: alimento espiritual. En términos prosaicos, desde luego es un manjar: un milhojas perfecto de punto, en cuyas capas ha ido infiltrando distintas cremas de enorme sutileza y profundo sabor. Remata el pincho con una portada de papel comestible: no en vano, Conchi llama a su pincho <strong>La Voz del Najerilla</strong>, denominación donde se condensan varios homenajes. Al papel prensa, al periodista de guardia siempre por esa comarca y a los propios valores que atesoran Nájera y sus alrededores: el conjunto del pincho, nos avisará luego, pretende recrear los fardos de periódicos que aguardan cada mañana a sus potenciales lectores junto al quiosco de confianza. Brillante Conchi, brillante el bar Virginia.</p>
<p>Y brillantes en realidad todos esos hermanos que se disputan<strong> este sábado en Riojafórum</strong> la corona que pone en juego el ganador del año pasado, certamen que también me reclutó entonces para el bendito encargo de jurado. Reitero mi agradecimiento a la organización y reitero además mi enhorabuena: el concurso está milimétricamente bien planificado, cuenta cada año con más aspirantes (rozando los 70 este año), cubre más o menos todo el territorio (cariñoso tirón de orejas a las cabeceras cuyos bares siguen sin animarse: una pena) y sirve para hacernos una idea cabal de cómo están <strong>La Rioja y sus bares</strong>. Donde hay de todo, por supuesto, como en cualquier ámbito de la vida, pero al menos entre los concursantes se garantiza aquello que deberíamos dar siempre por supuesto pero que (ay) luego resulta que no es tan frecuente: amor por el oficio.</p>
<p>Todo ese arsenal de virtudes lo detecta uno en el Virginia, pero también en el resto de <strong>bares de Nájera</strong> que tuve la suerte de recorrer. Sus pinchos podrán conmover más o menos, pero todos aseguran un elevado nivel medio. Sus creadores ponen a prueban su ingenio, calibran lo atinado o intrépido de sus propuestas, las someten al inmejorable método de prueba y error. Cuando llega el tribunal, se afanan en defender a sus criaturas, explican con qué vino las deberíamos maridar, de dónde nace su inspiración. Se maravillan cuando ven los pinchos publicados en el cuadernillo que los recopila o en las páginas de Diario LA RIOJA, que les dedica ancho y generoso espacio. Y se emocionan contándonos satisfechos el esfuerzo final con que sirven ese pincho que nace de sus entrañas y someten al veredicto auténtico: el juicio de la clientela. Que nunca se equivoca, aunque a veces no lleve razón.</p>
<p>He ido observando el mismo comportamiento que aquí detallo no sólo en los bares de Nájera que le tocaron en suerte al grupo de jurados donde me alistó la organización. Las mismas conclusiones extraigo de mi deambular por <strong>Santo Domingo, Igea, Calahorra, Pradejón, Pradillo, Sorzano o Logroño</strong>. Alto sentido de la dignidad entre los profesionales de cada bar y una generosa dosis de compromiso, con su profesión y con la localidad que les alberga. En algún caso, compromiso mayúsculo, como es norma con los pequeños pueblos donde algunos tienen su sede, esa región interior donde el bar es algo más que un bar: brújula y faro del municipio.</p>
<p>Mientras escribo estas líneas, todavía está pendiente de dictaminarse qué bares se llevarán los mejores premios. Pero este artículo no va de eso. Es una reflexión más panorámica, sin vencedores ni vencidos. Porque según mi veredicto, lamentando de nuevo que no se animen a participar bares de tan entrañables lugares como <strong>Alfaro, Ezcaray</strong> y algún otro rincón, mi ganador está claro. Ganan La Rioja. Ganan sus bares y ganan quienes los defienden. Y también ganamos quienes les visitamos. Quienes asistimos a la sagrada tradición de salir al indesmayable encuentro con nuestros bares favoritos para que nos atienda, nos den conversación y alivien nuestra hambre y nuestra sed. Para que incluso nos emocionen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/02/Cañas.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1018" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/02/Cañas-300x184.jpg" alt="Lorenzo, con su pincho. Foto de Justo Rodríguez" width="300" height="184" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/02/Cañas-300x184.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/02/Cañas.jpg 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P.D. Mi admiración por <strong>Lorenzo Cañas</strong> no cabe en estas líneas. Para corresponder a los altos merecimientos que le adornan, tendría que consagrar un blog para él solito, cosa que el propio Lorenzo descartaría: entre sus virtudes, no es la menor la humildad. Una modestia genuina que hasta hace no tanto tiempo resultaba bastante usual entre nosotros, una actitud muy alejada de estos días en que cualquier medianía de cualquier ámbito reclama la atención del universo mundo para cuanto se le ocurra perpetrar. Naderías, casi siempre. Cañas, todo lo contrario: tiende a huir de la notoriedad, aunque sin gran éxito. Tengo para mí que pocas personas concitan una unanimidad tan coincidente cuando se trata de elegir a un riojano cabal que pudiera representar nuestros mejores atributos. Lorenzo Cañas sería el tipo ideal que los resumiera. Su última y desprendida propuesta se acaba de alumbrar. Con motivo de Fitur, el <strong>Ayuntamiento de Logroño</strong> pidió a nuestro hombre que ideara un pincho cuyas características resumieran el espíritu (culinario) de la ciudad. Cañas, que ejerce entre sus muchas aficiones como cofrade del pez, lo tuvo claro: unió la sutil línea de puntos (cocina, Logroño, peces) y preparó en consecuencia un pincho llamado Bernabé (la originalidad no es su fuerte). Que recogió generalizados aplausos entre quienes lo cataron y animó al colega <strong>Sergio Moreno</strong> a peregrinar a La Grajera, detenerse ante los fogones de Cañas y guisar el reportaje que el improbable lector puede catar en este <a href="http://www.degustalarioja.com/pincho-software-libre-20180127004021-ntvo.html">enlace</a> y vislumbrar en esta foto. Y como estas líneas iban de eso, de pinchos, me parece de justicia rematarlas con ese bocado que lleva el nombre del patrón pero a quien yo me permito bautizar a mi bola:<strong> el pincho de Lorenzo.</strong> Y me marcho: que me tengo que poner mi sombrero para descubrirme ante Cañas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/02/22/todos-eran-mis-pinchos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1016</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Malas noticias: hay ciudades con más bares</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/06/16/malas-noticias-hay-ciudades-con-mas-bares/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/06/16/malas-noticias-hay-ciudades-con-mas-bares/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Jun 2017 07:47:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Ezcaray]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[León]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sallent de Gállego]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Torrecilla]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=862</guid>
