<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Logroño en sus baresPascali &#8211; Logroño en sus bares</title>
	<atom:link href="https://blogs.larioja.com/logronobares/tag/pascali/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.larioja.com/logronobares</link>
	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Aug 2021 02:33:20 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Vermú, el retorno</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/04/21/vermu-el-retorno/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/04/21/vermu-el-retorno/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 21 Apr 2017 11:04:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Barrio Bar]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Bilbao]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cenicero]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Martini]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Pascali]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Reus]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[vermú]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=825</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Hace alguna década, cuentan los asiduos de las rondas por la calle Somosierra y alrededores (es decir, territorio Balsamaiso) que empezó a frecuentar los bares de rigor un simpático caballero llegado de allende los mares. Se trataba de uno de los primeros logroñeses procedentes de la lejana África, que se ganó el favor de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/04/vermu.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-826" title="Oferta de vermús en el Barrio Bar de Logroño. Foto de Justo Rodríguez" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2017/04/vermu.jpg" alt="Oferta de vermús en el Barrio Bar de Logroño. Foto de Justo Rodríguez" width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/04/vermu.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2017/04/vermu-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace alguna década, cuentan los asiduos de las rondas por la <strong>calle</strong> <strong>Somosierra</strong> y alrededores (es decir, territorio <strong>Balsamaiso</strong>) que empezó a frecuentar los bares de rigor un simpático caballero llegado de allende los mares. Se trataba de uno de los primeros logroñeses procedentes de la lejana África, que se ganó el favor de sus vecinos no sólo por su extremada educación y bonhomía, que todavía derrocha, sino porque implantó entre ellos una costumbre que los más veteranos del barrio siguen sin olvidar: a la hora del <strong>vermú</strong>, se pedía sólo media dosis. Así podía prolongar sus andanzas durante el aperitivo sin miedo a que le atrapara el sopor que tantas veces nos invade si exageramos la ingesta de tan delicioso néctar. Un hábito que luego ha ido conquistando a los parroquianos conspicuos: yo también recuerdo alucinado los días en que era usual tomarse el vermú sin racionarlo. Y también me pregunto cómo aguantábamos en pie. Cómo resistimos hasta la llegada del querido &#8216;<strong>marianito</strong>&#8216; trasegando vasazos y más vasazos de generosa medida, ahítos de <strong>Martini</strong> y resto de la cofradía vermuteril. De modo que su encarnación en formato mini en la mentada zona de Somosierra se denominó siempre &#8216;<strong>Bienve</strong>&#8216;, en honor a su autor, de nombre <strong>Bienvenido</strong>. Ante quien me quito el sombrero.</p>
<p>Fin de la regresión. Que venía a cuento porque el improbable lector ya se habrá percatado de que el vermú, amigos, ha vuelto. Volvió hace años y aquí dimos cumplida noticia. Volvió sobre todo en su versión contenida, es decir, ese vaso corto donde la pócima magnífica se sirve ahora según marcan tendencia los <em><strong>influencers</strong></em> de semejante práctica, lo cual tiene sentido porque permite por lo tanto alargar el rito del aperitivo hasta donde sea menester. La hora de la cena, por ejemplo. Lo cual nos alegra desde luego a los incondicionales de la familia Martini y resto de referencias: quien esto escribe recuerda la botella presente siempre en el <strong>minibar</strong> <strong>familiar</strong>, acompañada de su inseparable amiga en aquellos tiempos fundacionales. Me refiero a la botella de sifón. Y no olvido el glorioso día en que conocí a su hermano pequeño, el vermú blanco, tarifado a sólo ochenta calas (primeros 80) en aquel añorado <strong>Amalís</strong> de <strong>Ciriaco Garrido</strong>, que luego ha conocido tantas declinaciones.</p>
<p>No, no olvido tampoco que por esa época me decantaba igualmente por el vermú para las correrías nocturnas, añadiendo a su versión blanca un toque de soda que me hacía creerme James Bond. Aquel trago agitado, no batido, garantizaba desde luego noches igual de agitadas y resacas muy acabadas. De modo que se entenderá la devoción profesada a tan rico bebedizo, que por supuesto también he catado en su <strong>versión cenicerense</strong>: el llamado <strong>Pascali</strong>, vermú autóctono nacido en las entrañas de la familia Pascual, estupendo por cierto si se toma como aconsejan sus ideólogos, es decir, frío. Casi helado. Y con el tiempo, desde luego, he ido saboreando otras manifestaciones de ese rico catálogo donde hoy proliferan marcas mil, oriundas algunas de exóticas procedencias, aunque inclinándome siempre que puedo por las más cercanas. Porque tengo puestas mis preferencias no sólo en el mencionado Pascali, sino en el jarrero <strong>Martínez</strong> <strong>Lacuesta</strong>: el reserva que elabora la benemérita <strong>bodega de Haro</strong> me parece una cumbre del vermú nacional. Tampoco le hago ascos al pequeño de la familia riojana, ese <strong>San Bernabé</strong> tan perfumado y tan rico. Rico, rico.</p>
