<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Logroño en sus baresMere &#8211; Logroño en sus bares</title>
	<atom:link href="https://blogs.larioja.com/logronobares/tag/mere/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.larioja.com/logronobares</link>
	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Aug 2021 02:33:20 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Camareros, vida y milagros</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/11/03/camareros-vida-y-milagros/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/11/03/camareros-vida-y-milagros/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 03 Nov 2017 10:51:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Alfonso]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Chufo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Colo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[El Soldado]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Eldorado]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Gurugú]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Junco]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Hez]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Maltés]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mere]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Moderno]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sebas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Soriano]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Taranta]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tívoli]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=926</guid>
		<description><![CDATA[&#160; &#160; Hace un tiempo, me animé a ir recopilando en formato entrevista las confesiones de algunos de los más acreditados camareros de Logroño con la idea de construir a partir de sus experiencias algo parecido a un mapa sentimental de nuestros bares favoritos. El relato de sus peripecias se fue publicando, a razón de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/11/ACADÉMICOS-DE-LA-VIDA-2-1.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-927" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/11/ACADÉMICOS-DE-LA-VIDA-2-1-223x300.jpg" alt="Artículo de Belezos, Foto de Justo Rodríguez" width="223" height="300" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/11/ACADÉMICOS-DE-LA-VIDA-2-1-223x300.jpg 223w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/11/ACADÉMICOS-DE-LA-VIDA-2-1-768x1033.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/11/ACADÉMICOS-DE-LA-VIDA-2-1-762x1024.jpg 762w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/11/ACADÉMICOS-DE-LA-VIDA-2-1.jpg 2008w" sizes="(max-width: 223px) 100vw, 223px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace un tiempo, me animé a ir recopilando en formato entrevista las confesiones de algunos de los más acreditados <strong>camareros de Logroño</strong> con la idea de construir a partir de sus experiencias algo parecido a un mapa sentimental de nuestros bares favoritos. El relato de sus peripecias se fue publicando, a razón de un artículo por mes, en el suplemento <a href="http://www.degustalarioja.com/"><strong>Degusta</strong> </a>que <strong>Diario LA RIOJA</strong> entrega cada sábado a sus lectores. Acto seguido, se publicaban también en este rincón, con un anexo que no figuraba en la versión de papel: los locales favoritos de todos ellos. Es decir, los bares entre los bares, aquellos donde estos maestros en el arte de la hostelería tenían puestas sus complacencias. Los bares hacia donde dirigían sus pasos cuando saltaban al otro lado de la barra.</p>
<p>Con aquellas aportaciones publiqué en junio un <a href="https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/06/30/bares-entre-los-bares/">artículo </a>que me supo a poco. Me parecía que reunir en una sola publicación el resumen de sus opiniones, anécdotas y reflexiones merecía la pena, porque alguno se ha jubilado ya, otros están a punto de bajar la persiana y en general disponían de un rico punto de vista, más o menos coincidente, que reflejaba de manera cabal no sólo el devenir de su oficio: también servían como <strong>brújula sociológica</strong>. El Logroño que fue, el Logroño que es. La vida que han visto pasar desde sus respectivas atalayas.</p>
<p>Así que cavilando, cavilando. Dando algunas vueltas al magín (también llamado caletre o cacúmen), caí en la jurisdicción de las buenas gentes que acometen con un entusiasmo contagioso la tarea de editar la revista <em><strong>Belezos</strong></em>. Una producción del <strong>IER</strong> que se ocupa de estas cosas que llamamos cultura popular o tradiciones. Qué mejor escaparate para que luzcan sus mejores galas nuestros camareros de confianza, concluí mis meditaciones: con la generosidad habitual, Belezos abrió sus puertas a esta idea que me rondaba y me propuso lo antedicho. Resumir en unas páginas las andanzas de Mere, Alfonso y compañía.</p>