		<description><![CDATA[&#160; &#160; Hay mañanas en que uno se levanta con el cuerpo levantisco. Un 2 de mayo particular. Y como aquel de 1808, mientras repasas las noticias que llueven sobre la pantalla, te dan ganas de emular al célebre alcalde de Móstoles, don Andrés Torrejón, y promulgar la versión propia e indígena de su no [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/BLOG-BARES-JORGE.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-863" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/BLOG-BARES-JORGE-300x261.jpg" alt="blog-bares-jorge" width="300" height="261" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/BLOG-BARES-JORGE-300x261.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/BLOG-BARES-JORGE.jpg 575w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay mañanas en que uno se levanta con el cuerpo levantisco. Un 2 de mayo particular. Y como aquel de 1808, mientras repasas las noticias que llueven sobre la pantalla, te dan ganas de emular al célebre <strong>alcalde de Móstoles, don Andrés Torrejón,</strong> y promulgar la versión propia e indígena de su no menos célebre bando: “La patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles, acudid a salvarle”. Qué más da que el mentado bando sea aprócrifo y genere serias dudas sobre su autoría. En mi actualización, quedaría más o menos así: “Logroño está en peligro. Sus bares perecen víctimas de la perfidia castellano-leonesa. Riojanos, acudid a salvarle”. Un llamamiento que me brota natural del alma cuando tropiezo con esa <a href="http://www.huffingtonpost.es/2017/06/08/es-tu-ciudad-la-que-tiene-mas-bares-por-habitante-de-espana_a_22132324/?utm_hp_ref=es-homepage">información </a>según la cual nuestra amada ciudad se sitúa en un discreto sexto lugar en una clasificación que debería encabezar: el número de bares por habitante. Un reciente sondeo nos ilustra sobre nuestro mejorable desempeño en cuestión tan trascedental: nos superan cinco capitales de provincia, castellano-leonesas la mayoría como se observará en el gráfico adjunto. Enhorabuena a <strong>León</strong>, ciudad que ha merecido en este blog encedidos elogios por la calidad y encanto de los bares que aloja: lidera la tabla gracias a que dispone de un local por cada 5,03 habitantes. Nada que no pueda superarse.</p>
<p>Pero, de momento, <strong>Logroño</strong> mira desde muy lejos a la capital del Bernesga: se tiene que conformar con un bar por cada 3,53 vecinos. Un sexto puesto que puede (y debe) mejorarse. Todavía (¡todavía!) pueden abrirse más y más bares, quehacer en que están empeñados unos cuantos empresarios locales de cuyos afanes daremos cuenta un día de éstos. Si prosperan sus iniciativas, al menos podríamos alcanzar una plaza de podio, que ocupan ahora mismo otras dos ciudades de esa misma región vecina: <strong>Salamanca</strong> (con una ratio de 4,22) y <strong>Zamora</strong> (que acredita una marca de 4,14). Claro que para sobrepasar a ambas competidoras antes debería rebasar Logroño a otras dos ciudades: <strong>Ourense</strong> (que dispone de un registro de 4,05 vecinos por cada bar) y <strong>Palencia</strong>, que luce un promedio de 3,60 y dispara por lo tanto la pregunta que el improbable lector se estará haciendo. ¿Qué pasa por Castilla y León, que tiene a cuatro ciudades entre las cinco primeras? Ya le respondo yo: ni idea.</p>
<p>Y de paso le lanzo un aviso: ojo a los que vienen por detrás. Logroño no debería descuidarse porque aventaja en muy poca distancia a <strong>San Sebastián, La Coruña, Granada, Bilbao, Segovia, Valencia, Oviedo, Lugo y Soria</strong>: todas ellas con un coeficiente superior al de tres vecinos por cada bar. Lo cual refleja la exuberancia que carateriza al solar patrio y desmiente la singularidad que en otras cuestiones reclaman los españoles alojados en la periferia. Malas noticias para el nacionalismo rampante: no, no somos tan diferentes. Uno viaja por el país sin observar graves divergencias en una cuestión tan decisiva para configurar nuestra identidad: nuestra patria son los bares, así vivamos en Hernani, Agoncillo o Santa Coloma (de Gramanet). Somos miembros de una fraternidad única en el mundo, la constituida por los clientes de los bares predilectos y las barras de ocasión, los locales de guardia abiertos las 24 horas y los establecimientos que visitamos de cuando en cuando. Hay un bar en cada esquina del suelo español: imposible que seamos tan diferentes los unos de los otros. En lo único que nos distinguimos, e incluso esa tendencia está mutando, es respecto a los foráneos. Están locos esos paisanos que no disfrutan como nosotros: se pierden una de las cosas buenas de la vida. La vida en los bares.</p>
<p>Algo que se pierden quienes no viven en un estado tan autoritario como el nuestro, como advertía recientemente <strong>el conocido politólogo Pep Guardiola</strong>. En realidad, bares los hay por el universo mundo: es decir, un ciudadano de Arkansas, un paisano de Burdeos o un habitante de Nápoles dispone de numerosas alternativas para abrevar en su entorno más próximo. De lo que todos ellos carecen es de esa amplísima panoplia de garitos para regalarse esa actividad tan dichosa: la de ir de bares. Porque no es lo mismo ir que estar. De ahí esa proliferación abismal que caracteriza a las ciudades y pueblos de España, donde se observa una tendencia parecida al margen de los hechos diferenciales, de suyo tan postizos. Los bares hermanan a la España interior con la costera, ignoran las fronteras autonómicas y derraman sus bienes incluso por la tierra interior. Algo se muere en el alma cuando un bar se va: los municipios que los pierden saben de lo que hablo.</p>
