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	<title>Logroño en sus baresNiza &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Arnedo en sus bares</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Sep 2019 16:31:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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&nbsp;<br />
Luego de una larga temporada pasando más o menos de largo, sin apenas detenerme, me ocurrió hace nada con <strong>Arnedo</strong> justo lo contrario. Que por diversas contingencias caí por allí unas cuantas veces consecutivas, todas por cierto a la hora del aperitivo. Lo que entonces vi me entusiasmó y me invita a compartirlo. Será que se me sigue desatando fácil la ilusión cuando contemplo ese paisaje tan grato y adictivo. Los feligreses recorriendo animados sus bares de confianza, entregados a esa cháchara feliz que surge cuando todavía a esa hora el fin de semana parece infinito (pronóstico que se desmiente cada domingo por la tarde) y apetece<strong> trasegarse un vermú acompañado del bocado predilecto</strong>, dichosas cuentas de un gozoso rosario que se puede alargar hasta tarde. Muy tarde: hasta la hora de cenar. Tradición que observé que en Arnedo se cumple con esmerado rigor: los indígenas y los forasteros que deambulábamos por la ciudad nos las ingeniamos en comandita para protagonizar en esas ocasiones mencionadas un aperitivo de bandera. Donde comprobé por cierto que sus muy dinámicas calles confirman lo vigoroso del ecosistema local, una especie de oasis en comparación con otros mortecinos rincones de La Rioja. En Arnedo se nota que hay dinero. Y que además se gasta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/09/coyote-Arnedo.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1371" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/09/coyote-Arnedo.jpg" alt="coyote-arnedo" width="200" height="300" /></a></p>
<p>&nbsp;<br />
Lo podrá corroborar quien se anime este sábado y acuda al encuentro de una recomendación que me sugiere un querido corresponsal y que me apresuró a hacer mía: la presentación del libro que el gran <strong>Víctor Coyote</strong> ha dedicado a este querido universo que nos hermana con el improbable lector. La obra se titula <strong>‘Bares y familiares’</strong> y es una preciosidad que su autor ya trajo por Logroño. Lo llevó hasta el Barrio Bar y por aquí conté en qué consistía hace algún tiempo pero esta gira no para y sigue rodando, añadiendo en el caso de Arnedo un elemento igual de valioso: con el libro Coyote se trae los sones de su último trabajo, ‘Cumbia de milagro’, que le acompañarán a partir de las 19.30 horas en un espacio mítico. La discoteca <strong>Sendero</strong>, tótem riojabajeño.</p>
<p>Como ya digo que del libro me ocupé en su momento (y lo sigo recomendando), me parecía que siguiendo el consejo arriba mencionado su presentación era una oportunidad inmejorable para quienes antes de acudir al encuentro con el amigo Coyote quieran desparramarse un poco por las barras conspicuas. En mi auxilio acudió una mano anónima que lo sabe todo sobre los bares de su localidad natal (o eso dice) y que además se confiesa perito en este entretenimiento compartido. Y que me allega las siguientes sugerencias. A saber.</p>
<p>Primera parada, el <strong>Niza</strong>. Alojado en la calle de la Libertad (también llamada calle de los bares), donde el interesado debe pedir sin dudarlo su célebre pincho de gordilla. Muy cerquita, sin salir de esa misma calle, se encuentra otra referencia indiscutible. El <strong>Hugo</strong>. Y no lejos, la célebre tasca <strong>Murillo</strong>, famosa por su esmerada barra desbordante de ricas golosinas, que mantiene además la fisonomía propia de los locales con esa tipología tan querida, ya declinante. Una recomendación que hace suya por cierto otro paisano, quien agrega de su particular cosecha una pareja adicional de consejos: el <strong>Bocados</strong> y ese otro local de extraña denominación, <strong>Iztru con Ñ</strong>.</p>
<p>De donde el potencial curioso en las andanzas de Víctor Coyote debería salir reconfortado en dirección hacia ese otro territorio tan amable: las copas de media tarde. Que en Arnedo se tienden a saborear en el <strong>Urban</strong>, estupenda parada para acercarse luego hasta Sendero, escuchar los sones del señor Coyote y hacerse con ese libro donde comparte su visión de ese país tan particular, el que forman la fusión de dos universos tan caros como raros. Los bares y la familia. De paso, uno se puede llevar a casa esas joyas llamadas fardelejos y comprarse un par de zapatos a buen precio. De regalo, otro consejo. Que disfrute de la alegría natural de los naturales del lugar. Las de Arnedo, según vengo observando, son gentes muy saladas. Con esa gracia espontánea que no hace tanto encontraba uno por toda La Rioja y que yo atribuyo a lo antedicho: al respeto sacrosanto con que practican el rito del aperitivo, a la gloriosa oferta de sus barras y al ejemplar carácter desenfado que distingue a sus vecinos. Los arnedanos tienen merecida fama de pueblo trabajador y hospitalario. En materia de bares, se confirma la noticia: también alcanzan la excelencia.</p>
<p>P. D. A esta interesante panoplia de recomendaciones merece añado las que firma el querido compañero Ernesto Pascual, corresponsal de esta casa en esos pagos. Que nos cuentan lo siguiente. Copio y pego: “La mayoría de los bares de Arnedo tiene una surtida barra de pinchos. El <strong>Niza</strong> es el más atractivo, pero también me gustan mucho <strong>el Iris, La Cepa y el Hugo</strong> por el ambiente familiar que tienen. Luego, <strong>La Taberna de Lucas</strong> es una gozada en la Puerta Munillo; el que lleva su nombre, <strong>Puerta Munillo</strong>, es muy coqueto y recuerda a décadas pasadas. Y el <strong>Latinos</strong> en la plaza de Vico mola por sus distintos ambientes. Después, mis favoritos, porque conjugan pinchos, ambiente y rock son <strong>El Paso</strong> y <strong>La Ronda</strong>, en el pasaje Celso Díaz, con las mejores croquetas”.</p>