<p>De modo que durante el verano encontré algún tiempo para repasar sus luminosas ocurrencias. Y corroboré que la mayoría encerraban una profunda sabiduría en el noble pasatiempo de acompañar <strong>nuestros tragos y bocados</strong> con la maestría que esperamos encontrar cuando salimos de casa. Detecté también un lamento común por la desaparición de las <strong>antiguas rondas logroñesas</strong>, la extinción de hábitos que parecían eternos (lo de invitar a la parroquia, por ejemplo: una costumbre difunta) y la acomodación común de todos ellos a las nuevas normas que exige la clientela contemporánea.</p>
<p>El caso es que el artículo acudió a la imprenta junto a sus hermanos en el último número de Belezos y la buena nueva es que se encuentra ya a disposición de los potenciales interesados en<strong> las librerías más acreditadas de La Rioja.</strong> Y el caso (segundo caso) es que me permito a mí mismo unos minutos de publicidad: creo de corazón que hacerse con uno de estos ejemplares merece la pena. Uno se siente ya recompensado como destinatario (intermediario mejor dicho) de las brillantes respuestas que fueron disparando contra la libreta donde yo iba apuntando esa recopilación de su ingenio, pero tiendo a pensar que ese regalo que me hicieron debería ser un regalo compartido con la improbable comunidad de lectores que sientan alguna curiosidad por disponer reunido en unas pocas páginas del compendio de tanto talento disgregado.</p>
<p>Fin de la pausa publicitaria. Capítulo de agradecimientos. La lista es prolija, con una cierta aureola legendaria, porque la integran gigantes del sector. Ya he citado antes a un par de veteranos, <strong>Mere y Alfonso</strong>. Añado ahora a<strong> Colo, a Jaque y a Chus</strong>. A <strong>Dani</strong> y resto de la prole del <strong>García</strong>.<strong> A Chuchi del Junco, Miguel de La Hez, a Manolo de El Soldado y a Abel del Chufo</strong> (y demás familia). A las entrañables gentes del <strong>Soriano, Gurugú, Eldorado y Lorenzo</strong>. A <strong>Juanito</strong>, heredero del Sebas. A <strong>Mariano Moracia</strong> y a los dos <strong>Emilianos</strong>, del Tívoli a La Taranta. A la hechicera <strong>Nuria</strong> del Maltés. Fue un placer y un privilegio compartir con todos ellos confidencias y chistes. También algún trago. En todos veo encarnado al conjunto de su profesión, que esta baraja de camareros ejerce con donosura simpar y alto nivel de eficacia. Una forma de entender el oficio que debería ser guía para las nuevas generaciones: en el artículo, bautizo a sus protagonistas como académicos de la universidad de la vida. Cursiladas al margen, creo que en ese campus podrían matricularse unos cuantos jovencitos que usted y yo conocemos, cuyo desempeño al frente de ciertas acreditadas barras es mejorable: acabo de sufrir una experiencia estupefaciente en un local de postín, de la cual salí tan patidifuso que me fui pitando al Mere a contárselo. Para que sepa, cosa que por otro lado no ignoraba, en qué manos dejó el sector. Y para reconocer en él y al resto de camaradas reseñados en estas páginas de Belezos a los depositarios de las esencias de su profesión: catedráticos sin diploma, psicológos ocasionales, improvisados terapeutas, brujos de guardia y alquimistas si se tercia. Camareros, en fin.</p>
<p>O <strong>barman</strong>, como prefiere el propio Mere que le llamen.</p>
<p>P. D. Habrá observado el lector atento de las páginas de Diario LA RIOJA el singular olfato que distingue al fotógrafo <strong>Justo Rodríguez</strong>, autor de las imágenes que acompañan estas líneas, sin las cuales cada artículo hubiera perdido gran parte de su sentido. Se trata de un avezado profesional, de la estirpe de los grandes fotoperiodistas alojados en el solar logroñés: a veces me recuerda a <strong>Teo</strong>, otras a <strong>Alfredo Iglesias.</strong> Dicho sea como reconocimiento a su talento, que alcanza a mi juicio un nivel sublime en una tipología del mundo de la fotografía harto complicada: el retrato. Para mí, Justo lo borda. El primer plano (y hasta el primerísimo, del que soy muy fan), el medio plano y el cuerpo entero. Lo prueba que muchas veces los retratados son los primeros disconformes con la imagen que de ellos arranca: señal de que Justo ha acertado. Y que además de Justo, es necesario. Para muestra, varios botones: tantos como fotos acompañan la pieza que acaba de alumbrar Belezos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/11/03/camareros-vida-y-milagros/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>926</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Nuestro hombre en la barra: Mere, camarero de