<p>P.D. Hablando de pueblos, la información que adjunto en el enlace arriba incluido incorpora un mapa de España por municipios, que arroja como vencedor al pueblo aragones<strong> Sallent de Gállego</strong>. Ocurre que esta localidad, como las que encabezan esa clasificación, se ubican en zonas de verano, donde la acumulación de bares se desborda y la población habitual, no la flotante, es más bien escasa. De ahí que a menos vecinos, mejor posición en ese listado. Lo cual compruebo que sucede también en La Rioja: <strong>Torrecilla</strong>, municipio donde la segunda residencia es norma y en verano dispara su censo, registra una ratio de 5,78 vecinos por cada bar. <strong>Ezcaray</strong>, sin embargo, donde concurren semejantes factores se queda lejos: en 3,38. Menos incluso que Logroño.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/06/16/malas-noticias-hay-ciudades-con-mas-bares/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	<post_id>862</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Bares de altura</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/03/10/bares-de-altura/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/03/10/bares-de-altura/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 10 Mar 2017 08:18:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Granada]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Madrid]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=807</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Como cualquiera de mis improbables lectores, yo también he frecuentado bares raros. Entre los más raros, siempre recordaré aquella olvidada cantina que albergaba el hangar del parque móvil de la Policía Armada, al final de Murrieta (frente al viejo Hospital). Un cubículo oscuro donde despachaban los botellines de cerveza más baratos de Logroño, incongruencia [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/granada.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-808" title="Bar de la Casa de Granada en Madrid" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/granada.jpg" alt="Bar de la Casa de Granada en Madrid" width="600" height="338" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/granada.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/granada-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como cualquiera de mis improbables lectores, yo también he frecuentado <strong>bares raros</strong>. Entre los más raros, siempre recordaré aquella olvidada cantina que albergaba el hangar del parque móvil de la Policía Armada, al final de <strong>Murrieta</strong> (frente al viejo Hospital). Un cubículo oscuro donde despachaban los botellines de cerveza más baratos de <strong>Logroño</strong>, incongruencia que nunca me tomé la molestia de aclarar. Así que si ahora escribo que acabo de conocer uno de los bares más raros (pero raros, raros) de mi vida, yo mismo siento una extrañeza genuina: porque, en efecto, tiene que ser muy raro. Muy pero que muy raro.</p>
<p>Se ubica en <strong>Madrid</strong>, junto a la <strong>plaza de Tirso de Molina</strong>. Su primera peculiaridad es el acceso: puesto que se aloja en un edificio de viviendas, el potencial cliente deberá pulsar el timbre del último piso. La puerta se abrirá como suele cuando el portero automático es más automático que de costumbre y se ingresará entonces en el portal, que es un portal como otro cualquiera: gemelo de los propios de todo inmueble construido durante el franquismo. Tan idéntico que el potencial parroquiano seguirá creyendo que se ha equivocado de sitio. Que aquí hay un malentendido, posibilidad corroborada por la cara de extrañeza que pone el (llamémosle) portero de la finca: un jovencito de aire latinoamericano, que atiende gentil y tímido a las visitas aunque no detrás del mostrador preceptivo, sino parapetado tras un pupitre, los buzones a la espalda. El caballero abre mucho los ojos cuando le preguntas por el inverosímil destino de tus andanzas pero resulta que sí: que has acertado. Que en esa casa se aloja un bar. Aunque luego añade más misterio a esta expedición titubeante cuando te señala el ascensor (sólo apto para tres personas, ojo) y te pregunta a su vez: &#8220;¿Va al bar o al concierto?&#8221;.</p>
<p>Sopla. Resulta que en los últimos pisos de este venerable edificio (<strong>Calle del Doctor Cortezo, 17</strong> para quien esté interesado) que conoció días mejores (o tal vez no: tal vez siempre ofreció este mismo aire provisional y pelín destartalado) se duplica la oferta: música en el quinto piso, tragos y bocados en el sexto. Así que nuestros pasos no se equivocan, no. Acaban conduciendo hasta la sede que la Casa de Granada ha elegido en la capital del Reino para atender a los hijos de la ciudad nazarí repartidos por estas callejuelas: porque, por supuesto, la <strong>Casa de Granada</strong> colgada de esta azotea es también un bar.</p>
<p>Aunque el bar es uno de tantos. Lo cual equivale, ojo, a un elogio: uno de tantos como había antaño, de manera que el camarero te llamará eso de caballero y luego señalará hacia el fondo (donde siempre hay sitio) para que te acomodes y confirmes que sí: que hay vida para los bares allá en las alturas. Un sexto piso no es gran cosa, ya se sabe, comparado con las cumbres que hollan los rascacielos que con tan hortera contumacia se apoderan de Madrid, a los que presumo también adornados de bares en su última planta. Pero como esta es una zona castiza como pocas, no hay otros edificios que le hagan sombra, lo cual tiene sus ventajas: las vistas son desde luego memorables.</p>
<p>Veamos: en primer término, observamos un conjunto de edificios hermanos al nuestro que divisados desde este emplazamiento recuerdan poderosamente el añorado inmueble número 13 de la imaginaria <strong>Rúe del Percebe.</strong> Entre ellos, por cierto, el que alberga a la <strong>CNT</strong>: un imponente caserón que comparte vecindario con las exhaustas huestes del Madrid de toda la vida, hoy a punto de ser devoradas por el turista que todos llevamos dentro.</p>
<p>Pero atención: allá al fondo, las luces de la ciudad se difuminan y construyen su propia constelación. Se intuye la carretera de Andalucía, tal vez la de Extremadura&#8230; La noche me confunde. Más acá, en primer plano, una multitudinaria doble fila espera a que abra el teatro vecino: no es para menos, adentro aguardan Los Morancos y su fino humor de la Penibética. Es hermoso ver desde aquí a todas esas diminutas figuras sin que se enteren de que están siendo vistos, uno de los principales placeres de estos <strong>bares de altura</strong> diseminados por medio mundo que sin embargo nunca han cuajado en Logroño.</p>