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		<title>Menudo pollo</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Apr 2013 15:53:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/carpanta.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-158" title="Carpanta y su pollo, creación del dibujante Escobar" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/carpanta.jpg" alt="Carpanta y su pollo, creación del dibujante Escobar" width="600" height="736" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/carpanta.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/carpanta-245x300.jpg 245w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>El <strong>pollo</strong>, gloria de la gastronomía española y mundial, que admite distintos usos y se manifiesta en nuestras mesas y nuestros <strong>bares</strong> en muy variopintas versiones, representó antaño una cumbre de la cocina popular. Eran años de precariedad culinaria, hasta el punto de que el pollo guisado era el plato que habitualmente reservaban los hogares patrios para la comida dominical, gran momento de la semana.</p>
<p>En el imaginario popular de la época, el pollo, aunque hoy cueste admitirlo, se izó por lo tanto como un monumento y así lo entronizó el dibujante <strong>Escobar</strong> cuando se le ocurrió la idea de crear al personaje bautizado como <strong>Carpanta</strong>, un tipo que hizo carrera hasta el punto de que su nombre fue durante años sinónimo de hambriento. “Más hambre que Carpanta” era un dicho muy común que dejó de tener sentido cuando dejamos de pasar hambre. Tal vez haya que recuperar ahora esa frase hecha…</p>
<p>Ocurría que Carpanta, cuando llevaba tiempo sin probar bocado y en consecuencia deliraba, a veces veía pollos. Pollos bien gorditos, pollos descabezados, pollos convertidos en el manjar al que tenía vetado el acceso el pobre monigote. Menudos pollos. El pollo era el alimento nacional por excelencia y cuando Carpanta soñaba, en sus ensoñaciones respetaba esa lógica que todos habíamos hecho nuestra: en el caso de <strong>Logroño</strong>, porque si uno paseaba por la calle <strong>Gallarza</strong> y fijaba la mirada a la altura del <strong>Niza</strong>, era inevitable topar con los hermanos pollos ensartados en fila de a cinco como si fueran banderillas, perfumando toda la manzana y haciéndole a uno salivar en el camino hacia casa. El propietario del bar, cuyo hijo cuida hoy con gran mimo y sentido del oficio, se pasó media vida según lo recuerdo moviendo aquellos pinchos pollunos, sudando como se puede imaginar, sudando como sólo suda un asador de pollos: que se lo pregunten al señor <strong>Daniel</strong> y el resto de la hermandad logroñesa que ha convertido <strong>avenida de Colón y aledaños</strong> en epicentro de esta popular delicia gastronómica.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/zikos.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-159" title="El nuevo Zikos de Ingeniero Lacierva, con su asador de pollos" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/zikos.jpg" alt="El nuevo Zikos de Ingeniero Lacierva, con su asador de pollos" width="600" height="437" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/zikos.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/zikos-300x219.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Aquel modo de preparar el pollo asado nos llegaba a menudo con etiqueta ´catalana, tal vez sin saberlo. Se llamaba ‘<strong>Pollos a l´ast’</strong>, denominación que muchas veces se transcribía erróneamente porque el propietario del asador no era muy ducho en el idioma de <strong>Guardiola</strong> y le sonaba mejor el nombre de ‘Pollos al last’, que nos parecía más fino que a la pepitoria. Durante largo tiempo, hasta la mentada irrupción de Daniel y compañía, el pollo asado del Niza fue para mí el pollo por antonomasia de Logroño, en competencia directa con los que salían del asador del <strong>Zikos</strong>, en sus sucesivas encarnaciones. La última, bien reciente: el número dos de <strong>Ingeniero Lacierva</strong> acaba de convertirse en <strong>La Granja de Zikos</strong>, una vez que el infatigable y ejemplar <strong>Alfonso Soldevilla</strong> lo ha hecho suyo. Mantiene la fidelidad al pollo de toda la vida, pero promete ampliar su carta. Seguirá por lo tanto vecino de otro Zikos, el número tres que hace esquina con la <strong>calle Oviedo</strong>, y supongo que echando de menos al viejo <strong>Zikos I</strong>, el original, el auténtico… Que no sabía situar exactamente hasta que vino en mi auxilio <strong>Eduardo Gómez</strong> y me refrescó la memoria: aquel bar primigenio se situó en<strong> avenida Portugal</strong>, “al lado de <strong>Radio Rioja</strong>, donde ahora hay otro bar”. Pues dicho queda, don Eduardo.</p>
<p>P.D. El pollo en formato tapa apenas puede verse en las barras de Logroño. Como pincho, sólo recuerdo haberlo visto en forma de <strong>alitas asadas</strong> en algún bar. Lejano por lo tanto el tiempo aquel en que era más habitual toparse con él, incluso en versiones bastante pintorescas. Por ejemplo, en modelo pezuña: el antiguo amor que teníamos por la cocina de despojos se reflejaba en nuestra devoción por el pincho que antaño ofrecían en el bar de <strong>Alejandro</strong> en la calle del<strong> Carmen</strong>. Para mi asombrada memoria, debo reconocer que alguna vez piqué aquel manjar: chupeteando entre los dedos tropezabas con algún trozo de carne viscosilla… Y poco más. A untar la cazuelita, porque la pezuña llegaba envuelta en salsa de tomate y eso sí que no admitía debate: la recuerdo bien suculenta. Tal vez su aliño era el único atractivo a aquella tapa, que generaba intenso debate entre los estómagos más finos y los más recios. Solían ganar estos últimos, no como ahora.</p>
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