camareros</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/06/26/nuestro-hombre-en-la-barra-mere-camarero-de-camareros/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/06/26/nuestro-hombre-en-la-barra-mere-camarero-de-camareros/#respond</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Jun 2017 07:52:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Calvo Sotelo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Ducal]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Duquesa de la Victoria]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Laurel]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mayor]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mercaderes]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mere]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sagasta]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Taberna de Mere]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Villa Iregua]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=865</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Hermenegildo García, Mere para el mundo. Hijo de Manolo y de Consuelo, nieto de Julia, «la de La Chatilla», sobrino de Amada, hermano de Manolo, Moisés y Enrique. Leyenda viva de Logroño, taurino indesmayable, fanático del frontón, eterno fumador de habanos («Me he llegado a fumar hasta nueve al día, apunta: Montecristo del tres, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/mere.jpg"><img loading="lazy" class="size-medium wp-image-866" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/mere-300x140.jpg" alt="LOGRONO. La Taberna del Mere. Duquesa de la Victoria. Hermenegildo Garcia Nájera, el Mere. 20 junio 2017. Justo Rodriguez" width="300" height="140" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/mere-300x140.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/mere-768x358.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/mere-1024x477.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/06/mere.jpg 1680w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hermenegildo García, <strong>Mere</strong> para el mundo. Hijo de Manolo y de Consuelo, nieto de Julia, «la de La Chatilla», sobrino de Amada, hermano de Manolo, Moisés y Enrique. Leyenda viva de Logroño, taurino indesmayable, fanático del frontón, eterno fumador de habanos («Me he llegado a fumar hasta nueve al día, apunta: Montecristo del tres, 898 o Fonseca del uno»), amigo de la buena mesa, inagotable conversador y mejorable contador de chistes. A quien el improbable lector recordará de cuando con apenas ocho añitos defendía ya la barra del negocio familiar en <strong>La Chatilla</strong> de Mercaderes. O de cuando, tres años después, estrenó con el resto de su progenie (su tío Lorenzo, asociado con el futbolista Zubillaga) el bar <strong>Bambi</strong> de la Laurel, fundado como marisquería y cafetería. Sí, ese es Mere: aquel crío que no olvidarán los logroñeses más veteranos, encargado de rellenar las botellas con vino de garrafón y otros menesteres menores en esa academia de camareros que fue la hostelería de su tiempo.</p>
<p>Sigamos su rastro, que Mere recita con su privilegiado memorión desde la barra (tapicería de cuero, filigrana de marquetería) que le hizo célebre en la ciudad donde nació hace 73 años. Logroñés castizo (mitad de Sagasta, mitad de la Mayor), se retiró hace tres años de esta taberna benemérita cuyo eslogan puede ser la frase que pronuncia silabeando mucho, como suele: «Si no has estado en mi bar, es que no has alternado mucho». Sentencia que uno acepta como la pulla que merece, mientras salva su deuda con la <strong>Taberna de Mere</strong> anotando el torrente de información que bombea a caudales. Un alud de datos, fechas y anécdotas imposible de resumir.</p>
<p>–Mere, necesitaría para ti un suplemento entero.<br />
–Pues pídelo, chico.</p>
<p>Risotada. Y continúa avanzando su biografía, que le lleva hasta la San Juan, en cuya travesía abre con trece añitos (ha leído usted bien: trece, sólo trece) el bar que le dio nombre. Ese <strong>Mere de la Travesía</strong> y sus inolvidables tortillas que facturaba su madre, bautizado con su nombre por ocurrencia de su abuelo Moisés, «que me quería mucho». De donde Mere saltaría a Torredembarra, junto con su colega Agustín Cañas para desempeñarse en e<strong>l hotel Costa Fina,</strong> nueva casilla de ese imaginario parchís hostelero que le devolvería luego a <strong>Logroño</strong>, empleado en la sala <strong>Ducal</strong> de Antonio Cendra bajo la dirección de otro mito de entonces, su encargado Óscar, a quien cubre de elogios: «Un campeón».</p>