<p>Uno, en su humilde experiencia, puede presumir de haber visitado unos cuantos garitos afines a esta tipología: los tragos desde el campamento base son más sosos comparados con la posibilidad de acodarte en la barra y contemplar la vida cenitalmente. Son esos bares con deuda de oxígeno de <strong>Nueva York y Los Ángeles</strong> (y pido perdón por la pedantería), pero también de la más cercana <strong>Córdoba</strong>, donde me maravillé de las espectaculares vistas sobre el Guadalquivir en un local cuya planta baja se ofrece expedita, al mando de un cancerbero cuya única misión es embutir a la parroquia en el ascensor y remitirlos a abrevar a los pisos superiores.</p>
<p>Pensando en aquellas añoradas expediciones para liquidar un trago de altura me distraigo mientras anoto las bondades de la Casa de Granada, al margen de su atractiva ubicación. Caña estupendamente tirada, como es propio por estos lares, y raciones de tapas andaluzas tarifadas comedidamente: los fans de la <strong>tortilla de camarones</strong> tienen aquí uno de tantos paraísos para saciar su devoción. Servicio profesional, también muy al estilo madrileño, y lo antedicho: vistas al corazón de la ciudad y su periferia. Pero oscurece del todo y corre algo de biruji madrileño, de modo que toca trayecto de vuelta. Tráfico denso de clientes que vienen y van engullidos en el misterioso ascensor triplaza, saludos al portero barbilampiño y nuevas cavilaciones, preguntas sin respuesta: por qué en Logroño no hay bares de altura.</p>
<p>Con perdón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/onix.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-809" title="Torre Ónix, en Logroño" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/onix.jpg" alt="Torre Ónix, en Logroño" width="1680" height="1050" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/onix.jpg 1680w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/onix-300x188.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/onix-768x480.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/03/onix-1024x640.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1680px) 100vw, 1680px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P.D. Puesto que me intriga desde hace tiempo la ausencia en Logroño de bares en terrazas, azoteas y similares, cada vez que cruzo ante el edificio que antecede estas líneas me respondo a mí mismo: ése es el sitio. La llamada <strong>Torre Ónix</strong>, un breve rascacielos que alojó en su planta baja un bar ya abandonado, que tal vez hubiera tenido más éxito de haberse ubicado en el último piso. Es pura elucubración, lo confieso. Se admiten otras ideas, igual de extravagantes. Siempre que estén a la misma altura, por favor.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/03/10/bares-de-altura/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>807</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Una lágrima por el Suizo</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/02/10/una-lagrima-por-el-suizo/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/02/10/una-lagrima-por-el-suizo/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 10 Feb 2017 10:51:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Haro]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Herradura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Santo Domingo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Suizo]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=794</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Que no se moleste nadie, pero si tengo que elegir una cabecera de comarca riojana donde tenga puesta mis complacencias siempre reconoceré mi devoción por Haro, destino de habituales incursiones festivo-hosteleras. Aparcar cerca del coqueto Cid Paternina, curiosear por la carnicería Mendoza (prueben sus morcillas, perdón, delgadillas: imperiales, oiga usted), descender admirándome de la [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-buena.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-796" title="Publicidad antigua del Suizo de Haro" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-buena.jpg" alt="Publicidad antigua del Suizo de Haro" width="2239" height="1106" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-buena.jpg 2239w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-buena-300x148.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-buena-768x379.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-buena-1024x506.jpg 1024w" sizes="(max-width: 2239px) 100vw, 2239px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que no se moleste nadie, pero si tengo que elegir una cabecera de comarca riojana donde tenga puesta mis complacencias siempre reconoceré mi devoción por <strong>Haro</strong>, destino de habituales incursiones festivo-hosteleras. Aparcar cerca del coqueto <strong>Cid</strong> Paternina, curiosear por la carnicería Mendoza (prueben sus morcillas, perdón, <strong>delgadillas</strong>: imperiales, oiga usted), descender admirándome de la elegante sucesión de edificios finiseculares (dotados de una delicada carpintería propia de orfebres) y detenerme en la <strong>plaza de la Pa</strong>z&#8230; Observar entonces su bello templete, la armoniosa porticada, la esbelta torre de <strong>Santo Tomás</strong> allá al fondo, la prometedora <strong>Herradura</strong>, el Beethoven, el Chamonix y tantos otros&#8230; Y, sobre todo, la posibilidad de maravillarnos porque todavía sobrevive entre nosotros su benemérito <strong>Café Suizo</strong>, testigo majestuoso de otra época. De otra época, sí: de la época en que su terraza no dejaba que pasara el tiempo y sus veladores del interior rebosaban de un gentío ahora ausente.</p>
<p>Esa otra época en que su barra no ofrecía el lánguido (pero encantador) aspecto que hasta hoy te recibía. Una imagen ya borrosa, difusa. Porque la propiedad del Suizo anuncia su inminente cierre, luego de vaticanas discusiones con la familia al frente del negocio. Y no: yo no me resisto a pensar que volveré a pisar las calles de Haro nuevamente sin la promesa del reconfortante <strong>cafelito</strong> esperándome en la plaza de la Paz. Una puñalada contra nuestra memoria sentimental, la clase de material intangible con que las ciudades construían su propio imaginario, el <strong>archivo</strong> <strong>emocional</strong> que se transmite de generación en generación hasta que, como sucede ahora, queda amputado: el Suizo se despide y Haro no será lo mismo.</p>