<p>Vermús de grifo madrileños, vermús con denominación de origen, vermús en la abrumadora oferta de botellas y preparaciones que distingue por ejemplo al <strong>Barrio Bar</strong>, local que ha aparecido aquí alguna que otra vez y donde aconsejo probar su sabroso preparado, que en efecto se prepara con delicadeza y sentido del oficio. Vermús por tierra, mar y aire: desde Aragón y otros confines del solar patrio me allegan noticias abundantes sobre cómo por allí acampa asimismo esta moda&#8230; condenada como todas a lo que ya sabemos, a quedar cualquier siglo de éstos sepultada por la siguiente tendencia. Aunque mientras amanece ese día, podemos acompañar la espera abandonándonos al sugestivo mundo del vermú, el <strong>rito dominical</strong> por excelencia que ahora se extiende durante todo el fin de semana: ese universo que para muchos empieza ya el viernes, privilegiados miembros del mercado laboral que desconocen qué significa trabajar en sábado o prolongar los horarios hasta entrada la noche&#8230;</p>
<p>Fin de la segunda digresión. Regreso sobre mis pasos, al benéfico mundo vermutero que le tendrá ganado a cualquiera para la causa aunque sólo fuera para rendirse ante el ingenio popular, capaz de bautizar con la voz &#8216;marianito&#8217; ese modelo corto del Martini. Admirable destreza verbal, de dimensiones parecidas a las que acreditaron quienes alumbraron esta pócima bendita: sombrerazo ante quienes idearon la versión primigenia, mezclando hierbas y más hierbas, los frutos que salían a su paso porque se extrujaron el magín hasta dar con la fórmula que nos legaron a sus predecesores para que nos entreguemos al hábito de estirar el aperitivo hasta la hora de cenar. Si hay alguien por ahí interesado, que sepa que según una fuente de autoridad tan prestigiosa como el llamado <strong>Museo del <a title="http://www.museudelvermut.com/es/exposicion/vermut/" href="http://www.museudelvermut.com/es/exposicion/vermut/" target="_blank">Vermú</a> </strong>(restaurante así llamado y alojado en Reus, localidad tarraconense de ejemplar contribución al mundillo vermutero) el primer referente histórico se localizó en 1549, “cuando Constantino Cesare De Notevoli, en su obra Ammaestramenti dell’agricoltura, nos habla de una receta de vino con absenta que tenía fines terapéuticos y curativas”.</p>
<p>Así que con el vermú topamos, en efecto, hace casi 500 años. Palabra que por cierto yo siempre prefiero escribir sin la letra final, esa te tan traviesa que se atraganta frecuentemente. Y por supuesto que sin la w doble de la voz original, un invento al parecer alemán que contribuyó a popularizarse entre nosotros desde que se extendió la mentada costumbre del formato pequeño, el querido &#8216;marianito&#8217; que por <strong>Bilbao</strong> aseguran que se descubrió allí. Lo cual no me parece mal: es una plaza donde se rinde tributo desde antaño al cortés hábito del aperitivo y en consecuencia se tiene entronizado al amigo vermú. Que, como los bilbaínos, puede nacer donde le plazca.</p>
<p>P.D. Otras fuentes de autoridad atribuyen la autoría del vermú nada menos que a <strong>Hipócrates</strong>, el griego famoso por su juramento. Se trataría por lo tanto de una bebida medicinal, una hipótesis contra la que nada tengo. Y no estoy solo en semejante devoción: observando la otra mañana la pizarra donde despliega su oferta el mentado Barrio Bar corroboré que el vermú, en efecto, ha retornado y aventuré que se quedará largo tiempo entre nosotros. Aunque sólo sea porque admite tantas combinaciones como quepan en los ingeniosos caletres de nuestros camareros favoritos, capaces de extender la magia de semejante trago en distintos formatos y preparaciones: quien no haya disfrutado todavía del célebre <strong>Aperol Spritz</strong> o del bienamado <strong>Negroni</strong>, tan propio del aperitivo milanés, ya sabe: esa es su casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2017/04/21/vermu-el-retorno/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
	<post_id>825</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Llanto por el vermú desaparecido</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/03/llanto-por-el-vermu-desaparecido/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/03/llanto-por-el-vermu-desaparecido/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 03 Dec 2012 08:53:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Amalis]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Amazonas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cibeles]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Drugstore]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Lacuesta]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Majari]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Napoli]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Pascali]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Porto Novo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tizona]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Torcuato]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[vermú]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Vivero]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=29</guid>