<p>Pero tomemos un poco de aire. Mere llena unos vasos con <strong>clarete de San Asensio</strong> («De mi amigo Florentino, otro campeón»), sirve embutidos de Alejandro («También un campeón»: campeón es su palabra fetiche) y dispara sus recuerdos en dirección a su siguiente destino, la legendaria casa <strong>El Cocinero</strong> de Calvo Sotelo. Esa universidad donde se diplomó, bajo el magisterio de José María Sánchez, toda una saga de conocidos camareros entre quienes Mere destaca a Lorenzo Cañas. «Pon que es el mejor, un grande. Grande como profesional pero aún más grande como persona». Nueva cuenta en su rosario profesional: ahora vemos a Mere al frente del bar alojado en <strong>Villa Iregua</strong>, otra mítica barra que defendió con Agustín Cañas. Aquel chalecito de la carretera de Soria, propiedad de una familia bilbaína, los Toledo, engendró a una modélica generación de camareros a quienes Mere recuerda con un punto de emoción;la misma que regala cuando repasa la inacabable retahíla de clientes que se acodarían después en su propio local, puesto que con ellos ejecutaría un movimiento semejante al del flautista de Hamelín: los apellidos del Logroño de siempre (Adarraga, Quemada, Arzubialde y compañía) le acompañarían en su nueva odisea hacia Duquesa de la Victoria. Con los ojos cerrados, como si fuera un líder religioso. Un gurú. Año 1976. Bienvenidos a La Taberna de Mere.</p>
<p>Que había nacido como pub, al estilo de la moda entonces pujante, bajo la denominación de <strong>Peter&amp;John</strong>, nombre que abandonó por <strong>La Barca de Robinson</strong>, en honor al célebre local del final de la Gran Vía. Y llegados a este punto, nuestro hombre se acelera. Como un vendaval enumera los favores debidos a tantos amigos convertidos en clientes (¿O es al revés?), con quienes mantiene infinita deuda de gratitud. Alfredo Barquín y Julio Revuelta estrenan una lista muy prolija. Una especie de <strong>miniGotha logroñés de la época</strong>, que encabezan Cholo Eizaga, Francis Martínez Corbalán y Manel Reboiro. Y prosigue con «don Gabino», el llorado ejecutivo bancario que contó en sus últimos años con su butaca particular en este local: un asiento tapizado en azul que Mere hizo fabricar para que uno de sus parroquianos favoritos estuviera como en casa.</p>
<p>O mejor que en casa, puesto que ése es el secreto de nuestros bares predilectos. Que garanticen una atmósfera genuina, esa clase de ambiente que Mere aseguraba durante el largo tiempo en que estuvo al frente de este bar que hoy, ya clausurado, guarda una apariencia de museo. Donde el visitante tropieza todavía con un espíritu familiar, una presencia fantasmal pero cercana y grata. Tal vez porque si hablaran sus paredes, donde cuelgan las fotos de sus incondicionales, veríamos a la Niña Pastori charlar con Victoria Abril o Lolita Flores, a Arturo Fernández de cháchara con Curro Romero y una tertulia multitudinaria donde participarían El Viti, Arzak, Arguiñano, José Mari Manzanares, Titín, Francis Paniego, Niño de la Capea, Joaquín Cortés, Emilio Gutiérrez Caba («Hicimos la mili juntos»), Concha Velasco, Lucio, Palomo Linares y Pepe Blanco. Todos ellos, desde luego, unos campeones.</p>
<p>Como se deduce, Mere es un forofo del mundo del toro, lo cual le condenaba en la añeja <strong>feria de San Mateo</strong> a llevar los bolsillos desbordantes de encargos que repartía según la siguiente norma: «Al contado». Más carcajadas. Aunque alguna nube cruza su semblante. Mere se emociona si recuerda a su familia, empezando por su esposa. Y acuosa la retina, revisa el listado completo de clientes y amigos. O amigos y clientes: «Tú entrabas aquí y en una esquina veías a Miguel Ángel Baños y en la otra, a Pedro González Ripa». Más campeones: la cuadrilla de Luisja Rodríguez Moroy, la de Jaime García Calzada o la de Ignacio y resto de compañeros de Comercial Cantábrica&#8230; Los Chopera, el añorado Javier Echarri (¿Eso que asoma por sus ojos es una lagrimilla?), Eduardo Gómez («Otro fenómeno, ponlo, ponlo»), Manolo Montaña, Abundio Baños y resto de su prole, Pepe «el de Tebriz», Balta «el de Garel», Rosel, Cadiñanos, Dionisio Ruiz, su estanquero Julio, los Bezares, los Adarraga, Javier Pascual&#8230;</p>
<p>–¿Te dejas a alguien, Mere?<br />
–No sé&#8230; Pon a Emilio Carreras. Un campeón.</p>
<p>Anotado queda. El bochorno de junio azota <strong>la Glorieta</strong>. Como las puertas de la Taberna, también la libreta se cierra. Sus páginas contienen algo más que el relato de una vida: encierran una suerte de atlas histórico de Logroño. La ciudad que fue, un estilo de vida desaparecido. Cuando el coñá era el rey de las barras y las damas preferían tragos como Calisay o Cointreau. Cuando media docena de anises llevaban marca de origen riojano. Cuando Mere, de terno siempre impecable, agitaba en su coctelera<strong> un Manhattan, un Gin Fizz o un Americano</strong> y, animado por una copa de chinchón, acababa ciertas noches de farra bailando jotas con los clientes que abarrotaban el bar. Llenos casi diarios: la auténtica medida de su éxito. «Yo creo que venían por mí. Porque contaba chistes a punta pala».</p>
<p>Risotada final. Confesión.</p>
<p>– ¿Echas de menos el bar?<br />