<p>¿Qué encontraba entre sus paredes el potencial cliente? Hablo por mí: la confirmación de que una gloriosa parte de nuestro pasado habita entre nosotros. Clientes solitarios calibrando las intenciones del forastero que acaba de ingresar en el bar, bebedores ocasionales y los habituales de la ronda eterna. Cuadrillas de tertulia al estilo riojano (esto es, hablando a gritos) y el cuarteto de guardia despachando la partida de rigor en las mesitas (naipes, creo recordar: si también dominó, lo he olvidado). Camareros diplomados en la universidad de la vida, con más mili que <strong>una botella de Kaskol,</strong> defendiendo la barra como era norma: un servicio eficaz, sin concesiones. Sin las odiosas familiaridades que hoy se toman los novatos en la profesión.</p>
<p>Adiós a todo eso. De todo eso se despide Haro, un denso capítulo en la biografía de la ciudad al que cada vecino aportará además su propia experiencia. Alguna pareja seguro que inició allí su idilio, será el café adonde el abuelo llevaba a merendar al nieto, que a su vez hoy será ese jubilado que conduce hasta el Suizo a su propia descendencia. Habrá quien note en el bar el vacío que dejó el amigo desaparecido, a quien sin embargo todavía seguirá viendo tal y como lo conoció, y habrá por supuesto quien se quede desamparado, sin saber adónde ir, cuando compruebe que la cancela se cierra y el Suizo pasa a la historia. Ese <strong>cliente triste, fané y descangallad</strong>o, como en el tango: el parroquiano de siempre transformado en parroquiano a la intemperie.</p>
<p>Pero reservemos un tímido espacio para el optimismo. Dicen que una ventana emergente se abre al futuro y que el bar pasará a otras manos cualquier día de estos. Pero uno, como los visitantes del infierno que dibujó Dante, abandona en este terreno cualquier concesión a la esperanza: suele ocurrir que pasan los días y aquel ilusionante anuncio no se materializa nunca. O incluso puede suceder que el bar se reabra, en efecto, pero los nuevos dueños acometan tal reinvención del viejo local que del genuino Suizo luego no queden ni los huesos. Tampoco su alma. Despojados de su aspecto tradicional hemos visto perecer en nombre de la modernidad demasiados bares por <strong>Logroño, La Rioja y el resto de España</strong>: asusta pensar que similar destino aguarde al querido café de Haro. Que acabe convertido en uno de tantos parques temáticos hosteleros, de falsa decoración <strong>vintage</strong>, donde sólo triunfe el mal gusto. Y mientras por Haro discuten si son galgos o podencos buscando a quién echar la culpa del cierre, yo reconozco que me da un poco lo mismo: me resigno a derramar una imaginaria lágrima por el café que este lunes dice adiós. Pensando que ojalá sea un hasta luego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-mala.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-795" title="Publicidad antigua del Suizo de Haro" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-mala.jpg" alt="Publicidad antigua del Suizo de Haro" width="600" height="366" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-mala.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/02/suizo-mala-300x183.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P.D. La terminología de café suizo, que tanto furor causó en la España del siglo pasado, ya mereció en este cubil alguna entrada a propósito de un libro muy recomendable, obra del benemérito historiador <strong>Antonio Bonet</strong>, quien aludía al origen misterioso de semejante nomenclatura en su volumen &#8216;Los cafés históricos&#8217; y atribuía su fundación a dos ciudadanos de origen helvético, llamados Matossi y Franconi, quienes idearon tan gran invento cuando encallaron en <strong>Bilbao</strong> esperando un navío que les debía llevar a América. No hubo tal: se quedaron en la villa fundada por nuestro paisano <strong>Diego de López Haro</strong> (Haro, sí: curiosa paradoja), alumbraron un horno para nutrir de <strong>bollos</strong> a la población, le añadieron poco después un café para acompañar el bocado y crearon así la tipología de café suizo. Quien esté interesado (y se aburra), aquí tiene aquel artículo publicado en el 2013 a propósito precisamente de una excursión a Haro con exploración incluida del Suizo ahora medio difunto. Y le añado un recordatorio: que también Logroño contó con su propio Suizo, en el Espolón, y que en el otro Espolón riojano, el de<strong> Santo Domingo</strong>, atendió a sus clientes durante largo tiempo el otro Suizo que yo conocí, aquel memorable bar que cayó derrotado por los nuevos tiempos. Como el de Logroño. Como el de Haro.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/02/10/una-lagrima-por-el-suizo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>794</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>¿2017? Nos vemos en los bares</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/12/30/2017-nos-vemos-en-los-bares/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/12/30/2017-nos-vemos-en-los-bares/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 30 Dec 2016 11:30:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[2017]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Diario LA RIOJA]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Ibiza]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=764</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Cierra el año y este blog le dedica su última entrada: no sé si el 2016 casi difunto se lo merece, pero como todo quien navega por la red (y por la vida analógica) ofrece su particular resumen, Logroño en sus bares no puede ser menos. Sobre todo, porque uno va recibiendo invitaciones a [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/12/blog.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-765" title="Obra de Diego Ortega y Néstor Santo Tomás" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/12/blog.jpg" alt="Obra de Diego Ortega y Néstor Santo Tomás" width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/12/blog.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/12/blog-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cierra el año y este <strong>blog</strong> le dedica su última entrada: no sé si el <strong>2016</strong> casi difunto se lo merece, pero como todo quien navega por la red (y por la vida analógica) ofrece su particular resumen, Logroño en sus bares no puede ser menos. Sobre todo, porque uno va recibiendo invitaciones a iniciarse en el noble ejercicio de los balances, listas y otras gaitas y, puesto que se debe a su público como cualquier cantante folclórica, acaba aceptando el reto.</p>