		<description><![CDATA[Allá por el 2006 publiqué en Diario LA RIOJA un artículo titulado ‘Vuelve el Tontódromo’  donde elucubraba sobre la reaparición de hordas adolescentes en el paseo de las Cien Tiendas. Ignoro si la recuperación de tal enclave como paso de paloma para los púberes logroñeses ha fraguado finalmente: lo que tengo seguro es que su [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone  wp-image-30" title="martini" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini.jpg" alt="" width="1200" height="812" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini.jpg 1200w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini-300x203.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini-768x520.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini-1024x693.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></a></p>
<p>Allá por el 2006 publiqué en <strong>Diario LA RIOJA</strong> un artículo titulado ‘Vuelve el <a href="http://www.larioja.com/prensa/20061022/rioja_logrono/vuelve-tontodromo_20061022.html" target="_blank">Tontódromo</a>’  donde elucubraba sobre la reaparición de hordas adolescentes en el <strong>paseo de las Cien Tiendas</strong>. Ignoro si la recuperación de tal enclave como paso de paloma para los púberes logroñeses ha fraguado finalmente: lo que tengo seguro es que su recuperación como cabeza de puente para el <strong>vermú dominical</strong> sigue sin cuajar. Entre otras cosas, porque el vermú en general ha dimitido. Falleció años ha en Logroño, vaya usted a saber por qué. En aquel artículo me maliciaba si habría perecido a manos de Valdezcaray: la costumbre de visitar la estación de esquí riojana y sus gemelas pirenaicas despobló de potencial clientela aquellos bares del<strong> entorno de Jorge Vigón y Juan XIII</strong>, así como al resto del sector hostelero. También admito que los nuevos usos noctámbulos que imponen regresar a casa de amanecida quita encanto a eso de despertarse al mediodía y encaminarse hacia la barra favorita, de modo que <strong>Logroño</strong> parece un desierto a la hora del aperitivo cada domingo. Excuso comentar entre semana. Una pena.</p>
<p>Sobre todo, si se compara con las ciudades vecinas, donde tan civilizada costumbre se mantiene. Uno alarga la hora de volver a casa a por el almuerzo, picotea allí o allá, va saltando de tertulia en tertulia y pasa revista al censo logroñés. Así sucede, según he comprobado, en las vecinas <strong>Bilbao</strong> (ciudad de gran tamaño) o <strong>Soria</strong> (menos poblada). Pero en nuestras calles… Parece un imposible, porque los domingos ni siquiera están abiertos muchos bares. Cerrados gran parte de ellos, el paseo matutino acaba en la Estación Nostalgia. Nostalgia por aquel tiempo en que uno ni siquiera podía entrar en <strong>Cibeles</strong>: lo impedía una multitud acodada en la barra y otra de similar tamaño parapetada afuera en torno a la puerta. El vecino <strong>Torcuato</strong> presentaba el mismo llenazo de no hay billetes, de modo que la masa acudía  al <strong>Napoli</strong>… y más de lo mismo. El <strong>Porto Novo</strong>, parecido. El <strong>Amalis</strong>, otro tanto.</p>
<p>La ruta proseguía hacia la mentada Jorge Vigón con parada en <strong>Dickens</strong> (local enanísimo en la esquina con Juan XXIII que más tarde devino en bar de copas) y <strong>Wellington</strong>, como si estuviéramos en Londres. Era igualmente vano intentar tomarse un vino en <strong>Majari</strong>, por lo angosto del espacio y por el gentío que lo asaltaba. Más sencillo era ocupar un hueco en la larguísima barra del <strong>Drugstore</strong>, mi preferido de entre todos los citados, que contaba con la ventaja de pinchar música bastante decente… si Simple Minds te gustaba tan obsesivamente como a su dueño. La muchedumbre se diseminaba a la altura del <strong>Amazonas</strong> (con su coqueto reservado para ver la tele y jugar la partida) y, sobre todo, por Vivero, una barra muy chic así llamada por las piezas de marisco que ofrecía… pero que casi nadie se podía permitir.</p>
<p>El viaje acabó alcanzando a la aledaña <strong>avenida de Colón</strong> (<strong>Apolo, Tizona, Texas</strong>) hasta conquistar incluso la <strong>calle Villamediana</strong>, donde se emplazó la primera sede del <strong>Bodegón Andaluz</strong>: la ronda acababa por lo tanto con sabor a amontillado y aroma de aceitunas negras. Que intente alguien este próximo domingo una excursión semejante: acabará como yo, derramando una imaginaria lágrima por aquel rito desaparecido.</p>
<p>P.D. Me temo que desaparecida la costumbre del aperitivo, las ventas de vermú habrán declinado en consecuencia. Nada que ver con la época en que triunfaba el <strong>Martini</strong> y resto de productos de sello italiano (<strong>Campari, Cinzano</strong>: aquellas bebidas tenían nombre de ciclistas), con algún momento de auge francés: sí, también llegamos a sucumbir al <strong>Pastis</strong> y derivados. Ignorábamos entonces que La Rioja contaba con su propia contribución al célebre trago que siempre imaginamos originario de la soleada península: sí, el vermú también puede ser autóctono. Basta un recorrido por nuestros bares para confirmarlo: allí brotan los apellidos del cenicerense <strong>Pascali</strong> o del jarrero <strong>Lacuesta</strong>, en cuyo honor brindo esta entrada.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/03/llanto-por-el-vermu-desaparecido/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>11</slash:comments>
	<post_id>29</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