– A veces. Y lo volvería a abrir. Pero sólo con la gente que quiero.</p>
<p>Hermenegildo García, Mere para el mundo. Camarero de camareros. Un fenómeno. Un grande. Un campeón.</p>
<p>P. D. Cuando se le pregunta a Mere, como es norma en esta sección, sobre sus bares favoritos (salvando el suyo) de Logroño, contesta con una variante propia de su personalidad: derivando la respuesta a otro sector vecino, el de la restauración. Así que en vez de bares, enumera sus restaurantes favoritos, una relación que inaugura El Cachetero, que era como su segundo hogar en su anterior encarnación, y que incluye al Egüés, Buenos Aires, Taberna de Herrerías y La Cocina de Ramón. Que aproveche. Y un par de bares ya difuntos: el añorado El Duque (&#8220;Pon que su dueño Sufi era mi amigo&#8221;) y el Robinson también desaparecido.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/06/26/nuestro-hombre-en-la-barra-mere-camarero-de-camareros/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>865</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Quisimos tanto al Baden</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/12/09/quisimos-tanto-al-baden/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/12/09/quisimos-tanto-al-baden/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 09 Dec 2016 08:48:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Baden]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[cerveza negra]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[marisco]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mere]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Ollerías]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[San Juan]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=755</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Todo empezaba en el Mere. Una generación de logroñeses que hoy peinan alguna cana se acodaba por entonces en los preciosos y magros metros cuadrados disponibles, engullía el bocadillo como si fuera la última cena y observaba curioso el exterior, donde otra multitud demandaba su ración puertas afuera y se admiraba por la pericia [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/12/baden.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-756" title="Obras en el edificio del Baden. Foto de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2016/12/baden.jpg" alt="Obras en el edificio del Baden. Foto de Justo Rodríguez" width="600" height="523" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/12/baden.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2016/12/baden-300x262.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo empezaba en el <strong>Mere</strong>. Una generación de logroñeses que hoy peinan alguna cana se acodaba por entonces en los preciosos y magros metros cuadrados disponibles, engullía el bocadillo como si fuera la última cena y observaba curioso el exterior, donde otra multitud demandaba su ración puertas afuera y se admiraba por la pericia magnífica con que los defensores de tan castiza barra liquidaban las peticiones de la clientela. Los tiempos en que desde la cocina se facturaba la <strong>riquísima</strong> <strong>tortilla</strong> con un engranaje laboral manchesteriano. Un espectáculo.</p>
<p>Pero aquel circo gastronómico-festivo tenía más pistas. Porque la <strong>calle San Juan</strong> (la calle en sí: el Mere ahora medio resurrecto formaba parte de la Travesía, que no es lo mismo pero se parece) ofrecía un amplio abanico de posibilidades: un parque temático a la logroñesa para devotos del chiquiteo y de las ricas raciones de cocina casera. Cuya segunda estación podía ser cualquiera de los bares que en ambos manos custodiaban el legado eterno de las rondas interminables, la ruta que siempre conducía al <strong>Baden</strong>. Que ahora también amenaza con resucitar: bendito sea el dios de los bares.</p>
<p>Porque para unas cuantas quintas de logroñeses, aquel bar donde nos iniciamos en distintas clases de placeres (desde la ingesta de marisco a los tragos de cerveza negra) representó durante largo tiempo la playa donde desembocaban las correrías por la San Juan y alrededores. Hoy, ver los andamios trepando por su fachada encierra alguna promesa incierta. También hay algo de magia. La misma magia que se observaba en sus raciones de <strong>berberechos</strong> y <strong>navajas</strong>: la magia de un cuento. Igual que Hansel y Gretel vieron una luz iluminar aquella cabaña del bosque, cualquier adicto a la hermosa costumbre de frecuentar nuestros bares predilectos siente ahora la misma quemazón. Una curiosidad semejante. ¿Abrirá de nuevo el Baden?</p>