<p>Primera invitación. <strong>Javier</strong> <strong>García</strong>, seguidor de twitter a quien no tengo el gusto (pero al que envío un saludo), me propone lo siguiente: “Le animo a que elabore un raking de los bares de Logroño. De hoy y de ayer”. Y aunque también me advierte que semejante desafío “es complicado” de ejecutar, le contesto sin pausa. Porque la respuesta es sencilla: me decanto por los que ya no existen. Los que añoro. El <strong>Capri</strong>, el <strong>Continental</strong> y el viejo café <strong>La Granja</strong>. Y agradezco su oferta de crear con estas cavilaciones mías por los bares de confianza lo que el señor García llama &#8216;El tripalacisor&#8217;. Pero tengo que rechazarla: aparte de que el nombrecito propuesto se las trae, necesitaría otra vida para cumplir con semejante cometido.</p>
<p>Segunda invitación. Que tengo que declinar, amablemente. La creación de unos premios en plan <strong>&#8216;Lo mejor del 2016&#8217;</strong>, como esos discos recopilatorios a mayor gloria del reggaeton y otras calamidades contemporáneas. Me lo sugerían en una barra de confianza hace unos días y tengo que admitir que estuve dándole vueltas al magín. Pero se me ocurría algo tan poco convencional y un pelo gamberro que acabé por descartar la ocurrencia: todavía aspiro a que me sigan admitiendo en mis queridos bares. ¿Que qué me maliciaba? Algo así.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Premio Artadi</strong>: al bar donde sirvan peor el vino (de Rioja)</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Premio Chicote</strong>: al camarero más borde.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Premio Salmonela</strong>: al bar con peor higiene</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Premio Cruzcampo</strong>: al bar donde tiren peor la caña</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Premio Tío Gilito:</strong> al bar donde tarifen más exageradamente</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Premio Bar Turismo</strong>: al peor bar de Logroño</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;">Como se ve, unos premios sin futuro. No se me ocurre ningún local que cumpliera semejantes requisitos. Preferí por lo tanto aceptar otra oferta que me hice a mí mismo: recopilar las iniciativas registradas a lo largo del año que más ilusión me han hecho como parroquiano y eventual cronista de la vida secreta de los bares logroñeses. En ese apartado, yo confieso: me tiene ganado el corazón la reapertura del <strong>Ibiza</strong>. Cuyo diseño recoge encendidas alabanzas como algún reproche, lo cual me parece fetén: viva la libertad. Porque mi alegría nace del mismo hecho de que esté abierto. Lo veo recibir a una clientela entusiasmada con la posibilidad de regresar al viejo café donde tan buenos ratos pasaron unas cuantas generaciones de logroñeses y me parece suficiente. Anoto otras aperturas recientes que me han hecho una ilusión semejante (<strong>Moderna Tradición, La Despensa del Marqués, Principal de Portales</strong>) y recomiendo los paseos genuinos que cualquiera tiene a su alcance: los de siempre, las rutas por los bares del viejo Logroño, o los itinerarios emergentes. Por ejemplo, el que me regalé la otra noche alrededor del parque Gallarza: <strong>Barrio Bar</strong> (vermú fetén), <strong>Serenella</strong> (y su tortilla multipremiada) y <strong>El Lagar</strong>, que me sorprendió gratamente por su cuidada decoración, esmerado servicio y estupenda oferta de tragos y bocados.</p>
<p>Voy acabando, con la vista puesta en el 2017. Registre el improbable lector en su caletre alguna apertura de postín que ya se anuncia. Una cervecería de inminente inauguración en Portales, allá donde acampaba el comercio de Foto Payá, y la resurrección del imprescindible Tahití de República Argentina, largo tiempo en obras pero anunciando ya su regreso a la actividad. Que se unirían en el nuevo mapa de bares a otra prometida recuperación muy cara a Logroño, la del añorado Baden. De modo que concluyo con un brindis. Por la salud de los beneméritos bares de toda la vida, que recibieron la visita de este blog (<strong>Soriano, Sebas, Lorenzo, Iturza, La Taranta</strong> y una larga y proteica nómina), por la salud de sus parroquianos y, sobre todo, por la de quienes siguen las andanzas de este blog. Que pronto dará cabida a una pieza en torno al eterno<strong> Chuchi del Junco</strong> (hoy se publica en el suplemento <strong>Degusta de Diario LA RIOJA</strong>) y que promete nuevas emociones en el año que se avecina. El 2017, donde seguro que volvemos a vernos donde solemos: en los bares.</p>
<p>P.D. Cualquier balance debería incluir un agradecimiento. Desde luego, estas líneas deben leerse como una demostración de gratitud infinita hacia quienes se sitúan al otro lado de la pantalla. Algunos, viejos (con perdón) conocidos; otros recién conocidos, que se manifiestan sólo a través del éter. Todos, en cualquier caso, se reúnen en una cifra: la de miles de seguidores que alguna vez se han asomado a esta ventana sobre <strong>Logroño y sus bares</strong>. Si alguien tenía alguna curiosidad (yo desde luego la tenía; vanidad, supongo), le dejo como regalo de Reyes la lista de las diez entradas más vistas este año, con un claro ganador: aquel artículo dedicado al cachopo, como se refleja en este dibujito que decora estas líneas, debido al ingenio del maestro Diego Ortega y del benemérito Néstor Santo Tomás. A quien también le doy las gracias.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/12/30/2017-nos-vemos-en-los-bares/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>764</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Como riojanos vuestros que son</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/06/17/como-riojanos-vuestros-que-son/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/06/17/como-riojanos-vuestros-que-son/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 17 Jun 2016 10:41:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Riojano. bodeguilla]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Santander]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[vino de Rioja]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=677</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Pasatiempo marciano para amigos de los bares que sean naturales y residentes en La Rioja: navegar por google observando el largo cúmulo de referencias dedicadas a glosar cuantos bares llamados El Riojano, Riojano, Rioja o algo parecido encuentra uno a su paso por el éter. Más de 400.000 referencias. Gloria bendita. Sí, ya sé [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/riojano.