<p>Los peritos locales en bares no se ponen de acuerdo. Hay quien asegura que la reapertura es inminente y quien prefiere no pronunciarse. De momento, ganan quienes contemplan con alguna ilusión ese frenesí de andamios que se apodera de la calle San Juan y alcanza a esta minúscula arteria que conecta con la <strong>calle Ollerías</strong>, de tan triste recuerdo. La calle del Baden, como la conocieron tantos lugareños. Que ese es el éxito principal de cualquier negocio: acabar dando nombre a la calle que le aloja, galardón del que pocos pueden presumir. El Baden, al que tanto quisimos, es uno de esos raros ejemplos. Y autor de otra hazaña mayúscula: convertirse en icono local. Perpetuarse en <strong>la memoria de</strong> <strong>Logroño</strong> con tal fortaleza que todavía hoy, cuando comentas con alguna voz amiga que el Baden amaga con reabrirse, se dispare un entusiasmo genuino: «Qué bien se estaba allí adentro».</p>
<p>P. D. Publiqué este artículo, con algún leve cambio, en <strong>Diario LA RIOJA</strong> a propósito de la renovada operación de cirugía que tiene a la calle San Juan y aledaños pródiga en andamios. Entre ellos, el que decora la fachada del Baden. Desde entonces, he podido comprobar que en efecto las obras avanzan a buen ritmo. ¿Se dispone el bar a reabrir un día de estos? Espero confirmarlo en fechas sucesivas. Para quien esté interesado, le invito a que mitigue la curiosidad releyendo (o leyendo por primera vez) esta otra <a title="https://blogs.larioja.com/logronobares/2015/03/20/baden-marisco-y-cerveza-negra/" href="https://blogs.larioja.com/logronobares/2015/03/20/baden-marisco-y-cerveza-negra/" target="_blank">entrega </a>que publiqué en este mismo blog con ocasión del fatídico día en que cerró. Cuando despedimos a<strong> nuestra hermosa marisquería.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/12/09/quisimos-tanto-al-baden/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>755</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Retrato de logroñés con bar al fondo</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/01/22/retrato-de-logrones-con-bar-al-fondo/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/01/22/retrato-de-logrones-con-bar-al-fondo/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 22 Jan 2013 11:13:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Eduardo Gómez]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mere]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Negresco]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=69</guid>
		<description><![CDATA[Sirva esta entrada como homenaje a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que tanto han hecho por los hosteleros riojanos. Toda esa clientela que a lo largo de la historia ha contribuido a pagar el colegio de los niños de sus camareros de confianza. La parroquia conspicua que se ha hecho cargo de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/eduardo.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone  wp-image-70" title="Eduardo Gómez, retratado en la Taberna de Mere de Logroño" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/eduardo.jpg" alt="Eduardo Gómez, retratado en la Taberna de Mere de Logroño" width="600" height="551" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/eduardo.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/01/eduardo-300x276.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Sirva esta entrada como homenaje a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que tanto han hecho por los <strong>hosteleros riojanos</strong>. Toda esa clientela que a lo largo de la historia ha contribuido a pagar el colegio de los niños de sus camareros de confianza. La parroquia conspicua que se ha hecho cargo de la hipoteca del patrón de tal o cual local, mientras sellaba una alianza eterna con los productos de las bodegas riojanas y resto de empresas del sector y permitía, en fin, la proliferación de las distintas actividades empresariales ligadas al consumo de alcohol, incluida la industria de mondadientes. Con todos ustedes, como representante de todos nosotros, <strong>Eduardo Gómez</strong>.</p>
<p>Eduardo es un archivo viviente y andante de los <strong>bares de Logroño</strong>. Acumula en sus libretas el historial completo de cientos, miles de garitos, cuya fecha de inauguración atesora como otros guardan las reliquias de un santo. En esas fichas que actualiza casi a diario se encuentra depositada la historia de esta ciudad, o al menos la historia de su lado festivo y ocioso. Nuestro hombre refresca a menudo sus datos con la visita perenne a los bares de confianza y también explora las nuevas barras que conquistan los barrios emergentes; con el mismo afán del entomólogo anota las novedades que se concitan en cada bar y derrama alguna lágrima cuando toca informar del cierre de alguno que formaba parte de nuestra historia sentimental.<br />
Cuando decidí convertir a Eduardo Gómez en protagonista de estas líneas, pensé en una entrada única donde vertiera su ingente memoria como cliente de los bares logroñeses. Apenas llevaba unos minutos charlando con él en la casa que nos cobija a ambos, <strong>Diario LA RIOJA</strong>, cuando caí en la cuenta de que necesitaría varias entradas para acoger tanta memoria, tanto dato, tanta anécdota. Así que esta entrega es sólo la primera de una serie. En este caso, limitada a su experiencia primeriza a este lado de la barra de unos cuantos locales logroñeses. Es decir, sus rondas como novato, miembro de una cuadrilla cuya relación recita como si fuera la alineación del equipo de sus amores: “Íbamos de chiquiteo Pedro Rábanos, Agustín Pinillos, mi hermano Eugenio Gómez, Elías Fernández, Santiago Pastor, Ricardo Segura y un servidor”.</p>
<p>&#8211;    ¿Qué edad tenías por entonces?<br />
&#8211;    Dieciocho, veinte años. Una ronda típica era la de los domingos, después del fútbol. Quedábamos en el <strong>Negresco</strong> y de ahí, a la calle Mayor. Se empezaba por <strong>El España</strong>, que llevaba <strong>Terete</strong>, y luego cruzábamos <strong>Sagasta</strong> y entrábamos en el Juanito, famoso por sus sardinas, el <strong>Bilbao</strong>, primer bar de Logroño en poner televisión para seguir las etapas del Tour de Francia y muy famoso en Navidad por su espectacular Belén, y el de <strong>Pedro el Riojano</strong>. Luego venían el <strong>Cosecheros</strong>, que al fondo tenía un patio para jugar a la ranita, y el <strong>Cuatro</strong> <strong>Vientos</strong>, junto al negocio de guitarras de Paulino. De ahí seguíamos por la calle El Puente hacia Herrerías, donde se paraba en el <strong>bar de La Tita</strong>, y se acababa en el <strong>Royalti</strong> de Amós Salvador.<br />
&#8211;    ¿Qué echas en falta de entonces?<br />
&#8211;    Una costumbre que se ha perdido. Cuando una cuadrilla se juntaba con otra y charlabas de esto y aquello, casi siempre se terminaba por cantar alguna coplilla en plan de pique. Eran jotas, habaneras, bilbaínadas… Y en Navidad, se cantaban villancicos con letras alusivas a la actualidad, que solían concluir con la petición para que el dueño del bar nos invitara.<br />
&#8211;    ¿Y os invitaba?<br />
&#8211;    Casi nunca, que yo recuerde.</p>
<p>P.D. En fechas posteriores seguiré contando las andanzas de Eduardo a lo largo de los bares de la ciudad que nos vio nacer a ambos y todavía nos aguanta. De momento, aquí dejo una relación de sus preferencias en esta materia.<br />
.- Tu bar favorito de Logroño.<br />
.- Hombre, no quiero que se moleste nadie, porque en esto hay que tener en cuenta matices de simpatía, de amistad, pero tengo que responder que mi favorito es el <strong>Mere</strong>, porque es un campeón. El Mere es un auténtico campeón. (Justo después de esta charla, el bar echaba el cierre y dejaba un poco huérfana a su parroquia).<br />
.- ¿Y cuál echas más de menos?<br />
.- En eso no hay duda: el <strong>Negresco</strong>.<br />
.- ¿Y tu favorito del resto de La Rioja?<br />
.- El <strong>Nelson</strong>, de <strong>Haro</strong>.<br />
.- ¿Y del resto de España?<br />
.- Uno que ya no está abierto, el <strong>Korinto</strong> de Madrid.<br />
(Continuarà)</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2013/01/22/retrato-de-logrones-con-bar-al-fondo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	<post_id>69</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Lo que hay que echarle</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/11/09/lo-que-hay-que-echarle/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/11/09/lo-que-hay-que-echarle/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 09 Nov 2012 11:38:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[La Travesía]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Logroño]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mere]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sebas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tahití]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[tortilla]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=13</guid>
		<description><![CDATA[Huevos. Lo que hay que echarle son huevos. Batirlos bien, mezclarlos con la rica patata de la tierra y darle el toque personal, el detalle secreto que garantice que esta tortilla que ve usted en nuestra barra es única, es exquisita. No tiene rival. El pincho español por antonomasia siempre será la tortilla de patata, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Huevos. Lo que hay que echarle son huevos. Batirlos bien, mezclarlos con la rica patata de la tierra y darle el toque personal, el detalle secreto que garantice que esta <strong>tortilla</strong> que ve usted en nuestra barra es única, es exquisita. No tiene rival. El pincho español por antonomasia siempre será la tortilla de patata, ese plato donde se une el alma de una nación que reconvirtió a su aire un plato traído de la vecina Galia: los españoles le echamos más huevos y, sobre todo, patatas, hasta hacer nuestra la omelette francesa. De paso, abrimos uno de esos debates que nos dividen a los celtíberos según nuestra mejor tradición cainita: a ver quién le echa más huevos. Es decir, qué tortilla es la mejor.</p>