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-678" title="Bodega del Riojano, en Santander. Foto publicada por El Diari Montañés" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/riojano.jpg" alt="Bodega del Riojano, en Santander. Foto publicada por El Diari Montañés" width="600" height="419" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/riojano.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/06/riojano-300x210.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasatiempo marciano para amigos de los bares que sean naturales y residentes en <strong>La Rioja</strong>: navegar por <strong>google</strong> observando el largo cúmulo de referencias dedicadas a glosar cuantos bares llamados El Riojano, Riojano, Rioja o algo parecido encuentra uno a su paso por el éter. Más de 400.000 referencias. Gloria bendita. Sí, ya sé que no es nada científico, sino un paseo virtual que, en mi caso, acompaña al que me concedo cuando visito alguna ciudad y me maravillo ante un letrero donde una nomenclatura semejante me reconcilie con el añorado y perdido universo de las <strong>bodeguilla</strong>. Una tipología que apenas sobrevive en <strong>Logroño</strong> y alrededores. Y que, en efecto, lejos de entre nosotros tendía a ser así denominada: con la <strong>marca Rioja</strong> bien visible.</p>
<p>Se trataba de un tipo de bar que tuvo sentido, sentido pleno por cierto, cuando lo defendían aquellos paisanos que recorrieron España proclamando la buena nueva, que sabía a <strong>vino de Rioja</strong>. Y para que no hubiera dudas, en efecto bautizaban así sus negocios: Rioja, ya entonces, era sinónimo de vino, bebida por excelencia en aquel tiempo. Años 50, 60 o 70 del pasado siglo: sin la parafernalia actual, oculta en grandes barricas que luego servían de mostradores viajaba aquella mercancía para ser expedida a granel. Se beneficiaban de ella no sólo los chiquiteadores de guardia, sino el vecino de los alrededores: bajaba a la bodeguilla más cercana, aproximaba la botella al garrafón y se marchaba por donde había venido, para acompañar el almuerzo. Con o sin; con o sin gaseosa.</p>
<p>Con el tiempo, ese universo en blanco y negro ha ido mudando. Como tengo por aquí advertido, la propia costumbre del vino sin embotellar ha periclitado, de modo que su consumo ha quedado reducido a incondicionales de tales prácticas&#8230; que ya apenas encuentran dónde ejercerla. Por Logroño, donde durante largo tiempo fue una costumbre diaria, apenas quedan espacios consagrados a semejante rito: apunte el improbable lector la bodeguilla que <strong>Neira</strong> defiende al final de la calle <strong>Milicias</strong> y casi que debe parar de contar. Como es lógico, los bares que de esta guisa pululaban por Logroño evitaron siempre mencionar en el rótulo eso de El Riojano, La Riojana o cosas por el estilo. En esos casos, era redundante.</p>
<p>Todo lo contrario de cuanto ocurre fuera de nuestras fronteras. Hay mesones, bares y tabernas así llamados por <strong>Cádiz, Madrid, Huesca, Marbella, Bilbao</strong>&#8230; El más célebre de esta familia se aloja en <strong>Santander</strong>: el <strong>Riojano</strong>, local emplazado en la céntrica calle Río de la Pila (junto a la plaza Pombo, suculenta zona de garbeo y tapeo), ganó justa fama a lo largo del pasado siglo merced al impulso propinado por su ideólogo, <strong>Víctor Merino</strong>, riojano en efecto. Nacido en <strong>Autol</strong>, fallecido prematuramente en accidente de tráfico, Merino construyó en el corazón de la capital cántabra una casa de comidas verdaderamente ejemplar, fruto de la herencia paterna. Aquel primitivo mesón Riojano se transformó durante su dirección en algo distinto al primigenio negocio: un acabadísimo restaurante que demostraba cómo se puede mantener fidelidad a las raíces y, a partir del respeto hacia la herencia familiar, crear algo distinto, de una envergadura mayor. Un Riojano a lo grande.</p>
<p>La foto que ilustra estas líneas, obtenida en el hermano <strong>El Diario Montañés</strong>, recuerda cómo era aquella <strong>Bodega del Riojano</strong> de Santander. Una hermosura de foto. Una belleza de establecimiento. Una herencia maravillosa que nadie debería dilapidar. Desde luego, menos que nadie, un riojano</p>
<p>P. D. <strong>Moderna Tradición</strong>, local de reciente inauguración, situó a su entrada un rosario de depósitos donde presumo que se esconde un jugoso botín en forma de vino de Rioja. Cuando todavía estaba en obras y entré una tarde a curiosear, me intrigó esa sucesión de depósitos. Pensé que se trataba de un guiño hacia el pasado: barricas contemporáneas donde se expide vino a granel por la canilla. Luego, cuando le he visitado unas cuantas veces (con resultados espléndidos, por cierto) he comprobado que tales depósitos parecen más bien formar parte de la decoración. Prometo preguntar, enterarme y divulgar los hallazgos que encuentre.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/06/17/como-riojanos-vuestros-que-son/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>677</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>A la rica patata frita</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/02/12/a-la-rica-patata-frita/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/02/12/a-la-rica-patata-frita/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 12 Feb 2016 08:57:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Ávila]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[El Flechazo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Granada]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[León]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Pafritas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Patatas fritas]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=614</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Cuando uno era crío solía, como los de su quinta, acostumbrarse con poco, entre otras cosas, porque no había alternativa. La resignación era tendencia nacional: más o menos, todo el mundo se conformaba con casi nada. En materia de bares, por ejemplo, valía con una tostada en La Granja repartida en plan asambleario con [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/02/patatas.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-615" title="Ración de patatas fritas gratis en El Flechazo de León" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/02/patatas.jpg" alt="Ración de patatas fritas gratis en El Flechazo de León" width="537" height="412" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/02/patatas.jpg 537w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/02/patatas-300x230.jpg 300w" sizes="(max-width: 537px) 100vw, 537px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando uno era crío solía, como los de su quinta, acostumbrarse con poco, entre otras cosas, porque no había alternativa. La resignación era tendencia nacional: más o menos, todo el mundo se conformaba con casi nada. En materia de bares, por ejemplo, valía con una tostada en <strong>La Granja</strong> repartida en plan asambleario con el resto de la prole para recompensarnos, bastaba una coca cola compartida en <strong>La Rosaleda</strong> también entre varios morros, un <strong>Cacaolat</strong> si era fiesta, pero fiesta grande&#8230; La consigna era no importunar a los mayores ni a sus bolsillos, doctrina que juzgo desaparecida: ahora se ha implantado la dictadura infanto-juvenil con aquiescencia generalizada, entre el beneplácito común. Una moda tan extendida, que si cuentas como me dispongo a hacer que hubo un día en que un humilde cucurucho de patatas fritas colmaba tus expectativas parecerá que retrocedo al pleistoceno. Lo cual por cierto es verdad.</p>
<p>Ese añorado cucurucho se servía en la <strong>churrería</strong> emplazada durante largos años en el tramo inicial de <strong>Portales</strong>, aunque entonces la calle se llamaba General Mola y era en realidad el tramo final: por aquella época se contaba desde <strong>Murrieta</strong>. Con ocasión de alguna efeméride, la familia caminaba hasta sus puertas y se procedía al convite anhelado, que en la mayoría de las ocasiones tenía de protagonista al querido churro (y no los habrá probado usted mejores, oiga), pero que en fechas menos señaladas se dedicaba a su hermana menor, la <strong>patata frita</strong>. Patata frita de churrería, vianda exquisita. Servida en efecto en cucurucho, como los propios churros, que íbamos saboreando como si fuera Beluga de regreso al hogar. Tampoco las he probado mejores. Patatas leves, incandescentes, pero sabrosas, siempre al punto de sal. Patatas fritas que se resquebrajaban al mínimo contacto con la dentadura y formaban un riquísimo puré pajizo, inolvidable. Desde entonces tengo para mí que las patatas fritas constituyen la prueba del nueve de cualquier bar, junto con el estado de sus aseos: si superan ambos requisitos, es que el cliente está en buenas manos.</p>
<p>Lo cual, ay, no suele suceder. Las patatas fritas de churrero pertenecen a otra glaciación, aunque ahora se reediten en formato bolsa: una imitación que sólo en contadas ocasiones recuerda al original. Si traigo a colación este fino manjar tan caro a los bares de nuestra infancia es porque acabo de probar unas de aquellas patatas fritas que me conquistaron de chaval. Bueno, casi: no son las mismas, pero las expedidas bajo la marca <strong>Pafritas</strong>, casa por cierto de raíz riojana, conservan el aroma y sabor de mi infancia. No tengo el gusto de conocer a sus ideólogos ni más pistas que las proporcionadas mientras me las zampo, aunque, de repente, brotan en cada lineal del supermercado y las  veo ofrecerse en unas cuantas barras de confianza, en distintas encarnaciones. Mi favorita, por si le interesa al improbable lector, llega manchada de pimentón. Un juguetón toque picante que le añade atractivo.</p>
<p>Porque lo habitual es lo contrario. En los muy contados<strong> bares logroñeses</strong> que se inclinan por obsequiar a la parroquia con algún detalle, es norma que ese obsequio adopte la forma de patata frita. Muchas gracias: visto el paisaje general, poco dado a este tipo de convites, a mí ya me sirve. Pero si además las patatas que se sirven tuvieran alguna gracia, el cliente sería casi feliz del todo. Es usual sin embargo que el platillo donde se ofrecerán las patatas ingrese vacío en un bolsón gigantesco, oculto bajo la barra, y reaparezca lleno de un fruto&#8230; Ejem, mejorable. Como si nos diera por masticar una servilleta.</p>
<p>Con lo fácil que sería lo contrario. Hacerse con unas patatas fritas de confianza y regalar una ronda a la clientela. Incluso tengo observado que no resulta tan extraño que el propio bar las manufacture: así ocurre en el maravilloso local llamado muy apropiadamente <strong>El Flechazo</strong>, a las puertas del <strong>Barrio Húmedo de León</strong>. Un bar que dispara directamente al corazón de sus parroquianos cuando les invita a generosas raciones elaboradas en la freidora donde suda que te suda el dueño del establecimiento mientras las va alumbrando en su punto, estupendas de sal, diabólicas de picante. Un lujo, como se aprecia en la imagen. Un lujo a nuestro alcance&#8230; pero sólo el dichoso día en que nuestros admirados hosteleros se dejen contagiar por estas muestras de magnanimidad y se marquen uno de estos lujos.</p>
<p>Hasta entonces, toca resignarse. Esperar que en la ronda habitual nos encontremos con las mentadas Pafritas o hermanas de semejante calidad para acompañar los tragos o que se eleve el nivel de las que ofrecen de regalo en los bares más hospitalarios. También cabe hacer como servidor cuando iniciaba estas líneas: cerrar los ojos, imaginar <strong>Logroño</strong> a finales de los años 60 y regresar al calor de la querida churrería de Portales, para saborear de nuevo aquellas patatas fritas memorables. Patatas fritas que saben a infancia.</p>
<p>P.D. La costumbre frecuente en otros pagos de la tapa gratis motivó hace tiempo una entrada en este blog y alguna crítica de hosteleros. Nada tengo contra ellos, como se habrá observado. Más bien al contrario. Hubo también quien opinó que semejante práctica se podía imponer en Logroño y desde entonces observo que poco a poco algunos bares la van implantando. Humildemente. Para mí, suficiente. Porque de momento no aspiro a beneficiarme de la generosidad acreditada por los bares de estas ciudades que recopila este <a href="http://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/11/30/actualidad/1448902508_246411.htmlhttp://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/11/30/actualidad/1448902508_246411.html " target="_blank">enlace</a>.  Doy fe que en tres de ellas (<strong>Granada, Ávila, León</strong>) uno se marcha a casa almorzado a base de tapas gratis.</p>
<div><span style="font-family: Calibri, sans-serif;"> </span></div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/02/12/a-la-rica-patata-frita/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>7</slash:comments>
	<post_id>614</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