<p>Pues de acuerdo: le echaremos huevos. O sea, que habrá que mojarse. Quien suscribe profesaba veneración por la que despachaba el Oslo de Doctores Castroviejo, prima hermana del <strong>Porto Novo</strong> antes de que el bar de <strong>Ciriaco Garrido</strong> se transformara en <strong>Vecchio</strong>. Hoy, en cualquiera de sus exitosas encarnaciones, Porto Vecchio garantiza un producto sabroso y muy bien presentado, que en su formato para llevar a casa nos ahorra de paso meternos en la cocina.</p>
<p>De un tiempo a esta parte, sin embargo, cuando de tortillas se trata yo suelo encaminar mis pasos hacia el viejo <strong>Logroño</strong>. Allí sienta sus reales desde no hace tanto el entrañable <strong>Tahití</strong> de <strong>República Argentina</strong>, cuya tortilla tiene bien ganada su fama en forma de premios como los recogidos en San Sebastián durante su festival gastronómico y en forma de elogios de su clientela, que ha emigrado hasta la <strong>calle Laurel</strong> en demanda de sus celebrados fogones. Muy cerca se aloja otra de mis favoritas: la del <strong>Sebas</strong>.</p>
<p>Yo mantengo un cariño antiguo hacia el Sebas por variadas razones. La primera, el propio Sebas, a quien recuerdo defendiendo la barra de la calle Albornoz… y escapándose en cuanto podía con su cuadrilla para la ronda diaria por los bares vecinos. Era un síndrome que sufrían unos cuantos hosteleros de su generación: parecían estar más a gusto al otro lado de la barra, compartiendo vinos, risas y chácharas con los amigos. Del Sebas también me tiene enamorado su ascensor: ese ingenioso montacargas que despacha las mercancías desde el enigmático piso de arriba. Y del Sebas me encanta su interminable carta de vinos, formidable panoplia donde se alojan los de toda la vida (viva <strong>Murmurón</strong>…) y los recién llegados, los indígenas (que son mayoría) y los foráneos, que no solo de Rioja viven nuestros paladares. Y, por fin, del Sebas destaco su tortilla, con o sin (picante), en esta ruta que ahora me lleva hasta la <strong>calle San Juan</strong>.<br />
<a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/buena.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-14" title="Las dueñas de La Travesía, foto de Juan Marín" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/buena.jpg" alt="Las dueñas de La Travesía, foto de Juan Marín" width="600" height="392" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/buena.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/11/buena-300x196.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a><br />
Mejor dicho, a su travesía. Allí se alojaba el <strong>Mere</strong>, que tanto bien hizo por nuestros estómagos adolescentes. Pero en esta España de las dos tortillas, en este país donde uno debe decidir entre Joselito y Belmonte y por lo tanto comprometerse y significarse, yo confieso: mi predilecta se despacha en el bar Ignacio. Quiero decir que se despachaba, porque el <strong>Ignacio</strong> desapareció, aunque no su secreto, que supo legar a quienes lo regentan desde su jubilación, convertido en <strong>La Travesía</strong> (cuyas responsables aparecen en la foto, cortesía de <strong>Juan Marín</strong>). De natural jugosa, con el huevo no demasiado hecho y la patata un poco bailando, en el camino hacia la deconstrucción que tan feliz haría al señor Adriá. Es mi favorita aunque creo que también por un componente sentimental, tipo Proust: como para el escritor francés las magdalenas, para mí esta tortilla representa el regreso al edén de la adolescencia. Porque hasta esa barra peregrinaba los domingos a la salida de Las Gaunas, cuando solo había un Logroñés, para reconfortarme con su suculento pincho, que hoy me sigue sabiendo a la grada de General, al marcador simultáneo Dardo. A Belaza, Lavernia y Amantegui. A patata y a huevos. Muchos huevos.</p>
<p>P.D. <strong>larioja.com,</strong> el portal que alberga estas líneas, organizó este año un concurso para determinar cuál es la mejor tortilla de La Rioja. Vano intento, pero meritorio. Vano, porque en cuestión de gustos, ya se sabe… Nada está escrito. Meritorio, porque al menos nos permite descubrir unos cuantos bares que merecen una visita. Menciono aquí a los ganadores, ambos de Logroño: <strong>Bar Mirvi (Obispo Fidel García, 4)</strong>, en la categoría tradicional, y <strong>Robusta (Doctor Múgica, 2),</strong> en la categoría de con… Que en su caso se traduce en con… pimiento y cebolla.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/11/09/lo-que-hay-que-echarle/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
	<post_id>13</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
